Saturday, February 17, 2018

Todo el mundo animaba a mis padres a que me abortaran, por Stephen Johnson


Me llamo Stephen Johnson. Nací en la India pero me eduqué en Kuwait, en Asia Central. Estoy casado con una hermosa mujer llamada Rinku. Ambos servimos al Señor allá donde nos lleva Su voluntad. Quiero compartir mi testimonio de cómo Dios obró un milagro en mi vida y me convirtió en la persona que ahora soy.


Tuve el privilegio de nacer en una familia cristiana, concretamente, en una familia de tradición cristiana desde hace cinco generaciones. Tengo dos hermanos, ambos mayores. Mi hermana que es la mayor, estudió Medicina y se ha establecido en Canadá. Mi otro hermano es ingeniero y piloto; vive en Australia. Yo estudié ingeniería de sonido.

Mi madre tomaba pastillas anticonceptivas cuando empezó a  sentir movimientos dentro de su abdomen que continuaron durante meses. Visitó a tres médicos y ninguno le dijo que había algo anómalo o preocupante. Consultó a otro doctor y éste le dijo que estaba embarazada. Para estar segura, fue a un último doctor quien le confirmó que estaba esperando un bebé – a mí.

De esta manera mis padres supieron de mi existencia y las noticias que iban a recibir de los médicos no iban a ser muy alentadoras. Dijeron que el bebé venía en una posición anormal para las semanas de  gestación que tenía. Mis padres estaban devastados, no sabían cómo reaccionar.

Entonces, hablaron del diagnóstico médico con su familia, su iglesia y otros parientes. No recibieron, en general, una buena respuesta por  parte de todos ellos. Unánimemente, les dijeron que debían abortar aquel bebé porque ya tenían un niño y una niña: “¿Por qué quieren un tercer hijo?”. Mis padres estaban terriblemente confundidos, no sabían que hacer ante una decisión tan importante.

Un día, mientras mis padres estaban en su habitación, sintieron la presencia de Dios que les decía: “No maten a este niño porque yo voy a enviarlo a las naciones para proclamar la buena nueva”. Ambos oyeron la voz de Dios y desde ese día tuvieron claro que, pasara lo que pasara, harían caso omiso a los consejos recibidos por sus allegados e iban a preservar mi vida. Desde ese instante, me consagraron a Dios y a su ministerio pastoral.


Pasaron los meses y el diagnóstico en las sucesivas revisiones médicas no variaba. Les decían que yo estaba creciendo de modo anormal, incluso “si nace, no tendrá brazos ni piernas”, o también que “el bebé nacerá sin algunas partes de su cuerpo”. Llegaron a decirles que sería ciego. Lo intentaron todo para que me abortaran. Por supuesto que todo aquello inquietaba a mis padres, pero sabían que Dios obra milagros y confiaban en su amor providente.

Por fin, mi mamá me dio a luz y nací perfectamente sano, como un bebé normal. Todo lo que habían pronosticado los médicos se fue al traste: Dios le había dado la vuelta por completo y me había bendecido con plenitud de vida. Tenía una visión perfecta, ambas piernas y brazos. No presentaba ningún tipo de discapacidad.

Sin embargo, con el tiempo mis padres notaron que yo me comportaba de modo muy pasivo y que apenas interactuaba con nadie, tampoco con ellos. Intentaban comunicarse conmigo, pero yo no era capaz de responder. Pasaron los meses, los primeros años y pensaron que yo había nacido mudo. No podía pronunciar una sola palabra. No podía llamar ‘papá’ y ‘mamá’ a mis padres. Cuando se cercioraron de este hecho, se hundieron.


Cuando la gente se enteró de lo que ocurría, empezó a burlarse de mis padres de nuevo, diciendo: “Deberían haber matado a este bebé. Ahora sufren viendo que no puede hablar”. Pero mis padres recordaban la voz de Dios y confiaban en Él. Empezaron un tiempo de oración y ayuno por mí.

Una noche, tuvo lugar un encuentro religioso de gran magnitud en Kuwait. Mis padres nos dejaron a mis hermanos y a mí en casa. Antes de que la reunión terminara, el pastor que la presidía preguntó si algún asistente estaba necesitado de sanación. Pidió que levantara la mano e implorara con fe el poder sanador del Señor. Así fue: mis padres levantaron ambas manos y oraron por mí. En ese encuentro muchos consiguieron ese don. Mis padres estaban felices porque pensaba que yo también había recibido aquella gracia. Regresaron a casa esperanzados, pero en cuanto empezaron a hablarme, vi como sus rostros se entristecían porque seguía como siempre. Dios no me había curado aquel día. Sin embargo, ellos se arrodillaron y empezaron a rezar con renovadas fuerzas.

Al día siguiente, a su vuelta del trabajo, oyeron una voz que nunca antes habían oído en casa. Se preguntaban cuál de mis hermanos podía ser el responsable, pero ellos estaban jugando alegremente con sus juguetes. Entonces, me buscaron y me encontraron escondido detrás de una puerta: estaba cantando una canción de Navidad. Al instante, supieron que la gracia de Dios me había tocado y me había sanado. Tenía cuatro años y medio. Desde entonces, Dios nunca ha dejado de protegerme.

Dios pudo haberme curado cuando nací, pero no lo hizo porque quería probar la fe y obediencia de mis padres. Quiso que vieran con sus propios ojos que, cuando confiamos plenamente en Él, siempre soluciona las cosas.




BIO: Stephen Johson, está casado, es misionero y bloguero de Salvar El 1. Stephen y su esposa Rinku desempeñan su labor evangelizadora en África y en el Norte de India. Pueden ponerse en contacto con él a  través de  Facebook, Instagram y YouTube.
Para leer su testimonio en Inglés (Save The 1)

Sunday, February 11, 2018

EL AMOR ERA MÁS FUERTE QUE EL TRAUMA DE MI VIOLACIÓN, por Louise McLean



Me llamo Louise McLean, soy originaria de Terranova y viví en las Cataratas Bishop hasta los 10 años, cuando mi padre consiguió un trabajo fuera de la provincia y mi familia tuvo que mudarse a British Columbia (Canadá). Soy madre por violación.

Cuando tenía 16 años, tuve mi primer novio “serio”.  Después de 3 meses de relación, él abusó de mí.  Nosotros no teníamos relaciones sexuales, pero una noche a pesar de mucha resistencia e insistencia para que parara, lo hizo a la fuerza.

Louise y su hija

Un par de meses después fui al doctor y escuché las palabras: "estás embarazada". Me llené de alegría y una sonrisa inundó mi rostro. Trataba de contener lo que sentía porque en mi mente no podía comprender cómo era posible sentirme feliz por estar embarazada tras una violación, pero mi corazón ganó la batalla. 

Mi doctor me dijo que existía la opción de abortar pero que él no lo realizaría el aborto y le dije que me parecía bien y que de todas formas no quería hacerlo.

Hace 40 años, el embarazo adolescente, las relaciones premaritales y la violación tenían demasiados estigmas negativos alrededor.  Por esto, no quería contarles nada a mis padres porque tenía miedo de que ellos pensaran que el pequeño bebé que crecía dentro de mí era “algo” de lo que debían “hacerse cargo”.  Mi inocente hija pudo haber sido concebida en violación, pero no merecía menos protección y amor por tal razón.  Así que la mejor forma de protegerla era ocultar el hecho de que estaba embarazada y las circunstancias bajo las cuales había sido su concepción.

Durante ese tiempo fui a Planned Parenthood, como me había sugerido una amiga y la enfermera de la escuela.  Primero, no quería ir porque pensaba que ellos solamente efectuaban abortos, pero me aseguraron que me aconsejarían y ayudarían a decidir lo mejor para mí. Así que fui. Tenía 16 años y estaba atemorizada. Me senté en la sala de espera mientras leía los panfletos con los servicios que ofrecían, pero no veía nada que promoviera el quedarme con mi bebé y respetar su vida.

Me dirigí a la mujer que se encontraba en la recepción y le dije que deseaba hablar con alguien de cómo poder llevar mi embarazo a término y que me habían contado que ellos tenían un servicio de asesoramiento para ayudar a jóvenes que se encontraban en mi situación.

Para mi asombro, ella me preguntó si yo no estaba allí para abortar.  ¡Me quedé sin palabras!, no podía creerlo en absoluto y dije: “No, nunca podría hacer eso”. 

Cuando supo que no quería abortar, me dijo que ellos realizaban únicamente abortos y que, si no quería uno, no les interesaba hablar conmigo.  Me fui de allí sin poder creerlo.

Mi embarazo se mantuvo en secreto hasta los 6 meses de gestación y, entonces, mi madre me preguntó qué quería hacer.  Para su sorpresa, le dije que mi plan era terminar la escuela y tener a mi bebé. No era fácil para una soltera adolescente embarazada poder realizar actividades normales sin que hubiera comentarios malintencionados. La gente decía que yo no me tendría  que haber acostado con nadie, que era una desgracia y un mal ejemplo para las jovencitas; que debería estar apenada y avergonzada y evitar andar caminando y sonriendo por la calle.  Pero lo que más me lastimaba era oír decir que debía abortar.  No podía soportar que las personas me odiaran a mí y a mi bebé.

Mi fecha prevista para el parto era el 26 de noviembre de 1976.  Exactamente 2 semanas antes de ese día, estaba en la escuela y, de repente, mi vientre hizo algo asombroso que llamó mi atención y la de mis compañeros.  Era el final de la hora del almuerzo y unos compañeros me acompañaron a la clase de cocina mientras otros buscaban a la maestra y a la enfermera de la escuela.  Ambas vieron mi vientre y me dijeron que el bebé se había encajado y me explicaron que en las siguientes 2 semanas nacería.

Pude sentir sus contracciones durante las siguientes semanas. El doctor que me atendía regularmente estaba de vacaciones.  Cuando visité a mi nueva doctora, no podía creer que mi fecha de parto era el 26 de noviembre y me decía que las chicas jóvenes como yo no sabían cuándo habían quedado embarazadas, aún y cuando le dije que yo sabía el día, la hora y el minuto.  Para entonces, no se cuestionaba a los doctores, así que le hice caso a ella en lugar de a la enfermera de la escuela que me había dicho que podía tener al bebé cualquier día.

Finalmente, el viernes 17 de diciembre fui a ver a otro doctor y me preguntó si podía sentir las contracciones.  Le pregunté cuánto tiempo se sentían antes de nacer el bebé y me dijo que un par de días antes de que el bebé encajara. Asombrada, le informé que eso había ocurrido hace unas semanas. Él inmediatamente ordenó rayos x, reposo en cama y con base a los resultados fui admitida el domingo para realizarme una cesárea de emergencia y me explicó que tenía placenta previa y no había dilatado nada.  El doctor me preguntó que si ocurría algo durante el parto a quién debía salvar, a mí o al bebé, a lo cual respondí: “Por supuesto al bebé”.

Ese lunes, hace 40 años, le di la bienvenida a este mundo a mi querida hija Dianalee.  Según el doctor mi bebé había nacido con la piel en estado de descomposición debido a la larga duración del parto.  Me dijo que dejó registrado el nacimiento de mi hija como “milagroso” e inexplicable.

A sus 40 años de vida, Dianalee NUNCA me ha recordado el abuso por parte de mi violador. Ha sido un gran placer verla crecer y convertirse en la buena mujer que es ahora. Ella y su esposo Brian, están involucrados en trabajos de caridad y usan su testimonio para hablar de esperanza para la vida de los demás.  También me han bendecido con 2 nietos, no podría imaginarme la vida sin ellos. Tengo 7 nietos en total.

Las personas necesitan esperanza.  Necesitan saber que no están solas y que es posible hacer todo, que muchas mujeres lo han hecho antes y otras lo harán después de ellas.  Soy solamente una del 75-85% de mujeres embarazadas por violación que acepta la vida de sus hijos, ya sea siendo madres de crianza o madres biológicas.  Habló para ofrecer ánimo a las víctimas de violación embarazadas.  Tu bebé importa, más no la forma de su concepción. ¡Resiste, tú puedes lograrlo!


Testimonio traducido de Secular Pro Life

Sunday, February 4, 2018

Mi madre fue concebida en una violación y mi padre en un incesto, por Van Atkins



No hay duda de que nuestro Divino Salvador sabe perfectamente qué sucedió, está sucediendo y sucederá en nuestras vidas. Pero para nosotros, las razones por las que nuestra vida ha transcurrido de la manera concreta en que lo ha hecho sólo comienza a tomar sentido cuando nos permitimos mirar hacia atrás y ver cómo Nuestro Señor caminaba con nosotros en todo momento.

Van Atkins y su esposa Maureen

Recientemente, durante el 50 aniversario del precioso sacramento matrimonial entre mi amada Maureen y yo tuve la gran oportunidad de reflexionar sobre mi paso por este mundo. Cada día veo con más claridad cómo, incluso el mismo momento de mi concepción, fue tan inoportuno que sólo pudo haber sido parte de la misteriosa voluntad de Dios y la divina providencia.

Mi padre fue el resultado de un incesto y mi madre fruto de una violación. El hecho de que ambos ocurrieran en la primera parte del siglo pasado, cuando tales situaciones eran "tratadas" a través del encubrimiento o manteniéndolas en secreto, en lugar de la ahora omnipresente solución del aborto, fue ciertamente una bendición providencial disfrazada.

A lo largo de mis más de 7 décadas, me he maravillado de las numerosas bendiciones que Dios me ha otorgado, pero también he sido muy consciente de que casi todas las personas creen que en las circunstancias de la concepción de mis progenitores se puede asesinar en el vientre de su madre antes de nacer. Así que con el caso doble que hay en mi familia, alabado sea el Señor, aquí estoy y también aquí están 4 hijos, 7 nietos; una hermana; 7 sobrinas y sobrinos; y 6 sobrinas y sobrinos nietos, los cuales son, sin duda, intensamente pro vida y trabajan para el bien del Cuerpo de Cristo. Estoy agradecido de que Dios me haya amado tanto y de que tuviese un lugar para mí en su plan de salvación. Pero también es una gran lección de humildad acompañada por la pregunta: "¿Por qué yo?". Es difícil aceptar que fui elegido para nacer cuando tantas otras decenas de millones de personas fueron descartadas.

Sin embargo, como sé que sin lugar a dudas existo gracias a la Voluntad de Dios, he solucionado con paz mi conflicto interno de culpabilidad. Y esa resolución me ha dado el valor de comprometerme y ser considerado en todas partes (lugar de trabajo, vecindario, amigos, familia extensa, parroquia) como 100% pro-vida, sin excepciones.

La filosofía de "Salvemos el 1" echó raíces profundas en mi viaje espiritual. Hay personas que viven gracias a que compartimos con sus padres confundidos y asustados, la belleza y la santidad de cada niño concebido.

Nunca he podido comprender como aquellos con autoridad piensan que pueden jugar el papel de Dios con las vidas de sus preciosos hijos. Lo que anuncian como un "bien" maravilloso para la sociedad parece ser tan claramente un estruendo de muerte para la sociedad. Y luego está ese eslogan casi universal: "excepto en los casos de incesto y violación, o peligro de la salud de la madre" que es usado sin pensar especialmente por aquellos que pretenden ser pro-vida, pero en realidad dicen: "yo elijo qué vida es más importante".

Cada vez que oigo esa frase, me siento mal: "¿Y yo qué?  ¿Cómo llegué a sobrevivir?".

¿Cómo lidiaron mamá y papá con las circunstancias de sus nacimientos? Papá sabía que había nacido en un área rural llamada Gopher Valley. Entonces, cuando él necesitó un certificado de nacimiento para ir con el ejército a Panamá a fines de la década de 1930, no se sorprendió de que el registro local no tuviera el suyo. Pudo obtener algunas declaraciones de nacimiento notariadas del médico y familiares, y no pensó más al respecto.

Pero luego, más adelante en su vida de civil, consiguió un trabajo en Marruecos y surgió la necesidad de un acta de nacimiento para sacar su pasaporte Americano. A través de ese proceso, los viejos rumores familiares que él siempre había ignorado de que algún "granjero" había estado involucrado en su nacimiento, comenzaron a resurgir. Papá era un hombre que vivía en el presente y miraba hacia el futuro. Pero las dudas sobre su origen lo hicieron más introspectivo y reflexivo.

El padre de Van Atkins


Él no era católico. Pero a partir de entonces, se interesó realmente en las perspectivas católicas (¡Cuidado de interrumpirlo mientras miraba su programa favorito, del Obispo Fulton Sheen!) Y llegó al punto de defender los dogmas católicos, incluso sobre temas de la vida, mejor que la mayoría de los católicos bautizados. Y, efectivamente, en su lecho de muerte, solicitó el bautismo y fue recibido en la Iglesia Católica, donde sintió que había encontrado a su verdadero Padre.

Después de que falleció, las pruebas de ADN realizadas por mí, en relación con mi afición a la genealogía, probaron los rumores, y el “granjero” resultó ser su tío abuelo materno, en cuya casa había nacido.

La revelación sobre el nacimiento de mamá fue más bien una sorpresa repentina. El mudarnos a Marruecos significaba que también ella necesitaba un pasaporte. Eso hizo que su madre le dijera, por primera vez, que ella no era la hija natural de sus padres. De hecho, ella nunca había sido formalmente adoptada.

Sus padres habían perdido un bebé y estaban visitando Dakota del Norte. Oyeron hablar de una niña que había sido abandonada en el hospital católico local. Un agricultor local había traído a su hija embarazada de 13 años que había sido violada por un trabajador a ese hospital para pedir ayuda a las monjas ya que no existían instalaciones en el condado para manejar tales circunstancias.

Las monjas la acogieron y fue un nacimiento muy prematuro, una sentencia de muerte casi segura en aquellos días. Como la bebita se estaba muriendo, las monjas la bautizaron como católica. (Hasta hoy sigue siendo la única católica en el linaje de su madre biológica). Pero sobrevivió milagrosamente (¡el plan de Dios volvió a funcionar!)  Y finalmente los padres de mamá decidieron llevarse a la bebé cuando regresaran a Oregón.

Después de que mamá se enteró de las circunstancias de su nacimiento, se esforzó por localizar a su madre biológica. Estaba enormemente agradecida y maravillada de que una niña tan joven fuera tan valiente para dar a luz. Especialmente cuando el mundo, en los últimos años de mi madre, comenzó a ver tal valentía como una tontería, y a los bebés concebidos en estas circunstancias como "tragedias".

La madre de Van Atkins

Mamá comenzó a reconocer y aceptar el plan de Dios en su vida. Su vida tan longeva (vivió hasta los 96), sólo podía ser parte del plan que Dios tenía para ella. Cuando mamá murió, ella había pasado por 3 matrimonios, 2 divorcios y mucho dolor físico, pero murió en comunión con la Iglesia, recibiendo todos los sacramentos, y reverenciada como un pilar de su parroquia.

Incluso la vida de la madre biológica de mi madre se vio claramente afectada por el hecho de ser violada y elegir tener a su hija a una edad tan temprana.  La violación la hizo incapaz de tener otro hijo y se convirtió en la mentora y consejera favorita de todos en la familia lejana de su hermano. Cuando la familia descubrió que la hija de su amada tía había sido encontrada, hubo un derramamiento increíble de alegría y amor por parte de ellos.

Y, difícil de creer, pero todavía hay otro aspecto notable en la historia de nuestra familia: a la madre de mi esposa Maureen le diagnosticaron cáncer terminal, pero se negó a recibir tratamiento para poder dar a luz a Maureen, a expensas de su propia vida. El gran sacrificio de su madre ha estado presente durante toda su vida y fortaleció su fe católica en todo momento. Ha sido parte integral de su conciencia y crecimiento espiritual y ha desempeñado el papel principal de líder en la fe de nuestra familia.

Mientras humildemente miro hacia atrás en la vida que Dios me ha dado hasta ahora, diariamente le agradezco que mi familia desempeñara un papel en su plan. Me rompe el corazón cuando aquellos que desprecian despreocupadamente la santidad de la vida comienzan sus argumentos delirantes y autocomplacientes de "mi cuerpo" - que es realmente "mi evasión de las consecuencias de mis actos". ¡Mal! El plan de Dios para poblar su reino con almas preciosas que él saca de su amor perfecto no tiene excepciones.

Cuando nuestro egoísmo y falta de confianza nos lleva a tomar una pequeña vida que es de Dios, es una tragedia mucho más grande que la terrible pérdida de esa vida. Es una completa negación del amor de Dios y del papel absolutamente necesario de ese niño en el plan de Dios para la felicidad de todos nosotros.
Van Atkins y buena parte de su familia

Comencé mi pasatiempo de genealogía y creé nuestro árbol genealógico para que mi familia inmediata y mi familia lejana y todos los que vienen después de nosotros siempre sepamos y podamos reflexionar sobre el heroísmo de muchos de nuestros antepasados, pero más especialmente de mamá y papá, abuela y abuelo, y bisabuela. Estas queridas almas creían que toda vida era preciosa y valiosa, sin importar cómo llegó a ser o lo que cueste, y se sacrificaron voluntariamente para que pudiéramos disfrutar el regalo de la vida de Dios.

Les pido que nunca sean olvidados porque, sin su amor desinteresado, no estaríamos aquí, y sinceramente creo que el mundo sería un lugar incompleto. Nuestras vidas serán mucho más de Dios si también podemos tener, como ellos lo hicieron, al menos un momento de anteponer los demás a nosotros. ¡Gracias a ellos!


Biografía: Van ha estado casado 50 años con su amada Maureen. Es padre de 4 hijos y abuelo de 7 nietos. Él y Maureen actualmente sirven como coordinadores de RICA en su parroquia. Además, poseen un próspero programa de coaching de salud especializado en áreas de mejora de la salud: peso, nutrición, suplementos, dieta, seguridad y desintoxicación del hogar, estrés, ejercicio y sueño.

Saturday, January 27, 2018

El doctor diagnosticó que, si mi mujer no abortaba, moriría. Por Kirk Barker


No sabía que estaba perdido hasta que fui salvado y no tenía idea de que la forma en que estaba viviendo casi originó la muerte de otra persona.

Soy Kirk Barker, el fundador de Chance Pro-life Advocacy de Cameron. Pasé de no creer a ser seguidor de Cristo Jesús. Como no era creyente, estaba ciego a los milagros de Dios, entre ellos al milagro más importante de mi vida: Dios salvó a mi esposa e hijo hace 16 años.

Kirk y parte de su familia

Durante gran parte de mi vida, no fui creyente. Aunque crecí en la iglesia hasta los 12 años, tras el divorcio de mis padres, le di la espalda a Dios, lo negué. Mis padres habían dejado de llevarme a la iglesia. No podía entender por qué la vida era así. Una excusa que usaba era: "Si hay un Dios, ¿por qué deja que a las personas buenas le pasen cosas malas?" .

Chassidy y yo llevábamos viviendo juntos unos tres meses cuando quedó embarazada en la Navidad de 2001. Planeamos casarnos, pero sin prisas. Dios no era prioritario en nuestras vidas. Puede que hubieramos hablado de religión o fe de vez en cuando, pero Dios no era parte en nuestra toma de decisiones o modo de vivir. El 12 de enero de 2002, cuando nos enteramos de que estaba embarazada, no consideramos el aborto porque sabíamos que era incorrecto y  nos pensábamos casar pronto de todos modos. Estábamos asustados, pero, al mismo tiempo, muy felices.

Sin embargo, Chassidy pronto se puso muy enferma. Perdió 19 kilos en sólo un mes y estuvo hospitalizada la mayor parte del tiempo. Los médicos nunca dieron un diagnóstico oficial pero a mediados de febrero, el médico nos dijo: "No hay nada más que podamos hacer. Si no aborta, morirá". Estaba embarazada de dos meses así que sabíamos que si ella moría el bebé también moriría. Entonces no había dudas entre su vida y la vida del niño.

Los dos estábamos deshechos. Lloramos, tristes y asustados. Ya habíamos sufrido mucho con el deterioro de su salud y ahora  nos hablaban de algo tan difícil como abortar. Era una situación en la que jamás quisiera estar. No quería perder al amor de mi vida pero  tampoco a mi bebé.

Desafortunadamente, seguimos el consejo del médico, una decisión que tomamos juntos. Teníamos todo listo. El 26 de febrero de 2002, fuimos al abortorio - The Women's Center en Nashville, Tennessee. A Chassidy le habían  dado de alta en el hospital. La clínica estaba a unos 30 minutos de nuestra casa. De verdad que no queríamos hacerlo. Estábamos a punto de perder a nuestro hijo. Ni siquiera puedo recordar el viaje en automóvil.

Aparcamos nuestro coche y cuando empezamos a caminar hacia la clínica, vimos un grupo de manifestantes pro-vida. Chassidy estaba un poco nerviosa porque no sabía si ellos iban a comenzar a gritarle. Pero, en cambio, se nos acercaron con sonrisas amistosas, amor y amabilidad. Recuerdo que nos suplicaron que no abortase. Les dijimos que no queríamos abortar y  les explicamos nuestra situación. Fueron empáticos y oraron por nosotros. Estaba muy agradecido de que les importáramos aunque no nos conocieran.

No podemos agradecer lo suficiente a Dios que pusiera en nuestro camino a esos manifestantes pro-vida. Sé que mucha gente los llama agitadores, pero en mi opinión, no violentan a nadie. Están allí compartiendo el mensaje de vida de Dios: Que cada niño es una bendición.

Lamentablemente, entramos a la clínica. Justo antes de que estuviéramos a punto de firmar lo que llamamos "certificado de defunción" de nuestro hijo, Dios respondió esas oraciones e intervino. Mi esposa me miró y me dijo: "No me importa si muero. No voy a matar a nuestro bebé". Me sentí aliviado en ese momento, y sólo tenía la esperanza de que ella de alguna manera mejorara. Nos levantamos y nos fuimos.

Después, simplemente vivimos nuestras vidas. Yo trabajaba. Ella descansaba en casa. Dos semanas después, Dios sanó a Chassidy. Ella dejó de vomitar y mejoró en todos los aspectos. Nunca volvió con el médico que le dijo que abortara. Afortunadamente, encontró un nuevo médico y se encontró a gusto con él porque cuidaba muy bien de ella y del bebé.

El resto del embarazo fue bueno y ella ya se sentía mejor. Nuestro hijo Cameron nació a término el 16 de septiembre de 2002, perfectamente sano, sin complicaciones. Las primeras palabras de la boca de Chassidy fueron: "¡Dios mío, se parece a Kirk!"


Tres semanas después, el 5 de octubre, nos casamos, pero ni siquiera nos casamos en una iglesia, simplemente a través de un juez de paz. Pasaron años antes de que finalmente diéramos nuestras vidas a Cristo.

Hoy tenemos un hijo increíble de 15 años. ¡Alabado sea el Señor!

Sin embargo, esa decisión de matar a nuestro hijo, a pesar de que no lo hicimos, pesó mucho en nuestros corazones durante muchos años. Nos hizo la vida muy difícil. Estábamos enojados con nosotros mismos, enojados con el doctor y enojados por la decisión que queríamos tomar Apenas podíamos hablar de eso.

Tuvimos otro hijo. Esta vez, Chassidy perdió 14 kilos al comienzo de ese embarazo. Pero con la experiencia del primer embarazo, supusimos que ella podría luchar y estaría bien y así fue.

Nuestra hija Caitlin nació el 15 de marzo de 2004.

La vida continuó. A principios de 2007, obtuvimos la custodia de nuestra sobrina y sobrino que tenían uno y dos años. Simplemente, éramos personas felices que tomaban las cosas tal como venían.
Luego, en abril de ese año, perdimos todo lo que teníamos en el incendio de nuestra casa. Nuestro hijo Cameron, de tres años, se encaramó para alcanzar una caja de fósforos, encendió uno y lo dejó caer sobre una silla, prendiéndole fuego. El incendio se extendió rápidamente. Gracias a Dios, mi esposa pudo sacar a los cuatro niños de la casa sin que ninguno de ellos sufriera daños. La casa de alquiler se quemó completamente. Las únicas pertenencias que teníamos estaban en el coche e incluían la camiseta de mi hijo que irónicamente decía: "Futuro Bombero". Hoy nos reímos, pero en ese momento, fue devastador.

Poco después del incendio de la casa, comenzamos a ir a la iglesia, porque intuíamos que necesitábamos a Dios en nuestras vidas. En un principio, fue sólo un tiempo ya que volvimos a alejarnos de Dios. Pero luego mi esposa quedó discapacitada con distrofia simpática refleja, y yo obtuve la custodia de mi hija de 12 años de una relación anterior. Sabíamos que todos nuestros hijos necesitaban más reciedumbre y que estar en la iglesia y acercarse a Dios también fortalecería nuestro matrimonio.

En 2012, fui bautizado, pero no me convertí realmente en seguidor de Cristo hasta que Dios me guió para formar un grupo comunitario cristiano para adolescentes con necesidades especiales. Dios movió a mi familia y a mí a una tierra donde no conocíamos a nadie, para construir algo de lo que nadie había oído hablar. Lo que hizo que mi fe en Dios fuera aún más fuerte. Esta situación me hizo comprender que Dios provee para sus hijos, que todo lo que tenemos, todo lo que atravesamos, es por Su gracia. Ahora entiendo que Dios abre las puertas cuando lo cree conveniente y que todo está en el tiempo de Dios, no en nuestro tiempo. Llegué a entender que había estado viviendo mi vida mal hasta este punto.

Mi momento de redefinición fue cuando tuve la bendición de compartir mi testimonio sobre el aborto en una iglesia católica. Estaba asistiendo a un estudio bíblico no confesional con un grupo de hombres, cuando un sacerdote entró, imagino que Dios le guió para que estuviera allí ese día. De alguna manera, comencé a compartir  nuestra experiencia. Rara vez le había contado a alguien esta difícil historia. El sacerdote me pidió que lo contara en su parroquia, y esto cambió mi vida y la de nuestra familia.

Mi hijo Cameron sabe de su historia y por supuesto agradece  que no lo matamos y es muy pro vida. Incluso ha hablado en eventos conmigo.

Kirk y su hijo Cameron son entusiastas defensores de la vida

Como ya han pasado tantos años, no podemos regresar a las puertas del abortorio y agradecer a esas personas lo que hicieron. Pero sí que nos queda la posibilidad de compartir nuestra historia y ser una luz para la gente. A través de todo esto, Dios sanó nuestros corazones.

El año pasado, escribimos una publicación en nuestra página de Facebook, Cameron's Chance Pro-life Advocacy. Este post fue escrito como agradecimiento a la persona que nos ayudó y para  alentar a otros con situaciones similares a la nuestra:

"Nunca sabremos tu nombre. Puede que ni siquiera sepas que Dios te puso ahí para salvar a nuestro hijo. Hace 14 años, te paraste y rezaste por nosotros. Fueron tus oraciones las que ayudaron a salvar a nuestro hijo. Nunca podremos expresar en palabras nuestra gratitud por lo que hiciste. Que las palabras de este mensaje sean un recordatorio constante del gran trabajo que haces: que sea un recordatorio de que nos hiciste reflexionar y cambiar de opinión. No sabíamos quién eras, pero te preocupaste por nosotros como si fuéramos amigos cercanos. Gracias desde el fondo de nuestros corazones. Te estaremos eternamente agradecidos. ¡Dios te bendiga! "


Bio: Kirk Barker está casado y es padre de tres hijos y fundador de ChancePro-life Advocacy de Cameron. Orador y bloguero provida de Save The 1.


Saturday, January 20, 2018

A los 13 años, mi tío me violó y me dejó embarazada pero el juez consideró que era irrelevante, por JC



Corría el año 2000 cuando mi tío empezó a abusar de mí. Yo tenía 12 años y él 19; estaba casado y tenía un hijo de dos años. Mi madre le permitió alojarse en nuestra casa con su familia e, inexplicablemente, los acomodó en mi dormitorio puesto que mis otras tres hermanas ya compartían habitación. Los tocamientos inapropiados de mi tío se hacían más intensos cuando él y su esposa discutían. Finalmente, ella y su bebé acabaron marchándose de casa. Entonces, mi tío empezó a acosarme por las noches. Yo estaba aterrorizada.

Mi madre y su esposo sospechaban lo que estaba sucediendo pero no se atrevían a denunciarlo por miedo a que, si mi abuelo se enteraba, pudiera matar a alguien.

Mi madre y sus hermanas también habían sido acosadas por mi abuelo cuando todavía eran unas niñas y  cuando él supo que mi madre  lo había contado , se presentó en casa, le apuntó a la cabeza con una pistola y la amenazó con matarla si alguna vez volvía a comentar algo. Así que mi madre me dijo: “A mí también me sucedió y tuve que aguantarme”.

Sé lo que es ser presa del miedo, pero no entiendo como alguien puede permitir que algo tan horroroso pueda suceder a sus hijos sin sentir una pizca de remordimiento. Mi padrastro nunca salió en mi defensa y tampoco lo hará jamás. Es un hombre muy pasivo y la gente fácilmente se aprovecha de él porque nunca se defiende ni tampoco se preocupa por su familia.

Se asumió en la familia que mi tío Lenny frecuentara cada vez más mi habitación para acostarse conmigo. Un día, los servicios sociales se personaron en nuestra casa y denunciaron una llamada recibida según la cual mi madre permitía que un hombre durmiera conmigo. Nos reunieron a mi madre, a mi tío y a mí en la sala de estar, pero yo no pude decir nada. Me quedé muda. Mi madre y mi tío llevaron la conversación y negaron las acusaciones. Nunca le dijeron a la asistenta social que mi tío era el culpable y, al no hallar causa en la que intervenir, cerraron el caso.

Seguramente se preguntarán por qué no dije nada entonces y mi respuesta es: No lo sé. Desearía haberlo hecho, pero en  aquel momento era para mí una forma de vida. Sentía que no tenía opción alguna en lo que me ocurría. ¿Y si hubiera hablado? ¿Qué habría pasado? ¿Me habrían llevado a vivir con alguien más de la familia? Cada uno era más malvado que el anterior.

foto referencial

Cuando quedé embarazada a los 14 años, mi madre se asustó. Me dijo que no quería problemas por todo aquello, así que nos llevó a Tennessee para que nos casáramos y así, fuera de nuestro estado, nadie podía asociarnos como familia cercana. No sé si él ya estaba divorciado en aquel momento, pero mi madre firmó los papeles de emancipación para no tener ninguna responsabilidad sobre mí. Sin embargo, aquel día tuvimos un choque leve con el automóvil y nunca llegamos al juzgado.

Un par de meses después, ya con 15 años, empecé a sangrar y acudí al doctor. Sufrí un aborto espontáneo. Sorprendentemente, el doctor nunca llamó a servicios sociales y nunca me preguntó  quién era el padre de la criatura. Hoy sé que dar parte de aquella anómala situación era responsabilidad suya. Aquello me habría liberado de todas las pesadillas que iba a sufrir.

Mi madre, entonces,  llevó a toda la familia a Florida, a vivir con el abuelo, pero me dijo que no tenía habitación individual para mí. Así que tuve que compartir dormitorio con mi tío una vez más. Mi familia entendía que yo era responsabilidad suya. Es algo difícil de entender ahora, pero ése era el infierno en el que yo me encontraba viviendo.

Siempre pensé que mi madre pudo haber terminado con aquel abuso, pero mi abuelo no se lo permitió. Imagino que intentaba evitarle cualquier problema a su hijo, aunque sabía que  el tío era un asqueroso.

Poco tiempo después regresé con mi abuelo y mi tío a Alabama, donde quedé embarazada de nuevo, en aquella ocasión con 15 años. Ese hijo concebido en incesto tiene ahora 14 años. A pesar de las horribles circunstancias de su concepción amé a mi bebé desde el primer instante y haría cualquier cosa por protegerlo.

Abandoné el colegio y estudié en casa hasta la secundaria. Aunque obtenía buenas calificaciones, lo odiaba. Era doloroso ver a todos esos niños a los que nada les faltaba, todo les iba bien, mientras yo estaba atrapada en mi infierno, sin ninguna esperanza de salvación.

Mi tío siempre se había comportado mal conmigo: me insultaba, me empujaba y sentía celos furiosos. Pero cuando quedé embarazada se intensificaron los abusos. Llegó a decirme: “Ya tengo un hijo, no quiero otro”. Bien, me decía yo, demasiado tarde. Haberlo pensado mejor cuando se dedicaba a abusar de su sobrina menor de edad. Pienso que su ira nacía de su temor, del miedo a ser apresado y encarcelado. Me había estrangulado hasta casi ahogarme, arrastrado por el cabello, intentado accidentar el coche conmigo dentro y golpearme.

Acudí a mi madre y le supliqué ayuda para librarme de aquel hombre. Me dijo que teníamos un hijo en común y que, si alguien descubría aquel “secreto”, yo iría a la cárcel y perdería la custodia de mis hijos. Me convenció y yo la creí. He guardado este secreto hasta ahora.

Los abusos continuaron hasta que, finalmente, le abandoné. La relación había empeorado con el tiempo. Incluso sus hermanas –mis tías- me golpeaban cuando intentaba marcharme del hogar.

Cuando nació mi hijo lo quise al instante. Le amé incondicionalmente desde el primer momento que le vi pero vivía aterrorizada pensando que el personal del hospital me lo arrebataría si llegaban a conocer mi gran secreto. Recibió mi apellido de soltera. Donde debía constar el nombre del padre en el certificado de nacimiento se anotó un simple “desconocido”, porque la familia dijo que era mejor mantener a Lenny al margen.
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Con 18 años quedé embarazada de mi tío por tercera vez. Por otro lado, veía que mi hijo no estaba bien, pero los médicos no me hacían caso. Después de visitar a diversos doctores y debido  a mi persistencia, mi hijo fue enviado a un hospital infantil donde se le diagnóstico, finalmente,  el Síndrome de Krabbe, una enfermedad en la que los niños heredan de sus progenitores un gen defectuoso. Recuerdo que los médicos nos preguntaron si teníamos algún parentesco, porque aquella enfermedad sólo tenía lugar por motivos de consanguinidad. De nuevo yo estaba aterrada porque mi tío estaba allí conmigo y porque mi madre me había asegurado que si hablaba se quedarían con mi hijo.

El día que recibimos el diagnóstico yo tenía 6 meses de mi cuarto embarazo. Entonces, el médico que me atendía me dijo que no debería tener más hijos con aquel hombre y que considerara abortar a mi bebé. Me quedé estupefacta viendo cómo un médico podía sugerir tal cosa.

Me dijeron que mi hijo solo viviría trece meses y cuando llegó a esa edad tuvo que ser ingresado en el hospital. Eso sucedió un viernes y dos días después yo daba a luz a mi tercer hijo. Firmé el papeleo para salir del hospital y me fui a vivir a una residencia cercana con un bebé y un recién nacido, así podía visitar a mi hijo en la UCI durante las horas previstas.

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Todo el tiempo que mi hijo pasó en el hospital me sentí segura porque mi tío se había quedado en casa, trabajando, yendo de fiestas y manteniendo relaciones sexuales con otras mujeres. Me sentía libre, aunque fuera por poco tiempo. Mi objetivo principal eran mis hijos.

A los 6 meses de su internamiento permitieron que mi hijo marchara a casa, aunque necesitara cuidados. Yo me ocupaba de él y una enfermera me reemplazaba por las noches mientras yo dormía.

Mi tío había bebido siempre, pero en aquel momento empezó a tomar drogas también. Le odiaba. El solo verle me provocaba náuseas en el estómago. Él había robado mi juventud y mi vida.

Mi hijo falleció el 9 de enero de 2008 y cambió todo para mí. Pude distanciarme de mi tío y empecé a trabajar. Esto le irritó sobremanera, porque mientras más independiente era yo, él se ponía más violento conmigo. Así que exigió que nos casáramos ese mismo mes, el 22 de enero. Yo sabía que aquella relación estaba condenada al fracaso y que, tarde o temprano, encontraría una salida. De todos modos, acepté para mantener la situación en calma.

Una noche vi con claridad que no podía resistir más aquella situación. Esa misma mañana mi tío me había amenazado con más insistencia, si cabe, y yo me escondí. Entonces, desconectó la electricidad y oí como accionaba el percutor de su pistola. Había pasado toda mi vida procurando escapar de él, pero ahora sabía que si no lo hacía pronto me haría daño, incluso matarme.

Me levanté una mañana para ir al trabajo, justo después de él. Cargué mi coche con lo necesario y me fui. Nunca regresé.

Pedí el divorcio aquel mismo año, pero mi tío rehusó colaborar y después él mismo pidió el divorcio. Después de reunir el coraje necesario para dejarle, vi como mi familia me abandonaba y al año me encontré sin hogar. Sin dinero para contratar a un abogado y con un sentimiento de vergüenza por tener que contar al juez todo lo relativo a la violación e incesto. Mi tío se quedó con la custodia de mis hijos durante dos años y no me permitía verlos más que cada 6 meses.

Sin embargo, hice todo lo posible para rehacerme. Me casé con un hombre maravilloso y obtuvimos la custodia de mis hijos en el año 2012. Yo continuaba sintiendo vergüenza por todo lo acontecido; de hecho, no era capaz de contárselo a mi esposo. Se enteró un par de años después y se enojó conmigo porque se lo había ocultado. Le dije que me atemorizaba la idea de verme separada de mis hijos. Lo comprendió y me apoyó, diciéndome que yo no tenía culpa alguna y que, en todo caso, era la víctima de aquel cruel ultraje. Aquella era la primera vez que me sentía con fuerzas para abrir mi corazón de par en par y contar mis sentimientos porque sabía que él me amaba y se preocupaba de mí. Aquello me dio fuerzas para luchar con más empeño por mis hijos.

Con el apoyo de mi marido denuncié la violación y el incesto ante las autoridades en 2015. El sheriff del condado presentó cargos contra mi tío porque este tipo de delitos no prescriben y el caso fue llevado ante un gran jurado. Lamentablemente, la sentencia determinó que mi tío no era culpable porque no se halló evidencia suficiente para condenarle.

En la oficina del sheriff me dijeron que estos casos son comunes, a pesar de que la gente cree que no pasan y dijo que la mayoría de las veces no se hace nada con los violadores porque, o ha pasado mucho tiempo o no hay suficiente espacio en las cárceles para todos ellos.  Me dijeron que como no había riesgo inmediato de que me violara, lo más probable era que él saldría libre de polvo y paja por todo lo que me hizo y así fue.

Estos últimos años he luchado en los tribunales para evitar los derechos parentales de mi tío. Durante todo este tiempo ha gozado de una orden judicial que le ha permitido un régimen de visitas sin ningún tipo de supervisión. Finalmente, he decidido romper mi silencio y mostrar delante del juez la realidad de la violación y del incesto porque mi tío pretendía ver a mis hijos en las fiestas de fin de año.

En diciembre de 2017, el juez sacó mi testimonio del registro del juzgado y me dijo que no se me estaba permitido mencionar la violación o el incesto.  Yo le insistía:¡“Esto no es el pasado ¡ese hombre es mi tío!”. Pero el juez dijo que eso era irrelevante y le dio a mi violador tres días de visitas sin supervisión durante las Navidades.

Estoy aterrorizada. Tuve que prescindir de mi abogado porque no quería que dijera ante el juez que mis hijos habían sido concebidos en incesto, que aquello no lo tendrían en cuenta. Estoy devastada al ver que tenía toda la razón.

Sin embargo, todavía no he dicho mi última palabra.

No me han escuchado, pero ya no van a silenciarme más. Y quiero animar a muchas otras mujeres a hacer, también, lo mismo. Quiero luchar para que existan leyes que terminen con los derechos parentales de los violadores. Ninguno de estos criminales debería tenerlos y, mucho menos, los que han abusado de una menor.

El 20 de diciembre de 2017 regresé al despacho del sheriff con más valor y fortaleza que nunca. Me enviaron, entonces, a la oficina del fiscal del distrito quien me dijo que con la evidencia que el ADN arrojaría sobre el hecho que aquel hombre era mi tío, así como la prueba de que mis embarazos tuvieron lugar con 14 y 15 años, no debería haber impedimento alguno para poder enjuiciarlo por delitos de violación e incesto.

Mi hijo falleció, también mi primer bebé que no llegó a nacer, por culpa de este hombre y yo debo vivir con este dolor el resto de mi vida. Mi tío hizo mucho más que abusar de mí: se llevó la vida de mis hijos. Causó ambas muertes por condicionamientos genéticos que no hacían factible la vida de aquellos bebés. Debería ser acusado no sólo de violación, sino también por ser el responsable directo de la muerte de aquellas inocentes criaturas.

Yo era una niña tímida que no se atrevía a levantar la mano para hablar en clase, pero ahora soy una mujer hecha y derecha, determinada a conseguir lo que me proponga. Uno de mis lemas favoritos dice: “El dolor que experimentas ahora es la fortaleza que sentirás mañana”. A cualquiera que haya experimentado un abuso le digo: No dejes que el pasado te defina y te impida tomar las decisiones correctas.

Me enojé con Dios cuando descubrí que mi bebé se estaba muriendo. De hecho, grité: “Después de todo este horror por el que he tenido que pasar, ¿ahora me quitas también a mi hijo?”. No lo entendí, pero ahora lo veo con total claridad y no dejaré que la muerte de mi hijo haya sido en vano. Vengaré su muerte protegiendo a mis hijos y ayudando a otras chicas que pasen por semejante situación.

A ti te pregunto, ¿qué vas a hacer para defender a esas víctimas? No me hables de abortar, porque los bebés no tienen culpa alguna. Cada niño tiene un propósito. Ayuda a las madres víctimas de una violación para que puedan ser protegidas de sus violadores.


BIO: J.C. está casada y es madre de 5 hijos y de momento prefiere permanecer en el anonimato.


RebeccaKiessling, es presidenta de Salvar El1. Es también abogado y ha representado algún caso semejante en Michigan. Está buscando apoyo legal en las redes sociales para JC. Si alguien puede colaborar en esta causa, por favor contacten con salvar el 1 o save the 1.



Saturday, January 13, 2018

Fue objeto de maltrato y abusos sexuales desde el día de su boda y concibió un hijo tras la violación de su propio marido, por Grace Macaskill


La radiante felicidad de la novia, Charlotte Walford, parecía completa cuando su esposo le ponía un anillo en el dedo y juraba que la amaría para siempre.

Charlotte y su marido maltratador

Pero a las pocas horas de la ceremonia, emergió la verdadera naturaleza de Spencer Walford.

En la celebración de la boda, él la acusó de estar borracha. La sacó del pub arrastrándola por el pelo y le pegó una paliza.

Fue el comienzo de una aterradora etapa de abuso.

Charlotte se había casado con un monstruo violento y controlador que la golpearía y la violaría incluso mientras dormía. Al final, fue condenado a 14 años de cárcel por agredir sexualmente a Charlotte y golpearla hasta dejarla llena de moratones.

Ahora sufre Síndrome de estrés postraumático, pero ha encontrado el amor otra vez y ha aprendido a detectar hombres abusivos.

Tras su experiencia, ella pide que las muchachas adolescentes reciban clases similares en la escuela para evitar relaciones destructivas.

Charlotte, quien había luchado contra el cáncer antes de conocer a Walford, declara: "Incluso hoy día hay un estigma en torno a las mujeres que denuncian a sus maridos. No quisiera que nadie pase por el infierno por el que he pasado yo. Las mujeres son retratadas como objetos sexuales a través de videos musicales y la pornografía. Necesitamos enseñar a los jóvenes la diferencia entre las relaciones saludables y no saludables. El hombre con el que elegí casarme me llevó al abismo, pero quiero que otras chicas sepan que hay ayuda y que no están solas".

Charlotte es una de las cientos de mujeres que forman parte del Programa Freedom que tiene como objetivo lograr que las víctimas de violencia doméstica identifiquen los patrones de comportamiento de los abusadores.

El curso fue creado por la ex oficial a cargo de Libertad Condicional, Pat Craven.  Ella pidió a hombres violentos, incluso a violadores y asesinos, que escribieran una carta a mujeres para advertirles sobre los comportamientos que deben tener en cuenta con un nuevo novio.

Posteriormente, incluyó la información en el curso.  Lo usa la policía, el sistema de Justicia Penal, los servicios sociales y los refugios para mujeres en todo el Reino Unido.

Los tipos específicos de abusadores han sido etiquetados como: el Manipulador, que usa estrategias psicológicas, y el Persuasor, que usa amenazas y coerción. El Carcelero aísla a sus parejas de sus familiares y amigos, el Bully grita e intimida.

El curso, con el eslogan “El conocimiento es poder”, también ayuda a las mujeres a detectar las características de los hombres buenos, aquellos que les darán apoyo y aliento. Walford aisló a Charlotte de su familia y amigos al obligarla a mudarse de casa tres veces en su matrimonio que duró cuatro años.

La única pausa que tuvo en su terrorífico régimen fue cuando quedó embarazada de su hijo Douglass.
Fue concebido durante una violación, dice ella.  A las dos semanas del nacimiento, Walford comenzó a ponerse furioso y a golpear a Charlotte por la más mínima cosa: "Desde una marca en la pared a juguetes que quedaban en el jardín. Ni siquiera estaba segura cuando estábamos durmiendo. Me despertaba golpeándome o me lo encontraba encima de mí teniendo sexo".


La primera vez, la arrastró del dormitorio a la habitación de enfrente y luego dijo que se había desmayado y no sabía qué había pasado.

"Sentí que no había escapatoria. Incluso cuando estaba durmiendo. Me aterrorizaba hacer algo que lo enojara. Él hacía una marca en una pared o dejaba un centavo tirado en algún lado para ver si yo lo limpiaba. Si no lo hacía, me abofeteaba o me golpeaba".

Charlotte cree que habría podido escapar de ese matrimonio destructivo antes si hubiera sido instruida sobre qué buscar en una relación sana.  "Hubiera advertido los primeros  signos y habría sabido que era malo que él me aislara de todos, me manipulara y redujera mi autoestima".

Ahora está criando a Douglass y a su otro hijo Alfie, de nueve años, de una relación anterior, "enseñándoles que es un error ser irrespetuoso o levantar la mano a cualquier persona, hombre o mujer".

Ella ha explicado  que el Programa Freedom la ayudó a identificar las cualidades de una pareja ideal cuando conoció a su nuevo novio Jamie, con quien ha estado saliendo durante un año.

Es comprensible que fuera cautelosa cuando conoció a Jamie: "Me hizo sentir especial y segura, y ‘segura’ es como se supone que te tienes que sentir con la persona adecuada".  Muy distinto de las vivencias en el día de su  boda con Waldorf en 2012. Y es que, después de un romance relámpago, se casaron por el civil.

Luego vino el impactante incidente cuando estaban con dos amigos y un vecino en un pub y Walford se puso como loco y la sacó del bar por el pelo.


"Pensé que había sido encantador hasta entonces y, de repente, me estaba gritando en la cara que no podríamos consumar nuestro matrimonio porque yo estaba borracha. Pero no era cierto. Nuestros invitados lo vieron abofetearme y no podían creerlo. El dueño del pub le prohibió regresar, pero a él no pareció importarle".

Charlotte contó que sus amigos y familiares estaban al tanto del abuso y algunos trataron de intervenir, pero muchos no la apoyaron. Una vez Walford le puso un ojo morado y les dijo a las enfermeras del hospital que había sido golpeada en una discoteca.

Ella tenía miedo de decir la verdad, temiendo su reacción violenta. Y temía que, si lo denunciaba a la policía, los servicios sociales se llevarían a sus hijos.

A sus amigos y padres no les gustaba Walford pero ella estaba más enamorada de la idea de casarse y tener una familia que de Spencer.

La agredió en público, le mordió la oreja en un pub y la empujaba por las escaleras de su casa, contusionando sus costillas.

"Las violaciones y las agresiones sexuales fueron las peores", dijo Charlotte, al borde de las lágrimas.
"El hecho de que mi hijo Douglass fuera concebido en violación me enfermaba y no quería apegarme a él. Pero ahora lo amo y él me dio la fuerza para seguir adelante a pesar de todo ".

Cuatro veces, durante los ataques de Walford, los amigos de Charlotte llamaron a la policía, pero ella estaba demasiado asustada para presentar cargos. El punto de inflexión llegó en julio de 2015.

"Estaba colgando la ropa recién lavada cuando noté que los brazos de mi chaqueta habían sido cortados.  Él dijo que los uso para limpiarse el trasero porque no había papel higiénico. Después de todo lo que había soportado, fue la cosa que me hizo reaccionar ".

En diciembre de 2015, en el tribunal de Northampton, Walford se declaró culpable de dos cargos de violación, dos ataques comunes y un asalto con resultado de daños corporales. Fue condenado a 14 años, nueve en prisión y un período de licencia extendida de cinco años. Charlotte afirma que el Programa Freedom la ayudó a reconstruir su vida: "No podemos dar por supuesto que las mujeres jóvenes saben qué es correcto en una relación. Necesitan que las ayudemos a detectar el perfil de un posible abusador. Podría salvar a muchas de mis sufrimientos".


Texto traducido de Daily Mirror