Saturday, June 23, 2018

Quiero muchísimo a mi hermano pequeño, por Spencer Christie



 Su hermano fue concebido en una violación.



 Spencer es el que sostiene a su hermano Josh en brazos

Me llamo Spencer, tengo 18 años, pero creo que no soy el típico joven de esta edad. No me gusta mucho salir. Prefiero quedarme en casa y estar con mi familia. Se podría decir que el hogar es mi zona de confort. Aquí puedo ser yo mismo. Ya sé que esto puede resultar un tanto peculiar. Soy respetuoso y protejo a las mujeres que hay en mi vida. Nunca pierdo la oportunidad de abrir una puerta u ofrecer el abrigo a mi madre, a mi novia o a mi hermana. Además, no tengo excesivas habilidades sociales, soy torpe y me pongo nervioso cuando estoy delante de una multitud de personas, así que no voy a ser conferenciante pro vida o algo parecido, como es mi madre. Soy un adolescente ansioso, pero gracias a mi familia, consigo adentrarme en las profundidades de mi personalidad: soy un tipo hogareño.

Puede que no sea un adolescente típico, pero mis seres queridos me aceptan por lo que soy y realmente lo valoro. Mi gran pasión es la informática. Me gusta codificar productos electrónicos y desarrollar aplicaciones informáticas. Mis apps no son muy populares, pero disfruto haciéndolas. Hasta aquí os he contado un poco sobre mí.

Probablemente, haya heredado de mi padre el respeto que siento por las mujeres y aspiro a ser el hombre que él es. Admiro de un modo muy especial a mi padre por el modo en que encajó y aceptó la violación de mi madre, el embarazo fruto de ella y el nacimiento de mi hermano pequeño. ¿Me preguntas por qué? Porque esto es lo que define a un hombre de verdad.

Cada uno de mis hermanos asumió el ataque de mi madre de manera distinta y, teniendo en cuenta lo unidos que estamos mi madre y yo, reconozco que me costó muchísimo. Imaginé muchas veces qué sentiría mi padre dentro de su corazón y cómo actuaría yo si estuviera en su lugar.

Jennifer, madre de Spencer y Josh

Recuerdo el día en que mi madre regresó a casa de aquel largo viaje de negocios. Tan pronto como la vi cruzar el umbral de entrada, supe que nuestra familia cambiaría para siempre. Ella entró con una feliz sonrisa en su rostro. No había visto esa sonrisa desde hacía tiempo, desde antes de la agresión; ella había cambiado, pero en ese momento, volvíamos a tener a nuestra mamá de siempre.

Noah, el más pequeño de los hermanos en aquel entonces y que ahora tiene 11 años corrió a saludarla y ella tomó su mano y la puso en su estómago. Él no sabía qué significaba, pero yo sí. Noah apoyó instintivamente la mejilla en su estómago.

Cuando mi madre nos dijo por primera vez que estaba embarazada, sentí muchas emociones encontradas: emoción, esperanza y preocupación. Mi madre había pasado una época durísima con el nacimiento de Noah y ahora recibíamos la llegada de un nuevo bebé. Éramos una familia de 6 y el día a día   en nuestra casa solía ser caótico. Pero ahora, mi hermanito hermoso, dulce y amoroso es sólo una parte de esa locura.

Spencer y Josh

Hace aproximadamente un año, mi madre me contó cómo aquel bebé se convirtió en la gran bendición de nuestra familia y el motivo real por el que nos mudamos de Carolina del Norte. La historia que escuché era difícil de interiorizar para un muchacho de 17 años, pero lo acepté. Me explicó cómo las personas tratan a los niños concebidos en una violación, cómo la gente cree que el aborto estaría bien en un caso así y le dije a mi madre: "¡Eso es terrible! El bebé no hizo nada. No puedo imaginar a nuestra familia sin él." ¡El modo de su concepción no me hace mirar a mi hermano de manera diferente! En realidad, eso es lo único en lo que mis hermanos y yo estamos de acuerdo. A pesar de cómo fue concebido mi hermano pequeño, lo amo igual que al resto de mis hermanos. Este niño ha sido una bendición para nuestra familia. Siempre he pensado en él como una bendición.

Mi hermanito se ganó mi corazón desde el principio, pero también estoy muy orgulloso de mi madre que ha sabido dar la vuelta a esta tragedia que ella vivió y emplear su historia para salvar vidas e inspirar a la gente. Mis padres son realmente únicos. Los quiero mucho y siempre admiraré a mi madre por ser la mujer fuerte, orgullosa y dulce que es.
No puedo soportar el aborto y siempre amaré a mi hermano, pero la violación de mi madre todavía me sigue impactando. No puedo imaginar a la mujer de la que estoy enamorado pasando por ese trauma, pero tengo que reconocer que me encanta la forma en que mi padre lo ha llevado y quiero parecerme a él cuando sea mayor.

Biografía: Spencer es hijo de Jennifer Christie, oradora y bloguera pro-vida de Salvar El 1. Tiene tres hermanos y una hermana. Spencer no está disponible para dar conferencias pro-vida.



Sunday, June 17, 2018

Mi madre me concibió en una violación, Por Shirley Barbosa



Shirley Barbosa, Colombia. Concebida en una violación.


Shirley y sus dos hijos

“Libertad es lo que uno hace con lo que le han hecho”.  (Jean Paul Sartre)

Mi historia empieza, realmente, con María Olga Barbosa, una joven campesina de Villa de Leyva (Boyacá).

A sus 19 años e hija mayor de una familia numerosa, compartía la responsabilidad de cuidar a sus seis hermanos, debido a que quedó huérfana de padre muy joven.  Era la forma de ayudar a su mamá, María del Carmen Barbosa, una mujer humilde y campesina quien había tenido que enfrentar la dura prueba de quedar viuda al cuidado de sus siete hijos.

María Olga Barbosa se enteró que estaba en estado de embarazo porque su estómago comenzó a crecer y le fue muy duro afrontar esa noticia y esa nueva realidad de que iba a ser madre. Ocultó la verdad, pues había sido víctima de una violación por parte de un capataz de una hacienda cercana. El trauma que esto conlleva, la presión social, el tener que explicar algo tan vergonzoso a su madre y la mala situación económica de la familia, fueron algunos de los obstáculos más grandes que le tocó enfrentar.

En 2015, el 86,9% de las mujeres colombianas entre 14 y 49 años abortaron de manera legal tras sufrir de una violación, pero María Olga Barbosa, con determinación y a pesar del miedo que sentía a su corta edad, le dijo “no al aborto y si a la vida”.

En diciembre de 1977 nací yo, Shirley Barbosa, en Villa de Leyva.

Después de tener a su primera hija, María Olga Barbosa se vio obligada, por razones económicas, a viajar a Bogotá en busca de un mejor futuro para su bebé, para ayudar a su madre y hermanos. Por el amor y respeto que sintió hacia su hija, decidió callar su dolor infinito, guardó la realidad de la concepción forzada de su niña, y tomó la decisión de intentar continuar con su vida como si nada hubiera pasado.

Por fortuna, el vínculo entre María Olga Barbosa y su madre era de hierro, y nada ni nadie lo podía romper. Con el viaje a Bogotá, Shirley se quedó al cuidado de su abuelita, quien la tomó a su cargo y la educó y consintió mucho.

A sus doce años ella tuvo que regresar con su madre y sus hermanos, y hacerse cargo como hermana mayor de ayudar a su madre, quien prácticamente no tenía tiempo porque debía sostener a sus hijos y apoyar a la familia.  El vínculo afectivo entre madre e hija fue un poco distante porque, a pesar de que su madre siempre estuvo pendiente de ella, a quien ella consideraba su madre era a su abuela de crianza. Por supuesto, la adolescencia de Shirley no fue fácil. Tuvo que adaptarse a su nueva familia, en la cual ella ya no era la consentida y tenía que asumir un rol del cuidado de una casa y de sus hermanos.

Cuando Shirley tenía 17 años, ella y su novio ya habían tenido relaciones sexuales.  Como consecuencia de su actividad sexual quedó en estado de embarazo. El novio, de 23 años, se dejó afectar por el temor, el entorno, el miedo a la responsabilidad de sus actos y ver afectado su proyecto de vida. En un estado profundo de negación decidió animar a Shirley a practicarse un aborto, justificando que este “era un embarazo inesperado”, que dañaría su vida y que nadie en la familia lo aceptaría.

Tras el aborto, la joven sufrió un trauma psicológico y fisiológico. Hoy determinado como trauma post-aborto. Un daño que ella veía como irreparable, que la condujo por un camino de depresión y alteraciones de conducta. Sin pensarlo, tan solo un año después de cumplir 18 años quedó nuevamente en embarazo; el padre de este bebé era el mismo que la había impulsado a realizarse un aborto. Para esconder el aborto y asumir la llegada de un nuevo hijo él le sugirió el matrimonio. Ella, con el corazón roto por la pérdida de su primer hijo, muy confundida, pero con la cabeza llena de sueños por cumplir, sabía en el fondo de su ser que su nueva prioridad era el bebé que venía en camino, quería sentir que podía suplir la pérdida que había sufrido un tiempo atrás, y evitar convertirse en una carga de doble proporción para su madre, quien como madre soltera que era ya asumía una gran responsabilidad por sus hermanos.

Después de casada, la violencia intrafamiliar comenzó. La convivencia se deterioró y los dos se agredían física y verbalmente. Ella lo responsabilizaba al 100% de su dolor, y todo siempre volvía al mismo punto de cuando tenía 17. La llegada de su nuevo hijo no era un aliciente, al contrario, ella manifiesta que su dolor por la pérdida de su primer hijo nunca disminuyó, al contrario, muchas veces se alejaba y se adentraba en su dolor y soledad. El aborto que cometieron, no callaba, tanta fue la violencia entre los dos, que Shirley manifiesta, solo veía dos opciones “era él, o yo”.

Cuando las supuestas responsabilidades sexuales de una esposa hacia su esposo eran negadas, la historia de María Olga Barbosa se comenzaría a repetir con su hija. Pues las violaciones sexuales por parte del esposo de Shirley se convirtieron en el “pan de cada día”.  Era una mujer con mucho dolor pues los dos hijos de la pareja también eran involucrados en las discusiones y problemas del hogar. La violencia intrafamiliar era el cáncer de su vida.

Los hijos del matrimonio comenzaron a evidenciar los problemas familiares y los problemas no se hicieron esperar.

Shirley realmente odiaba a su compañero sentimental por ser una persona muy posesiva y agresiva. El silencio de esta mujer, fuerte y luchadora, duró diez años. Ante la sociedad eran la pareja modelo, un ejemplo a seguir, y se veían como una familia perfecta. Lo triste, es que de las puertas de su casa para adentro todo era distinto y no parecía mejorar.

Cuando Shirley decidió dejar de callar y comenzar a hablar tenía 28 años. Parte de ese proceso fue enfrentar la realidad de dónde venía. Su madre, con el corazón en la mano, decide contarle toda la historia de cómo ella era “hija de una violación”. Una verdad cruda y devastadora para madre e hija, puesto que ese mismo día Shirley le cuenta a su madre todo lo que le había pasado en esos diez años y como había tenido que sufrir después de haber sufrido el aborto de su primer hijo, pero allí se permitió romper el silencio y enfrentar su duelo y su dolor.

Shirley comenzó a ir y ayudar en la iglesia y, sin pensarlo, poco a poco se fue involucrando en distintos grupos pastorales, donde ella asegura que conoció “la infinita misericordia de Dios”. Decidida, iba a la iglesia para confesar sus pecados y este fue el primer paso para cambiar su vida. Con la ayuda de las personas que la rodeaban, y por decisión propia de seguir adelante, logró un acompañamiento espiritual, psicológico y psiquiátrico, que la ayudaron a comenzar el difícil camino del perdón y la sanación.

Shirley, defendiendo la vida

En el año 2007 ella decide irse de su casa junto con sus dos hijos y luchar para que ellos afrontaran la separación de la familia y una nueva vida junto a ellos.

En el 2010, inicia el proceso de nulidad, pero una y otra vez se negaba a edificar todos los sucesos transcurridos antes y durante su matrimonio, había que edificar el perdón, no era tarea fácil. Fue entonces, en junio de 2015, que su matrimonio fue anulado por la Iglesia Católica, cuando ya había realizado la gran labor de trabajar en sí misma, con apoyo de profesionales y sacerdotes de la comunidad, de todo ese proceso vino el perdón y con el comprendió que “No hay nada más hermoso que mirar a esa persona que tanto odiaste y ya no sentir nada”. Sus hijos eran el mayor tesoro y por ellos había decidido que nada la detendría, aunque como consecuencia de la violencia vivida, sus dos hijos fueron víctimas de las drogas. Su hija de 19 años, logró superar la adicción a la marihuana después de ser consumidora por casi un año; su hijo, de 21, se encuentra hoy en día en proceso de superación, además de ser padre de un hermoso hijo de 2 años, que es el motor de la familia.

Hoy, entiende que Dios le regaló la vida desde el acto de la violación, pero que eso no la define y sabe que merece ser valorada y respetada. “Hoy puedo decir que perdoné a mi padre y al padre de mis hijos”, pero no sólo eso, también afirma que se perdonó a sí misma, se reconoce “no como víctima, pero como constructora de mi vida y de mis sueños. Esos sueños que hoy construyo junto a mis hijos, a mi nieto y mi demás familia, además de los grandes amigos que han llegado a la Fundación".

Puedo decir que cuento con el regalo más grande que es la vida, la familia, y las ganas de seguir luchando.

Biografía: Shirley vive en Colombia y es fundadora de la Fundación Mujer Verde Esperanza. Escribió este testimonio para Salvar El 1

Monday, June 11, 2018

Carta de Rebecca Kiessling a los Diputados de Argentina


Estimado/a Diputado/a:

Me llamo Rebecca Kiessling, soy americana, esposa y madre de cinco hijos, dos de ellos adoptados. Soy la presidenta de SaveThe1 (SalvarEl1), asociación internacional que lucha por la defensa del derecho a la vida de todos los seres humanos, especialmente los más desprotegidos.


Un buen número de personas de nuestra organización son de Argentina y me han animado a escribirle esta carta.
Estos últimos meses he quedado consternada viendo el incremento de ciudadanos que reclaman la despenalización del aborto en Argentina. Para alguien como yo que ha sido concebida en una violación ya es duro saber que en la actualidad se permiten las “excepciones” cuando una mujer dice que su hijo ha sido concebido en una violación, si un médico diagnostica que el bebé tiene malformaciones incompatibles con la vida o si afirma que la madre corre peligro de morir. Estas tres alegaciones pueden ser o no ciertas, pero las tres están discriminando a las personas más vulnerables de la sociedad que son los que requerirían una protección más efectiva.  Además, esta semana, el Congreso votará si el aborto será legal en el país en cualquier supuesto con lo que, de salir la votación favorable, Argentina sería el quinto país latinoamericano en despenalizarlo sin esas restricciones, después de Cuba, Uruguay, Guayana, Chile y algunas partes de México y el asesinato de niños por nacer estará permitido. Ninguna ley los amparará.
Ya, anteriormente, había escrito sobre la legislación del aborto que se quería establecer en Argentina y, ahora, quisiera añadir más argumentos. SaveThe1 es una organización de unas 450 personas que fueron concebidas en una violación como yo, madres que concibieron un hijo tras ser violada y que lo están criando, madres que tras dar a luz lo dieron en adopción y otras, que incluso lo abortaron y hoy lo lamentan. Además, tenemos centenares de madres a las que se les aconsejó abortar porque el diagnóstico del hijo que esperaban era de incompatible con la vida. Valoramos la vida y deseamos que el Senado de Argentina continúe protegiéndola sin discriminación.
Nuestra filial en lengua castellana es Salvar El 1, ese 1% que está orillado por esta legislación y que en USA representa tan solo el 1% de los abortos que se realizan. Defendemos los llamados "casos duros" en el debate del aborto. Ahora mismo tenemos casi 40.000 seguidores en nuestra página de Facebook de Salvar El 1. Desde la rompedora noticia de que en Argentina se busca legalizar el aborto, hemos recibido un aluvión de historias de argentinas que desean compartir con nosotros sus testimonios. Ellas se animan a dar la cara al leer mi historia y las de otras muchas personas de nuestra organización. Muchas voces se están alzando en Argentina, pero, lo más importante, las voces de los más inocentes se van a escuchar y se alzará la voz en defensa de aquellos niños argentinos por nacer que todavía no la pueden alzar y que están en riesgo.

Karina Estrella Etchepare


Así, por ejemplo, Karina Estrella Etchepare, argentina, concebida en una violación. Su madre fue violada por su padrastro a los 14 años. La dio en adopción. Testificó recientemente en el Congreso cuando se debatió el nuevo proyecto de ley que se quiere votar y ella se pregunta: “¿Alguien se atreve a decirme que su vida vale más que la mía porque soy fruto de una violación? Argumenta que “la madre y el hijo son víctimas del violador, por eso hay que protegerlos. Nadie tiene derecho a decir que una vida vale menos que la otra, y mucho menos la del fruto de una violación, porque ese bebé desconoce cómo fue engendrado. Si al violador, con suerte, se le sentencia a 15 años de cárcel, ¿Por qué al bebé inocente se le sentencia a muerte?”.

Como yo, Margarita Juncos, de Argentina, fue concebida tras una violación. Su madre tenía 17 años cuando fue violada y dio a luz a su hija sola en un centro de ayuda a la mujer. Tristemente, falleció a los dos meses de algún problema de corazón y ella fue criada por su abuelo materno. Ya adulta, esposa y madre, conoció por azar la verdad de su concepción y nacimiento. Valora el regalo de la vida que le dio su madre en las peores circunstancias y no guarda rencor a su padre biológico.

Por otra parte, Anahí Retsar, también de Argentina, quedó embarazada tras una violación a la temprana edad de 14 años. Ella contactó con Salvar el 1 para contarnos su historia de la que se puede extraer una gran enseñanza. En sus palabras: “Nunca se me hubiera pasado por la cabeza matar a ese niño porque ser violada y ser una asesina y encima echarle la culpa a alguien que no la tiene, son cosas diferentes. El hijo no tiene la culpa de la mala acción de su progenitor y no tiene que pagar por su crimen”.
Hoy Anahí está casada, es madre de varios hijos, algunos adoptados y su hijo mayor, Catrial, ya la ha hecho abuela.

Adriana Shinki, de Argentina, fue concebida en una violación cuando su madre tenía sólo 11 años. Al no poder hacerse cargo de ella, la dejó en un orfanato donde sabía que iban a criarla y a procurarle cariño. Con los años tuvo la dicha de conocer a su madre y relata en el blog de Salvar el 1: “¿Cómo voy a estar enojada con la mujer que me dio la vida?”.

Desde el sentir de quien se sabe concebido en violencia, pero criado en el amor, Adriana aconseja a todos aquellos que de cuestionan las excepciones: “Si hay alguna mujer que ha sido violada y que espera un hijo fruto de ese acto y que está leyendo mi historia, le diría que al tener a ese hijo va a darse cuenta que todo lo malo pasa por algo y que un hijo es lo más hermoso del mundo y jamás se van a arrepentir por no matarlo. Él es su hijo, da igual cómo llegara, y es el único que las va a amar por la simple razón de que es su mamá.  A las personas que son fruto de una violación les diría que, obviamente; ellos no tienen la culpa de cómo fueron concebidos y que su vida no vale ni más ni menos que otras. Valen los mismo porque todos somos humanos y tenemos derecho a vivir nuestras vidas”.


Sofía, también de Argentina, fue violada hace cinco años. A los seis meses de su violación y en una situación de depresión y abatimiento por lo sucedido, supo en una revisión médica rutinaria que estaba esperando un hijo de su violador. Contra todo lo que se podía esperar, “Ese bebé se convirtió en mi motivo de vida, en el amor de mi vida y en mi vida.  Mi hijo ahora tiene 4 años y se llama Ian que quiere decir "enviado del cielo". Él es el milagro que Dios me regaló después de una desgracia y mi fortaleza para seguir adelante. Aún estoy en tratamiento para superar lo qué pasó, pero con él mi vida pasó de ser una pesadilla a ser un sueño”.

Como en el caso de Sofía, muchas madres por violación relatan como ese hijo inesperado y no deseado ni buscado, fruto de la barbarie, fue su motivo para seguir adelante y lo único bueno que salió de ese acto horrendo. El bebé concebido, es el triunfo del bien contra el mal.


Claudelina Sanabria, residente en Argentina, fue violada a los 11 años y quedó embarazada. Sin saber apenas qué había ocurrido, se encontró delante del juez tutelar de menores que la animó a abortar. Pero cuando éste le explicó qué era un aborto supo que significaba asesinar al hijo que llevaba en su vientre.  Con palabras entrecortadas de niña asustada pero la sabiduría de una anciana, rechazó el aborto y dio a luz a su bebé. “Si tuviese que aconsejar a una muchacha que espera un hijo tras una violación, le diría que fuera fuerte y que opte por la vida. No se arrepentirá. Yo lo pasé y no hay nada como dar a luz y ser madre. Ojalá pueda hacer entender a todas esas personas que nadie tiene derecho de sacar la vida de un inocente”.


Viviana Victoria, también de Argentina, sufrió abusos sexuales desde sus doce años por parte de un amigo de la familia mucho mayor que ella y quedó, finalmente, embarazada a los catorce años. Pero lejos de ser defendida por su familia o las autoridades, se vio obligada a casarse con su violador.  El matrimonio forzado y la situación de maltrato que sufría acabo casi con su salud física y psíquica, pero, nuevamente, el hijo engendrado fruto de la violencia fue su salvador. Así relata a Salvar el 1: “El hijo que di a luz vino a quitarme esos deseos de suicidarme que tenía y toda mi infelicidad. Me salvó la vida y me dio esperanza a pesar de la manera en la que llegó a este mundo”.


Akli Ahlet de Argentina, quedó embarazada tras ser violada en un auto y tuvo que superar, no sólo las secuelas de una violación y su recuerdo, sino el desprecio de la sociedad hacia su hijo concebido en violencia y estigmatizado incluso por los propios médicos que la trataban. Como relata e Salvar el 1 en el blog: “La doctora me dijo que mi hijo era un asco y todo por un crimen que no cometió. Decía que no iba a sobrevivir si ya tenía esos bajos de glucemia. Yo me puse a llorar y a decir que no entendía por qué se ponía en contra de mi hijo si él no había hecho nada malo”.

María de la Paz Rodríguez Coronel Dudignac

María de la Paz Rodríguez, también argentina, fue concebida en una violación y entregada en adopción.
Hoy está felizmente casada y es madre de dos niñas. Ella misma explica al mundo, orgullosa: “Mis hijas son pro vida. Nietas de una abuela violada, quien eligió no abortar y dar en adopción su madre (yo), por lo tanto, una mujer valiente. ¡De lo contrario mis hijas no existirían!
¡Felizmente adoptada! Soy una privilegiada de la vida... porque tuve dos madres: Una que me dio LA vida y otra que me dio SU vida "¿Quién se atreve a decirme que no debía nacer por ser bebé no deseado gestado durante una violación? Puedo amar. No soy una abominación de la naturaleza por no ser engendrada con amor”. ¡Es mejor ADOPTAR que ABORTAR!  porque cada vida vale".


Tristemente, la mujer víctima de la violación es señalada por proteger y amar a su estirpe y no se comprende que ese bebé pueda ser amado por ella a pesar de haber sido concebido en una violación.

Por favor, entiendan que legalizar el aborto para casos de violación y otras excepciones sólo muestra que hay vidas que valen más que otras. ¿Se imaginan creando "excepciones" para bebés asiáticos o africanos o judíos? El mensaje es que ellos no merecen la pena y no hay que proteger sus vidas.  Habría una hecatombe internacional si, algún día, se propusiera esto. Sí, es lo mismo en nuestro caso. Y sentimos que existe una gran apatía cuando se trata de valorar nuestra vida. Las madres que tienen hijos concebidos en una violación afirman que ellos son señalados con el dedo y despreciados y a ellas se las pone en entredicho por no haber abortado y porque aman a ese niño. 

Agradecemos la empatía con las víctimas de una violación, pero ellos tienen cuatro veces más posibilidades de morir en un aborto el año que viene que de ver la luz.  En el libro del Dr. David Reardon, Víctimas y Vencedores: Aprendiendo más acerca de sus embarazos, abortos y de los niños concebidos en violación, él cita los estudios realizados al respecto. Tras un aborto, las víctimas de violación tienen un índice más alto de suicidios y adicción a drogas. Los violadores, pederastas y proxenetas adoran el aborto ya que destruye la evidencia del delito y los faculta para seguir. Con frecuencia, la propia madre de una muchacha también ha permitido que trafiquen con su cuerpo o la ha dejado desprotegida. Es el bebé en estas situaciones quién ofrece evidencia de la violación. Si de verdad queremos proteger a la víctima de un abuso, debemos defenderla de su violador y no de su hijo.

Argentina, eres una gran nación, mucho mejor que otras, porque has establecido una cultura dónde la gente es amada y valorada. Las argentinas que han dado su testimonio más arriba han sabido compartir sus historias de amor por la vida porque todas ellas aman a sus hijos sin importar cómo fueron concebidos. Por favor, no acepten la cultura de muerte y discriminación de nuevo. Nos urge decir a sus senadores, a usted en particular, que NO voten a favor de la despenalización del aborto. Voten NO a la legalización de la muerte de un inocente. No permitan que la sangre de inocentes bebés argentinos salpique su suelo. 


Afectuosamente,





Rebecca Kiessling
Presidenta de Salvar El 1


Saturday, June 9, 2018

No permití que me hicieran un aborto y dije sí a la vida, por Alba



Alba, Argentina. Madre por una violación. Dio a su hijo en adopción.

Soy Alba y tengo 26 años. Mi niñez fue muy difícil y dolorosa. Sufrí violaciones desde los siete años, no iba a la escuela y pasé mucha hambre. Yo sabía que eso que me hacían era malo. Cuando cumplí los diez años, quedé embarazada, pero, a tan temprana edad, no entendía los cambios que mi cuerpo estaba experimentando.


Mi padre me llevó a una señora para que me practicara un aborto. En ese momento, comprendí que estaba esperando un hijo y no permití que lo realizara.

Me escapé. Salí corriendo y me refugié en casa de mi querida abuela ¡Pobre mi abuela! Recibió una fuerte golpiza en las piernas que le impidió caminar y así no pudo hacer la denuncia ante las autoridades. Pero dentro de sus escasas posibilidades, ella me ayudó y me contuvo.

Pasaron los meses de embarazo y cuando cumplí los once años nació mi hija.

Desde el Hospital Rawson hicieron la denuncia e intervino la Justicia de Menores. La jueza me sacó de mi familia de origen y mi hija y yo fuimos recibidas en una familia de los Hogares de Belén.

Entregué a mi hija en adopción y hoy, con la perspectiva que da el tiempo y la distancia, sé que hice lo correcto.

Le doy gracias a Dios porque tuve una segunda oportunidad de tener una familia, mamá, papá y unos hermanos que me ayudaron a crecer y a darme cuenta de que la vida es linda, a pensar que podía formar una familia, tener hijos, sentirme segura de mi misma. Fui a la escuela, empecé la Primaria casi a los 12 años y cursé el Secundario de adultos. Al terminar, estudié cocina y hoy tengo mi propio emprendimiento.

Sé que mi hija está creciendo en una buena familia rodeada de amor y de valores.

Hoy comprendo que con once años no podía criarla, era yo la que necesitaba que me criasen y tomé conciencia de la importancia de tener una familia.

Gracias a que no permití que me hicieran un aborto y dije sí a la vida, mi hija nació y su nacimiento delató los abusos y la situación de maltrato que sufría.

Gracias a que el Hospital hizo la denuncia e intervino la Justicia de Menores pude salir del infierno en que vivía y hoy soy feliz.

Señores legisladores, les dejo esta reflexión: ¿Por qué no transforman esos hijos no deseados, fruto de la barbarie, productos de violación en hijos deseados y amados a través del vínculo de la adopción? Un mal no se remedia con otro mal.

Yo, con diez años y analfabeta, defendí la vida de mi hija. Hoy les pido a ustedes que tienen el deber de legislar que defiendan la vida desde el momento de la concepción. Legislen desde el amor y no desde la cultura de la muerte.

Nota del Editor: El testimonio de Alba llega desde San Juan, Argentina, Juzgado de Menores Dra. Estela Zorrilla y se ha trabajado conjuntamente con el Servicio Hogares de Belén.

Sunday, June 3, 2018

Quiero ser la voz, de los que no tiene voz, por Aurora Torres



Soy una mujer originaria del Estado de Guanajuato, México, y quiero compartir una experiencia personal que transformó y cambió el rumbo de mi vida.

Aurora y su hijo y Gabriel

Yo era una joven que llevaba una vida desordenada. Con frecuencia, acudía con las que eran mis amigas a diferentes lugares para divertirnos, consumía bebidas alcohólicas y en algún tiempo llegué a fumar algunos cigarrillos. Este grupo de “amigas” con quiénes me reunía para divertirnos influían tanto en mi vida que llegué a salir cada fin de semana e incluso entre semana, lo que propiciaba que llegara tarde a mi casa. Desde luego mi horario de sueño era corto.  La preocupación de mi madre ya era evidente por sus comentarios sobre que dejase de exponerme a tanto peligro nocturno y me era incómodo pues sentía que desconfiaba de mí y de mi capacidad para saber cuidarme, pero ella sólo tenía el deseo de protegerme y preservar mi bienestar.

En una de esas salidas con mis “amigas”, estuvimos compartiendo en un lugar fuera de mi ciudad de origen. La tarde transcurrió e insistí en que ya nos regresáramos para no conducir en carreteras oscuras. Me molesté, ya que ellas decidieron que nos quedáramos para ir a un bar de esa misma ciudad.

Después de estar un rato allí, lo único que recuerdo es que estaba en un vehículo con un hombre que yo no conocía. Estaba a la orilla de una autopista ya que escuchaba pasar autos a alta velocidad. Lo que sucedió es que este hombre había abusado sexualmente de mí... Me sentía muy culpable por lo que había pasado, pero, a la vez, molesta con aquellas personas que decían ser mis “amigas” por haberme visto salir del lugar con alguien que ni conocía… No supe qué pusieron en mi bebida esa noche ya que tengo escasos recuerdos de lo que pasó.

Ya más consciente en mi casa la mañana siguiente, recuerdo que me asusté mucho cuando observé todo mi cuerpo con moratones de golpes fuertes. Por miedo, después de lo sucedido, acudí de inmediato a la farmacia a comprar la pastilla del día siguiente, (PAE), para prevenir un embarazo ya que, como la gran mayoría, no sabía la verdad sobre los riesgos tan graves para la salud y su efecto abortivo. En verdad, sentía mucho miedo, pero lo que más recordaba era el desagradable olor del sudor de aquel hombre y eso me daba mucho asco.

Por otro lado, después de lo que pasó, pensaba que existía una alta probabilidad de embarazarme, pero fue el miedo por lo sucedido y el asco que yo sentía por esa persona, así como la decisión de evitar un embarazo lo que me llevó a tomarme esa pastilla.

Una vez transcurridos varios días y ya enrolada nuevamente en mi dinámica personal y laboral, no me fijé que ya tenía más de 8 días de retraso en mi periodo menstrual. Una vez que me di cuenta, se encendió en mi interior una alerta y me dije a mi misma: ¡Estoy embarazada! Acudí a realizarme una prueba sanguínea de embarazo y pude confirmar que, efectivamente, estaba embarazada.

A la fecha me siento culpable por haberme tomado esa pastilla ya que estaba atentando contra la vida de mi hijo. Inmediatamente, acudí a un médico ginecólogo ya que presenté algunos sangrados. Quiero ser muy sincera: Lo que yo quería evitar era embarazarme, pero nunca atentar contra la vida de mi hijo.

Afortunadamente, no fue así y logré con la ayuda de mi ginecóloga revertir su efecto abortivo. Durante mi embarazo, tuve algunos contratiempos que pude superar gracias al gran amor de mi madre que siempre ha estado cerca de mí apoyándome con oración y respaldándome. ¡Gracias mamá, por todo tu amor!

Tomé la decisión de tener a mi hijo Gabriel porque yo deseaba que estuviera bien. Y más aún porque él siempre ha sido inocente y no es responsable de mis acciones, de mi comportamiento inmaduro, ni de los actos de su padre biológico. Gracias a Dios y a la Virgen de Guadalupe, Gabriel nació muy bien. Ha sido un pilar de mi vida junto con mi madre, lo amo y este amor es también mi fortaleza. Mi hijo es la mano que Dios me dio para salvar mi vida que se estaba yendo al vacío.

Quiero compartir mi testimonio, no con intención de ventilar mi vida privada, sino para ser la voz de los que no tienen voz, para concienciarlos del valor de la vida desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Para ser voz de aquellos pequeñitos que aún no se pueden defender.
Aurora y Gabriel

Este relato es un llamamiento a aquellas personas que con la mano en la cintura te sugieren que abortes en situaciones de violación. Yo les aseguro que dejar nacer y amar a mi hijo no me ha quitado nada y sí, ha dado todo el sentido a mí vida, me ha dado amor y me ha permitido ser mejor versión de mí misma como persona.

Todo lo recibido supera con creces lo que yo le haya dado o haya tenido que hacer por mi hijo. En cada instante agradezco infinitamente a Dios el haber dicho sí a la vida. Ser madre es la bendición más maravillosa. Dejé que el amor triunfara y ese amor me sanó.

¡Respetemos la vida de todo ser humano, siempre!

Biografía: Aurora vive en México con su familia.


Saturday, May 26, 2018

Jamás imaginé que había sido dada en adopción porque mi madre fue violada, Por Sherrie Eldridge

Concebida en una violación y entregada en adopción.

 Sherrie lleva a cabo una enorme labor en favor de la adopción

Cuando encontré a mi madre biológica después de buscarla durante 15 años, al principio se negó a hablar conmigo. Sin embargo, cambió de parecer, aunque me pidió que nunca le preguntara sobre la identidad de mi padre biológico. ¿Por qué? Ella me confesó que fue violada.

¿Cómo reaccioné? Como un patinador que, de repente, cae sobre el hielo y el golpe le quita la respiración y el aire. Nunca imaginé ni en mis sueños más descabellados que una violación sería la razón por la que me había dado en adopción.

Esta primera conversación con mi madre biológica fue cuando tenía 47 años. Cuando ella dijo que había sido violada, fue como si una nube negra me envolviera. Cada vez que contaba la historia de mi reunión con ella, que era bastante seguido, decía "fui concebida en una violación". No puedo poner palabras a la profundidad de la vergüenza que sentía. Sin mi vida espiritual ya consolidada, habría llegado a la conclusión de que mi vida fue un error. No seguí ese camino, pero sí asumí la responsabilidad de la violación.

 Sherrie y su marido

Un día, me di cuenta de que no tenía nada que ver con la violación de mi madre biológica. Le pasó a ella, no a mí. También aprendí una lección profunda de vida: que el bien puede venir del mal. Lo bueno era yo. También aprendí que mi vida comenzó no en la concepción, no el día de mi nacimiento, no en el día de la adopción, sino en la eternidad, en el Corazón de Dios Padre. ¡Mi vida fue SU idea!

Para aquellos de ustedes con niños cuyas madres biológicas fueron violadas, tal vez mi experiencia pueda ayudar. Padres, si la madre biológica de su hijo fue violada, la noticia no lo va a traumatizar. Recordad, nosotros las personas adoptadas somos sobrevivientes fuertes. Dadle a vuestro hijo la oportunidad de crecer escuchando la verdad. Vosotros sabréis el momento adecuado para contarle esa parte de su historia, ya que conocéis a vuestro hijo mejor que nadie. Escuchad a vuestro corazón. Lo haréis bien, y vuestro hijo crecerá más fuerte.

Pueden seguirme en mi blog y mis videos de YouTube sobre cómo compartir la dolorosa verdad alrededor del nacimiento de un hijo adoptado ¡No tengan miedo, padres y niños adoptados! Sí, es difícil enfrentarse, pero todos crecerán. ¡Se lo prometo! Cuando se dice la verdad, todos somos libres para elegir y crecer.



Biografía: Sherrie es escritora y portavoz de la adopción en Indiana. Este es un extracto de su último libro, “Veinte cosas que los padres adoptivos necesitan para tener éxito”. Su web es www.sherrieeldridge.com
Sherrie colabora con Salvar El 1.

Saturday, May 19, 2018

Mi madre fue violada cuando regresaba a casa del trabajo, por Jim Sable



Mi historia llegó en un sobre con letra de la Catholic Charities en noviembre de 2005. Esta institución tramitó mi adopción en 1958 y cuando llegué a la edad adulta, tuve la oportunidad de recibir información básica sobre mi familia biológica. Solicité la información en 1995, pero tardé 10 años en superar la inquietud que rodeaba mi deseo de saber sobre mi familia biológica. Lo pospuse y me convencí de que era lo mejor.

Jim y su familia

La curiosidad persistente se convirtió en una urgencia, por lo que, por fin, completé y presenté la solicitud de información en el otoño de 2005.

La tan ansiada carta llegó silenciosa. Poco sabía, cuando la abrí, la dureza de la información que contenía. En ese día de principios de noviembre, cuando leí la carta, mi vida se detuvo abruptamente. Había información que no esperaba. Mi madre fue violada. Ella había declarado que el ataque ocurrió mientras caminaba a casa desde el trabajo. Así es como fui concebido.

Las noticias no fueron fáciles de aceptar y, realmente, me bloquearon. Durante dos años, sólo un terapeuta y mi esposa, Wendy, conocían la historia. Poco a poco, ya a fines de 2007, fui superando esos sentimientos y comencé a ver la posibilidad de compartir mi historia.
Ahora me doy cuenta del regalo que me han otorgado, no sólo el regalo de la vida, sino el don de tener esta historia única y la perspectiva que me brinda sobre la importancia de toda vida concebida.

Mi historia, como muchas otras parecidas, tienen el poder de cambiar las mentes, llegar a los corazones y ampliar el horizonte de aquellos que se limitan a conceptos abstractos y vagos sobre la concepción de un hijo en una violación.

El sector pro aborto defiende que todas las vidas no deseadas son prescindibles, y el aborto está justificado, incluso recomendado. Las concepciones de violación e incesto crean vidas que se definen como "no deseadas". En su lista de vidas no deseadas, somos el Anexo 1. Todos sabemos la verdad. No hay vidas no deseadas y hay millones de brazos abiertos esperando para abrazar a todas y cada una de las vidas abandonadas.

La adopción me hizo pro vida desde el momento en que supe sobre el aborto. Yo era estudiante de primer año en la escuela secundaria cuando se decidió sobre Roe v. Wade. El aborto, como cuestión social, estaba ganando cada vez más importancia a principios de los años 70, por lo que probablemente fue durante ese tiempo cuando establecí mi identidad como sobreviviente del aborto. No me refiero, literalmente, a la supervivencia del procedimiento que intenta quitar la vida antes de nacer. Sabemos que hay quienes realmente sobrevivieron a un aborto: las vidas milagrosas.

Mi supervivencia se debió a la decisión de mi madre unida al clima cultural de la década de 1950 y también a que la sociedad me protegió a través de la ley. No pasó mucho tiempo después de que el aborto se legalizara a nivel nacional y, entonces, comencé a escuchar comentarios que justificaban el asesinato. La gente decía: "Estas madres solteras no deberían traer a estos niños al mundo. . .". Comentarios dolorosos de escuchar, por supuesto, pero luego tuve la oportunidad de contradecirlos con: "Mi madre era soltera, y creo que estoy mucho mejor aquí que en un cubo de basura". Fue entonces cuando me di cuenta de que mi nacimiento se debió, al menos parcialmente, a varias cosas.

Por haber sido concebido en una violación, hay muchas personas hoy que piensan que debería haber sido asesinado. Nuestras vidas se utilizan repetidamente como moneda de cambio en el debate sobre el aborto y se las puede llamar "excepciones" en las leyes antiaborto.

Mi madre tenía 36 años cuando nací, probablemente un poco mayor que la edad promedio de concepción por violación. Mi vida como hijo adoptivo fue excelente, pero tenía muchos de los altibajos habituales de la vida familiar. Dios me proporcionó unos padres que no podían tener hijos y nací de una madre que sentía que no podía criarme. Mi mamá y mi papá fueron tremendos ejemplos de la gracia y el amor de Dios.

Sin embargo, anhelé algunas respuestas para ayudarme a lidiar con parte de la soledad y los sentimientos de rechazo que fueron producto del sistema de adopción antiguo, secreto y confidencial. En la carta de Catholic Charities estaban los papeles de mi adopción e información suficiente para comenzar la búsqueda de mi madre biológica y así lo hice. Un amigo cercano que investiga sobre genealogía me ayudó.

Encontramos a mi madre biológica hace pocos años, algo tarde, sin embargo. Eleanor, mi madre, murió en 2007. Sin embargo, pude aprender mucho sobre ella porque también encontré y me reencontré con su hermana.

Mi tía describe a Eleanor como una mujer un poco reservada y tranquila, muy devota. Desafortunadamente, mi tía no pudo confirmar o negar la historia de Catholic Charities. No hubo denuncia policial. La violación fue un secreto. El bebé dentro de ella era un secreto. Parecía mínimamente embarazada, incluso cerca del final de la gestación. Ella llamó a su embarazo un "tumor". Eleanor no le reveló a nadie su embarazo hasta aproximadamente dos semanas antes de que naciera, cuatro a cinco semanas prematuro. De hecho, nací el día en que Eleanor fue admitida en el refugio de madres y bebés de Catholic Charities en Chicago.

Después de nacer me entregó en adopción y nunca volvieron a hablar de mí. Su familia sabía que no debía preguntar sobre el embarazo ni el parto ni referirse a él. El tema estaba tapado, era tabú. A medida que pasaban los años, la historia nunca se recordó.

El recuerdo de sus palabras, su silencio y sus acciones, es indicativa de un trauma profundo y agudo. Sabemos por experiencia las salidas a un trauma: huir o congelarse y aparentemente Eleanor se congeló.

Mi madre firmó mi adopción cinco meses después de mi nacimiento y se casó nueve meses después. Se casó con un veterano de dos guerras que la protegió y se convirtió en su guerrera. Mis primos biológicos dicen que trató a Eleanor como a una princesa. Él le proporcionó seguridad, la defendió y desvió algunas de las preguntas naturales que la familia hacía. Ella no tuvo más hijos.

Mis primos hacen especulaciones sobre un novio secreto que podría ser mi padre porque no aceptan completamente la historia del ataque. ¿Pero por qué una mujer de 36 años con dos hermanas casadas debe mantener en secreto a su novio? Si mi padre era alguien a quien Eleanor amaba, ¿Por qué no se casaron?

Jim ofreciendo su testimonio de vida

Muchos indicios indican que mi padre probablemente era alguien que Eleanor conocía, y seguramente también tenía una posición de poder sobre ella, un jefe o compañero de trabajo de nivel superior que la forzó a tener sexo, la rechazó cuando quedó embarazada, la obligó a mantener el secreto y lo más probable es que presionó para la adopción. Lo que es evidente es que mi madre no era una cazadora de hombres, no estaba dispuesta a cometer un adulterio y no estaba buscando ascender en la escala corporativa a través de los favores sexuales.

El agravante del trauma fue la humillación causada por el padre de Eleanor al imponer su voluntad sobre su hija de 36 años al sacarla de la familia y forzar la adopción.

De lo que no cabe duda es que, en un callejón o calle oscura, o en el fondo de una sala de correspondencia o en la reclusión de una oficina cerrada, Dios me dio vida en ese momento y, a través de las noticias de la violación, me la ha vuelto a dar ahora.

Estos últimos años he experimentado qué es saberse concebido a través de una violación. Aunque he conocido el fondo de ese pozo estigmatizado, ahora siento el poder del regalo que me han dado.
En una marcha por la vida
Conocer a Rebecca y al grupo de Salvar el 1 puso fin a la sensación de ser el único en el planeta con esta historia. La euforia de hablar y defender la vida, de intentar corresponder al sistema que me salvó, la emoción de ser parte de este grupo especial y conocer a mis héroes, ha sido la fuerza curativa en mi vida. A través de ellos, Dios me ha tocado con Su amor y mi fe ha sido reforzada. Mi viaje continúa, guiado por su gracia.

Cada vida importa.

Gracias.

Biografía: Jim, Vive en Illinois. Está casado y es padre de cuatro hijos, uno de ellos adoptado. Está disponible para hablar en jandninc2@sbcglobal.net