Friday, July 20, 2018

Soy hija felizmente adoptiva, fui un bebé no deseado concebido durante una violación.



María de la Paz Rodríguez Coronel, Argentina

Mi madre con mucho dolor continuó valientemente con el embarazo dándome la posibilidad de vivir.

Siempre supe que soy adoptada. Me enteré hace poco que fui gestada durante un ataque sexual hacia mi madre biológica. Me produjo mucho dolor y culpa enterarme de la cruel verdad.
Paz con su inseparable pañuelo celeste por las dos vidas

Corrían los años 70. Un matrimonio jovencito, recién casados, soñaban con formar una familia tras varios intentos fallidos de quedar embarazados.

Su deseo se aumentaba a medida que pasaban los meses y los años. Tratamientos, oraciones, plegarias… nada parecía funcionar.

Hasta que decidieron comenzar los trámites de adopción.

Soportaron duros requisitos, trámites burocráticos e investigaciones para ser buenos candidatos.

Lograron coincidir con todos los parámetros correspondientes para ser padres adoptivos. Los llamaban de todos lados.  Hasta que un día recibieron la noticia más feliz de su vida.
Era 1978, Provincia del Chaco, una adolescente sufrió un ataque sexual en el cual queda embarazada del violador.

Sola, desamparada, sin esperanza, humillada, se dirige a un hogar, a un hospicio. Vive el embarazo con mucha valentía. Probablemente, sentía vergüenza, por eso había huido de su casa.

Tuvo su beba con un peso normal de 3500 kg aproximadamente. Vagó por todos lados con la criatura en brazos. Hasta que decidió darla en adopción. Se dirigió a una casa cuna y con mucha tristeza y esperanza la entregó con la ropita que tenía puesta.

El personal de la casa cuna le dieron amor y cariño.  No se supo más de ella.

La beba creció entre niños, enfermeros y cuidadoras quienes luchaban día a día para mantener el hogar casa cuna digno y limpio dado que la situación económica era insostenible.

Un día, el matrimonio de Buenos Aires recibe el llamado de Dios. “Hay un bebé que fue dado en adopción”. ¿Ustedes podrán viajar lo antes posible a la Provincia del Chaco?

Los futuros padres se emocionaron mucho. Lloraron abrazados durante media hora. Agradeciéndole a Dios por sus plegarias.

Luz María, su madre adoptiva a quien Paz llama siempre su madre del corazón.

Al arribar a la provincia de Chaco se dirigieron a la casa cuna. Estaba fresco. Al llegar al hogar los reciben muchos chicos con la esperanza de irse con su familia adoptiva. Corrían niños por todos lados. Se encontraba el personal de mantenimiento reclamando dinero por los arreglos del inmueble. Entonces, el joven futuro padre adoptivo se fue al centro comercial y les compró una cocina nueva a donación.

Cuando regresó se dirigió hacia una de las tantas cunas en donde descansaba una bebita en pañales, delgada y abandonada.  La señora, antes de que le indicaran la cuna, se adelantó con mucha ansiedad y se dirigió a la cuna número 22. Apenas se acercó a la beba… La bebita abrió sus enormes ojos y lloró. La joven la levantó, la acunó con mucho amor en sus brazos y la bebé dejó de llorar y la joven madre no la soltó más.
Esa madre era Luz María y esa beba era YO.

Le preguntaron a mi madre las cuidadoras y enfermeras del hogar cómo sabía ella quien era la beba que iba a adoptar y ,felizmente, le contesto: “intuición de madre”.

Luego se realizaron todos los trámites correspondientes a la partida de nacimiento en el Registro Civil.

Me llamaron María de la Paz, consagrándome a la Virgen Reina de la Paz.

Volvimos felizmente a Buenos Aires. Allí nos esperaban mi bisabuela, abuelos, tíos y primos. Hicieron una fiesta. Me bautizaron.

A los dos años de edad le pregunté a mi mamá si había estado en su pancita, y me dijo que no. Seguimos la vida naturalmente. Fui al jardín de infantes, jugaba con mis primos y amigos. Luego tomé la Primera Comunión y la Confirmación. Tuve una infancia muy feliz. Muchas fiestas de cumpleaños y Navidades.

Cuando comencé la adolescencia empecé a cuestionar todo, incluso mi origen.

Había mucho hermetismo sobre mi historia previa a la adopción. Me faltaban 8 meses de mi vida que estaban vacíos, no sabía nada.

Al terminar el secundario comienzo a trabajar. Vivía la vida normal de una jovencita saliendo al mundo, a la sociedad. Pero nunca dejé de pensar en esos 8 meses vacíos de mi vida. Nadie me decía nada.

Pasaron los años, me casé y tuve dos hijas. Me recibí y realicé varios cursos de especializaciones.

Soy acompañante terapéutica, maestra integradora, asistente geriátrica, operadora lúdica comunitaria. Y Catequista de la Diócesis de San Miguel Arcángel.

Era 2007 cuando una tía me comenta que mi mamá biológica fue violada y como resultado de dicho ataque nací yo. No dije nada. Seguí con mi vida. Hasta que un día no aguanté más tanto dolor, me sentía culpable de haber nacido y decidí compensar a mi mamá biológica con mi vida. Le ofrecí a Dios todo mi ser y tras un terrible período de depresión tomé pastillas para aliviar el dolor. Estuve internada varios días en el hospital. Mis padres y familiares sufrieron mucho. Estaban enojados conmigo, no supieron comprender la situación. Reacción típica.

Logré recuperarme gracias a mi grupo de oración y a mi hijita y familia, familia política y amigos.

Con el tiempo acepté mi realidad.

Tuve dos madres, una que valientemente me dio La vida y otra que me dio SU vida hasta su última respiración.

Era verano del 2015 cuando andando en bicicleta por Bella Vista, veo un cartel con la imagen de un bebito de 8 semanas pidiendo nacer. No entendía el reclamo. Entonces me dirijo al número que aparecía y contacto con los que organizaban esa campaña de “El Bebito”.  Me sumo a la campaña por Facebook y comienza un vínculo con Mariana Rodríguez Varela a través de su hermana Helena.  Me brindan material para publicar y comienzo a militar a favor de la vida.

Con Mariana Rodríguez Varela

¡Claro! ¡Personalmente, celebro la vida! Me sumo con mucho amor.

En ese transcurso conozco a una adolescente que se quedó embarazada. Y no deseaba ese bebé por nacer. Yo tenía la información suficiente para enseñarle a esa chica que lo que llevaba en su pancita no era un montón de células, sino que era un bebé. Tras largos días de diálogo y contención, decidió continuar con el embarazo. Esa experiencia me hizo reflexionar. De inmediato, lo trasladé a mi persona.

No lograba contar públicamente que fui bebé no deseado gestado durante una violación.
Hasta que las cosas se pusieron muy difíciles en mi país, La República Argentina, con el proyecto de ley de la “interrupción voluntaria de embarazo”.

Un día comentando en Facebook a favor de la vida, veo que “en caso de violación” estaría bien que la mujer atacada sexualmente decida sobre su cuerpo deshaciéndose del feto que lleva en su vientre.

Por supuesto que no estuve de acuerdo con dicha afirmación. Entonces comenté libremente.

Hasta que recibo mensajes espantosos de una pariente, una prima cercana, que me hacía sentir culpable de haber nacido, que todos los niños abandonados debieron haber sido abortados, que los adoptados no debieron existir. Me sentí muy mal por eso, dado que en privado me decía que era culpable de lo que le había pasado a mi madre biológica y que yo no debía haber existido.

Esa tarde me derrumbé. No podía levantarme de la cama, lloraba todo el tiempo. Tenía los signos de aquella depresión. Entonces le mando un mensaje por WhatsApp a Mariana Rodríguez Varela llorando y renunciando a la campaña de “El Bebito”.  Me sentía muy mal por haber nacido gracias a esta mujer insultante. 

De inmediato, Mariana me pregunta: “¿Sos adoptada?”

Y le contesté: “Sí”.

Fue en ese instante que Mariana me contuvo con mucho amor, y me dijo que era una bellísima historia de amor.

Desde ese momento, celebré mi vida. Resucité. Había vivido años de dolor. Recibí el respeto y cariño de Mariana por medio de la Gracia de Dios.

Me sentí muy orgullosa de mis padres del corazón y salí a las calles otra vez con el estandarte de “El Bebito”.

Era una tarde de café cuando veo la exposición en la Honorable Cámara de Diputados del Congreso de La Nación Argentina de una chica llamada Karina Estrella Etchepare. Me dejó sin habla su discurso.

Con karina Estrella Etchepare

Entonces, pensé conmigo misma: “Yo también soy hija adoptiva gestada durante una violación”. El mundo tiene que saber mi humilde historia.

Comencé a publicar en todas las redes que soy felizmente adoptada y fruto de una violación. Sentí que debía honrar a mi madre biológica por lo valiente que fue al darme en adopción optando por la vida a pesar del dolor que sufrió. Tal vez no le fue fácil entregarme en aquella casa cuna, pero es lo que pudo hacer. Darme la oportunidad de vivir.

Por eso, cuando usan de pretexto de abortar al bebé en caso de violación, no estoy de acuerdo que se condene a muerte al bebé gestado durante una violación dado que es un ser inocente. Se debería condenar al padre por el delito que cometió.

¿Quién se atreve a decirme que mi vida vale menos que la de cualquier persona que fue gestada durante un acto de amor?

¡No soy una abominación de la naturaleza por haber sido una bebé no deseada! ¡puedo amar y ser amada!!

Soy prueba irrefutable de que el amor y mis hijas son el resultado del triunfo de Dios en la tierra.

Con mi humilde historia quiero dejar el siguiente legado a mis hijas: El aborto no es la solución, no se deja de ser madre abortando, siempre, desde la concepción la mujer será madre, estará en su propia decisión elegir: “Ser madre de un niño vivo o de un niño muerto”.
Paz y sus dos hijas, Agustina y Sofía, en una marcha pro vida en Buenos Aires

¡Por eso le digo sí a la vida, sin excepción alguna!
Gracias al amor de toda mi familia, bisabuela, abuelos, tíos, tías, primos, de ser una “bebé no deseada” me convertí en una “bebé esperada”.

Biografía: Maria Paz vive en Buenos Aires, Argentina. Es madre de dos niñas, terapeuta y una gran activista pro vida.




                      

Sunday, July 8, 2018

Ayuda para una mujer embarazada de 27 semanas

Argentinos, necesitamos su solidaridad. ¡Ayuden y compartan!
Se llama Mayra, es argentina y tiene un embarazo de 27 semanas.
La panza de Mayra, su primera ecografía y un bebé de 27 semanas de gestación
Se necesita mucha ayuda solidaria para Mayra y su bebé. La muchacha debe mudarse con urgencia de la casa donde está viviendo con su tía, que la presiona constantemente para abortar. Su primo incluso le ofrece el dinero para acudir a una clínica clandestina. Duerme encerrada en su cuarto porque tiene miedo a que se la lleven de noche y la fuercen a un aborto. Mayra quiere irse cuanto antes a la casa de su pareja, aunque sea un hogar poco habitable; al techo le falta algo de chapa y el piso es muy inestable, con zonas que no están ni siquiera cimentadas. Pero ella tiene ganas de huir de su entorno familiar que no se muestra nada favorable a su embarazo. Además, su suegra, la madre de su pareja, vive delante de la nueva vivienda y ya le ha dicho que la quiere y la ayudará en todo lo que pueda.

Hace unos días Mayra tuvo su primera ecografía y supo que se trata de un bebé. Estaba feliz de ver a su hijo por primera vez. Piensa llamarlo Ian. Además, la fecha coincidió con el aniversario del fallecimiento de su madre, ocurrido hace apenas un año. Pensó que se trataba de una feliz coincidencia, pues el dolor de haber perdido a su madre quedaba paliado con la presencia de esa vida en su seno y el latido de ese corazón palpitante que oía por primera vez en su interior. De hecho, una vez escuchó los latidos del corazoncito de su bebé ya no tuvo ninguna duda de que debía seguir adelante con el embarazo. 

Solo ella sabe los duros momentos que ha debido afrontar durante todas estas semanas de gestación, rodeada de gente, familiares también, que solo le aconsejaban una opción posible: el aborto. Gracias a Dios y a la ayuda recibida, la muchacha está radiante de felicidad pensando en este hijo que está creciendo en su interior. Se siente esperanzada y con enorme paz.

En estos momentos la están ayudando en el CAM de Lenus. Ellos se encargarán de proporcionar recursos para que esta muchacha pueda alumbrar a su bebé con dignidad y buscarán medios para arreglar el hogar en el que habita. También un sacerdote se ha puesto en contacto con esta muchacha para ofrecerle consuelo y ayuda espiritual. El padre Fernando dice que es una mujer con una fuerza increíble. Cuando la conoció por primera vez vio como Mayra estaba muy enojada con Dios, pero todo cambió cuando la muchacha se sintió amada, apoyada y reconfortada. 

Seguro que todos tenemos algo en casa que no sirve, que podamos prescindir. Material que haya sobrado de alguna construcción reciente: un pote de pintura, unos listones de madera, un martillo o unos clavos… Incluso un obrero que pueda dedicar unas obras a reparar parte de la vivienda. 

Toda ayuda que se pueda conseguir será bienvenida y con el esfuerzo de muchos, salvaremos a su niño, a su madre y, lo que es muy importante también, pondremos una buena dosis de dignidad en su vida. Tenemos una oportunidad grande de hacer algo real, hermoso.
En lugar de pelearnos con las “verdes” seamos solidarios, compartamos nuestro corazón y salvemos de verdad las dos vidas.💙
Gracias!!!
Todos los que quieran colaborar contacte por favor via whatsApp con María de la Paz, terapeuta argentina que la ayuda y la acompaña en su embarazo.
Maria de la Paz
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Sobreviviente del aborto
Hija felizmente adoptiva 
Gestada en una violación


Saturday, July 7, 2018

No guardo ningún odio a mi padre biológico, por Margarita J.



Margarita J., Argentina. Concebida en una violación.

Empezaré contando que procedo de una familia muy tradicional y hace 74 años, que son los años que yo tengo, quedar embarazada y ser soltera no era ni lo más frecuente ni lo mejor para algunas personas.

Mi madre quedó embarazada con 17 años y la internaron en un centro de ayuda y apoyo para madres solteras llamado "El buen pastor" donde pasa su embarazo sola y con mucha tristeza. Cuando llega el momento del parto, la llevan a un hospital, da a luz y, a continuación, se enferma del corazón o se le manifiesta algo que ya tenía latente y muere al mes de nacer yo.
Entonces, surge la pregunta de qué hacer con el bebé recién nacido. Muchos médicos me quisieron adoptar, pero mi abuelo, el padre de mi madre, que estaba separado de su esposa, mi abuela materna, decide criarme.

Así pasé mi infancia que no puedo decir que fuera muy feliz porque tenía una madrasta que no era buena en muchos sentidos. Mi abuelo sí me daba cariño y todo lo bueno que tuve se lo debo a él.

Pasaron los años y, a raíz de la muerte de una tía y los actos de funeral y velatorio, me doy con una persona que me pregunta si yo era la hija de Perla, que así se llamaba mi madre. Cuando respondo que sí me propone si quiero conocer a mi padre y yo respondí que sí.

Ahí le di mi dirección y vino un día a visitarnos y no más. No fue una presencia que recuerde mucho. En aquel entonces, yo ya estaba casada y con mis hijos grandes. Mi hija menor sí que quiso contactarse con él, pero sus hijas le dijeron que no molestara y ahí dejé de pensar en él pues nunca había sido parte de mi vida.

Se dieron muchas casualidades que no voy a detallar aquí, pero al tiempo me enteré por una persona conocida de la familia que mi madre fue violada y quedó embarazada de mí, la que fue su única hija. Ahí me di cuenta del motivo de tanto silencio y vacío porque no me buscaron nunca.

A veces pienso que ser concebida en violación es como un estigma que llevo en mi vida, me duele ser el producto de una violación, pero, la verdad, no siento odio por el que fue mi padre biológico. Soy una persona muy católica y eso me da fuerzas. Y, por supuesto, siempre aconsejaría a una muchacha violada y embarazada que optara por la vida y, a sus padres, que la acompañaran en este camino. No estoy a favor del aborto

Esto es todo lo que puedo contar de mi madre.  En cuanto a mi vida, no fui muy afortunada en mi matrimonio. Tengo cuatro hijos, tres en Argentina y una hija en EEUU, nueve nietos y cinco bisnietos.

Ahora llevo unos años separada. Mi marido era una persona que venía tomado y me maltrataba. Yo misma, sufrí violaciones maritales, aunque en aquel momento no fuera consciente. De esa manera yo aguanté hasta que se casó la hija más chica.  Pero él se enfermó un día y resulta que estaba enfermo de SIDA. Por eso creo tanto en Dios.  Él me tiene de su mano. Creo que ninguna mujer debe sufrir maltratos por parte del marido, menos violaciones y debe recibir ayuda. En mis tiempos, no se hablaba de esto.

Biografía: Margarita vive en Argentina. No quiso mostrar su fotografía por preservar la intimidad de su familia. Colabora en organizaciones pro vida y en labores de su Iglesia.



Monday, July 2, 2018

Embarazada de 23 semanas dice no al aborto


Hermoso y emotivo testimonio de vida.
Paz Rodríguez Coronel

Así está la panza de esta mujer a las 23 semanas de gestación

Con 23 semanas de embarazo y una historia personal muy complicada tuvo que largarse de casa. Su familia no quiere que tenga el bebé porque no acepta a la pareja de la muchacha. Sus padres y demás familiares la dejaron de lado, se desentendieron totalmente porque para ellos sólo había una posible salida: el aborto. Un periodista independiente, una abogada llamada Karina Etchepare –concebida en violación y rostro visible estas últimas semanas de la lucha por la vida en Argentina- y yo misma que la llamé para acompañarla y atenderla como terapeuta, son las únicas ayudas que esta muchacha ha recibido para seguir adelante con su gestación.

Paz y Karina, ambas concebidas en una violación

La joven tiene ya un niño de 10 años y un chiquito de 3, ambos de una anterior relación. El padre del bebé que ahora lleva en la panza está metido en un asunto legal complicado, aunque manifiesta que él es inocente del delito de que se le acusa.

Todo su entorno familiar quiere que aborte. De hecho, ya hubo un primer intento a las ocho semanas de embarazo cuando, tras muchas presiones, acudió a un abortorio para terminar con la gestación, pero se arrepintió ahí mismo y se echó para atrás. La deplorable situación de aquel antro, lo más parecido a una carnicería, la hizo desistir.

Recientemente, un primo muy cercano a la familia le ofreció la plata necesaria para acudir a otra clínica clandestina para interrumpir el embarazo. Ante esta situación totalmente adversa ella tiene que irse de la casa donde está viviendo; de hecho, no tiene casa propia. De momento, mal vive en la choza de un familiar del padre de su bebé: un habitáculo sin piso, sin parte del techo, algo totalmente cochambroso e indigno.

Hace unos días la llamé y quedamos. Recién la conocí. Ella vino angustiada, lloraba y lloraba. La escuché, la contuve, le puse el hombro para que se sintiera cómoda y reconfortada. Le expliqué lo que significaba un aborto y la realidad de la vida que estaba creciendo en su interior. La abracé y la besé: necesitaba tanto mimo y cariño. Le infundí esperanza y valor. Al cabo de un rato ella decidió seguir adelante con su embarazo, luchar por las dos vidas.

Mientras Argentina se jugaba, sin lograrlo, el paso a los cuartos de final del mundial de fútbol, allí estábamos nosotras dos, llorando y animándonos con afecto, sabiendo que no podían negarle a esa beba o a ese pibe (no conoce todavía el sexo de la criatura) el derecho más fundamental de todos: la vida. Ese bebé no hizo nada malo, ni siquiera pidió permiso para llegar a este mundo hostil donde muchos niegan que tenga derecho alguno a vivir; pero esto no debería ser así, nadie puede considerarse juez de la vida de otra persona cuando esta empieza a existir y eso sucede en el mismo instante de la concepción.

A nuestro país, Argentina, se le viene otro partido encima mucho más importante: el de defender la vida de todo ser humano, sin excepción. Una contienda en la que, caso de prosperar la ley del aborto, el derrotado va a serlo para siempre, porque para él no hay vuelta atrás ni posibilidad de recuperarse o resurgir. A él solo le espera el desenlace más cruel… La muerte.

Esta es una historia de amor, una historia en la que ¡triunfó la vida! porque esta mujer quiso apostar por la vida de su bebé. Es cierto que ahora se siente triste y sola, abandonada de los suyos. Pero, ve un camino de esperanza en su futuro y quiere dar a su hijo la oportunidad que otros quieren arrebatarle. Lo que una mujer necesita no es un aborto, sino sentirse amada y acompañada. Lo que necesita no es una terminación que habrá de atormentarla toda su vida, sino medios y ayuda para salir adelante de una situación muchas veces comprometida y difícil.

El aborto no es la solución, jamás. Nuestra misión es luchar hoy, mañana y siempre por la vida, por todos y cada uno de los seres que han sido concebidos, sin excepción. Por eso peleamos porque amamos y respetamos las dos vidas: la de la madre valiente y también la de su bebé.

Paz Rodríguez defendiendo la vida

María de la Paz Rodríguez Coronel Dudignac
Nota: La madre del bebé dijo que si fuera niña la llamaría Franchesca y si fuera niño se llamará Ian.

Thursday, June 28, 2018

Palabras de amor y de vida de dos sobrevivientes del aborto



Hermosas reflexiones de Karina Etchepare y Paz Rodríguez Coronel, ambas argentinas y concebidas en una violación. 

Karina y Paz con dos de sus hijos

María de la Paz Rodríguez Coronel Dudignac

Recién echaron a una conductora argentina de un importante programa de televisión del Canal 9, sólo por el hecho de defender sus convicciones pro vida. Aquí estamos siendo perseguidos todos. En mi trabajo, también; a nivel personal me he visto muy acosada, a punto de renunciar, pero sigo allí, aguantando todos los insultos, amenazas, acusaciones falsas… Todo por defender las dos vidas. También por el hecho de ser católica, apostólica y romana. Es, pues, una lucha que trasciende al plano emocional y espiritual más que legal.

María de la Paz Rodríguez Coronel Cudignac

Se trata de resistir con la oración, con la verdad. Una mentira jamás puede ser sostenida y el engaño del aborto, de este horrendo crimen, tampoco puede sostenerse ante la maravilla de la vida y de la verdad. Pueden aprobar este proyecto, pero no nos detendrán, no acallarán nuestras voces: ¡No van a conseguirlo! Porque la mentira caerá por su propio peso. El mal nunca prospera porque el bien siempre acaba ganando. Pero, mientras tanto, nos toca aguantar, sufrir… poner la otra mejilla, una y otra vez.

Nosotros, los sobrevivientes al aborto desnudamos nuestras almas ante la Cámara de Diputados, exponiendo nuestras experiencias, nuestras vidas. Todo por esta causa, por defender las dos vidas. Continuaremos la lucha porque no vamos a detenernos. Podrán impedir que avancemos, harán que tropecemos, pero no lograrán su objetivo: nuestra voz y nuestras vidas tienen una dignidad infinita que nadie puede pisotear en nombre del aborto, en nombre de la cultura de la muerte que promueve la destrucción del ser humano y de la sociedad misma.

Seguiremos trabajando duro, ayudando a todas las madres embarazadas, también aquellas angustiadas que lo han sido de modo inesperado, porque nadie merece la muerte: todos tenemos derecho a nuestras vidas, desde el primer instante de nuestra concepción; habiendo sido gestados en amor o en un acto de violencia. La vida es el bien primero y más sagrado de la persona. Nadie debe renunciar a su goce y disfrute.

Ayudaremos también a todas aquellas mujeres que hoy hacen ostentación del pañuelo verde; todas aquellas que, conscientes o no, defienden el aborto, también el de sus hijos. Estaremos a su lado, acompañándolas cuando tengan problemas, para hacerles ver la enorme dignidad y valor que tiene cada vida humana, también las que ellas no respetan y denigran.
Somos gente de bien, somos pro vida.

Karina Estrella Etchepare

Quiero agradecer todas las palabras de apoyo que recibo. ¡Las necesito tanto! No es fácil darse cuenta de lo duro que es todo esto que afrontamos. Cada vez que tomamos una iniciativa, algo que hacemos con enorme esfuerzo, desinteresadamente por los niños y ver que los partidarios del aborto inundan las redes y las calles con sus consignas de muerte y odio. Duele pensar que los niños por nacer tienen un precio en dólares, son una simple mercancía... Pero les voy a ser franca. Aunque esté triste, aunque me rompa, así ha sido mi vida, toda mi existencia. Pasar cada obstáculo por más duro que sea, sufrir en el momento, llorar, caerme de rodillas, levantarme y seguir… Hasta que lo pasaba. 

Por eso somos sobrevivientes y no me voy a rendir. Y no voy a hacerlo porque no puedo negar mi existencia, no puedo mirar a otro costado. Cuando mi propia vida fue en base a todo esto, no se puede: es como negar que uno existe, es imposible. No me voy a rendir, voy a seguir luchando, pero el golpe en el Congreso y ahora en el Senado es duro. Desgarra y duele esta tristeza porque quisiera ver un vestigio de luz al final del camino. Y ver tanto horror, tanto odio y egoísmo… me mata. Ver tanta falta de amor y desprecio por la vida, me machaca. Ver mujeres que disfrazan el derecho a elegir, decidiendo quién debe vivir y quién no, me destroza el alma.

Karina Estrella Etchepare

No es fácil lidiar con todo esto, pero no puedo negar lo que soy y debo seguir, por mí, por mi marido, por mis hijos, por Argentina, por todos los bebés que ven amenazados su derecho más importante: la vida.

María de la Paz Rodríguez Coronel Dudignac

Escuchar a Karina en el Congreso de Diputados me infundió mucho valor y energía para ofrecer también mi testimonio como sobreviviente del aborto, siendo un bebé no deseado y gestado en violación. Muchos años me he sentido culpable por esta situación, por haber nacido.

Estamos peleando contra un gigante que toma forma de corrupción, dinero…  Pero a la larga todo se cae, la maldad no va a permanecer para siempre. Esto sólo ha comenzado. Tal vez Dios nos tiene preparado algo mucho más grande, más allá de la ley. Dios es inmensamente misericordioso y no hay nada, absolutamente nada, imposible para Él. Y a mí, particularmente, me ha llamado a trabajar como terapeuta y estar cerca de aquellas mujeres que sufren por un embarazo no deseado, o para hacer costado a aquellas que han abortado ante una situación difícil. Esta es la misión que Dios quiere para mí y allí debo servirle, respetando y amando la vida; también la de aquellos que la desprecian amargamente.

Ésta es una ley humana y, se apruebe o no, la última palabra la tiene Dios. Nada es ajeno a su voluntad y a su providencia, a pesar de los miles de niños y niñas a los que el aborto va a silenciar. Ellos estarán en un lugar muy privilegiado del regazo y la misericordia divina.

Esta ley podrá prosperar, pero jamás saldrá vencedora porque Dios tiene la última palabra. Él es el autor de la Ley y nada sucede sin su providencia amorosa.

A nosotros nos toca combatir, plantar pelea y dar la cara, hasta las últimas consecuencias. Que no pueda decirse que no lo hemos dado todo por la vida y por esos bebitos indefensos. Hacemos todo lo humanamente posible, exponiendo nuestras familias, nuestras vidas. Lo brindamos al mundo en defensa de los más inocentes, convencidos de que Dios da sus peores batallas a sus más valerosos soldados. Así hemos de sentirnos.

Gracias a toda esta lucha he conocido a muchísima gente que valora, ama y respeta la vida. También me he alejado de gente que tenía al lado y que siempre ha pensado en… Matar. Agradezco que nos hayamos agrupado para saber quiénes aman a Dios y también quiénes aman y respetan a los niños que están por nacer.



Vamos a seguir andando por este camino de la verdad y de la vida. No bajaremos los brazos. El 8 de agosto, cuando vote el Senado, puede cerrarse una etapa dolorosa pero no es, ni de lejos, el final del camino. Es un episodio más de una lucha que, sin duda, tiene un final feliz. Convencidos, además, de que ahí siempre está Dios para levantarnos y alentarnos cuando tropezamos a lo largo del camino. Ahí está Él, en todo momento, sufriendo por nosotros y con nosotros.

Nada más podemos, sino confiarnos en las manos de Dios que, siendo también hombre sufrió en la Cruz por todos nuestros dolores, también los que ahora padecemos en Argentina. Abandonados en sus manos y en los de María Santísima encontraremos paz y consuelo ante toda tribulación.

Karina y Paz











Saturday, June 23, 2018

Quiero muchísimo a mi hermano pequeño, por Spencer Christie

 Su hermano fue concebido en una violación.

 Spencer es el que sostiene a su hermano Josh en brazos

Me llamo Spencer, tengo 18 años, pero creo que no soy el típico joven de esta edad. No me gusta mucho salir. Prefiero quedarme en casa y estar con mi familia. Se podría decir que el hogar es mi zona de confort. Aquí puedo ser yo mismo. Ya sé que esto puede resultar un tanto peculiar. Soy respetuoso y protejo a las mujeres que hay en mi vida. Nunca pierdo la oportunidad de abrir una puerta u ofrecer el abrigo a mi madre, a mi novia o a mi hermana. Además, no tengo excesivas habilidades sociales, soy torpe y me pongo nervioso cuando estoy delante de una multitud de personas, así que no voy a ser conferenciante pro vida o algo parecido, como es mi madre. Soy un adolescente ansioso, pero gracias a mi familia, consigo adentrarme en las profundidades de mi personalidad: soy un tipo hogareño.

Puede que no sea un adolescente típico, pero mis seres queridos me aceptan por lo que soy y realmente lo valoro. Mi gran pasión es la informática. Me gusta codificar productos electrónicos y desarrollar aplicaciones informáticas. Mis apps no son muy populares, pero disfruto haciéndolas. Hasta aquí os he contado un poco sobre mí.

Probablemente, haya heredado de mi padre el respeto que siento por las mujeres y aspiro a ser el hombre que él es. Admiro de un modo muy especial a mi padre por el modo en que encajó y aceptó la violación de mi madre, el embarazo fruto de ella y el nacimiento de mi hermano pequeño. ¿Me preguntas por qué? Porque esto es lo que define a un hombre de verdad.

Cada uno de mis hermanos asumió el ataque de mi madre de manera distinta y, teniendo en cuenta lo unidos que estamos mi madre y yo, reconozco que me costó muchísimo. Imaginé muchas veces qué sentiría mi padre dentro de su corazón y cómo actuaría yo si estuviera en su lugar.

Jennifer, madre de Spencer y Josh

Recuerdo el día en que mi madre regresó a casa de aquel largo viaje de negocios. Tan pronto como la vi cruzar el umbral de entrada, supe que nuestra familia cambiaría para siempre. Ella entró con una feliz sonrisa en su rostro. No había visto esa sonrisa desde hacía tiempo, desde antes de la agresión; ella había cambiado, pero en ese momento, volvíamos a tener a nuestra mamá de siempre.

Noah, el más pequeño de los hermanos en aquel entonces y que ahora tiene 11 años corrió a saludarla y ella tomó su mano y la puso en su estómago. Él no sabía qué significaba, pero yo sí. Noah apoyó instintivamente la mejilla en su estómago.

Cuando mi madre nos dijo por primera vez que estaba embarazada, sentí muchas emociones encontradas: emoción, esperanza y preocupación. Mi madre había pasado una época durísima con el nacimiento de Noah y ahora recibíamos la llegada de un nuevo bebé. Éramos una familia de 6 y el día a día   en nuestra casa solía ser caótico. Pero ahora, mi hermanito hermoso, dulce y amoroso es sólo una parte de esa locura.

Spencer y Josh

Hace aproximadamente un año, mi madre me contó cómo aquel bebé se convirtió en la gran bendición de nuestra familia y el motivo real por el que nos mudamos de Carolina del Norte. La historia que escuché era difícil de interiorizar para un muchacho de 17 años, pero lo acepté. Me explicó cómo las personas tratan a los niños concebidos en una violación, cómo la gente cree que el aborto estaría bien en un caso así y le dije a mi madre: "¡Eso es terrible! El bebé no hizo nada. No puedo imaginar a nuestra familia sin él." ¡El modo de su concepción no me hace mirar a mi hermano de manera diferente! En realidad, eso es lo único en lo que mis hermanos y yo estamos de acuerdo. A pesar de cómo fue concebido mi hermano pequeño, lo amo igual que al resto de mis hermanos. Este niño ha sido una bendición para nuestra familia. Siempre he pensado en él como una bendición.

Mi hermanito se ganó mi corazón desde el principio, pero también estoy muy orgulloso de mi madre que ha sabido dar la vuelta a esta tragedia que ella vivió y emplear su historia para salvar vidas e inspirar a la gente. Mis padres son realmente únicos. Los quiero mucho y siempre admiraré a mi madre por ser la mujer fuerte, orgullosa y dulce que es.
No puedo soportar el aborto y siempre amaré a mi hermano, pero la violación de mi madre todavía me sigue impactando. No puedo imaginar a la mujer de la que estoy enamorado pasando por ese trauma, pero tengo que reconocer que me encanta la forma en que mi padre lo ha llevado y quiero parecerme a él cuando sea mayor.

Biografía: Spencer es hijo de Jennifer Christie, oradora y bloguera pro-vida de Salvar El 1. Tiene tres hermanos y una hermana. Spencer no está disponible para dar conferencias pro-vida.





Sunday, June 17, 2018

Mi madre me concibió en una violación, Por Shirley Barbosa



Shirley Barbosa, Colombia. Concebida en una violación.


Shirley y sus dos hijos

“Libertad es lo que uno hace con lo que le han hecho”.  (Jean Paul Sartre)

Mi historia empieza, realmente, con María Olga Barbosa, una joven campesina de Villa de Leyva (Boyacá).

A sus 19 años e hija mayor de una familia numerosa, compartía la responsabilidad de cuidar a sus seis hermanos, debido a que quedó huérfana de padre muy joven.  Era la forma de ayudar a su mamá, María del Carmen Barbosa, una mujer humilde y campesina quien había tenido que enfrentar la dura prueba de quedar viuda al cuidado de sus siete hijos.

María Olga Barbosa se enteró que estaba en estado de embarazo porque su estómago comenzó a crecer y le fue muy duro afrontar esa noticia y esa nueva realidad de que iba a ser madre. Ocultó la verdad, pues había sido víctima de una violación por parte de un capataz de una hacienda cercana. El trauma que esto conlleva, la presión social, el tener que explicar algo tan vergonzoso a su madre y la mala situación económica de la familia, fueron algunos de los obstáculos más grandes que le tocó enfrentar.

En 2015, el 86,9% de las mujeres colombianas entre 14 y 49 años abortaron de manera legal tras sufrir de una violación, pero María Olga Barbosa, con determinación y a pesar del miedo que sentía a su corta edad, le dijo “no al aborto y si a la vida”.

En diciembre de 1977 nací yo, Shirley Barbosa, en Villa de Leyva.

Después de tener a su primera hija, María Olga Barbosa se vio obligada, por razones económicas, a viajar a Bogotá en busca de un mejor futuro para su bebé, para ayudar a su madre y hermanos. Por el amor y respeto que sintió hacia su hija, decidió callar su dolor infinito, guardó la realidad de la concepción forzada de su niña, y tomó la decisión de intentar continuar con su vida como si nada hubiera pasado.

Por fortuna, el vínculo entre María Olga Barbosa y su madre era de hierro, y nada ni nadie lo podía romper. Con el viaje a Bogotá, Shirley se quedó al cuidado de su abuelita, quien la tomó a su cargo y la educó y consintió mucho.

A sus doce años ella tuvo que regresar con su madre y sus hermanos, y hacerse cargo como hermana mayor de ayudar a su madre, quien prácticamente no tenía tiempo porque debía sostener a sus hijos y apoyar a la familia.  El vínculo afectivo entre madre e hija fue un poco distante porque, a pesar de que su madre siempre estuvo pendiente de ella, a quien ella consideraba su madre era a su abuela de crianza. Por supuesto, la adolescencia de Shirley no fue fácil. Tuvo que adaptarse a su nueva familia, en la cual ella ya no era la consentida y tenía que asumir un rol del cuidado de una casa y de sus hermanos.

Cuando Shirley tenía 17 años, ella y su novio ya habían tenido relaciones sexuales.  Como consecuencia de su actividad sexual quedó en estado de embarazo. El novio, de 23 años, se dejó afectar por el temor, el entorno, el miedo a la responsabilidad de sus actos y ver afectado su proyecto de vida. En un estado profundo de negación decidió animar a Shirley a practicarse un aborto, justificando que este “era un embarazo inesperado”, que dañaría su vida y que nadie en la familia lo aceptaría.

Tras el aborto, la joven sufrió un trauma psicológico y fisiológico. Hoy determinado como trauma post-aborto. Un daño que ella veía como irreparable, que la condujo por un camino de depresión y alteraciones de conducta. Sin pensarlo, tan solo un año después de cumplir 18 años quedó nuevamente en embarazo; el padre de este bebé era el mismo que la había impulsado a realizarse un aborto. Para esconder el aborto y asumir la llegada de un nuevo hijo él le sugirió el matrimonio. Ella, con el corazón roto por la pérdida de su primer hijo, muy confundida, pero con la cabeza llena de sueños por cumplir, sabía en el fondo de su ser que su nueva prioridad era el bebé que venía en camino, quería sentir que podía suplir la pérdida que había sufrido un tiempo atrás, y evitar convertirse en una carga de doble proporción para su madre, quien como madre soltera que era ya asumía una gran responsabilidad por sus hermanos.

Después de casada, la violencia intrafamiliar comenzó. La convivencia se deterioró y los dos se agredían física y verbalmente. Ella lo responsabilizaba al 100% de su dolor, y todo siempre volvía al mismo punto de cuando tenía 17. La llegada de su nuevo hijo no era un aliciente, al contrario, ella manifiesta que su dolor por la pérdida de su primer hijo nunca disminuyó, al contrario, muchas veces se alejaba y se adentraba en su dolor y soledad. El aborto que cometieron, no callaba, tanta fue la violencia entre los dos, que Shirley manifiesta, solo veía dos opciones “era él, o yo”.

Cuando las supuestas responsabilidades sexuales de una esposa hacia su esposo eran negadas, la historia de María Olga Barbosa se comenzaría a repetir con su hija. Pues las violaciones sexuales por parte del esposo de Shirley se convirtieron en el “pan de cada día”.  Era una mujer con mucho dolor pues los dos hijos de la pareja también eran involucrados en las discusiones y problemas del hogar. La violencia intrafamiliar era el cáncer de su vida.

Los hijos del matrimonio comenzaron a evidenciar los problemas familiares y los problemas no se hicieron esperar.

Shirley realmente odiaba a su compañero sentimental por ser una persona muy posesiva y agresiva. El silencio de esta mujer, fuerte y luchadora, duró diez años. Ante la sociedad eran la pareja modelo, un ejemplo a seguir, y se veían como una familia perfecta. Lo triste, es que de las puertas de su casa para adentro todo era distinto y no parecía mejorar.

Cuando Shirley decidió dejar de callar y comenzar a hablar tenía 28 años. Parte de ese proceso fue enfrentar la realidad de dónde venía. Su madre, con el corazón en la mano, decide contarle toda la historia de cómo ella era “hija de una violación”. Una verdad cruda y devastadora para madre e hija, puesto que ese mismo día Shirley le cuenta a su madre todo lo que le había pasado en esos diez años y como había tenido que sufrir después de haber sufrido el aborto de su primer hijo, pero allí se permitió romper el silencio y enfrentar su duelo y su dolor.

Shirley comenzó a ir y ayudar en la iglesia y, sin pensarlo, poco a poco se fue involucrando en distintos grupos pastorales, donde ella asegura que conoció “la infinita misericordia de Dios”. Decidida, iba a la iglesia para confesar sus pecados y este fue el primer paso para cambiar su vida. Con la ayuda de las personas que la rodeaban, y por decisión propia de seguir adelante, logró un acompañamiento espiritual, psicológico y psiquiátrico, que la ayudaron a comenzar el difícil camino del perdón y la sanación.

Shirley, defendiendo la vida

En el año 2007 ella decide irse de su casa junto con sus dos hijos y luchar para que ellos afrontaran la separación de la familia y una nueva vida junto a ellos.

En el 2010, inicia el proceso de nulidad, pero una y otra vez se negaba a edificar todos los sucesos transcurridos antes y durante su matrimonio, había que edificar el perdón, no era tarea fácil. Fue entonces, en junio de 2015, que su matrimonio fue anulado por la Iglesia Católica, cuando ya había realizado la gran labor de trabajar en sí misma, con apoyo de profesionales y sacerdotes de la comunidad, de todo ese proceso vino el perdón y con el comprendió que “No hay nada más hermoso que mirar a esa persona que tanto odiaste y ya no sentir nada”. Sus hijos eran el mayor tesoro y por ellos había decidido que nada la detendría, aunque como consecuencia de la violencia vivida, sus dos hijos fueron víctimas de las drogas. Su hija de 19 años, logró superar la adicción a la marihuana después de ser consumidora por casi un año; su hijo, de 21, se encuentra hoy en día en proceso de superación, además de ser padre de un hermoso hijo de 2 años, que es el motor de la familia.

Hoy, entiende que Dios le regaló la vida desde el acto de la violación, pero que eso no la define y sabe que merece ser valorada y respetada. “Hoy puedo decir que perdoné a mi padre y al padre de mis hijos”, pero no sólo eso, también afirma que se perdonó a sí misma, se reconoce “no como víctima, pero como constructora de mi vida y de mis sueños. Esos sueños que hoy construyo junto a mis hijos, a mi nieto y mi demás familia, además de los grandes amigos que han llegado a la Fundación".

Puedo decir que cuento con el regalo más grande que es la vida, la familia, y las ganas de seguir luchando.

Biografía: Shirley vive en Colombia y es fundadora de la Fundación Mujer Verde Esperanza. Escribió este testimonio para Salvar El 1