Monday, November 12, 2018

Este es mi hijo maravilloso que vino del peor día de mi vida



Por Tricia Allen


Él era mi amigo. Me hacía reír.  Él era un gran tipo. Fue el 19 de diciembre. Lo recuerdo claramente. Trataba de animarme porque era el aniversario de la muerte de mi padre y me visitó en mi apartamento.

 No tenía ninguna razón para no confiar en él en ese momento. Todo cambió cuando me agarró por la parte posterior de mi cuello y me empujó hasta caer en la cama, sobre mi estómago. Nunca me soltó la nuca y tuve miedo. Una débil voz dentro de mí como un susurro decía: "Para, por favor, para, por favor, para". Pero nadie podía escuchar porque era un susurro muy pequeño.
Tengo que decir que ni siquiera recuerdo cómo me quitó la ropa. Es un borrón. Sólo recuerdo su mano en mi nuca. Y recuerdo el miedo. Recuerdo el dolor. Y recuerdo el susurro...



Una parte de mí pensaba que iba a morir, pero en algún lugar en el fondo sabía que no lo haría. No podía respirar porque mi cara estaba muy presionada contra la cama. En muchos aspectos, morí ese día. No físicamente, pero sí de una manera que la gente nunca entenderá. Morí por dentro y siento que nada lo sanará jamás.

Cuando terminó, salió de mi apartamento. Simplemente me quedé allí y lloré. Pensé que había hecho algo mal y que era mi culpa. No podía comprender cómo un amigo me hacía esto. Estaba casado, su esposa era reportera de los Juzgados, su suegro era oficial de policía retirado. Y él sabía que yo tenía novio. Sabiendo sus conexiones familiares, rápidamente pensé que, si lo denunciaba, nada saldría de eso. Sin embargo, llamé a la policía y eso fue más o menos lo que me dijeron. Así que guardé silencio después de eso.

Aproximadamente dos o tres semanas después, me hice la prueba de embarazo en el baño de un restaurante. Ya sabía en mi corazón cuál sería el resultado, pero no estaba preparada para verlo. Embarazada por violación, me sentía tan sola... Era pobre, no sabía qué iba a hacer y sentí que mi única salida era llamarlo y que lo supiera.

Su respuesta inmediata fue: "¿Estás segura de que es mío?". Estaba segura porque mi novio y yo nunca habíamos tenido relaciones sexuales sin protección. Por el contrario, mi violador no tomó precauciones en absoluto. Luego me preguntó cuánto costaría un aborto. No tenía ni idea. Y la conversación terminó con él diciéndome: " Ya me lo dirás".

En mi mente, no iba a tener a mi hijo, pero mi alma seguía diciéndome que eso estaba mal. Nunca llamé a la clínica de abortos. Y rápidamente tomé la decisión de no abortar a mi hijo.

Durante los siguientes meses, viví sola con el secreto de mi embarazo. Pero tenía síntomas y mi novio comenzó a notarlo. Él asumió que lo había engañado, y yo aún no podía verbalizar lo que me habían hecho, así que le dejé pensar eso y nuestra relación terminó. Al mismo tiempo, mi familia vio crecer mi vientre y también asumieron que había engañado a mi novio con un hombre casado. Podría lidiar con esa vergüenza mejor que lidiar con la vergüenza de la violación.

A pesar de que perdí a mi novio, a varios de mis amigos y el respeto de mi familia, no tenía ninguna duda en mi mente de que el asunto era simple: Estaba embarazada y tendría un bebé. 

El día que nació mi hijo, las enfermeras lo colocaron en mis brazos, y él se aferró a ellos de inmediato. Lo miré y mi hijo era simplemente perfecto. No pensé un segundo en el hombre que me había violado. Mi hijo era mío y sólo mío. Y resulta que es el mejor regalo que me han dado nunca. Tiene unos hermosos ojos verdes y un pelo rojo precioso.


Debido a que tenía pocos recursos económicos, recibí asistencia estatal y, por lo tanto, mi violador fue demandado por paternidad y manutención infantil. No me preocupaba que esto le abriera la puerta para que se involucrara en la vida de mi hijo porque ya sabía que no tenía interés en ver a mi hijo y eso era, por supuesto, ideal para mí. Al final, solo vio a mi hijo dos veces: una para la prueba de paternidad y otra en el Juzgado. En el momento de la prueba de ADN, cuando mi hijo tenía sólo unos dos meses de edad, miró a mi hijo en su asiento, le "chocó la mano" y dijo: "Hola, soy el imbécil". “Eso es realmente lo que dijo, las únicas palabras que su padre biológico dirigió a mi hijo, y nunca lo olvidaré. Pero no me sorprendió.

Nadie en su familia ha reconocido la existencia de mi hijo. Durante mucho tiempo pensé que era injusto, pero después de un tiempo me alegré por ello. No los quería a su alrededor.
Cuando mi hijo tenía alrededor de cuatro meses, mi madre y yo finalmente tuvimos una conversación sobre lo que realmente sucedió, y ella me dijo: "Lo sabía". Mi madre tiene siete hijos. Ella lo sabe todo y tiene una gran intuición. Me sentí muy aliviada. Había elegido mantener mi violación en secreto durante mi embarazo, pero me había dolido. Perdí a mis queridos amigos y nunca más tuve la oportunidad de contarles la verdad de lo que realmente había sucedido.

Después de un año, conocí a mi marido. Teníamos amigos comunes y sé que él había escuchado los rumores, pero me dio una oportunidad y aproximadamente un mes después de empezó nuestra relación, compartí con él lo que me habían hecho y me mostró una gran empatía. Nos casamos unos meses después, y ahora llevamos casados ​​15 años y hemos criado tres hijos.

Mi hijo acaba de cumplir 16 años y es una de las personas más empáticas que jamás conocerás. Es Boy Scout y recibe muchos honores.  Está en el equipo de robótica y habla alemán. Se ve casi idéntico a su padre biológico, excepto por su pelo rojo. En realidad, no nos referimos a mi violador como su "padre biológico", pero lo llamamos "bio sleeze". El humor hace que sea más fácil lidiar con eso.

A veces tengo flashbacks, pero sólo veo la belleza del niño maravilloso que engendré en el peor día de mi vida. Mi hijo sabe de dónde viene. Durante años, nunca usé la palabra "violación", pero siempre ha sabido que "el hombre que lo creó" no está en su vida. Sabe que tiene un medio hermano y una media hermana. De vez en cuando, tal vez cada año o dos, me hace preguntas. Trato de responderlas con la misma sinceridad que creo es apropiada a su edad.

La primera vez que le conté algo fue cuando tenía unos siete u ocho años. No recuerdo exactamente, pero fue alrededor de ese tiempo. Tenía la edad suficiente para saber que se necesita un hombre y una mujer para tener un bebé, y le expliqué que el hombre que él conoce como su padre, su "papá", no era el hombre de quien recibió la mitad de sus genes.

Estoy compartiendo mi historia porque ya no me voy a esconder. Lo que me pasó no fue mi culpa. No estoy sucia ni asqueroso y tampoco mi hijo. No estoy avergonzada y mi hijo tampoco debería estarlo. La vergüenza descansa únicamente en el hombre que me violó porque sabía exactamente lo que estaba haciendo y lo hizo de todos modos.

Mi salud no está bien debido a la enfermedad de Lyme que estuvo latente varios años, lo que provocó trastornos autoinmunes y daños severos en mi cuerpo y cerebro. Siento que compartir mi historia ahora es mi oportunidad de dejar un legado duradero que enseñe a mis hijos el valor de la vida y quiénes son como persona, así como a cualquier otra persona que lea esto. Dios sabía lo que estaba haciendo cuando creó a mi hijo y no tiene precio.

BIO: Tricia Allen es esposa y madre de tres hijos. De Michigan. Le encanta cuidar a sus hijos, cocinar y disfruta viajando con su familia. 

Sunday, November 4, 2018

Mi historia con Manu, una historia de amor extraordinario.



A comienzos del 2014 iniciamos como familia un sueño: Queríamos tener más hijos. Teníamos una hija biológica y vimos la opción de que la familia creciera por medio de la adopción en el país que vivimos pero que no es el nuestro. 

Para ser sincera, adoptar no fue un plan en mi vida, pero, desde el momento que decidí aceptar este camino, amé la idea y sabía que Dios había elegido un hijo para mí; confié desde el principio que era parte de Su plan para mi vida y me acompañó durante todo este proceso en mi pensamiento que Sus planes son más altos que los míos.

Claudia con Manu y su hija mayor

Lo que sí soñaba era con una niña que fuera menor que mi otra hija, pero no me detuve a pensar en otros "deseos". En medio del proceso nos presentaron un caso de una mujer con conflicto en su embarazo, no podía tenerlo por diferentes razones.  Aceptamos que nos conociera, se realizó exámenes médicos de rigor, ya estaba en su séptimo mes, era un embarazo de alto riesgo y, desde que conocí a Manu en la barriga, me enamoré de ella.  

El parto tuvo que ser adelantado y nos presentamos en la clínica. Era una cesárea por el riesgo para la bebé; estábamos afuera ansiosos, felices y queriendo ver la cara de Manu.  Ya estaba pasando mucho tiempo y yo empecé a sentirme muy nerviosa así que comencé a hablar con Dios y pedirle que todo estuviera bien.  En ese momento escuché una voz en mi corazón muy nítida que me decía: "Para este tiempo has nacido, para este tiempo te escogí". Para mí es un verso conocido de la Biblia, pero no entendía por qué esas palabras se fijaron en mi corazón.   

Recibimos una llamada, era la abogada del proceso quien nos informaba que “la bebé no venía bien” y que debido a estas circunstancias podíamos retractarnos.   Luego, un silencio eterno. Yo no lograba imaginarme como nació Manu, qué era lo "terrible"; al poco tiempo salió la obstetra y nos dijo que había nacido con Síndrome de Down. 

Para mí fue impactante porque no era lo “planeado” por mí, pero seguía siendo Manu, nada había cambiado respecto a lo que sentía hacia ella. Debido a otras complicaciones médicas, Manu debió ser hospitalizada al nacer durante aproximadamente 10 días, tiempo que, como familia, nos otorgaron para pensar qué hacer. La visité cada día, era tan linda y pequeñita, cómo no amarla, era tan fácil, ya estaba instalada en mi corazón.   


En estos días de ir y venir de la clínica para visitarla pensaba muchas cosas. Recordé cuando tenía más o menos 20 años y cuidaba en la sala cuna de la iglesia a la que asistía a un bebé con Síndrome de Down y se quedaba dormido en mis brazos y me daba unos abrazos que nadie nunca me dio. Evoqué también casi como una oración que quería un abrazo así para toda la vida.  Recordé que hacía poco que mi hija mayor, quien tenía una compañera en su clase de música con Síndrome de Down, me preguntó camino del parque: "Mami, ¿qué harías si la niña que vamos a adoptar es como Nicole? Pensé también que Dios nos estaba confiando la hija que Él sabía era lo mejor para nuestras vidas y nosotros seríamos lo mejor para ella porque Dios no juega a los dados con nosotros.  Recordé versículos de la Biblia: “Les aseguro que todo lo que hayan hecho en favor del más pequeño de mis hermanos, a mí me lo han hecho”.  Recordé el amor incondicional de Dios, su fidelidad, su amor hasta dar su vida por mí.  Pensé en la carita de Manu, cuan indefensa y preciosa.

Al salir de la clínica decidimos que Manu se venía con nosotros a casa. Mi hija mayor saltaba de la dicha y yo aún más.

Pero, tiempo después las cosas tampoco salieron como yo las había planeado, ya que cuando me casé pensé que sería para toda la vida, y en el momento menos apropiado (si es que hay algún momento apropiado) quien era mi esposo defraudó mi confianza y decidió irse de la casa.  Manu tenía tan solo dos meses.


Debido a esta decisión el proceso de Manu que no había culminado se tambaleó. De repente éramos una familia no idónea o apta para adoptar.  Con un valor que no era mío y una tenacidad que empecé a conocer en mí, hablé con todos los implicados en el proceso y, después de un “receso” en la adopción que era la opción más segura para Manu quien podía terminar, en contra de mi voluntad, en una Institución, empecé de nuevo el proceso de adopción como una mamá sola, en un país que no era el mío, donde no vivía mi familia, donde me sentía realmente sola porque así lo estaba. De nuevo, los miles de pruebas, exámenes, requisitos, pero Manu lo valía, el amor de su hermana mayor por ella lo valía, mi amor de mamá lo valía.

Éste ha sido un amor probado, por llamarlo de alguna manera. Amándola como sólo Dios sabe que la amo, la entregué a Él. Estaba visto que mis planes no iban a prevalecer y yo seguía confiando en el amor de Dios y su cuidado para nosotras.  Solo Él sabía cómo iba a terminar toda esta historia que parecía una montaña rusa de emociones.

Manu es una luchadora, no se rinde, persevera, es alegre, las pocas veces que ha estado mal de salud su ánimo es lleno de valor; fue intervenida de emergencia del corazón cuando tenía 5 meses (lo planeado según el cardiólogo era al llegar a los 2 o 3 años) pero ya nada me sorprendía ni me asustaba, su vida estaba transformando la mía.

Mi bella Manu tiene hoy dos años, ya me llama 'mamá', y es mi hija desde que estaba en otra barriga gestándose, es la hermana favorita del mundo mundial de mi hija mayor, es amada por sus abuelos y sus tías.

En conclusión, Manu ha sido una bendición, un regalo de Dios para mi vida en la medida que Él sabía yo necesitaba, nos ha hecho transitar un camino lleno de retos con valentía y tenacidad; ha hecho que los días pasen muy rápido porque son tantas las tareas que una mamá con un niño con esta condición debe hacer para que cada día este mejor (así pronto nuestro sueño de vivir en nuestro país y contar con la compañía de mi familia será una realidad).  Hemos aprendido sobre desarrollo cerebral, un tema apasionante ahora para mí; aunque he amado la alimentación y hábitos saludables ella nos ha enseñado caminos aún mayores y más especializados que nos han llenado de bienestar.  Me animé a estudiar para ser Health Coach y ya estoy certificada; mi hija mayor es ahora más sensible y empática, y sé que la está ayudando a ser un ser humano aún mejor.   

Todos ganamos con la vida de Manu, así que, si ves a una mamá que está esperando un niño con esta condición, cuéntale que es bendecida, que es un regalo del cielo con un empaque inesperado, pero no menos maravilloso; si ves a un niño o adulto con Síndrome de Down no lo mires con compasión. Míralo con admiración, está transitando en esta vida para transformar corazones y llenarnos de su amor.


Claudia Ramírez, Venezuela.


Saturday, October 27, 2018

¡No terminaron con un embarazo, asesinaron a mi hermana!



           ¿Quién ha dicho que una conversación no puede cambiar tu vida? Cuando tenía 16 años tuve una conversación con mi madre que me cambió para siempre.

            Mi madre y mi padre nunca se casaron, se separaron cuando yo tenía 9 meses y nunca conocí a mi padre hasta que tuve 28 años. Mi madre era totalmente discreta respecto a su relación con mi padre. Nunca supe nada de su relación hasta esa tarde cuando tenía 16 años en que mi madre decidió darme detalles de su noviazgo con mi padre.

Oliver con su familia

            Durante la plática mi madre estaba muy triste y me dijo que conoció a mi padre cuando ella tenía 19 años y mi padre tenía 21 años. Él estudiaba en la universidad y mi madre vivía con mi abuela. Durante su noviazgo, mi madre me dijo que resultó embarazada, supuse que se refería a mí. Entre llantos me dijo que no se refería a mí; mis padres habían engendrado otro hijo antes que yo. Para ser más especifica mi madre me dijo que era una niña, que yo tenía una hermana mayor. La pregunta natural fue que pasó con ella y mi madre me confesó que ella y mi padre no se sentían preparados para tener una hija. Mi padre, aunque lo amo, cobardemente consiguió dinero y le sugirió a mi madre que se hiciera un aborto. Mi madre por temor o por amor, fue a una clínica clandestina a practicarse un aborto. Cuando mi madre abortó, no salió un producto de ella, salió una beba. Hay grupos en la actualidad que no quieren llamarlos bebés o fetos, los llaman productos; ¡Que mentira más grande!, mi madre vio los brazos, piernas y cuerpo de mi hermana mientras era mutilada para “terminar” con el embarazo. No era un producto, era una vida, era mi hermana. No terminaron con un embarazo, asesinaron a mi hermana. El aborto no es una solución es la salida más primitiva y horrenda que se pueda hacer. Asesinar a alguien nunca solucionará tus problemas. El día que mi madre abortó me privaron de mi hermana, de mi familia, de mis futuros sobrinos o sobrinas. Me privaron de amar y de ser amado por una hermana.

            En la actualidad las personas que favorecen el aborto dicen que quieren emancipar a las mujeres, que quieren liberarlas, ¡qué absurdo! Mi madre después de 40 años aún se lamenta y llora por haber abortado a mi hermana. Aun ahora mi madre me pide perdón y llora cuando habla de la niña que fue asesinada antes de nacer. Nunca he visto a una mujer que haya abortado promover el aborto. Les aseguro que mi madre no apoya el aborto, todo lo contrario, aun siente la culpabilidad y la miseria de haber abortado. Mi madre está encerrada en una culpabilidad que le persigue hasta el día de hoy, aún no se puede perdonar a ella misma la cobarde decisión que tomo de terminar una vida. Cuando veo a mi madre no veo a una mujer liberada. Todo lo contrario, veo una mujer esclavizada por la tristeza de haber matado a su propia hija. 

            Mi madre aún no había terminado con su relato. Me dijo que a los 20 años quedo otra vez embarazada de mi padre. Ambos pensaron que si abortar había funcionado antes seguramente funcionaría otra vez. Una vez más mi padre consiguió el dinero y mi madre fue a la misma clínica clandestina para abortar. Mientras estaba sentada en la clínica se tocó su estómago y recordó el vil asesinato de mi hermana. No pudo más, se puso a llorar, sintió una culpabilidad aplastante y entre lágrimas le habló al bebé en su vientre. Se armó de valor y se fue de la clínica con un bebé en su vientre. Le dijo a mi padre que no abortaría, que prefería dar vida antes que quitarla otra vez. Ese bebé al que le habló en su vientre mientras estaba en la clínica era yo. Me prometió cuidarme, amarme y ha cumplido.

            Mi nombre es Oliver Campos y no soy un producto. Tengo 36 años, vivo en Arizona, Estados Unidos. Estoy casado con una mujer maravillosa, tengo dos hijos que son el regalo más grande que Dios me ha dado. Yo no soy un producto, soy un ser humano. Sirvo en una iglesia como pastor desde hace 10 años. He trabajado para la oficina del alguacil y como policía en el estado de Arizona. He ayudado a personas en sus momentos más difíciles, incluso he salvado vidas. Yo no era un producto cuando estaba en el vientre de mi madre, no soy un producto ahora, soy una persona. Si mi madre me hubiera abortado se hubiera perdido toda una generación.

Una conversación con mi madre me cambió la vida, espero que esta conversación cambie tu manera de pensar sobre el aborto o confirme tu decisión de apoyar la vida. ¿Sabes?, en mi familia hay un espacio vacío, es el de mi hermana, nunca la conocí, pero la extraño tanto. A veces me pregunto cómo sería mi vida si la hubieran dejado vivir.

Piensa por un momento, si mi madre no hubiera salido de esa clínica, yo no existiría y esta plática nunca la hubiéramos tenido. Que no te mientan no somos productos, somos vidas. Por favor, elige proteger las dos vidas.

Biografía: Oliver está felizmente casado en Arizon y es padre de dos niños. Es pastor en una Iglesia protestante.



Sunday, October 14, 2018

Que un diagnostico médico no te lleve a quitar una vida




Familia Campos, Guatemala

Cuando se descubre una enfermada grave en un ser querido nuestra reacción natural es luchar para salvar la vida de esa persona, pero en el caso de los bebés no nacidos nuestra sociedad se ha deshumanizado a tal punto que la solución ante problemas de salud durante la gestación es un aborto.



Hace 12 años mi esposo y yo nos casamos y una de nuestras primeras decisiones como esposos fue dedicar nuestros primeros 5 años de matrimonio al servicio de Dios, sin tener hijos.  Cinco años después, le dijimos a Dios que deseábamos tener a nuestro primer bebé y quedé embarazada justo después de orar a Dios por nuestro primogénito.

 El médico me confirmó que estaba embarazada un viernes y el sábado tuve dolores en el vientre y hemorragia, fuimos a la emergencia del hospital en donde me evaluaron y me hicieron un ultrasonido. No me permitieron ver la pantalla cuando realizaron el ultrasonido pero mi esposo si podía verla y en la imagen él vio algo pequeño en forma de semilla de frijol y dijo: ¡Ése es mi bebé!”. Y le contestaron: “No puedo decirle nada”.

Luego de las evaluaciones en el hospital me dijeron: “El producto viene defectuoso, te recomendamos que abortes y para el dolor estamos listos para darte morfina, no estamos seguros de que haya vida, toma esta pastilla para abortar”. Mi esposo y yo nos negamos a hacerlo y sin tomar ningún medicamento, decidimos irnos del hospital. Al salir de allí hablé con mi hermano en Guatemala ya que él es médico y él me pidió  que le enviara todos los resultados de las pruebas que me hicieron y, luego de verlos, me dijo: “El bebé es muy pequeño aún, esperemos dos semanas, acuéstate y no te levantes por dos semanas, luego ve a un ginecólogo. 

A las dos semanas fui con un ginecólogo quien me confirmó que estaba embarazada y por primera vez pudimos escuchar el corazón de nuestro bebé latir muy fuerte.

A los 5 meses de embarazo el ginecólogo solicitó varias evaluaciones y dos semanas después me dijeron:” Todos los exámenes muestran que el feto viene mal, su espalda no ha cerrado, tiene varias señales de traer Síndrome de Down y tú tienes más de 30 años entonces hay más riesgo, por otro lado, es un varón. Y como mi esposo estaba conmigo dijeron nuestra recomendación es que aborten”.

Yo estaba tratando de asimilar todo lo que me decían. Dije, puede ser que yo no esté entendiendo el inglés”. No dije nada, sólo escuchaba, pero mi esposo de inmediato dijo:”NO VAMOS A ABORTAR. Los médicos le contestaron:”Si quieren estar seguros podemos hacer una amniocentesis con el riesgo de que el feto muera en el examen y mi esposo dijo: ¿Qué logramos con ese examen?”. Contestaron: “Confirmaremos que el niño viene con Síndrome de Down y otros problemas”. Y mi esposo de inmediato contesto NO NECESITO CONFIRMAR NADA, PORQUE NO VAMOS A ABORTAR. Y después de eso nuestro ginecólogo dijo:”Si tendrán al bebe no importando su condición,
de ahora en adelante nos enfocaremos sólo en el embarazo.

Desde antes de engendrar a nuestro primogénito habíamos decidido ponerle “David” si teníamos un varón, pero al saber que nuestro hijo podría nacer con tantas situaciones y Síndrome de Down mi esposo decidió llamarlo como él, “Oliver”, para que nuestro hijo y todo el mundo supiera que estaba muy orgulloso de él, y decidió ponerle como segundo nombre “Benjamín” para que el bebé supiera que era nuestra alegría no importando su condición.

 Después de 9 meses de oración, de depender por completo de Dios y de muchas pruebas, el 2 de octubre del 2012 de forma natural ¡Nació nuestro primogénito, Oliver Benjamín, completamente sano. Y aunque ya pasaron 5 años, al compartirlo, corren mis lágrimas como si fuera ayer. ¡Dios es maravilloso! Y hasta el día de su concepción, supimos que Dios nos había dado ¡Un hijo sano! Hoy en día nuestro Oliver tiene 5 años, es un pequeño adorador que ama a Dios con todo su corazón y además quiere ser científico.

No permitas que lo inesperado y abrumador de un diagnóstico médico te haga tomar una decisión a la ligera; siéntate, respira, ora, pide consejo, evalúa y toma la decisión de dar vida y no de quitar una vida. Porque Dios no te da una prueba más grande que tus fuerzas y tus propias posibilidades. Mi esposo y yo sin un buen seguro médico y muchas otras situaciones estábamos listos para recibir a nuestro hijo, porque teníamos la seguridad de que si Dios le daba vida a él y a nosotros era porque esa era nuestra misión y podríamos hacerlo juntos.

NO abortes, decide DAR VIDA.

BIOGRAFÍA: El matrimonio Campos quiso compartir con nosotros este testimonio de vida para que lo publiquemos y pueda ayudar a muchas personas que se encuentren en una situación parecida.

Monday, October 8, 2018

El hombre que propinó una patada a una muchacha activista pro vida era amigo mío antes de que fuera violada y naciera mi hija.


por Shalyn McGuin 
Soy madre de dos hijos. La hermosa niña que me hizo mamá tiene casi 6 años. Ella fue concebida en una violación. Tan pronto como vi la prueba de embarazo positiva, pensé que el aborto era la respuesta y solución. El aborto es "siempre la respuesta" cuando una mujer es violada, ¿no es así? De hecho, trabajaba de niñera y mi empleadora me dijo que tendría que abortar si quería mantener mi trabajo porque ella no quería que sus hijos me vieran "así".

Fui al centro de ayuda para el embarazo aquí en Ontario y le pregunté a la mujer que estaba atendiendo si debía abortar o no. Ella me dijo que, aunque no podía decirme qué hacer, me ofrecía su apoyo fuera como fuera. Si me quedaba con el bebé, me ayudarían con los muebles, las clases prenatales, el asesoramiento y ella me aseguró que sería capaz de criar a mi bebé.
Así que me quedé con el bebé, y ahí fue cuando me di cuenta: las mujeres no abortan porque no pueden cuidar al bebé. Abortan porque tienen miedo de llevar al bebé y nadie les dice lo contrario.
La de la foto soy yo con un viejo amigo, Jordan Hunt. Siempre fue peculiar. Caminaba descalzo por todas partes, trepaba estatuas, postes y árboles. Tenía una risa fuerte y contagiosa y siempre era un hombro para apoyarse.
Eventualmente, nos separamos, como hacen muchas amistades jóvenes. Hace unos días vi su rostro en mi Facebook: La protesta pro-vida se vuelve violenta. Vi con horror el vídeo en el que él golpea a una muchacha pro vida. Antes de que empezara la violencia, mi corazón se rompió cuando Jordan Hunt insinuó que los bebés como mi hija deberían ser abortados. Como si fuera la elección obvia: burlarse con los pulgares hacia arriba y hacia abajo, ¿una víctima de violación "debería quedarse con el bebé?"
Luego, pateó a una joven activista pro-vida llamada Marie-Claire Bissonnette. Pude escuchar a Jordan gritando: "Sólo quise darle una patada a su teléfono", y creo sinceramente que él sólo tenía la intención de tirar el teléfono de su mano, pero incluso eso fue un acto de violencia tan innecesario y el odio que tenía era fácil de detectar. Y todo porque Marie-Claire sugirió que no estaba bien matar a un bebé concebido en una violación. Todo porque ella sugirió que no estaba bien matar a MI bebé.

Desde que vi este vídeo he llorado mucho. El Jordan que conocí murió cuando vi ese vídeo. Pero me duele más cuando me doy cuenta de que todavía está aquí, pero le importa tan poco la vida de mi hijo que podría golpear a una mujer por proponer algo distinto que abortar a niños como el mío.
Este incidente ha dañado a muchas personas, incluido a él. Ruego para que ésta sea una lección, ruego que esto le abra los ojos, le pido que abra su corazón y oro para que el Jordán que conocí regrese algún día. También rezo por su víctima mientras se recupera del trauma de este incidente. Y rezo por mi hija. Rezo para que algún día la gente vea su valor.
Tal vez si Jordan y yo nos hubiéramos mantenido en contacto, él habría visto cómo las personas a favor de la vida me dieron esperanzas y cuidaron de mí y de mi bebé. Habría visto cómo las personas a favor de la elección sólo me daban una opción: el aborto. Habría visto la realidad de quién es mi hija y tendría que pensar de modo muy diferente acerca de este tema. Ella no es el "bebé de un violador". Ella es MI bebé. Ella es el bebé de una víctima de violación, y es digna de la vida. Los niños como ella no deben ser castigados por los crímenes de sus padres. Gracias Marie-Claire por defendernos.
Mi hija es verdaderamente el arco iris después de la tormenta.

BIO: Shalyn McGuin está casada y es madre de dos hijos.  Es bloguera pro-vida de Save The 1  y reside en Ontario, Canadá. Ella espera cambiar la mentalidad que existe sobre  los bebés concebidos a través de la violación y sus madres.


Sunday, September 30, 2018

Quedé embarazada tras una violación y rechacé el aborto porque sabía que Dios tenía un plan para mi bebé.



 Por Pat

Corría el verano de 1957. Tenía 17 años y cursaba  mi último año de estudios. Estaba en un salón de baile con un grupo de amigos. Mis padres me habían puesto hora para volver, así que necesitaba llegar a casa, pero mis amigos que  tenían coche querían quedarse. Un joven que era unos años mayor que yo y cuyo hermano vivía al otro lado de la calle se ofreció  a llevarme a casa. Realmente, no lo conocía, pero su familia era muy amable y parecía una oferta amable.


Pasó por delante de la casa en la que yo vivía y se lo dije de inmediato, pero él insistió en que tenía otra manera de llegar allí. Fue a una calle trasera donde no había nadie, ni casas ni nada. Sabía que algo andaba mal, aunque él dijo que sólo quería hablar conmigo. Le supliqué que me llevara a casa, pero él me violentó. Luché contra él pero me violó.


Regresé a casa, me lavé, pero no le conté a nadie lo que había sucedido. Nunca antes había experimentado algo así. Estaba asustada y no podía entender por qué alguien querría lastimarme así. Tenía un hermano mayor, siempre me había sentida protegida. Como su hermano vivía al otro lado de la calle, frecuentaba la zona e intentó venir a mi casa para disculparse, pero le cerré la puerta. Afortunadamente, nos estábamos mudando y no tendría que verlo mucho tiempo más.

Al final del verano, tuve un accidente automovilístico. Terminé en el consultorio de un médico quejándome de que me dolía el estómago. Me  examinaron y me preguntaron si había alguna posibilidad de que estuviera embarazada y sólo dije que no lo sabía porque no tenía idea de estas cosas. Cuando me dieron  los resultados de que estaba embarazada, quedé en estado de shock.

En este punto, le conté a mi madre la violación. Mi madre se ofreció a criar al bebé, pero yo dije: "No, éste es mi hijo". El médico me preguntó si quería un aborto y le dije: "¡Absolutamente no! El bebé está en mi útero, Dios tiene una razón y es mi bebé también". Sabía  qué era el aborto, y sabía que el aborto mata a un bebé. Estoy agradecida por la educación católica que me enseñó  el valor de la vida.

La escuela estaba comenzando, pero no pude asistir a mi último año porque estaba embarazada y eso no estaba permitido. Después de tener a mi bebé, las reglas cambiaron. Aún así, el aborto nunca habría sido una opción.

Durante mi embarazo, conocí a mi futuro esposo y le dije que esperaba un hijo concebido en una violación. Fue muy amable, gentil y compasivo. Niel me dijo que quería salir conmigo. Antes de que mi bebé naciera, él me propuso matrimonio. Se lo dije a mi madre, pero me aconsejó que esperara hasta después de que naciera el bebé para asegurarse de que Niel realmente quería al bebé. Niel le dio a mi hijo su nombre, Peter, y me casé con él después de que nació Peter y él lo crió como a su propio hijo. Cuando nació mi hijo, pesaba 8 lbs, 7 onzas, un bebé grande. Desde el primer momento en que vi a Peter, lo amé. Él era hermoso. Nunca vi al violador en él. Él era mi bebé.


Creo que Dios trajo a mi esposo a mi vida cuando necesitaba un padre para mi bebé. Yo había orado y le pedí a Dios que trajera uno, y él lo hizo. Tuvimos seis hijos más, pero dos murieron durante el embarazo. Sé lo que es estar tumbada en una camilla en un hospital perdiendo un bebé.

No fue sino hasta que mi hijo tenía 40 años cuando le conté la difícil historia de su concepción. Había un miembro de la familia que había insinuado que se lo iban a contar, así que me aseguré de que lo supiera por mí. Le dije: "Te amo con todo mi corazón y toda mi alma, pero te he ocultado algo y tengo que decírtelo". Después de contarle la historia, me dijo: "Me amabas tanto que no me hubieras podido abortar", y luego me abrazó.
Hoy tengo una agencia cristiana desde hace 12 años llamada a Helping Hands Caring Heart. La monté para  ayudar a mujeres que están teniendo hijos en soledad o situaciones difíciles. Muchas de ellas han sido violadas. Las ayudo para que no estén sin hogar y no aborten a sus bebés. Les doy ropa y pañales y les consigo trabajos. Las ayudo a encontrar apartamentos. Es una organización sin fines de lucro y está ubicada en Nueva York.

Utilizo mi testimonio para ayudar a otros a darse cuenta de que no están solos y para que sepan agradecerle a Dios que tiene un plan para ellas y sus hijos.

BIO: El esposo de Pat murió cuando lo atropelló un camión mientras iba por la calle hace unos años y Pat es viuda desde entonces. Pat es madre de 5 hijos, abuela y madre adoptiva, además de directora de Helping Hands Caring Heart y, ahora, bloguera de Salvar El 1.

Saturday, September 22, 2018

Ella es la luz brillante que se encendió en la situación más horrible



Por Malia

Fue en el comienzo de mi penúltimo año de estudios. Yo era una adolescente normal de 16 años. Durante el verano, mis padres renovaron sus votos matrimoniales, lo que fue como una segunda boda para ellos. Disfruté yendo al lago donde vivía mi tío. Salí con mis amigos, disfruté de mi familia unida y estaba deseando comenzar otro año escolar. Las citas no me interesaban porque estaba muy concentrada en mis amigos, familia y estudios. Todo eso cambió cuando fui atacada y violada por un delincuente sexual convicto.


En octubre de 2016, estaba pasando la noche en una casa que estaba  detrás de la mía. Conocíamos a esta familia desde hacía 8 años. Mi amigo era un año mayor que yo. Su hermana mayor, Paige, de 25 años, se ofreció a llevarnos a dar un paseo y a reunirnos con  unos familiares. Tan pronto como llegamos a la casa de su familia, había un par de hombres mayores allí, y yo estaba muy incómoda, rogándole tres veces que nos llevara a casa.

Prefiero no entrar en detalles de esa noche horrible, pero resultó que uno de estos hombres de 32 años, Shane R. Rodgers, me violó. Después de eso, nunca fui la misma. Mis padres sabían que algo iba mal. No quería ir a la escuela. No quería salir de la cama ni ir a ningún lado. No podía dormir sin mi luz encendida y nunca quise estar sola. Sufrí miedo y vergüenza, pero no conté nada.

Sabía que el embarazo era una posibilidad, pero me sentí aliviada cuando seguí teniendo mi ciclo regular. Sin embargo, unos seis meses después de la violación, comencé a sentir un movimiento distinto en mi abdomen. Entonces, un amigo y yo fuimos a la tienda y compramos una prueba de embarazo que resultó positiva. Yo era virgen cuando fui violada y nunca tuve relaciones desde entonces, pero supe de inmediato lo que esto significaba. Fui a visitar a  la vecina de 25 años que me había llevado a la casa esa noche y le dije que estaba embarazada. Paige me llevó a una clínica que confirmó mi embarazo.

Esa noche, se lo dije a mi mamá, pero Paige me había convencido de que contara que me había violado un extraño, porque ella también tenía miedo de meterse en problemas. Yo era ingenua y no sabía que ella me había preparado la encerrona todo el tiempo para entregarme a su primo (con quien estaba teniendo relaciones sexuales) que era un abusador de menores condenado que ya había ido a la prisión por intentar violar a una niña de 11 años. Pensé que estaba tratando de protegerme, mientras que yo era sólo un simple peón en su juego enfermo y retorcido.

Mi madre se sorprendió, pero me mostró amor y apoyo. Se lo dijimos a mi papá cuando llegó a casa del trabajo a la mañana siguiente y me derrumbé y terminé explicándole toda la verdad. Mi padre estaba, por supuesto, furioso, y llamamos a la policía. El violador fue arrestado esa misma noche, y me alegra decir que ha estado en la cárcel desde entonces.

De hecho, acaba de ser sentenciado por la juez Margaret Noe en el condado de Lenawee con un acuerdo de culpabilidad por conducta sexual criminal de tercer grado, y cumplirá los 6 años restantes de su sentencia anterior, más otros 5 ó 10 años por violarme. Nunca pensé que compartiría mi difícil historia públicamente pero, después de ver los comentarios durante la cobertura informativa de su sentencia, siento que necesito hablar y no permanecer en silencio por más tiempo. Este hombre admitió en la Corte lo que él me hizo: Admitió que no fue una relación sexual consensual y que mi vecina me atrajo a la casa. Pasé por un infierno y nadie más que yo lo entenderá. Cuando me di cuenta de que la gente estaba defendiendo a un hombre que podía hacer algo tan horrible y continuar sin ningún problema, me dolió tanto que decidí contar mi historia.

Ninguna niña merece ser violada. Nunca es su culpa. Claramente, este hombre ha sido un depredador sexual durante mucho tiempo y ahora sé que Paige no sólo me engatusó a mí sino  también a muchas otras chicas.

En cuanto a mi hija, ella es todo para mí y ella es la que me está ayudando a superar el trauma de la violación. He estado estudiando en casa para sacar mi último año. No voy a ir a mi fiesta de graduación. No me graduaré con todos mis compañeros. Nos mudamos porque mis vecinos me atormentaron después de ir a la policía. Toda mi vida ha cambiado, sin embargo, mi hija no tiene la culpa, como la juez Noe señaló en la Corte en su sentencia cuando dijo: "El niño no tiene nada que ver con el  delito del violador". Ella mostró mucha compasión por mí y mi hija y me conmovió mucho todo lo que  dijo.
  
Mi niña es mi heroína. Si no hubiera sido por ella, este abusador de niños todavía estaría libre violando a otras chicas. Y haré cualquier cosa para proteger a mi hija. No estaría aquí hoy si no fuera por ella. Y no obtendría justicia sin ella.

El otoño pasado me horroricé cuando vi que un juez en el condado de Sanilac, Michigan, dio la custodia legal conjunta y visitas acordadas a otro abusador de niños condenado dos veces y temí que un juez hiciera lo mismo una vez que mi violador salga de prisión. Su familia ya estaba tratando de enviarme solicitudes de amistad en las Redes sociales y necesitaba estar segura de que mi hija estaría siempre a salvo de todos ellos.

Entonces, mi madre se puso en contacto con el abogado que había representado a la madre en el condado de Sanilac y finalmente la protegió a ella y a su hijo del violador. La abogada Rebecca Kiessling, concebida en una violación, aceptó llevar mi caso gratis también, y me explicó la ley aprobada en el verano de 2016 que tenía como objetivo proteger a las mujeres como yo que quedamos embarazadas por violación.

Afortunadamente, en su sentencia en el condado de Lenawee, Shane Rodgers firmó los dos documentos judiciales clave que necesitábamos que firmase: El juicio de paternidad y la orden de revocación de la paternidad (como exige la Ley de Custodia de Menores por Violación de Michigan). Descubrió que la Juez Theresa Brennan en el Condado de Livingston no sólo firmará la orden de consentimiento, sino que también solicitará a mi abogado que presente una moción al respecto. Estoy muy asustada. Pensé que sería simple si  aceptaba la terminación de sus derechos parentales. Sólo quiero que termine todo esto, así podré tener la tranquilidad de que, pase lo que pase en el futuro, ya sea que salga de prisión, con respecto a su familia, o si algo me sucediera, mi hija estará segura y protegida por los tribunales.

Algunas personas piensan que tomé la decisión equivocada al quedarme con mi hija. Algunos incluso intentaron convencerme de que la diera en adopción. Fue una decisión difícil para una adolescente, pero mi hija ha sido la luz brillante que salió de la situación más horrible.

Nada puede compararse con la primera vez que sostuve a mi hija en mis brazos. Sabía que ella era inocente en todo esto. Nunca olvidaré que ella me ayudó a hacer justicia para las dos.

Todavía estoy sanando del agravio que sufrí y aún tengo problemas para enfrentarme a lo que me sucedió y sé que me acompañará  el resto de mi vida, así como también la de mi hija. No quiero que nadie pase lo que yo pasé y quiero alentar a cualquiera que le pase: Sí, puede ser difícil, pero no dude en pedir ayuda o hablar. No te avergüences de lo que te pasó.

Realmente, estoy agradecida a los legisladores de Michigan que aprobaron esa ley para que el violador no tenga ningún contacto con mi hija.



BIO: "Malia" es una estudiante de 17 años que está a punto de graduarse y es madre de una niña, concebida en una violación. Ahora es bloguera pro vida para Save The 1 y quiere ayudar a otros sobrevivientes de violación.