Saturday, March 18, 2017

El aborto fue más dañino que la violación.

Por Nona Ellington

Mi madre era una devota Bautista del sur de EEUU y mi padre era un cristiano pleno, lleno de espíritu. Además, era pastor y solía viajar dando a conocer su ministerio a cualquier lugar donde era requerido.

Así  que yo estaba dividida entre dos iglesias. Ambos eran muy piadosos, pero tenían diferentes visiones de la Biblia debido a sus profesiones de fe.

Recibí a Jesús como mi Salvador y fui bautizada a la edad de 12 años en la Iglesia Bautista aunque, en aquel momento, aún  no entendía  la importancia de la oración diaria y la lectura de la Palabra de Dios.

A los 13 años fui violada por un miembro de la familia de 15 años que  robó mi virginidad. Tenía miedo, pues  no había recibido ninguna educación sexual hasta el momento. Pensé de inmediato que estaría embarazada. Yo tenía miedo de contarlo porque el violador era  de la familia y, como me había drogado con marihuana, estaba muy avergonzada por no haber podido defenderme del ataque.

Como resultado, me refugié en las drogas, el alcohol y busqué alternar con hombres mayores que yo. Después de un año, fui violada otra vez por un primo que era 10 años mayor que yo. Me llevó al bosque y me violó en su camioneta.

Desde ese momento sentí que exhibía un gran cartel que decía: "Viola a esta niña". Mi vida se volvió un lugar oscuro, sentía  tanta vergüenza... No quería  arruinar a mi familia que es lo que habría  pasado  si hubiese contado a alguien lo que había sucedido porque sabía que mi primo  iría a la cárcel. Además, dudaba de que alguien creyera mi historia.

Me distancié de mis padres. Yo estaba muy involucrada  en la iglesia a la que iba con mi madre, pero me acabé juntando con personas muy poco recomendables para  salir a divertirme, entre ellos adictos a la marihuana. Incluso me expulsaron a los 14 años de la escuela privada cristiana a la que iba debido a mi comportamiento.

En el segundo año de preparatoria, entré en una escuela pública y pronto conocí a un muchacho con el que comencé a salir. Me llevó a la casa de su primo después de la escuela porque no había adultos en casa. Después de haber fumado marihuana que debió de mezclar con alguna droga, me encerró en la habitación de su primo y me violó.

Me dejó en la habitación devastada, y podía oírlo  a él y a su primo riéndose al respecto de lo sucedido. Yo  sólo quería salir de allí y regresar  a casa, pero ni siquiera sabía dónde estaba, así que dependía del tipo que me violó para que me  devolviera  a mi casa.

Después de unas semanas, mi período no llegó. Llamé por teléfono  a una de mis  hermanas mayores para contarle mi situación y mi hermana  me aconsejó  que abortara. A los 15 años, ni siquiera sabía qué era un aborto. Mi madre oyó nuestra conversación, entró en la habitación y me arrebató  el teléfono. Durante su conversación, mi hermana convenció a mi madre de que necesitaba abortar. No tengo ni idea de cómo logró esto, porque mi madre tenía 9 hijos y era, como ya he dicho, muy devota.

Tenía miedo, así que hice un "trato" con Dios: "Por favor, ayúdame a no estar embarazada, si no estoy embarazada, prometo no volver a tener sexo fuera del matrimonio".

Mi hermana me llevó a Planned Parenthood en Houston donde me hicieron una prueba de embarazo y confirmaron mi embarazo. Yo estaba en estado de shock. Me dijeron que en esta primera etapa de sólo cinco semanas, "eso" era sólo un trozo de tejido. También me dijeron que tenía que  abortar, ya que yo era demasiado  joven y todavía estaba en la escuela. No sabía qué preguntas hacer en cuanto a otras opciones. Todo lo que se discutió fue el aborto, y me mandaron a otra clínica para que me lo practicaran.

Estaba devastada. En la escuela se lo conté  a todas mis amigas y todas me recomendaron un aborto. Todo el mundo me decía que realmente: "No es  gran cosa, la gente lo hace todo el tiempo, especialmente si todavía están en la escuela".

Absolutamente nadie me sugirió que me quedara con el bebé o que lo  diera en  adopción. Sentía que el aborto era mi única opción y carecía completamente de educación sobre el embarazo.
Yo estaba llena de vergüenza y culpa, incluso antes del aborto.

Cuando le dije al tipo que me había violado que estaba embarazada y necesitaba dinero para un aborto, él negó ser el padre, lo que incrementó  mi vergüenza. Sin embargo, bajo la presión de mi hermana, decidió pedir dinero en la escuela para poder costear el aborto y entregó a mi hermana un montón de billetes.

Alrededor de octubre de 1983, mi mamá y mi hermana me llevaron al centro de aborto. Mi padre nunca se enteró hasta más de 20 años después. Ni mi mamá ni yo éramos conscientes de lo que un aborto hace  a un bebé o de lo que le supone  a una mujer, pero ella sabía lo suficiente como para ocultárselo a mi papá.

Recuerdo es que mi madre estaba horrorizada después de darse cuenta de que había mujeres en la sala de espera con embarazos mucho más avanzados que el mío, y me dijo: "¿Qué están haciendo todas estas mujeres aquí? Parece que están a punto de parir".

Mi hermana llevó  el papeleo, pero ni a mamá ni a mi hermana  se les permitió entrar conmigo en la sala de “asesoramiento”. Una mujer mayor me advirtió que como yo era tan joven y tan pequeña, corría el riesgo de no ser capaz de tener hijos más adelante. Pero para mí, el matrimonio y los hijos estaban en un futuro muy lejano y como no me permitieron tener a mi madre junto a mí, no fui capaz de tomar una decisión informada .

Mirando atrás,  creo que esta fue la primera señal que Dios me dio para no abortar. Realmente creo que, si mi madre hubiera estado en la habitación conmigo, no lo habría hecho.

Recuerdo también como yacía sobre una mesa de aborto dura y fría. Nunca me presentaron al médico. Sólo recuerdo que era un hombre. Cuando la enfermera me estaba preparando, podía oír la voz de mi madre en la puerta, preguntando: "¿Está mi hija ahí?". Luego le dijeron: "Señora, no puede entrar". Nunca hemos vuelto a hablar sobre lo ocurrido  desde entonces, pero creo que mi mamá quería sacarme de allí y esa fue la segunda señal.

Me dijeron que centrara mi vista sobre un móvil para bebé colgando del techo. Ahora que lo recuerdo, me doy cuenta de lo sádico que esto fue.


Podía oír y sentir todo lo que me estaba sucediendo. Nunca había ido a un ginecólogo antes, y sentía que todo mi interior estaba siendo arrancado de mí. He oído decir que el aborto es como una violación, y es cierto, pero peor que la violación debido al nivel devastador de violencia que conlleva. La violencia y el dolor del aborto son más extremos en mi memoria que la violencia y el dolor de las violaciones.

Estaba sangrando profusamente cuando me fui. Mi madre y mi hermana me llevaron a un restaurante pero me desmayé porque estaba emocional y físicamente muy dañada. Después de eso, el aborto fue un tema tabú para ellas.

A partir de ahí, caí en las drogas, alcohol y promiscuidad. Yo estaba completamente vacía espiritualmente, rebelada completamente en contra de mi educación cristiana. Me sentía  entumecida, sin ganas de vivir.

A medida que iba experimentando  todos estos sentimientos, tratando de llenar este enorme vacío dentro de mí, comencé una relación muy abusiva con un muchacho y finalmente me casé con él a los 19 años.

El aborto realmente arruinó todas mis posibilidades de tener hijos. Sufrí 5 abortos involuntarios durante mi matrimonio de 18 años, lo que desencadenó  el divorcio. Tres de estos abortos fueron embarazos ectópicos, que requirieron cirugía de emergencia y experiencias muy cercanas a la muerte. Yo añoraba tanto un bebé para tratar de suplir al que maté...

A los 32 años y debido a mi baja autoestima por las violaciones, el aborto, la vergüenza, el matrimonio abusivo, la pérdida de mis hijos y mi infertilidad, intenté suicidarme. La experiencia del aborto no hizo que la experiencia de la violación fuera mejor, sino que me llevó a un lugar mucho más oscuro, y ahora me doy cuenta de que había estado sufriendo de depresión clínica todos esos años.

Dios entonces comenzó a acercarme a Él a través de la música cristiana que escuchaba en la radio. Conforme el Señor me llenaba de Su Verdad, devolví mi corazón a Cristo, y la radio se convirtió en mi Iglesia. Incluso me comprometí a dejar de fumar.

Un día, en mi emisora ​​de radio cristiana local, comenzaron lo que llamaron el “baby shower” más grande del mundo a favor de  centros de apoyo para mujeres embarazadas. Oí a una mujer hablando de los centros, y supe que tenía que coger el teléfono, llamarla y ponerme a su disposición para poder decir a otras mujeres la verdad del aborto. Me di cuenta de que Dios había estado trabajando en mí para hacerme ver que muchos de los problemas en  mi vida fueron causados por mi aborto.

Hasta ese momento, todavía me consideraba pro-elección, porque me sentía como si me hubieran obligado a tener un aborto y realmente no me habían dado otra opción.

Cuando visité el centro de apoyo para mujeres embarazadas  en el centro de Houston, la directora me preguntó si alguna vez me habían practicado un aborto, y rompiendo mi silencio, le conté mi historia. Y me dijeron que para poder ser voluntaria en este centro tenía que participar en un taller de sanación después del aborto llamado "Belleza en lugar de cenizas". ¡Era tan alentador el escuchar que algo así existía!

Este taller me salvó la vida. Mi esposo abusivo no quería que participara y tampoco quería que fuera  voluntaria en el centro. Fue una gran batalla volver al Señor, pero recibí mucha sanación a través de este taller. Tuve la oportunidad de bautizar a cada uno de mis seis bebés, y Dios me curó para poder ayudar  a otras personas y cambiar mi vida.

Durante este tiempo, también había comenzado a asistir a la iglesia con mi papá. Como dije, él era  evangelista, así que yo tenía miedo de contarle  mi aborto.

Fue casi 20 años más tarde, mientras yo estaba participando en el estudio de sanación, cuando se lo  conté.  Se quedó muy aflijido por la noticia de haber perdido a un nieto. Me dijo: "Si hubiera sabido que iba a tener un nieto, yo mismo habría criado a ese bebé".

El aborto fue la decisión más egoísta que he tomado en toda mi vida. Afectó a todos en mi vida y causó devastación en mi mente, alma y cuerpo. Causó la pérdida de mis otros cinco bebés, mi infertilidad, y también estoy convencida de que me causó cáncer de mama a la edad de 45 años en 2014. Las investigaciones han demostrado que el aborto puede causar cáncer de mama especialmente cuando es practicado a temprana edad.

Hay sanación  para corazones y vidas rotas después del aborto, a través del amor y perdón de Jesucristo. Su Cruz del Calvario elimina toda vergüenza, amargura, odio y pecado, sólo necesitamos creer y recibirlo en nuestro corazón.

Ruego que cualquiera que lea este testimonio que esté considerando el aborto para sí misma o para alguien más considere la posibilidad de buscar ayuda en un centro de apoyo para mujeres embarazadas donde le proporcionen información sobre todas sus opciones. Estoy convencida de que si alguien me hubiera llevado a un centro de apoyo para mujeres embarazadas, no hubiera abortado.

Quiero que todos sepan que el aborto no arregla la violación y que la experiencia del aborto es más perjudicial física y emocionalmente que la violación en si. Mi hijo tenía todo el derecho a la vida y yo haría cualquier cosa a mi alcance para tener a ese niño en mis brazos, o para haberlo  entregado a una pareja amorosa que lo hubiese amado en lugar de haberlo matado...



BIO: Nona Lynn Ellington es conferenciante y escritora pro-vida, residente en Houston, Texas. Ejerce su ministerio en Eagles Restoration Ministries. Nona ahora es  bloguera de  Salvar El 1 (Save The 1)

Wednesday, March 8, 2017

Los doctores me recomendaron que abortara a mi hija con Anencefalia pero yo me quedé prendada de la niña.

Por Jennifer Frey

Me llamo Jennifer Frey. Me gustaría compartir un trocito de mi corazón con ustedes y éste se llama Faith Elizabeth, mi hija.

Antes de contarles nada, me gustaría confesar que  no siempre he sido pro-vida. De hecho, fui muy pro-elección hasta que los hijos entraron en mi vida. Recuerdo que en la escuela secundaria hice un trabajo sobre el tema del aborto. Siendo la adolescente ingenua que yo era, pensaba que los casos extremos de violación, o la salud de la madre / bebé eran razones válidas para abortar.

No había pensado mucho en el tema del aborto hasta que tuve hijos, en particular mi segunda hija. Todos mis hijos han cambiado mi vida, pero ella es la que transformó lo más profundo de mi corazón.

En el embarazo de mi segundo bebé y tras  el ultrasonido de las 20 semanas recibí una noticia devastadora. Nuestro bebé  tenía  Anencefalia. Y escuché unas  palabras que nunca había oído  antes: "Incompatible con la vida".

El médico se negó a mostrarnos más imágenes  del bebé  para "no herir nuestros sentimientos". No nos dijeron el sexo del bebé y nos enviaron a un especialista. Salí de ahí con la sensación de que mi bebé ya estaba muerto.

En la cita con el especialista, confirmaron el diagnóstico. Nos dijeron que más del 95% de las familias con este diagnóstico abortan al bebé . Nos aconsejaron que era lo mejor ya que era demasiado duro llevar el bebé a término sólo para verlo morir. Afirmaron que el bebé no sobreviviría mucho después del nacimiento o podría fallecer en el útero. Los médicos no  nos ofrecieron apoyo para escoger la vida. Nunca se nos dio como una opción.

Lo admito ahora, les creí. Yo, era una cristiana principiante, madre primeriza (mi mayor tenía 3 años) y todavía estaba dubitativa  sobre el tema del aborto. Los doctores fueron realmente persuasivos para convencerme de que la terminación de mi embarazo era la mejor opción.

Sin tomar ninguna decisión en esa cita, mi marido y yo nos fuimos a casa, apenas capaces de hablarnos el uno al otro, y mucho menos encarar esa situación.

 Nos inclinábamos hacia el aborto.  Pensaba que no iba a ser  lo suficientemente fuerte como para llevar al bebé a término completo sólo para verlo morir. Incluso cogí día  para el aborto. Pero por  la gracia de Dios terminamos cancelándola un  día antes. Algo me tocó el corazón e hizo posible que  amara de nuevo a mi bebé, y recuperé ese amor de madre hacia mi hija que fue casi robado con mentiras y engaños, no sólo de los médicos, sino por la opinión de nuestro país sobre los bebés con diagnósticos adversos.

Llevamos a nuestro bebé - nuestra hija - a término completo. La llamamos Faith Elizabeth. Durante el resto del embarazo ella se me acomodó en el vientre con la cabeza debajo de mi caja torácica izquierda, cerca de mi corazón. Guardo este recuerdo como algo muy querido.

Incluimos a nuestra hija mayor, Julianna, en toda la planificación de  lo que sería la breve vida de Faith para que ella siempre pudiera recordar a su hermana.

El 27 de diciembre de 2010 nació Faith Elizabeth. Nos dijeron que esperamos  lo peor, que sería sorda, ciega, muda y probablemente estaría inconsciente. Esto lo deducían por las imágenes  que podían ver en el ultrasonido de las que se adivinaba que presentaba un caso severo y parecía que sólo  usaba un tronco cerebral.

¡Faith nació, y desafió todas las expectativas! ¡Estaba viva, alerta, con los ojos abiertos, haciendo ruidos y respondiendo! Pasamos el día con ella, presentándola a familiares y amigos.

Vivió 18 horas y murió en mis brazos. Ella estuvo sólo un corto tiempo en nuestras vidas, pero su impacto en mi vida es continuo y permanente.

Si bien es un recuerdo triste y agridulce para mí, también hay una alegría enorme que va aparejada a  él. Su vida cambió la mía. Y, cuando recuerdo la indefensión en la que estaba al recibir el diagnóstico, preguntándome si sería más fácil terminar o no, me siento feliz por haber elegido la vida. Me imagino que me hubiera llenado de arrepentimiento si hubiera decidido abortar . Estoy plenamente agradecida de haberle dado la oportunidad de vivir todo el tiempo que  le fuera posible. Nunca me arrepentiré de haber dado a luz a mi hija y de haber visto como mi hija mayor, mucho más madura para su edad, cargaba a su hermanita en brazos.


Mi familia y yo ahora somos una consolidada familia pro-vida. Estamos a favor de la vida, luchamos por la vida y ayudamos a otros que están pasando por situaciones como la nuestra. Porque SABEMOS lo preciosa que es la vida. Hemos aprendido que la vida es a veces corta pero dulce, y disfrutamos del tiempo que pasamos juntos. Así que vale la pena elegir la vida siempre  ya sea en el vientre o en el corazón. ¡No te arrepentirás!

He estado haciendo mi propia investigación sobre el aborto desde que tuve a Faith y siempre he percibido que hay un aspecto que queda fuera de la discusión sobre el aborto. Porque el aborto se asocia a menudo con clínicas como Planned Parenthood, pero no se habla mucho de los abortos que ocurren en los hospitales debido a malos consejos médicos. Es una actividad oculta que la mayoría de la gente no conoce, y tantos bebés mueren abortados cada año gracias a las recomendaciones de los médicos y Hospitales, debido a que tienen una discapacidad.

Cuando estaba embarazada de mi primogénita, se me sugirió que realizáramos pruebas genéticas y nos dijeron que nuestra hija tenía una alta probabilidad de tener  Síndrome de Down. Nos ofrecieron "opciones". Y esto sucedió de nuevo  con nuestro tercer hijo. Tenía medidas que eran irregulares y me hablaban de hacer más pruebas para poder tener "opciones". Hoy, mis tres hijos vivos están completamente sanos. Si hubiera escuchado el consejo de mis doctores, ¡habría abortado a tres de mis hijos y hoy sólo tendría uno vivo!


 Gracias a Salvar El 1 por despertar conciencia respecto a este aspecto oculto del aborto. ¡Estoy disponible y me encantaría ayudar de la manera que sea  necesaria!


BIO: Jennifer Frey es esposa, madre de cuatro hijos, fotógrafa y bloguera de Salvar El 1 (Save The 1).

Friday, March 3, 2017

La situación era desoladora pero tenía una razón de ser



por Kerry Ann Beckley, U.K.



Fui concebida en 1974, en un pequeño pueblo llamado Newbury, en Inglaterra. El aborto se legalizó en el Reino Unido en 1967 pero no era tan aceptable ni tan accesible como  ahora.

Cuando mi madre quedó embarazada de mí ya tenía otros cuatro hijos que cuidar, y estaba casada con mi padre quien tenía esquizofrenia. Él era extremadamente abusivo con ella, tanto física como mentalmente, golpeándola a menudo, una vez incluso con una cadena.

Tenían problemas económicos y mi mamá no quería traerme al mundo, así que intentó provocarse un aborto con un baño caliente y alcohol pero, obviamente, no funcionó.

Estoy segura de que si el aborto hubiera sido tan accesible como ahora, no estaría aquí para compartir esta historia.
Mi madre es la que me confesó que había intentado abortarme. No sé por qué me lo dijo. Nunca pensé en preguntarle nada porque sabía que ella me amaba y ella hizo todo lo  que pudo por nosotros. Por supuesto, ella cometió errores, algunos enormes, pero al crecer, vi la fortaleza de mi madre y las dificultades que había atravesado en su difícil vida.


Mi papá se suicidó cuando yo tenía 18 meses. Entonces mi madre tuvo otro compañero. Él era violento y horrible con nosotros, pero ella lo amaba. Se divorciaron cuando yo tenía 8 años y yo me alegré mucho. Estaba muy feliz. A partir de ese momento mi madre y yo tuvimos una muy buena relación.

Yo luchaba contra mis problemas de autoestima, motivados por la pérdida de mi padre más que otra cosa y con el sentimiento de que mi padre me había abandonado.

Encontré mi fe cuando mi madre murió. Yo era madre soltera, con un bebé de ocho meses de edad. Mi madre era mi pilar, mi ayuda, mi fundamento, mi aliento. Estaba destrozada por su muerte.

Había caído en las drogas asistiendo a fiestas. Pero, entonces, conocí a un chico.

Después de perder a mi madre, consumí todo tipo de drogas. Mi vida parecía divertida, pero   emocionalmente yo era muy inestable. Mi amigo me invitó a la iglesia un día y me gustó. No me sentí juzgada por nadie allí. Me encanta cantar, así que siempre disfruté de la adoración con la música y ¡todavía lo hago! Me apunté a un curso de Alpha para aprender los fundamentos de Cristo y encontré mi fe. Al principio, quería asegurar mi boleto al cielo para volver a ver a mi madre, pero luego descubrí lo que Jesús había hecho por mí y que Él arreglaría mi quebrantamiento y dolor. ¡Era tan atrayente!

Mi relación con Cristo me ha enseñado que tengo valor y un propósito en la vida, porque Él dio su vida por mí para que yo pudiera ser todo lo que Él quiere que yo sea. Me equivocaba todos los días, pero sé que Su gracia es suficiente y Su misericordia se renuevan cada mañana.

Mi comienzo en este mundo fue increíblemente sombrío y, en aquel momento, ¿quién hubiese intentado  convencer a una mujer en esa situación para dar a luz a su hijo? Mi amigo lo interpretó así: el embarazo de mi mamá (yo) no era el problema sino que la situación de mi mamá era el problema real.

Necesitaba alejarnos de mi papá. Debería haber estado a salvo, debería haber tenido a quien acudir, para ayudarla a superarlo y mi papá realmente debería haber ido a la cárcel o haber cesado en su comportamiento. Ella pensó que no tenía salida, ¡pero eso nunca debe ocurrir!

Un bebé nunca es el problema. Un bebé es una bendición. Las circunstancias y la situación pueden ser un problema enorme, pero se pueden cambiar. Sólo quiero que la gente entienda que un mal comienzo no significa un mal final.

Soy  esposa, madre, madre adoptiva, una voluntaria de la caridad para personas sin hogar, una amiga, una hermana y una voz para el nonato. Estoy viviendo el propósito de Dios para mi vida. Parecía una situación tan sombría, pero yo tenía una razón para existir, ¡como tiene  todo niño que es concebido!

Mi esposo es también un gran apasionado de la defensa del derecho de los no nacidos. Conocí a Paul cuando yo era una adolescente y estaba muy enamorada de él entonces. Nos volvimos a conectar a través de Facebook y nos casamos en 2013. Tenemos tanto respeto el uno por el otro que incluso cuando a veces nos enfadamos, nos reconciliamos rápido y somos muy buenos amigos.

Dado mi propio comienzo, soy una apasionada de los no nacidos y ¡su derecho a la vida! Sólo por defender a los no nacidos, muchos piensan que estoy juzgando a los que han  abortado pero realmente no lo hago. Odio el aborto, pero como amo tanto a mi madre que intentó abortarme, no odio a la gente que lo hace.


BIO: Kerry Ann Beckley es esposa y madre, residente en Reading, Inglaterra. Ella es madre  de acogida  temporal, cantante de adoración en su iglesia, y una bloguera pro vida para Salvar El 1 / Save The 1.

Wednesday, February 22, 2017

Estaba decidida: Iba a abortar… hasta que…

Por Aimee Kidd

Acababa de enterarme no sólo de que había sido drogada y violada sino que, también, estaba embarazada. Había pasado las últimas horas rodeada de enfermeras y asistentes. Se me entregó una prueba de embarazo positiva y se me realizó una ecografía vaginal donde vi los latidos del corazón de mi bebé. Sin embargo, yo estaba ofuscada en mi negación. No había manera de que pudiera asimilar el hecho de que había sido violada, y menos que estaba embarazada. Estaba convencida, no iba a mantener a ese bebé dentro de mí.

La asistenta social y la enfermera que me atendieron en el centro de apoyo para la mujer me dieron un montón de folletos e información sobre adopción, aborto y la crianza de los hijos. Me facilitaron una imagen de mi pequeño "cacahuete" latiéndole el corazón. Me aseguraron que contaba con su apoyo si necesitaba algo o tenía más preguntas. Ellas oraron conmigo, pero aun así, me fui de allí asqueada, enfurecida, y con lágrimas corriendo por mis mejillas, mientras pensaba: “Esto no puede ser real”.

Las siguientes horas las pase en Internet investigando el aborto a las seis semanas de gestación. Sabía que el aborto estaba mal, pero no podía seguir con ese embarazo. Esperaba que el aborto fuera tan simple como una píldora en una clínica seguido de un sangrado, y que nunca tendría que pensar en ello otra vez. Aprendí, sin embargo, que no sólo tendría que conducir fuera de mi estado para tomar esta píldora, sino que también me enviarían a casa y tendría que tomar una segunda píldora y abortar al bebé en casa. Leí: "Es mejor no mirar la sangre en el inodoro una vez que el sangrado se incremente". ¿Podría yo realmente obligarme a tomar esta píldora y permitir que mi cuerpo expulse al bebé y luego simplemente tirarlo por el inodoro?

¿No podría haber otra manera? ¿No podría alguien simplemente golpearme y sacarme a este bebé y decirme que todo fue un mal sueño? Me sentía enferma del estómago y agonizando por mi nueva realidad y la dura verdad sobre el aborto.

Tuve que tranquilizarme para poder ir al entrenamiento  de baloncesto de mi hijo. Me senté allí, rodeada de mis otros cuatro hijos mientras él  jugaba. Traté de contener las lágrimas y distraerme de todos los pensamientos que consumían mi mente. "¿Cómo puedo amar a estos cinco niños y no a uno dentro de mi vientre?". Me sentía enferma y decepcionada de mi misma. Sin embargo, mi decisión estaba tomada. Justo entonces, mi hijo anotó el punto ganador del juego. Por un breve momento, me pregunté: "¿Qué cosas maravillosas será capaz de hacer el bebé que tengo dentro de mí?".

Deseché ese pensamiento y dejé el gimnasio de la escuela con mis hijos. Mi hermana me llamó de repente mientras salía del estacionamiento. Empecé a sollozar. Le pedí  que me encontrara en casa y así lo hizo. Apenas pude controlarme lo suficiente para contarle la increíble noticia que acababa de recibir. Le dije que había decidido programar una cita lo antes posible para abortar. Ella dijo que me apoyaba.

Decidimos ir a casa de mi madre y decirle lo que estaba pasando. Moría de los nervios durante todo el camino. Sabía que esto iba a matarla. ¿Cómo puedo explicar esto a mi mamá? Primero, le di la devastadora noticia: "Mamá, fui violada". Y después, "Y estoy embarazada... pero,... voy a abortar". Mi madre permaneció en silencio por un largo rato, sólo lloraba en silencio. Mientras tanto, yo sólo me repetía: "No puedo tener a este bebé. No puedo tener a este bebé”.

Finalmente, rompió el silencio: "Aimee, vamos a orar. Los planes de Dios son más grandes que los nuestros. Él nos ama y nos perdona. Amo a todos mis nietos, incluso al pequeño que está creciendo dentro de ti. Si Su plan... (sollozos) ... para este pequeño bebé es que se vaya derecho al cielo...". No pudo continuar.

Ver el rostro de mi madre reaccionar ante las noticias y escucharla decir estas palabras me destrozó de una manera que no puedo explicar y todavía me duele recordarlo.

"Solo oremos. Dios te dará paz. Él dirigirá tu camino. Él te dará paz con la decisión que tomes. Pero por ahora, sólo oremos para que te ilumine y te de paz". Ella continuó con una breve oración. La abracé y me fui.

El viaje a casa fue bastante tranquilo. Le dije a mi hermana que no sentía ningún tipo de paz y aunque la idea del aborto era devastadora y me enfermaba, mi decisión seguía en pie. Había planeado llamar a la clínica de aborto al día siguiente.
Una vez que estuve en casa, me tranquilicé lo suficiente para acostar a mis hijos. Dijimos sus oraciones para antes de dormir y les di un beso de buenas noches antes de llorar hasta quedarme dormida.

Me desperté a la mañana siguiente todavía sin sentir ni un rastro de paz. Todavía me sentía asqueada. Todavía estaba convencida de abortar, aunque no podía aceptarlo. Unos minutos después, una querida y feliz amiga entró en mi casa. Dijo algo como: "Buenos días. ¿Hay café? ¿Estás lista?". Olvidé por completo que teníamos planes. Ella se ofreció a ayudarme con un par de trabajos de limpieza que tenía programados para ese día. Entró en mi habitación encontrándome llorando incontrolablemente. Yo no podía ni hablar. "Aimee, ¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué está pasando? ". Continuó preguntando.

Entre sollozos, traté de explicar: "Misti, fui violada y estoy embarazada". Ella también empezó a llorar y me abrazó guardando silencio. Yo continué: "No me voy a quedar con este bebé". Yo lloré un poco más y ella seguía en silencio. Se sentó allí tranquilamente y me frotó la espalda mientras lloraba.

Finalmente, rompió el silencio: “Aimee, te conozco. Sé lo que tus hijos significan para ti. Toda tu vida son esos chicos. Éste no será diferente. Sé que estas decidida. Sé que mi opinión no importa en este momento, pero como tu amiga tengo que decirte que si te practicas este aborto, nunca serás la misma".
Comenzó a llorar mientras me frotaba la espalda más y más fuerte. Me quedé ahí, sollozando con la cabeza en la almohada. Y grité: "Misti, lo sé, ¡pero no puedo!". Ella respondió: "Aimee, nunca serás igual. Un pedazo enorme de ti morirá junto con tu bebé, y el solo hecho de pensarlo me rompe el corazón".

No pude responder sino que, por primera vez desde que recibí la noticia, pensé en no practicarme el aborto. Me di cuenta de que tal vez sólo necesitaba a alguien que me dijera que todo estaría bien al tener y amar a este bebé.
Nos sentamos tranquilamente durante  bastante rato. Después de absorber y digerir sus palabras y su amor le dije: "Misti, tienes razón". De pronto lo supe. Pude sentir como la decisión correcta y la paz por la que mi madre y yo habíamos orado la noche anterior acababan de llegar.

Recé por la fortaleza necesaria para  afrontar la decisión que iba a tomar. Dios me envió a esta querida amiga para ayudarme a tomar la decisión correcta y recibir la paz que tanto necesitaba. Sentí que podía respirar de nuevo. Todavía estaba en estado de shock e incredulidad, pero finalmente estaba empezando a dejar que las cosas tomaran su propio curso. Estaba en paz con el hecho de que iba a tener otro bebé. Estaba lejos de estar bien, pero sabía iba a tener un bebé y que lo amaría.

Un par de horas más tarde, hice la llamada. No era la llamada que había planeado hacer para programar una cita en la clínica de aborto; Fue la llamada a mi querido obstetra / ginecólogo para decirle, "¡Vamos a tener un bebé!".



Sobre la Autora: Aimee Kidd es  madre de 6 hijos, trabajadora autónoma, vive en Casper, Wyoming, y es  colaboradora de Save The 1. Su primer artículo para nuestro blog se encuentra en: [http://salvarel1.blogspot.com.es/2017/01/ella-no-tiene-culpa-del-modo-horrendo.html]

Nota de Misti: Esa mañana quedará  grabada para siempre en mi memoria. El dolor y la angustia que vi, no sólo mi amiga, sino una de mis personas favoritas en el planeta, me partió el corazón. A menudo siento que no puedo encontrar las palabras correctas, pero este día, realmente le hable con el corazón en la mano. Aimee, tu hija es una bendición y anhelo  ver todas las cosas maravillosas que traerá a este mundo. Eres un pilar y admiro tu fuerza. ¡Somos tan afortunados de tenerte en nuestras vidas!

Tuesday, February 14, 2017

Después de la violación, apostar por la vida lo arregló todo


por Paula Love

En la víspera de Año Nuevo de 1991, fui invitada a ir a jugar a bolos con un pequeño grupo de personas a quienes no conocía muy bien. jugamos y bebimos, pero no recuerdo mucho más. No recuerdo haber salido de la bolera, pero recuerdo haber visto faros en nuestro camino hacia alguna parte.

No tengo ni idea de cómo me metí en la habitación de un hotel. Sólo recuerdo abrir los ojos y saber que alguien estaba encima de mí. Me costó un minuto comprender lo que estaba sucediendo. Me sentí aturdida. Una vez que me di cuenta de la situación en la que estaba, mi mente se estremeció gritando que arrojara a ese hombre lejos de mí, pero mi cuerpo no hacía lo que yo le pedía. No tenía fuerzas. Ninguna. Era un peso muerto. Estoy segura de que estaba drogada. Miré mis manos caídas a mi costado y seguía diciéndome: "Levanta tus manos; ¡Échale!" Las miré de nuevo esperando que hicieran lo que les estaba diciendo, pero nunca lo hicieron y yo volví a perder el conocimiento.


Después de despertar desnuda, confundida, con frío y aterrorizada, encontré mi camino a casa. No dejé mucho mi hogar esos días... Eso duró algunas semanas. No le conté a nadie lo que pasó. Me sentía deprimida y sucia, y no me levantaba de la cama muy a menudo. Entonces, cuando parecía que iba a salir de aquella confusa situación, comencé a sentirme enferma, cada mañana.

Busqué en la guía telefónica y encontré un lugar especializado en "embarazos de crisis". Llamé y concerté una cita. Recuerdo que fue el 14 de febrero de 1991, día de San Valentín. Oriné en una taza y esperé los resultados pero ya sabía la respuesta. La señora llegó a la sala de espera y me llevó de vuelta a una habitación para darme mis resultados donde varias auxiliares estaban esperando. Me dijeron que estaba embarazada y tenían un video para mí. Observé. Observé el ciclo de vida del bebé en mi vientre. Aprendí sobre el desarrollo del corazón. Ese bebé que crecía en mi seno tenía ya un corazón que latía. Cuando salí del edificio, no podía quitar ese pensamiento de mi cabeza: el latido del corazón.
Me alejé de allí como una muchacha muy asustada de 18 años y sentí que tenía que decírselo a alguien. Elegí a mi hermana. Cuando llegué a casa, la vi tan hermosa con un vestido rojo, ocupada inflando globos, preparándose para su fiesta de compromiso con su futuro esposo. Estábamos ella y yo solas en la habitación. "Estoy embarazada." No sentí la emoción del momento, pero mi hermana se hizo cargo de la situación y eso me dio esperanza. Podía sentir mi desesperación, pero nunca vaciló.
Una por una, les conté a las personas cercanas a mí sobre el "incidente" y sobre el embarazo. Tuve la bendición de tener una familia amorosa y solidaria. Siempre hemos sido muy cercanos. Estoy agradecida de estar rodeada de su amor. Su cariño me acompañaría durante los siguiente ocho meses de embarazo, y mucho más allá.

Una noche antes de acostarme empecé a orar a Dios. Mi papá era pastor en su iglesia. Mis padres habían sido misioneros siendo yo muy joven y había sido criada en la iglesia toda mi vida. Mientras estaba allí orando, le conté a Dios todo mi dolor y mi miedo. Le dije que elegía la vida de ese bebé y que estábamos en sus manos.

Abrí los ojos a la mañana siguiente y estuve un tiempo contemplando el techo de la habitación. Durante la noche había tenido un vívido sueño. Soñé que tenía una niña saludable, pelirroja, hermosa. Me pregunté a mí misma, ¿pelirroja?


El 12 de octubre de 1991, comenzaron las contracciones. Llamé a mi hermano que no estaba muy lejos. Después de colocar bolsas de basura en todos los asientos, me llevó en coche al hospital. Mi mamá pronto se reunió con nosotros. Ahora estábamos sólo el doctor, ella y yo en la habitación. En aquel momento comprendí que todo aquello era una realidad.
Pasaron doce horas y finalmente Kayla Ann vino al mundo. Mi madre la sostuvo brevemente, contó los dedos de las manos y de los pies y luego me entregó a mi niña sana, de cabeza roja, hermosa, como en mi sueño, sólo que mejor.
"Antes de formarte en el vientre de tu madre, te conocí". Jeremías 1, 5
Kayla Ann se casó hace unos años. Ella me pidió que la acompañara al altar. Mientras caminábamos juntas por el pasillo, llenas de gozo, recordé en un instante todo lo que había vivido. Nunca he guardado un solo lamento.



Siempre hubo una voz en mi cabeza que me decía que el aborto lo habría arreglado todo. La verdad es que, apostando por la vida todo tuvo solución. Agradezco cada instante que no cayera en el engaño que supone el aborto. Mi hija y los dos increíbles nietos que me ha regalado lo han arreglado todo. Han convertido mi dolor en auténtico gozo.

Los confortaré. Les daré gozo en lugar de dolor” Jeremías 31, 13


BIO: Paula Love es una feliz madre de dos hijos y abuela orgullosa “Mimi” de sus dos nietos. Vive con su familia en las tranquilas montañas de Montana, cuidando del jardín y de sus animales de granja. Abandonó la gran ciudad hace 16 años y nunca ha pensado en regresar. Colabora con Salvar El 1(Save The 1)