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Wednesday, February 22, 2017

Estaba decidida: Iba a abortar… hasta que…

Por Aimee Kidd

Acababa de enterarme no sólo de que había sido drogada y violada sino que, también, estaba embarazada. Había pasado las últimas horas rodeada de enfermeras y asistentes. Se me entregó una prueba de embarazo positiva y se me realizó una ecografía vaginal donde vi los latidos del corazón de mi bebé. Sin embargo, yo estaba ofuscada en mi negación. No había manera de que pudiera asimilar el hecho de que había sido violada, y menos que estaba embarazada. Estaba convencida, no iba a mantener a ese bebé dentro de mí.

La asistenta social y la enfermera que me atendieron en el centro de apoyo para la mujer me dieron un montón de folletos e información sobre adopción, aborto y la crianza de los hijos. Me facilitaron una imagen de mi pequeño "cacahuete" latiéndole el corazón. Me aseguraron que contaba con su apoyo si necesitaba algo o tenía más preguntas. Ellas oraron conmigo, pero aun así, me fui de allí asqueada, enfurecida, y con lágrimas corriendo por mis mejillas, mientras pensaba: “Esto no puede ser real”.

Las siguientes horas las pase en Internet investigando el aborto a las seis semanas de gestación. Sabía que el aborto estaba mal, pero no podía seguir con ese embarazo. Esperaba que el aborto fuera tan simple como una píldora en una clínica seguido de un sangrado, y que nunca tendría que pensar en ello otra vez. Aprendí, sin embargo, que no sólo tendría que conducir fuera de mi estado para tomar esta píldora, sino que también me enviarían a casa y tendría que tomar una segunda píldora y abortar al bebé en casa. Leí: "Es mejor no mirar la sangre en el inodoro una vez que el sangrado se incremente". ¿Podría yo realmente obligarme a tomar esta píldora y permitir que mi cuerpo expulse al bebé y luego simplemente tirarlo por el inodoro?

¿No podría haber otra manera? ¿No podría alguien simplemente golpearme y sacarme a este bebé y decirme que todo fue un mal sueño? Me sentía enferma del estómago y agonizando por mi nueva realidad y la dura verdad sobre el aborto.

Tuve que tranquilizarme para poder ir al entrenamiento  de baloncesto de mi hijo. Me senté allí, rodeada de mis otros cuatro hijos mientras él  jugaba. Traté de contener las lágrimas y distraerme de todos los pensamientos que consumían mi mente. "¿Cómo puedo amar a estos cinco niños y no a uno dentro de mi vientre?". Me sentía enferma y decepcionada de mi misma. Sin embargo, mi decisión estaba tomada. Justo entonces, mi hijo anotó el punto ganador del juego. Por un breve momento, me pregunté: "¿Qué cosas maravillosas será capaz de hacer el bebé que tengo dentro de mí?".

Deseché ese pensamiento y dejé el gimnasio de la escuela con mis hijos. Mi hermana me llamó de repente mientras salía del estacionamiento. Empecé a sollozar. Le pedí  que me encontrara en casa y así lo hizo. Apenas pude controlarme lo suficiente para contarle la increíble noticia que acababa de recibir. Le dije que había decidido programar una cita lo antes posible para abortar. Ella dijo que me apoyaba.

Decidimos ir a casa de mi madre y decirle lo que estaba pasando. Moría de los nervios durante todo el camino. Sabía que esto iba a matarla. ¿Cómo puedo explicar esto a mi mamá? Primero, le di la devastadora noticia: "Mamá, fui violada". Y después, "Y estoy embarazada... pero,... voy a abortar". Mi madre permaneció en silencio por un largo rato, sólo lloraba en silencio. Mientras tanto, yo sólo me repetía: "No puedo tener a este bebé. No puedo tener a este bebé”.

Finalmente, rompió el silencio: "Aimee, vamos a orar. Los planes de Dios son más grandes que los nuestros. Él nos ama y nos perdona. Amo a todos mis nietos, incluso al pequeño que está creciendo dentro de ti. Si Su plan... (sollozos) ... para este pequeño bebé es que se vaya derecho al cielo...". No pudo continuar.

Ver el rostro de mi madre reaccionar ante las noticias y escucharla decir estas palabras me destrozó de una manera que no puedo explicar y todavía me duele recordarlo.

"Solo oremos. Dios te dará paz. Él dirigirá tu camino. Él te dará paz con la decisión que tomes. Pero por ahora, sólo oremos para que te ilumine y te de paz". Ella continuó con una breve oración. La abracé y me fui.

El viaje a casa fue bastante tranquilo. Le dije a mi hermana que no sentía ningún tipo de paz y aunque la idea del aborto era devastadora y me enfermaba, mi decisión seguía en pie. Había planeado llamar a la clínica de aborto al día siguiente.
Una vez que estuve en casa, me tranquilicé lo suficiente para acostar a mis hijos. Dijimos sus oraciones para antes de dormir y les di un beso de buenas noches antes de llorar hasta quedarme dormida.

Me desperté a la mañana siguiente todavía sin sentir ni un rastro de paz. Todavía me sentía asqueada. Todavía estaba convencida de abortar, aunque no podía aceptarlo. Unos minutos después, una querida y feliz amiga entró en mi casa. Dijo algo como: "Buenos días. ¿Hay café? ¿Estás lista?". Olvidé por completo que teníamos planes. Ella se ofreció a ayudarme con un par de trabajos de limpieza que tenía programados para ese día. Entró en mi habitación encontrándome llorando incontrolablemente. Yo no podía ni hablar. "Aimee, ¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué está pasando? ". Continuó preguntando.

Entre sollozos, traté de explicar: "Misti, fui violada y estoy embarazada". Ella también empezó a llorar y me abrazó guardando silencio. Yo continué: "No me voy a quedar con este bebé". Yo lloré un poco más y ella seguía en silencio. Se sentó allí tranquilamente y me frotó la espalda mientras lloraba.

Finalmente, rompió el silencio: “Aimee, te conozco. Sé lo que tus hijos significan para ti. Toda tu vida son esos chicos. Éste no será diferente. Sé que estas decidida. Sé que mi opinión no importa en este momento, pero como tu amiga tengo que decirte que si te practicas este aborto, nunca serás la misma".
Comenzó a llorar mientras me frotaba la espalda más y más fuerte. Me quedé ahí, sollozando con la cabeza en la almohada. Y grité: "Misti, lo sé, ¡pero no puedo!". Ella respondió: "Aimee, nunca serás igual. Un pedazo enorme de ti morirá junto con tu bebé, y el solo hecho de pensarlo me rompe el corazón".

No pude responder sino que, por primera vez desde que recibí la noticia, pensé en no practicarme el aborto. Me di cuenta de que tal vez sólo necesitaba a alguien que me dijera que todo estaría bien al tener y amar a este bebé.
Nos sentamos tranquilamente durante  bastante rato. Después de absorber y digerir sus palabras y su amor le dije: "Misti, tienes razón". De pronto lo supe. Pude sentir como la decisión correcta y la paz por la que mi madre y yo habíamos orado la noche anterior acababan de llegar.

Recé por la fortaleza necesaria para  afrontar la decisión que iba a tomar. Dios me envió a esta querida amiga para ayudarme a tomar la decisión correcta y recibir la paz que tanto necesitaba. Sentí que podía respirar de nuevo. Todavía estaba en estado de shock e incredulidad, pero finalmente estaba empezando a dejar que las cosas tomaran su propio curso. Estaba en paz con el hecho de que iba a tener otro bebé. Estaba lejos de estar bien, pero sabía iba a tener un bebé y que lo amaría.

Un par de horas más tarde, hice la llamada. No era la llamada que había planeado hacer para programar una cita en la clínica de aborto; Fue la llamada a mi querido obstetra / ginecólogo para decirle, "¡Vamos a tener un bebé!".



Sobre la Autora: Aimee Kidd es  madre de 6 hijos, trabajadora autónoma, vive en Casper, Wyoming, y es  colaboradora de Save The 1. Su primer artículo para nuestro blog se encuentra en: [http://salvarel1.blogspot.com.es/2017/01/ella-no-tiene-culpa-del-modo-horrendo.html]

Nota de Misti: Esa mañana quedará  grabada para siempre en mi memoria. El dolor y la angustia que vi, no sólo mi amiga, sino una de mis personas favoritas en el planeta, me partió el corazón. A menudo siento que no puedo encontrar las palabras correctas, pero este día, realmente le hable con el corazón en la mano. Aimee, tu hija es una bendición y anhelo  ver todas las cosas maravillosas que traerá a este mundo. Eres un pilar y admiro tu fuerza. ¡Somos tan afortunados de tenerte en nuestras vidas!

Thursday, February 9, 2017

Tengo 78 años y tuve un hijo tras una violación al cual entregué en adopción. Nunca me he arrepentido de haberle dado la vida.


Por Patricia Lawrence

Tengo 78 años  y deseo contar mi historia ahora que todavía tengo la oportunidad. Quiero que la gente sepa que el embarazo por violación no es culpa del niño, así que, ¿Por qué deberíamos castigar al niño por algo que el padre biológico hizo?
Mis años de adolescencia fueron difíciles. Mi madre era demasiado permisiva conmigo  y mi padre no estaba allí para resolver los problemas que tenía  en este momento de mi vida. Papá incluso se negaba a pagar nuestra manutención establecida por el juez. Yo interpreté todo esto como que no me querían. Así que me enrolé en el  Ejército de Mujeres de Estados Unidos.

Tras ocho semanas de formación básica, quedé para una cita a ciegas. Él estaba también en el ejército, estacionado en la misma base que yo. Todo lo que recuerdo es que condujo hasta llegar  a algún sitio y me dio una bebida. Me desmayé y no tengo ningún recuerdo del resto de la noche. Ni siquiera sé cómo volví a los cuarteles y a mi cama.

Dos semanas más tarde, mientras formaba  para mi inspección, me desmayé. Me llevaron a la enfermería donde el médico me examinó y dijo: "A juzgar por sus síntomas diría que está embarazada". Le respondí: "¡No puedo estar embarazada porque no he hecho nada para quedar embarazada!". Luego dijo: "Sin embargo, tenemos que hacer una prueba para ver si está embarazada".

Yo quedé totalmente destrozada al saber que estaba embarazada ya que no había estado alternando y supe, de inmediato, que tenía que haber sido esa noche. El día de mi cita me debió de haber drogado y me violó. Por supuesto, le dije al médico lo que había sucedido y el Ejército puso en marcha una investigación y contactó con el violador pero a mí me excluyeron de toda información  y nunca, nunca fui informada de nada.

Mi comandante me dio 48 horas para llamar a casa y decirle a mi madre lo que había pasado y que estaba embarazada. Cuando llamé a casa y le dije a mi madre que me echaban del Ejército porque estaba embarazada, ella preguntó de inmediato: "¿Quién, qué, dónde, por qué, cuándo y cómo?" .Le hablé de la violación, y ella dijo que tenía que volver a casa. Tras un par de semanas para realizar todos los trámites me fui del Ejército, y volví a casa.

Mi madre y dos hermanas me recibieron en la estación de autobuses y nos metimos en el coche de mi madre. Sus primeras palabras fueron: "Patricia, vas a abortar". Era mayo de 1957, tenía 18 años y  no sabía qué significaba esa palabra. Ella me dijo que significaba "que tomarían el bebé" de mí. Por la forma en que lo dijo, supe que quería decir que algo iba a ocurrir muy rápidamente, y que ella no estaba diciendo que iban a dar el bebé  en adopción después del nacimiento. Me di cuenta de que esto significaba que iban a matar a mi bebé.

Seguí  yo: "No voy a abortar porque es un asesinato y no voy a presentarme delante de Dios como alguien que cometió un asesinato". Mi madre respondió: "Patricia, estás siendo estúpida". Mis dos hermanas también  acordaron que yo debía   abortar. Me sentía como si todo el mundo se hubiese  aliado contra mí , pero yo sabía que tenía que defender lo que era correcto.

La relación entre mi madre y yo se enfrió cada vez más en las próximas semanas. Una tarde, yo estaba durmiendo en la cama y al despertar vi a mi madre que sostenía un rifle a una pulgada de mi cara, entre mis ojos. Yo estaba totalmente aterrada. Al instante, le empujé la pistola a un lado, desesperadamente, diciéndole: "¿Qué estás haciendo?". Ella dijo: "Estoy tratando de asustarte para que abortes al niño".

En ese momento, decidí que iba a dejar la casa de mi madre. Ella se burló de mí, preguntando: "¿Dónde vas a ir?". Le dije: "Juanita, mi hermana mayor me va a ayudar". Pero mamá dijo: "Ella no quiere, siente vergüenza".

Sin embargo, en cuestión de días fui a vivir con mi hermana mayor, Juanita. Poco después de llegar a su casa, mi otra hermana, María, vino y me dijo: "Patricia, extiende tu mano". Cuando le tendí la mano, dejó caer en ella  cerca de 20 pastillas y dijo: "Mamá dice que tienes que tomar esto, todas a la vez". Yo sabía lo suficiente para saber que la ingesta de 20 pastillas  de cualquier tipo  era peligroso para la  salud y que mi madre tenía la intención de matarme. Entré en el cuarto de baño y  tiré  en él inodoro  las pastillas y le dije a a mi hermana: "Puedo callarme, pero no soy estúpida."

Después del nacimiento de mi hijo, mi madre me confesó que las píldoras eran un  medicamento que se da  a los pacientes del corazón, y de haberlas  tomado como mi hermana me indicó, habría tenido un infarto. Ella nunca se disculpó, pero creo que, a su manera,  estaba tratando de decirme que lo sentía.

Por último, se hicieron gestiones para que ingresara en la Casa del Ejército de Salvación para Madres Solteras en St. Louis, Missouri, en  noviembre de 1957, donde pasé el resto de mi embarazo. Allí experimenté por primera vez en mi vida el amor incondicional, el amor de las trabajadoras de allí que nos amaban a todas nosotras y nunca nos echaban nada en cara. Jamás nos reprocharon nada a ninguna de las nueve niñas que estábamos allí a su cargo.

Mi hijo nació el 11 de enero de 1958, de  madrugada. Era un bebé grande, hermoso. Mientras era entregado en adopción, ya que ésa era la política del Ejército de Salvación en el hospital dentro del hogar para madres biológicas, mis ojos estaban cubiertos con una toalla. También ataron mis brazos hacia abajo así que no podía quitarme la toalla. No dejaron que lo viera hasta dos días después,  en  presencia de un trabajador social. 

Me dijeron que yo lo podía  coger en brazos  pero decidí no hacerlo porque no quería que se uniera conmigo ya que tenía que vincularse a su madre adoptiva y no a mí. Por su bien y por el mío sabía que era mejor que lo entregara en adopción. Incluso hoy, mi corazón se rompe cuando pienso en ese momento, mirando a través de la ventana del cuarto, diciéndole: "Lo siento mucho mi niño precioso que tengo que renunciar a ti, por tu bien y el mío, tengo que hacer esto, así que por favor, perdóname". Me encantó ese niño. Había luchado por él. Yo sabía que había hecho lo correcto para él.

Yo no era  creyente - yo no era cristiana en ese momento, pero  sabía que había un Dios justo, y que yo estaba haciendo lo que era correcto delante de Él y que lo honraba  de alguna manera.

Renunciar a este hijo  fue y sigue siendo una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, pero yo sabía que su vida valía la pena y no me arrepentía de todo lo que había pasado.

Cuando vi a mi hijo, no vi al violador. Vi a mi hijo, mi propia carne y sangre.

Dos semanas más tarde, volví  a casa y nunca se me permitió hablar de lo que había pasado. Me dijeron que, por ser madre, "nunca encontrarás a un hombre decente que se case contigo. Sin embargo, siete meses más tarde, me encontré con Wayne.  

Estaba aterrorizada de que mi madre pudiera tener razón.  Sin embargo, tras un mes  de citas, le dije a Wayne que había tenido un hijo. Yo sabía que nos estábamos enamorando y vi  que él  tenía el derecho a saber  mi historia. Después de contarla, él me llevó a casa y pensé, "Ahí va otro. Nadie quiere mercancía usada". Dos días más tarde, Wayne me llamó y me preguntó si podía venir a verme. Él me llevó a un lugar maravilloso en las montañas de San Gabriel, aparcó el coche debajo de un árbol, un  pino hermoso, se volvió hacia mí y dijo: "Patricia, no me importa dónde has estado o lo que has hecho. Lo que es importante para mí es lo que puedes ser para mí ahora y en el futuro ". Cinco días más tarde, él me pidió  matrimonio.

Nos casamos hace 36 años, 8 meses y 2 días, y él me ha amado a pesar de todo lo que había pasado. Hemos tenido tres hijas. Rezaba a Dios: "¿Por qué no me das un hijo para criar?" Y sentía que Dios me respondía que mi hija había nacido el día de Navidad para recordarme  que Dios sabía lo que era  entregar  a su único hijo.

Años después, el 20 de mayo de 1993, comenzamos un viaje a Missouri a la ciudad natal de mi hijo Bob. Habíamos acordado reunirnos en el estacionamiento de una tienda Wal-Mart. Cuando llegamos Wayne y yo, no vimos a nadie que pudiera ser mi hijo, así que esperamos en un banco fuera de la tienda. A los  10 minutos,  empezó a  caminar hacia nosotros un hombre grande. Le acompañaba una mujer. Yo le había descrito la ropa que llevaría  de modo que sabía cómo identificarme. Cuando se acercó, me sentí como una pieza de un puzzle que  acaba de encontrar su lugar. Nos dimos la mano. hablamos un poco y su esposa y él nos pidieron que los acompañáramos a su casa.

Esa noche, Bob nos llevó a mi marido y a mí a la casa de su madre para cenar. Era un honor conocer a la mujer maravillosa que había sido la madre de mi hijo y lo había criado. Siento un profundo agradecimiento por el trabajo que hizo ya que yo no lo podía hacer. Siempre ha sido una héroe para mí.

Le agradecí el trabajo maravilloso que había hecho en la crianza de mi hijo, su hijo. A pesar de que yo soy su madre biológica, ella es, de hecho, su madre. Ella hizo todas las cosas que hace una madre y las hizo bien. En mi mente siempre será su madre.

Antes de la cena, dijo, "Patricia, ¿tendrías inconveniente en bendecir  nuestra comida?". Fue un honor.

Aquel día fue muy especial ya que pude hablar  y abrazar a mi hijo por primera vez. Mi corazón se llenó de felicidad, y me sentía orgullosa de  haberle dado la vida, cuando otros me querían obligar a abortar.
Les narré los detalles de cómo ocurrió todo y que la única cosa que podía hacer en ese momento, por su bien y por el mío también, era entregarlo en adopción. Cuando conté  la historia, Bob dijo dos palabras que hicieron que la espera de 35 años valiera la pena. Me miró a los ojos y dijo: "Gracias".

El año pasado, una semana después de su cumpleaños, mi hijo me sorprendió por completo al recogerme y llevarme a comer a un restaurante que frecuentaba en mi ciudad natal. Le  presenté mi hijo a la camarera, diciéndole que era el hijo que había  dado en adopción. Mi hijo miró fijamente a la camarera, me señaló y dijo: "Quiero que sepan que ésta es una mujer muy fuerte". Mi corazón se llenó de orgullo cuando le escuché pronunciar esas palabras.

Espero que todos ustedes pueden apreciar  cómo Dios toma las miserias de nuestras vidas y Él las convierte en una bella imagen.




BIO: Patricia Lawrence es  mujer viuda, madre de 3 hijas y madre biológica de un hijo, abuela de 7 nietos, y bisabuela de 6. Ella reside en Las Cruces, Nuevo México en este momento, pero pronto se mudará a Peoria, Arizona, para vivir con una de sus hijas, ya que está perdiendo la vista. Patricia colabora con Salvar El 1 (Save The 1) y ha escrito un libro con  su historia.

Sunday, September 25, 2016

Una muchacha de 14 años queda embarazada tras una violación y decide seguir adelante con la gestación

Por Kali 

Fue la peor noche de mi vida. Mis 14 años no eran la edad idónea para llevar la vida poco aconsejable que llevaba y acabé pagando las consecuencias. Era una noche fría de septiembre. Una de las últimas de verano y se podía sentir que el otoño se acercaba. Me escapé de casa de mis padres en mi pequeña ciudad para conocer a un chico con el que había estado hablando en Internet. Era un muchacho muy agradable que dijo que tenía mi edad. Yo sabía que mis padres nunca aprobarían esa relación, así que después de que se durmieron me escapé. No conocía a ese muchacho y me encontré con un hombre de 66 años de edad que me estaba esperando. Me violó esa noche.Violentamente. Sentí miedo. Avergonzada. Sola. 

Con el tiempo se lo conté a mis padres. Yo no habría sido capaz de mantener mi violación en secreto mucho tiempo. Y entonces supe que estaba embarazada de mi violador. Soy una muchacha bastante pequeña y ya se me notaba a los 3 meses. Mi familia estaba destrozada. Algunos familiares me apoyaban para que siguiera con la gestación; otros me animaban a abortar y los médicos estaban divididos. La primera cosa que oí fue: "Siempre hay oportunidades de tener otros hijos". Otro médico dijo a mis padres que yo era una "niña salvaje", incapaz de tomar cualquier decisión sobre mi propio bebé. Nunca se le ocurrió a ninguno de esos médicos otra cosa que realizarme un aborto. 

La policía capturó al monstruo que brutalmente me violó y hoy está en la cárcel. Ese hombre había robado mi cuerpo y ahora los médicos estaban tratando de robar mi bebé... A pesar de que la vida que llevaba dentro había sido concebida después de la brutalidad de la violación de un monstruo, no podía matar a mi bebé. Mis padres apoyaron mi decisión. 

Los niños en la escuela se burlaban de mí sin piedad. Cuando se enteraron de que iba a tener un niño, me dijeron "que va a llegar a ser un violador también". Uno, incluso, me dijo que mi hijo iba a violarme. En otra ocasión, un niño me arrinconó y me dijo que me iba a mostrar "lo que realmente era una violación." 

Mis padres me sacaron de la escuela. Aún así los niños no me dejaban en paz. Nos despertamos una mañana y vimos "puta" y "prostituta" pintado en nuestra casa. Durante un tiempo parecía que todo en la vida era una espiral fuera de control. La mayoría de la gente te hacen sentir como si estuvieras loca cuando decides mantener a un niño concebido por una violación. Pero cuando te violan y decides que la vida en tu interior merece seguir y la violación no es culpa de ese bebé, la gente te mira como si hubieses perdido la cabeza. Peor aún, algunas personas empiezan a dudar de que realmente hayas sido violada. 

Tuve un embarazo muy difícil. Yo estuve en cama de reposo 16 semanas en mi embarazo. Me puse de parto 8 veces diferentes y mi bebé precioso nació 2 semanas antes de tiempo. Él estuvo ingresado en la unidad de cuidados intensivos neonatales. (UCIN), donde se aferraba a la vida. Mi seguro sólo pagó la mitad de los costes de la UCIN y mi familia y yo simplemente no podíamos permitirse el lujo de pagar el resto pero fui ayudada por alguna organización provida. 

Hoy mi bebé es un niño sano y feliz. Él es un niño normal y todo el que lo conoce lo ama también. Siempre está sonriendo. He incluido una foto de él porque quería mostrar lo hermoso que es. Todos, los médicos, los niños en la escuela, incluso algunos miembros de mi familia que no querían que naciera, no podían imaginar cómo su sonrisa iluminaría el entorno. Todo el mundo ama de verdad mi hijo pequeño. Hoy y todos los días me trae alegrías que las palabras no pueden describir. 

Doy gracias a Dios por no haber escuchado a todas aquellas personas que me animaban a negar la vida a mi hijo. Hay muchas más personas que, como yo, quieren dar a luz, pero están siendo atacadas para que no lo hagan. Por favor, ayudad a detener este prejuicio. Hablando de corazón: Incluso en el caso de violación la vida es bella y mi hijo es hermoso. Nadie puede decir que fue concebido en una violación al mirarlo. Así que vamos a poner fin a esta actitud hacia estos bebés y las madres. Nos merecemos ser amados como cualquier otra persona. Las mamás merecen ver que la vida triunfa y la sonrisa en la cara de su bebé, que trae la luz en un mundo que a veces puede parecer tan oscuro. 

Publicado originariamente en LifeNews.

Sunday, September 18, 2016

Fui violada cuando era una persona sin hogar. Mi hija es la luz que surgió de ese horror

por Michelle Olson

Fue uno de los períodos más oscuros de mi vida - estaba teniendo problemas con mis padres, y una ruptura en malos términos con el padre de mis dos hijos, traicionada por mis amigos,  terminé en las calles, en lista de espera para un refugio para personas sin hogar.  No tenía nada y ni a nadie.  Recé pidiendo morirme.  Dentro de una semana, en vez de morir, fui violada.


Descubrí que había quedado embarazada de la violación.  Después de haber sido violada muchas veces en mi vida, conozco ese instinto de sacarlo de la mente – de no pensar en ello.  Tener un vientre que crecía, que me recordaba continuamente de la violación fue, de hecho, doloroso al principio, pero me obligó a lidiar con el dolor, y a superarlo.  Estaba tan sensible, pero sabía que mi bebé me necesitaba para superar todo aquello.  Finalmente pude conseguir una habitación en el refugio para indigentes.

Traté de llamar a una agencia para dar al bebé en adopción, pero no pude hacer la llamada.  Lloraba demasiado cada vez que lo intentaba. Finalmente decidí que me quedaría con mi bebé.

Ella me ayudó a superar la violación. Tengo una bebecita preciosa por lo que me pasó. Ella es dulce, cariñosa, y hermosa.  Lo que pasé fue nada comparado con la alegría que mi niña ha traído a mi vida.  Dios me dio una razón para seguir adelante. Mi niñita es mi bebé milagro.

Mi dulce ángel me ayudó en más formas de las que puedo contar.  Ella hace que el mundo sea un lugar más brillante.  Mi hija puede parecer un inconveniente para alguien que nunca la ha conocido, siendo concebida en una violación y teniendo discapacidades.  Cualquier persona que la conoce también conoce el amor y la bondad incondicional.  Los vecinos sonríen cuando la ven y esperan sus abrazos.

Ahora vivimos en Texas, donde Alice tiene terapia ocupacional, física y fonoaudiología.  Aún tiene solamente un diagnóstico de TDAH, pero ha hecho grandes progresos. Ella es una niña dulce que ama a abrazar a todos los que conoce.  Nunca tuve que enseñarle a compartir - es algo natural para ella.  Es muy generosa por naturaleza.  Amo tanto a mi hija, y he visto vidas cambiadas por su vida.
A través de toda esta experiencia, adopté a mi mejor amiga como mi madre.  Y da la casualidad de que su único hijo también fue concebido por violación.  Ella ha sido un consuelo a través de todo, y está orgullosa de llamar nieta a Alice.

En realidad tengo dos amigas muy cercanas con niños concebidos por violación, pero en realidad no hablan de eso.  Una de ellas tenía 16 y fue expulsada de la casa de sus padres por haber quedado embarazada.  Ella no les dijo a sus padres, hasta que su hijo tenía unos 12 años, que había sido violada por su novio.  Había sido violada antes y el padre del violador la obligó a abortar cuando ella tenía 14 años.  Ella, hasta el día de hoy,  todavía se siente mal por haber abortado, así que estaba decidida a no dejar que pasara de nuevo cuando quedó embarazada de su hijo.

La otra estaba en la universidad y no sabía que estaba embarazada hasta que el embarazo estaba bastante avanzado.  Ella dice que si hubiera sabido más temprano en el embarazo, es seguro que habría abortado.  Iba a ponerlo en adopción, pero cambió de idea.  Ella nunca pudo tener otro bebé de término y él es su único hijo.  Después de que él creció, ella decidió ser voluntaria en un centro de ayuda para mujeres en conflicto con su embarazo, y su hijo es la razón por la que ahora está a favor de la vida!


Así que si tienes una historia como la nuestra, no estás sola, y espero que esto te de esperanza.

Monday, April 11, 2016

Sé lo horrible que es la violación pero abortar no ayudará a nadie, Por Elizabeth Díaz Navarro

Soy Elizabeth y vivo en Costa Rica. Estando en la Universidad sufrí una violación y  quedé
embarazada de una hermosísima niña que quise abortar porque, claro, yo una joven que me cuidaba, una chica tranquila, no merecía ser mamá soltera. No, yo tenía que abortar. Pero un día llorando por mi situación, mi hijita, mi pequeñita (aún en ese momento no sabía si sería un varón o mujercita) empezó a moverse y entonces decidí recibir terapia y me dije: "Ok, la daré en adopción, yo no tengo que cargar con un 'guila' que no pedí".

Pasaron los meses y ya, para entonces, sabía que sería niña. Era confuso porque la odiaba y amaba a la vez.  ¿Cómo amar algo de un acto tan ruin? Pasaron los días y nació mi princesa. Desde  pequeña siempre que jugaba a las casitas con mis hermanas y amigas decía: "Cuando tenga una hija se llamará Gaudy".

El 19 de febrero nació la tan cuestionada bebé y para complicar todo fue por cesárea. Cuando desperté de la cirugía Dios puso unas maravillosas enfermeras y ellas con amor me decían:" Vea que niña tan linda". Y así conocí a mi hija. Sí, esa pelotita que sonreía cuando le hablaba, esa que me "arruinó " la vida, esa..."Esa", como la llamaba en mi interior.

Cuando  fui a verla al cunero porque nació enfermita,  ésa que no merecía nada de mí,  me regalaba su sonrisa,  me miraba con ojitos de amor. Sí, esa bebé me robó el corazón. Gracias a mi psicóloga  y todos los que me ayudaron soy feliz, sobreviví y doy gracias a Dios porque tengo el mejor regalo que la vida me pudo dar: mi hija. Es mi todo, mi princesa.

Ya han pasado 9 añitos de su llegada y gracias a eso soy una mujer más humana, fuerte y feliz y sé que el aborto hubiese empeorado mi situación ya que no puedo tener más hijos y ella es mi bendición.  Nunca el aborto es una solución. Gracias, hijita. Tú haces de mi vida un lugar lleno de amor y esperanza.

El acto tan ruin que supone una violación no se puede sanar con otro tan doloroso como el primero. Abortar nunca ayudará a la víctima de una violación a superar el trauma y empeora la situación. 

El mismo día que a mí me ultrajaron también violaron a una amiga y ella decidió abortar. Primero pensó que todo iría bien. Pero nos encontramos en San José, en un parque. Era Diciembre y mi bebé tenía 10 meses y cuando nos vimos lloramos mucho.  Luego vió a mi hija y sólo me dijo cómo debería ser la carita de la suya. Porque no dejaba de sentirse como una asesina. Sabía que su hijita no tenía culpa pero lo había  comprendido muy tarde y nadie la quiso ayudar. Todos decían que  abortase a ese bastardo hijo del horror, hijo de un maldito. Me decía: "Eli, cómo te envidio porque yo jamás sabré cómo pudo ser...

Meses después, pasé a visitarla por su casa y Karol (así se llamaba mi amiga) se había suicidado... Su mamá me dijo que nunca volvió a ser igual y que el aborto la sobrepaso.  Recuerdo a mi amiga como una chica bella y especial.

No se necesitan "carniceros" sino apoyo psicológico, emocional, profesionales que ayuden y no personas que agraven el problema. Ojalá todas las mujeres tuviesen la oportunidad  de ser apoyadas para defender la vida de quienes no se pueden defender. Esos niños no tienen la culpa.


Yo no quiero juzgar. Sé lo horrible que es esto  pero abortar nunca ayudará a nadie. En mi país no tenemos ejército porque no creemos que la violencia solucione más violencia. Sin embargo, hay delincuentes y maldad pero fui criada con la certeza de que, maldad con maldad, jamás ayudará a nadie. Pero, si por el contrario, das amor, créeme, ése dará frutos. La violación me marcó como mujer pero ese "hombre" no me puede hacer más daño. No tiene ese poder. A día de  hoy soy madre de una bendición. Con terapia, el amor de mi bebé y mucha ayuda soy feliz, eso  lo garantizo y no imagino cómo sería mi vida sin ella.

Friday, April 8, 2016

Nunca he relacionado a mi hija con la violación

por Wedencise Lubin



Como primera generación de inmigrantes de las islas del Caribe, he soportado muchas cosas en la vida desde muy joven. En noviembre de 2010, a los 17 años, después de una vida de abuso físico y emocional en manos de mis padres, decidieron librarse de la carga de tener que vivir conmigo.  Yo era estudiante de último año de secundaria en Florida. En ese momento – a seis meses de graduarme, ya había conseguido una beca completa en la Universidad de Howard en Washington, D.C.  Mi futuro estaba más o menos claro, o eso pensaba yo. Fue entonces cuando mis padres tomaron la fatídica decisión, dos semanas antes de mi cumpleaños número 18, de mandarme  a vivir con dos parientes varones, ambos conocidos por historias de violencia contra mujeres.

Les rogué y supliqué que me aceptaran de vuelta en casa.  Busqué recursos externos de refugio; pero el destino hizo que terminara viviendo cuatro meses en total con estos hombres.

Al cabo de dos meses de vivir allí, ocurrió lo impensable: mi virginidad fue brutalmente violada, fui abusada sexual y físicamente en todos los sentidos imaginables.  Los dos parientes me dijeron que si se lo contaba a alguien, me matarían. Ni que decir que estaba horrorizada, deshumanizada, aterrorizada y completamente traumatizada.

En el verano de 2011, durante un examen físico de rutina para la universidad, supe que estaba embarazada de seis semanas como consecuencia directa de la violación incestuosa.

Yo era virgen cuando me violaron y nunca había estado con otro hombre.  Mi médico estaba tan devastado como yo.  Recuerdo que el médico y la enfermera me repetían: "Siento mucho que esto haya ocurrido".

Inmediatamente, mi doctor me dijo que tenía tres opciones:  1. Abortar al bebé, 2. Darlo en adopción y 3. Quedarme con mi bebé.  No fue una decisión difícil para mí.  Soy y siempre he sido pro vida. Lo que alentó mis convicciones fue que mi médico ordenó una ecografía a las seis semanas de embarazo.  Tan pronto como vi la ecografía, me di cuenta de que llevaba una vida humana dentro de mí.

A pesar de todo, no había en mi corazón un motivo para poner fin a esta vida humana, independiente del delito atroz y bárbaro que había sido perpetrado en mi contra.  Nunca pensé en mi bebé nonato como responsable.

Por supuesto el violador exigió que abortara y mi familia exigió dar al bebé en adopción.  La adopción no era una opción para mí porque yo ya estaba empezando a apegarme profundamente con la bebé que llevaba dentro.  Como fuera, ¡ésta era MI hija!  Ésta era mi carne y mi sangre y yo era su madre.

En febrero de 2012 di a luz a mi hija Valencia Marie.  Tuve a mi hija sola a los 19 años de edad y, a pesar de que estaba aterrada, confundida y estremecida, cuando la matrona trajo a mi hija, fue un amor a primera vista.

El 2012 se llevó a cabo una investigación criminal completa para conseguir condenar al violador por los crímenes que cometió contra mí. Después de una inmensa presión de mi familia, lo demandé para que me pasara una manutención.  En represalia, el violador pidió la custodia parcial de mi hija y, luego, la custodia completa.

Peleé muy duro para proteger a mi hija de ese monstruo.  Por suerte, los tribunales no concedieron al violador ningún derecho de visita y nunca ha pasado tiempo con mi hija, a pesar de que todavía está peleando conmigo en los tribunales. En todo este tiempo, nunca jamás me he arrepentido de no elegir el aborto o la adopción.  La crianza de mi hija ha valido la pena completamente.  Nunca he asociado la violación con mi hija.

¡Estoy tan agradecida de ser madre! Primero y ante todo, mi mayor bendición en la vida es mi hija. Esta niña inteligente y preciosa nunca deja de sorprenderme.  Todos y cada uno de los días me enamoro más de su personalidad, su encanto y su energía luminosa.  Ser madre, de todas maneras, es el regalo que sigue regalando.  Aprendo más de mi hija cada día y ella aprende más de mí.  Soy, sin lugar a dudas, una cuidadora amorosa, por lo que ser madre es innato a mí.  De verdad, es algo por lo que me levanto agradecida todos los días, porque sé que hay personas que no pueden tener hijos.  Así que el hecho de tener la oportunidad de experimentar este gran hito en la vida es una tremenda bendición.  Espero algún día ser bendecida con más hijos en un futuro lejano.  El hecho de que mi propia madre fuera horrible conmigo y que nunca me quisiera, me enseñó que el amor de una madre es sin duda una de las formas más importantes de amor en la vida de una persona.

El verdadero amor lo siento cuando miro a los ojos de mi hija.  Valencia es el amor de mi vida.  Y cuando tenga más hijos, siempre serán el amor más maravilloso de mi vida.  Ser madre te muestra el amor del que eres capaz.  Feliz, daría mi vida por mi hija.  Sólo quiero que mi hija Valencia sienta el amor infinito de mi corazón por ella y que tenga toda la felicidad del mundo.  Quiero criar a mi hija para que sepa que no importa lo lejos que estemos, nuestras almas están conectadas y que nada puede romper nuestra unión. No hay nada que mi hija pueda hacer que limite mi amor porella.  Éste es el tipo de amor maternal que siempre tendré para mis futuros hijos, también.

Continué asistiendo a la escuela técnica y me gradué con un diploma en Administración Médica. Ahora estoy estudiando para obtener mi Licenciatura en Administración de Servicios de Salud.

Después, planeo sacar una Maestría en Administración.  Actualmente, trabajo en educación médica en la escuela de medicina más grande del país.  Más adelante, querría ser administradora de hospital o trabajar en gestión de emergencias ya que tengo un muy buen manejo de crisis.  Así que, como puedes ver, tener un embarazo no planeado de una violación, de ninguna manera arruinó mi vida o mi educación.

Nunca he amado menos a mi hija debido a su padre biológico.  A menudo, la gente me pregunta qué siento respecto a mi hija porque su padre es un monstruo que me violó brutalmente.  Les hago una pregunta retórica: "Si el padre biológico de un niño fuera Hitler, Saddam Hussein, o Bin Laden, ¿eso los hace menos dignos de amor sin fin?" La respuesta es: ¡NO, absolutamente no!

Como seres humanos, no elegimos a nuestros padres biológicos.  Ya se trate de un asesino en serie o un violador, ese niño es puro, y ese niño es inocente.  Ese niño es una vida nueva.

Creo que la concepción es el inicio de una nueva vida.  En el futuro, cuando tenga más hijos, sé a ciencia cierta que no miraré a Valencita, que fue concebida en una violación, de un modo distinto que a mis hijos concebidos dentro del matrimonio.

BIO: Wedencise "Wendi" Lubin vive en Florida y es madre, estudiante universitaria, y blogger de Save The 1, así como miembro activo en Esperanza Después de la Concepción por Violación



Saturday, April 2, 2016

NO PODÍA ABORTAR A MI HIJA DESPUÉS DE OIR SU CORAZÓN PALPITAR


Por Elizabeth




No sería justo contar mi historia sin empezar hablando de mi madre. Cuando tenía 18 años tuvo una relación con un hombre mayor que ella. Más tarde, supo que estaba casado y tenía familia. Pero el golpe más terrible  vino cuando descubrió que había quedado embarazada de mí. Cuando se lo comentó, aquel hombre decidió hacer lo que todo adúltero suele hacer: le propuso el aborto, así se libraría de mí y ocultaría su infidelidad.

 
Lo cierto es que mi madre lo consideró. Era joven, acababa de empezar la universidad y apenas sabía nada sobre el aborto, mucho menos sobre la adopción. Ella nunca había asociado la palabra “aborto” con “asesinato”. Desconocía que mi corazón ya estaba latiendo, incluso antes de que se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada.
Pero el hecho de que mi madre no me quisiera no significa que yo no fuera amada. Y así, Dios quiso que a esa pobre mujer le faltara el dinero necesario para deshacerse de mí. De esta manera, salvé mi vida. Mi padre biológico, que se había desentendido del todo cuando mi madre quiso seguir con el embarazo, no sabe nada de mi existencia.
Pocos años después, mi madre se casó y se divorció de un hombre que me adoptó y al que todavía hoy llamo padre. Años después del divorcio, empezó a salir con otro hombre que abusó sexualmente de mí, desde los 8 a los 11 años. Sólo años después de que aquel malvado desapareciera de mi vida me vi con fuerza para revelar aquel horror sufrido y todavía tendrían que pasar unos cuantos años más para que, tanto mi madre como yo, encontráramos la paz que tanto ansiábamos.


Por aquel entonces tenía una formación sexual muy pobre en la que relacionaba sexo con amor. De hecho, seguía los pasos de mi madre, perdida y desorientada. Con apenas 15 años empecé a salir con un muchacho. Me drogó y se aprovechó sexualmente de mí.
No recuerdo absolutamente nada de lo que sucedió aquel día. Parte de mí todavía se pregunta si la pérdida de memoria fue resultado de las drogas ingeridas o una bendición de Dios. ¿Quién querría recordar el hecho de ser brutalmente violada?
Lo que sí recuerdo es que seis semanas después de lo acontecido me di cuenta de que estaba embarazada. Recuerdo quedarme petrificada, especialmente porque debía contárselo a mi madre. Creía que no podía decírselo a nadie, y teniendo en cuenta los abusos pasados, pensaba que aquello debía ser lo más normal. Así que decidí quedarme callada. Ahora, mirando hacia atrás, deseo que haber tenido el valor de decir la verdad. Ahora sé que mi familia habría luchado por mí y me habría defendido.
Todos aquellos que lo sabían me animaban a abortar. El padre del muchacho que me violó se ofreció incluso a pagarme la intervención. Me avergüenza reconocer que concerté una cita para acabar con la vida de mi hija. Pero, mi carácter inquieto hizo que visitara un centro para ayuda a mujeres embarazadas pocos días antes de la cita con el abortorio. Simplemente, quería más información. La providencia quiso que el técnico de ultrasonidos estuviera en el centro y me realizaron una prueba.
“Bump” “bump” “bump”.
Todo se paró a mi alrededor. Me faltaba aire. Cada fibra de mi ser se puso en guardia. ¿Era aquello un latido? La recepcionista de la clínica abortista y todos aquellos a los que confíe mi situación me decían que llevaba simplemente un puñado de células. Y yo sabía que un simple tejido no tiene latidos. Algo no encajaba. Querían engañarme.
Tuve claro que no podía abortar. A mis 15 años desconocía muchas cosas pero sabía que no podía detener aquel corazón al que oí latir con tanta fuerza.
Abandoné el hogar. Durante los meses siguientes dormía en el sofá de algunas amigas e incluso pasé una temporada con mi padre adoptivo.
Nunca antes había estado tan enfadada. Estaba enojada con Dios. ¿Quién se pensaba que era yo? ¿Qué le había hecho yo para merecer todo aquello que me estaba pasando? ¿Por qué Dios me había hecho sufrir tanto desde mi nacimiento? Abusada sexualmente en mi infancia, ¿había nacido para ser un objeto de los hombres? ¿Era un chica de usar y tirar? ¿Qué mal le había hecho yo a Dios?
Estaba furiosa.
Entonces, cuando ya llevaba seis meses de embarazo me tropecé con una mujer, pastor en su iglesia, que cambiaría mi percepción para siempre de todo aquello. Mientras tomamos un helado me contó que Dios no sólo me amaba sino que, además, quería lo mejor para mí y velaba a diario por mi vida y todas mis cosas. Me leyó unos versos de la Biblia que me reconfortaron totalmente: “Te he llamado por tu nombre, tú eres mío”. “Conozco los planes que tengo para ti, planes que son para bien y no para hacerte daño. Planes para darte esperanza y futuro”. “Si tu madre o tu padre te abandonasen, yo nunca te olvidaré”.
Todavía algo confusa le pregunté: ¿Aquel Dios al que yo maldecía resulta que me ama y se preocupa por mí? ¿Él había escrito aquellos versos directamente en lo más profundo de mi corazón antes de que yo hubiera nacido? ¿Realmente tenía planes para mí? Y, aún habiendo sido abandonada por mis padres, ¿era posible que Dios me quisiera, incluso cuando yo le había odiado tanto?
A pesar de mis dudas aquella tarde me rendí. Terminaron mis pesares y lloré con el consuelo de saber que Dios me amaba con predilección. Le dije: “De acuerdo, Señor, Tú ganas. Ayúdame, puesto que no sé qué debo hacer. Llevo en mi seno esta vida que Tú creaste. Si tienes un plan para ella, por favor, dime cuál es”.
Entonces, como si de un relámpago se tratara, oí la palabra “adopción”, tan claramente como si hubiera oído a mi madre pronunciar mi nombre desde el otro lado de la habitación. Quedé petrificada pero aquel mensaje dejó claro lo que debía hacer.
Me puse en contacto con el centro de planificación familiar que me había realizado el ultrasonido y que, a la postre, salvó a mi hija, y ellos me remitieron a una agencia de adopciones. Escogí a la familia que consideré más idónea y quedé con ellos.
En ese momento estaba embarazada de siete meses y medio. Mi pequeña nacería un mes después, prematuramente.
Sus padres estaban ya preparados. Su madre estaba conmigo en la sala de parto donde me practicaron una cesárea de urgencia. No pude alabar a Dios lo suficiente por el hecho de tenerla allí cerca, a mi lado. Me alisó el cabelló, me transmitió paz y rezó en todo momento para que tuviera un buen parto.
De pronto oímos el gemido de un recién nacido. Inmediatamente aquella buena mujer y yo misma quedamos sumidas en un silencio que podía cortarse. Nunca en mi vida había oído un sonido tan bello como el de aquella niña. Después, mientras recuperaba fuerzas en una sala contigua, contemplaba a la pequeña mientras dormía plácida entre mis brazos. Nunca había visto una criatura tan preciosa como aquel bebé. Parecía encarnar las palabras de Pablo a los Romanos: “Dios trabaja en todas las cosas para el bien de los que le aman”(Rm 8,28). Pero es que además, aquella niña era la prueba de que mi propia vida ya nunca más sería una vida de odio y rencor. Mi hija era la imagen de Dios, de su amor redentor por mí. Mi vida ahora era una vida de esperanza, renacimiento y nuevos retos. Dios tenía planes para mí y para aquella pequeña. Y esos planes habían de darnos a ambas esperanza y un futuro.
Cinco días después de haber dado luz abandoné el hospital. Mientras veía como sus padres se la llevaban en coche rompí a llorar. No por haber sido violada; tampoco porque sintiera que me hubiera sacado un peso de encima (como algunos han pretendido enfatizar para reprender mi actitud). Lloraba porque ya la echaba de menos. Aquella pequeña criatura, una simple bebé, no la hija de un violador, un estigma o una excepción.
Era un bebé. Era mi bebé. Su bebé… mi corazón.
Desde que entregué a mi hija en adopción he llegado a cabo la misión de educar a la sociedad sobre la realidad del aborto, la adopción y todas las implicaciones que ello conlleva. El aborto estuvo a punto de silenciarme dos veces pero no he vivido esta historia para permanecer callada sino para compartirla y no me detendré hasta que todos los niños sean protegidos.

Tuesday, January 12, 2016

MI HIJA ES VERDADERAMENTE UN ARCO IRIS DESPUÉS DE LA TORMENTA

 Por Shalyn McGuin



Yo tenía 19 años y vivía sola, trabajando como niñera.  Un ex-novio con el que aún era amiga iba a visitarme porque me había mudado recientemente a mi nuevo apartamento  El vino y platicamos, pero antes de que pasara mucho tiempo, me estaba besando y tratando de tener relaciones conmigo  Le dije “NO!” muchas ocasiones, y entonces mi reacción “congelada” se hizo presente. 

Durante cuatro años, durante mi niñez, un familiar me asaltó sexualmente casi a diario  Se lo dije a varias personas pero nadie me creyó  Me di cuenta rápido que no iba a terminarse, así que aprendí a “paralizarme” o no moverme porque se terminaba rápido si yo pretendía que no había pasado

Así que volviendo a esa noche, mi ex-novio me violo--me quedé bloqueada, y él se aprovechó de mi  Después que se marchó, lloré en el suelo del baño por horas, deseando haber puesto más lucha y resistencia física  No lo denuncié, porque sería como los abusos en el pasado-- mi palabra contra la de él.

Semanas más tarde, me di cuenta que había estado teniendo calambres de periodo menstrual, cuando usualmente solo los tenía por un día o dos durante mi periodo  Es cuando pensé que podía estar embarazada  Corrí a Shoppers Drug Mart a comprar una prueba de embarazo  Cuando mostró un “SÍ”, regresé a comprar otra.  Por supuesto, la respuesta fue la misma.

Yo tenía una relación cercana con quien era mi jefa en ese momento, así que le comuniqué sobre mi embarazo una semana o algo más después  Ella me dijo que no quería que sus hijos me vieran “en esa condición” así que si quería mantener mi trabajo tenía que abortar-- era mi bebé o los de ella.

Fue al Centro de recursos para Embarazo, y le pregunté a la consejera de embarazos si ella pensaba que yo debiera abortar.  Ella no tenía permitido darme una respuesta directa, pero me aseguró que yo era capaz de criar a mi bebe, y me indicó el camino para recibir ayuda de programas alrededor de la ciudad.  Cuando ella calculó el día del nacimiento del bebé, supe que era una señal, ¡la fecha de nacimiento era mi cumpleaños!

Decidí tenerla, perdí mi trabajo, pero encontré uno nuevo antes de que mi embarazo comenzara a mostrarse, Me sentía con tanto miedo porque ella era muy pequeña y frágil, pero yo estaba tan llena de amor, y las emociones solo crecieron a partir de ahí!

Durante mi embarazo, también conocí al amor de mi vida, quien ahora es su “papá” El único padre que ella ha conocido-- él es el mejor padre.  De hecho, está planeando adoptarla una vez nos casemos.

El padre biológico de mi hija sabe de ella, pero ha escogido no tener ningún tipo de relación con ella, lo que es mejor para ella y para mí, un gran alivio.

Mi pequeña niña tiene ahora tres años y es la niña más preciosa del mundo!  Somos (apropiadamente a su edad) honestos con ella.  Ella sabe que su “papá” no la engendró, pero él sí la escogió. 

Ella no es una “bebé por violación” Ella es mi bebé.  Ella es la bebé de una víctima de violación, y ella tiene derecho a la vida.  Niños como ella no deberían ser castigados por los crímenes de sus padres. 

Mi hija es verdaderamente un arcoíris después de la tormenta.



Biografía:  Shalyn McGuin es una ama de casa, bloguera pro-vida para Salvar el 1, y reside en Ontario, Canada.  Ella espera poder ser una influencia positiva para bebés que han sido concebidos por violación y sus madres.