Monday, November 20, 2017

El Perú Provida es Moralmente Superior, por Rebecca Kiessling

Es un gran honor que me hayan invitado a hablar en Perú en el Primer Congreso Internacional DEFIENDE LA VIDA PERU. Soy abogada, esposa, madre de cinco hijos, conferencista pro vida internacional, escritora y Presidenta de Save the 1 (Salvar El 1), una organización pro vida internacional con una red de más de 525 personas que fueron concebidas en una violación (como yo) y madres que quedaron embarazadas como consecuencia de una violación y que, o bien han criado a sus propios hijos concebidos en violencia, son madres biológicas que los entregaron en adopción o abortaron en su momento y ahora lamentan haberlo hecho. Además, tenemos cientos de padres en nuestra red a los que se les recomendó abortar debido a diagnósticos pre-natales incompatibles con la vida, u otros también cuyos padres fueron aconsejados con la opción del aborto. Valoramos nuestras vidas y las vidas de nuestros hijos. Y por eso animamos a la gente del Perú a continuar protegiendo la vida humana, ¡SIN EXCEPCIÓN!

Estoy segura que habrán oído a los que promueven el aborto decir que es una atrocidad forzar a la víctima de una violación a llevar en su seno “al hijo de un violador”. En primer lugar, no soy la hija de un violador, soy la hija de una víctima de una violación. A mi madre y a mí nos parece muy desagradable cuando se me describe de otro modo. ¡El violador no tiene ningún derecho sobre mí! Digan a todos aquellos que piensen tales cosas que no me insulten, ni tampoco a mi madre con este tipo de palabras.

En segundo lugar, es simplemente una monstruosidad castigar a un bebé inocente por el crimen de otra persona. La justicia determina que, en una sociedad civilizada, hemos de castigar a los violadores, no a los bebés. ¡Aquellos que quieren matar a niños inocentes son unos bárbaros!

Yo no merecía la pena de muerte por el crimen de mi padre biológico. Mi propia madre biológica intentó matarme en dos abortos ilegales, y ella era pro aborto cuando nos conocimos hace unos 29 años, pero hoy, ambas agradecemos que la ley nos protegiera del horror que supone el aborto, así como en la actualidad las mujeres y los niños de Perú cuentan también con esta protección. Mi madre relata que, en aquel momento, el aborto era la única opción que le ofrecían. No había centros de ayuda familiar para mujeres embarazadas y nadie le daba ninguna esperanza.


En Perú tienen legisladores que han puesto su punto de mira en niños como yo. A ellos les pido que rectifiquen y que no nos utilicen como anzuelo. Yo no quiero ser parte de ese juego en el que debo ser cazada y abatida. Soy una persona y merezco todo el respeto y el derecho a vivir tanto como ellos. Este estigma con el que se pretende marcarnos es deshumanizador y carente de toda moral, no sólo para aquellos concebidos no nacidos, sino también para aquellos que ya lo hicieron y son consecuencia de una violación. El dolor que provoca su odio es enorme y duradero.

Legalizar el aborto en caso de violación y otras excepciones es dejar claro a personas como yo que nuestras vidas son menos valiosas que cualquier otra por la manera en que fuimos concebidas. Imaginen que una nación prohibiera el aborto, pero lo permitiera en casos de bebés concebidos en hogares judíos, de familias católicas o de madres latinas, por poner ejemplos.

Un mensaje así daría a entender que estas personas tienen menor dignidad y no merecen la misma protección que las demás. Sin duda, habría un clamor internacional si la legalización de un perjuicio tal llegara incluso a proponerse, porque todo el mundo se daría cuenta de su enorme carga discriminatoria. Y, sin embargo, sucede lo mismo con mi asociación, donde sufrimos por la maldad y el desprecio constante hacia nuestras vidas. Las madres que han sobrevivido a una violación se lamentan al ver como sus hijos son sistemáticamente marcados y denigrados. Sufren incluso más porque, en ocasiones, se las acusa de no decir la verdad puesto que, si hubieran sido violadas, se da por supuesto que habrían abortado y también porque son mujeres que aman a sus hijos.

Nos reconforta la preocupación por las víctimas de una violación pero estas mujeres tienen mayor probabilidad de morir en el año siguiente a la agresión si han abortado que aquellas que optaron por dar a luz a sus hijos. El Dr. David Reardon, en su libro ‘Víctimas y Victoriosas: Sobre los embarazos, abortos e hijos nacidos de una agresión sexual’, cita los estudios que se han realizado sobre este punto. Después de un aborto, las víctimas de una violación tienen un índice más elevado de suicidio, drogadicción, etc. Los violadores, los pederastas y proxenetas promueven el aborto, porque destruye la evidencia de su crimen y les da vía libre para continuar sus fechorías y abusos. Incluso, en ocasiones la propia madre de una muchacha la ha explotado sexualmente o la ha abandonado a su suerte.

El bebé es siempre el héroe de la historia, por dejar la violación al descubierto, liberando a la madre de una situación abusiva, protegiéndola y sanándola. Así que, si se preocupan de las víctimas, deben proteger a las mujeres de su violador y del aborto, pero no del bebé. El niño no es el enemigo que deba asustarlas. Es absurdo sugerir que una mujer debe sentir miedo de un inocente bebé.

En relación al diagnóstico pre-natal que determina “incompatibilidad con la vida”, es imposible aplicárselo al bebé concebido cuando, en realidad, ya es un ser humano vivo. Mientras haya un latido del corazón, hay vida y hay esperanza. Los médicos que aconsejan el aborto en estos casos son los que realmente tienen un corazón enfermo y demuestran su falta de humanidad cuando se niegan a tratar a esos bebés cuyos padres no quieren abortar. Una mentalidad eugenésica se impone cuando se permite el aborto por cualquier razón.

Veo el lenguaje que usa el lobby abortista internacional y cómo intenta menospreciar a las naciones pro vida como Perú, tachándolas de anticuadas o “tercermundistas”, como si la eliminación de los más vulnerables fuera algo “progresista”. La verdad es que Perú es una nación moralmente superior porque han establecido los rasgos más importantes que una cultura debe tener, una cultura donde la gente es amada, respetada, protegida y aceptada. El sacrificio de un niño, eso sí es anticuado. Peruanos, por favor, no empiecen a favorecer una cultura de discriminación y de muerte.

Hace unos pocos años, empezamos SalvarEl 1, la sección española de Save the 1, porque nos dimos cuenta de que América Latina estaba en el punto de mira de los partidarios del aborto. De hecho, están usando el supuesto de la violación para intentar legalizar el aborto a la carta por cualquier razón durante los nueve meses de embarazo, a expensas del contribuyente, tal y como sucedió en los Estados Unidos. Sabemos lo importante que son nuestros testimonios porque son historias de vida que impactan emocionalmente más que cualquier argumento que pueda aportarse.

En los Estados Unidos la decisión de la Corte Suprema en el caso Roe vs Wade supuso un hito importante en la historia del aborto en mi país porque lo hizo legal en todo el territorio nacional. Norma McCorvey –su nombre real era Jane Roe- era una mujer embarazada cuyo abogado le aconsejó mentir sobre el hecho de haber sido violada por una banda. Años más tarde, ella misma buscó revocar el signo de su causa judicial, sintiendo sobre su conciencia el peso de los millones de almas que cada año eran abortadas por culpa de aquella sentencia de muerte. Alrededor de 60 millones de niños y niñas han sido asesinados sobre la mentira de una violación que nunca existió. Los defensores del aborto lo saben y por eso explotan el supuesto de la violación para abrir la puerta que ha de permitir el exterminio de cualquier ser humano concebido y todavía no nacido.

En cualquier lugar donde hablo, hago mención a ustedes los peruanos, y su VALIENTE Y FIRME defensa de la vida; de cómo luchan día a día a favor de la vida, como si su propia vida dependiera de ello; como hace un año y medio, el pueblo de Perú dijo NO a los muchos intentos por legalizar el aborto en casos de violación, y como un mes después, más de 500.000 personas participaron en la Marcha por la Vida en Lima. En Estados Unidos tuvieron que pasar 40 años desde la legalización del aborto para poder congregar a tanta multitud en una marcha por la vida.

Todas las personas con las que hablo se muestran impresionadas de cómo en Perú han conseguido reunir a tanta gente y también por el hecho de luchar por la vida de la persona concebida en una violación. ¿Saben ustedes cuánta gente asistió a la Marcha de la Vida en Estados Unidos cuando se empezó a legalizar el aborto por violación en los estados sureños a finales de los años 60? ¡Ninguna! No hubo ninguna marcha porque apena hubo alguien que se preocupara por esos niños. No fue hasta que el aborto se legalizó bajo cualquier circunstancia que se empezó a organizar concentraciones por la defensa de la vida. Eso no ha sucedido en Perú. ¡La gente de este pueblo son más sabias y cuidadosas! ¡LOS FELICITO!

Cuando me pidieron hablar en Perú en el Primer Congreso Internacional DEFIENDE LA VIDA PERU, lo primero que pensé fue que tendría la oportunidad de conocer a esas  personas que son héroes para mí  y que constituyen una fuente muy valiosa de información y coraje. Perú demuestra al mundo entero cuán valiosa es toda vida humana. Son modelos y ejemplos pro vida para todos.

Recientemente, los promotores del aborto han intentado introducir un nuevo proyecto de ley en Perú para legalizarlo en caso de violación. Los partidarios de la muerte y la destrucción no van a cesar en su empeño. Por eso, les pido de corazón a la buena gente de Perú a que no se rindan. Por favor, no dejen que vuestra nación se convierta en un campo de exterminio como Estados Unidos, como Canadá y como tantos otros países de Europa y Asia. No derramen la sangre de niños inocentes peruanos en esta tierra de vida. Continúen protegiendo la vida desde el inicio de su concepción, de cada una de ellas, ¡sin excepción!


BIOGRAFÍA: Rebecca Kiessling es la fundadora y presidenta de Save The 1 (Salvar el 1). Es esposa, madre, abogado, conferenciante internacional, escritora y activista. Ha hablado en los Parlamentos de diversos países, incluyendo Brasil, Chile, Irlanda, Irlanda del Norte, Polonia, Malta, Canadá y en el Congreso de los Estados Unidos; también en muchos de los parlamentos de los Estados americanos. Ha colaborado en la creación e introducción de proyectos de ley para proteger a las víctimas de violación y a sus hijos. Como abogado, ha litigado en numerosos casos concernientes a mujeres víctimas de violación y a sus hijos. Es también co-fundadora de Defensa del Embrión.


Sunday, November 19, 2017

El aborto es un acto cruel e inhumano

María Fátima Oliva

Reafirmamos el Derecho a la Vida desde la Concepción y lo Defendemos. 


El artículo 15 de la Constitución Política del Estado Boliviano dice que: "Toda persona tiene derecho a la Vida y a la integridad física, psicológica y sexual. Nadie puede ser torturado, ni sufrirá tratos crueles, inhumanos, degradantes o humillantes". No existe la pena de muerte.


Vemos en la primera parte que dice que toda persona tiene derecho a la vida. Algo muy importante es entender que en Bolivia se reconoce al hijo concebido como Niño. ¿Por qué decimos esto? En nuestro Código del Niño, Niña y Adolescente, en su artículo 5.A se indica que se considera niñez desde la concepción hasta los doce años. En consecuencia el Niño Boliviano desde el momento que es concebido, es una persona, (niño) sujeto de derechos. En consecuencia tiene derecho a la Vida y ser respetado en su integridad física, psicológica sin tomar en cuenta la situación económica o social de la madre. 

Si analizamos qué es el aborto vemos que es un acto de crueldad, con el hijo concebido; es un acto premeditado. Cuando mediante succión despedazan su frágil e indefenso cuerpo, o cuando se lo quema con salitre u otros químicos, el hijo concebido sufre crueles dolores y torturas en silencio en el vientre de la madre. Estamos violando nuestra Carta Magna y violando el derecho más importante, como es el Respeto a la Vida, al asesinar al hijo en el vientre de la madre. 

¡No existe la pena de muerte en Bolivia! ¿Por qué, entonces, queremos dictar sentencia de pena de muerte al ser más indefenso? ¿Quién está interesado en asesinar al hijo concebido? Nuestra Constitución también dice en el artículo 13 que "Los derechos reconocidos por está Constitución son inviolables, universales, interdependientes, indivisibles y progresivos. El Estado tiene el deber de promoverlos, protegerlos y respetarlos". 

Además los Tratados Internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos en su artículo 4.1 dice  que "Toda persona tiene derecho a que se respete su vida". Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la Concepción. Nadie puede ser privado de la Vida ARBITRARIAMENTE. Ahora nos preguntamos, ¿será que los Padres de la Patria, que legislan para las generaciones venideras, quieren violar muestra Carta Magna y los Tratados Internacionales y legalizar el asesinato del hijo concebido? ¿Están obedeciendo a una agenda de muerte transnacional?

En consecuencia rechazamos enfáticamente la pretensión del proyecto de ley del Código de Sistema Penal Boliviano que en artículo 157.5 dice: "No constituirá infracción penal (aborto) cuando la interrupción voluntaria del embarazo sea solicitada por la mujer y concurran las causas siguientes; 1.- Que se realice durante las 8 primeras semanas de gestación, por única vez y la mujer se encuentre en situación de calle o dé pobreza. Además que declare no contar con recursos económicos suficientes para la manutención propia o de su familia, o tenga a su cargo un familiar adulto mayor o sea estudiante". 


El Derecho a la Vida en Bolivia, pretenden hacerlo selectivo, con ciudadanos desechables, de primera y segunda clase por la condición económica o social. No aceptamos tal aberración jurídica. Todos los Bolivianos tienen derecho a nacer y a tener un Padre y una Madre con una vida digna y que se garantice el ejercicios de sus derechos, conforme a nuestro ordenamiento legal. ¡La muerte no pasará en Bolivia sobre el hijo concebido!

BIO: María Fátima Oliva madre de tres hijos. Abogada y Presidenta de Mujeres en Victoria. Vive en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Saturday, November 18, 2017

¿Qué dicen las víctimas de una violación sobre su embarazo?



Stephanie Gray


Con frecuencia, se oye argumentar:

El aborto es necesario en aquellos casos en los que mujer es víctima de una violación y ha quedado embarazada”.

De todas las justificaciones que he oído sobre el aborto, ésta es, con diferencia, la más frecuente. Recordando una reciente entrada en el blog y la reseña del libro Una pregunta más bonita (A more beautiful question), me gustaría cuestionar esta afirmación con una serie de preguntas. 

¿En qué se fundamenta este apoyo concreto al aborto? ¿Se basa en la afirmación que han hecho víctimas de violación que quedaron embarazadas y han dado luz a sus hijos? ¿O se basa en las declaraciones de víctimas que nunca han quedado embarazadas en una violación o tenido abortos? ¿Es posible quedarse embarazada después de una odiosa agresión sexual y aún así amar al bebé que se ha concebido?

Consideremos las historias de Amanda Berry, Gina DeJesus y Michelle Knight. 

Estas tres mujeres fueron secuestradas (a las edades de 16, 14 y 21 años, respectivamente) y sufrieron violaciones diarias y otras torturas horrorosas a manos de Ariel Castro. Sobrevivieron más de una década recibiendo abusos inhumanos en su casa de Cleveland, Ohio. 


Amanda quedó embarazada tres veces durante su cautiverio. ¿Cuál fue su reacción?

En la primavera de 2006 supo a través de las noticias que su madre había fallecido de un ataque al corazón. 

Poco después, descubrió que estaba embarazada y escribió en su autobiografía: “Pienso que mi madre me envió este bebé. Fue su modo de regalarme un ángel. Alguien que me ayudara a recuperarme y me diera una razón para luchar”.

Ciertamente, en el libro Experiencias de supervivencia en Cleveland, que escribió con su compañera Gina, ellas se refieren así al bebé de Amanda concebida en violación: “Jocelyn Berry fue nuestra inspiración diaria. Hizo que aquel lúgubre lugar pareciera más luminoso y, en muchos sentidos, nos ayudó a superarlo”.

Amanda también escribiría de su hija Jocelyn: “Me preocupaba pensar que si yo tenía aquel bebé me recordaría a mi agresor por el resto de mi vida. Pero no es así. Esta pequeña es mi bebé. Todavía soy muy pequeña, quizás peso unos 50 kilos, menos que cuando llegué aquí, pero mi estómago me parece enorme. Me siento más como un ‘nosotros’ que como un ‘yo’. Cuando me encuentro triste o más deprimida de lo habitual, o cuando él (Castro) se comporta de modo desagradable y mi esperanza se desvanece, entonces me acaricio el vientre y le hablo a mi bebé”.

Después de dar a luz en aquella habitación de tortura escribió también: “Me acurruco en la cama con mi nuevo bebé. Mientras mi captor encadena mi tobillo a la cama, pienso en mi hija, nacida en esta prisión y en quién es su progenitor. Pero procuro centrar mi pensamiento en imágenes más felices; ella parece rebosar de salud y es tan hermosa… Voy a protegerla y ya veremos lo que el futuro nos depara”.

La experiencia de su compañera de calvario, Michelle Knight, fue muy distinta. Castro la embarazó hasta cinco veces y la golpeó cada una de ellas, sucesivamente, hasta matar a los bebés que había concebido. De hecho, Castro fue acusado de asesinato con agravante en cuatro de los supuestos.

La decisión del jurado ante estos cargos nos lleva a unas cuantas preguntas importantes: ¿Está mal matar por quien mata o por quien es asesinado? Si la muerte de esos bebés concebidos en violación supuso un delito para Castro, ¿no lo serán también para cualquier que mate a bebés también concebidos en violación? ¿Se fundamenta el Derecho humano a la vida en ser un ser humano o en las circunstancias según las cuales una persona fue concebida?

En su autobiografía 'Encontrándome: Una década de Oscuridad, una vida recuperada' (Finding me: A Decade of Darkness, a Life Reclaimed), Michelle escribe que cuando su verdugo la atacó con unas pesas porque estaba embarazada, ella gritó: “¡Para! Por favor, ¡No mates a mi bebé!”.

En otra ocasión en que la pateó el estómago para matar a otro bebé que había concebido, ella escribió: “Me levanté y fui al lavabo. Al rato metí la mano en el retrete y saqué a mi bebé muerto. Sollocé… La muerte me habría hecho sentir mejor que ver a mi propio hijo destrozado. Vi al feto en mis manos y le dije cuánto lamentaba aquello. Lo sentía muchísimo. Él no se lo merecía”.

Consideremos también la historia de Jaycce Dugard. La secuestraron Phillip y Nancy Garrido en California cuando sólo tenía 11 años de edad y la tuvieron encerrada durante 18 años. También sufrió violaciones y otro tipo de horrorosas vejaciones. Alumbró a su primer hijo a los 14 años y a un segundo bebé a los 17. Ella escribe de sus dos hijas concebidas en violación en el libro Una vida robada: Mis recuerdos' (A Stolen Life: a memoir): Tuve a mis hijas para que me dieran fortaleza” y “les estoy muy agradecida”. De su primer embarazo diría: “La conexión que siento con este bebé cada vez que se mueve en mi interior es un sentimiento increíble”.


Jaycee también escribió: “¿Cómo logras superar algo tan doloroso como todo aquello que yo viví? Simplemente lo haces. Yo lo logré porque no me quedaba otro remedio. Y lo haría de nuevo. Lo más precioso en el mundo para mí nació de aquel horror… mis hijas”.

Alguien podría argumentar que esas mujeres sufrieron agresiones y alumbraron a sus bebés mientras se encontraban en cautiverio. Ello explicaría que esas nuevas vidas supusieron una luz de esperanza en aquel entorno de sufrimiento y oscuridad que estaban viviendo; sin embargo, para las víctimas de una violación que no sufren ese entorno vejación, un hijo supone un recordatorio doloroso e innecesario.

Lianna Rebolledo

Como respuesta a este planteamiento, podríamos considerar el testimonio de mi amiga Lianna. Fue secuestrada y violada a la edad de 12 años. Después de aquella agresión se dio cuenta de que estaba embarazada. Un médico le ofreció la posibilidad de abortar y ella le preguntó si aquello iba a borrar la violación y disminuiría su dolor y sufrimiento. Cuando el doctor le dijo que el aborto no iba a borrar nada ella pensó: “Si el aborto no va a sanar nada, no veo la razón de hacerlo”. Decidió seguir adelante con el embarazo y dio luz a una hermosa niña a la que está enormemente agradecida. De hecho, Lianna quedó tan traumatizada por la violación que consideró la posibilidad del suicidio; pero reconoce que no llegó a quitarse la vida porque no quería matar a su bebé. En efecto, aquella niña concebida en la violación resultó la motivación para continuar viviendo y siempre dice que su hija le salvó la vida.

Ciertamente, no negaré que no todo el mundo reaccionará de la misma manera llegado el caso. Consideremos el genocidio de Ruanda donde se dieron violaciones masivas: se estima que unas 200.000 mujeres fueron violadas y 20.000 de ellas quedaron embarazadas. 


Una superviviente, Jacqueline, fue asaltada por un grupo de violadores y quedó embarazada de su hija Angel. Aunque inicialmente quedó traumatizada por la terrible agresión (como también por el asesinato de su marido e hijos), de hecho, intentó envenenarse y también a su hija cuando todavía era una bebé; finalmente, recibió apoyo y empezó a amarla hasta el punto de considerar que Angel había sido un regalo de Dios.

Con la ayuda y el apoyo correctos, es posible llegar a distinguir la inocencia de un bebé de la culpa de un progenitor. Después de todo, la presencia del bebé concebido en violación se convierte en el mejor de los remedios.

Otra pregunta a tener en cuenta es ésta: ¿Desviolará a una víctima el hecho de abortar?

La respuesta a esta pregunta es obvia. Recuerdo que en una ocasión puntualicé que, quede o no embarazada una víctima de violación, el asalto ya es de por sí un trauma que no desaparece. Una víctima de abusos sexuales me confesó: “Cierto, hace ya diez años que sucedió y sigo cada día con ello”.

Así, la siguiente pregunta a plantearnos es ésta: ¿Qué resulta más duro: ser un inocente al que se ha maltratado o maltratar a un inocente?

Mi amiga Nicole Cooley quedó embarazada después de una violación y abortó. Ella dijo: “Para mí, tener aquel aborto supuso ser violada de nuevo, incluso peor, porque en aquella ocasión yo consentí a la agresión”.

Nicole Cooley

Recordemos a Penny Ann Beernsten. En 1985 fue violada mientras corría alrededor del lago Michigan.  Lamentablemente, identificó a un hombre inocente, Steven Avery, como el responsable del crimen cometido y éste fue encarcelado durante 18 años hasta que el verdadero violador, Gregory Allen, fue identificado con nuevos métodos tecnológicos.

Penny escribió: “El día que supe que había sido exonerado de toda culpa fue peor que aquel día en el que fui violada. Realmente luché cuando mi asaltante me agarró. Le arañé, le golpeé y lo hice con furia. Después de los resultados del ADN me sentí sin fuerzas. No podía devolverle a Steve los años que había perdido”.

Estas mujeres sufrieron experiencias horrorosas que ningún ser humano debiera afrontar, pero ambas reconocieron un dolor más grande si cabe cuando se dieron cuenta que sus decisiones habían lastimado a otra gente. 

Por supuesto, nadie negará el impacto que su tragedia provocó en la lucidez de su juicio, y en el ánimo de los que las atendieron entonces, impactados por la magnitud de los hechos y que procuraron aconsejarlas correctamente; pero lo cierto es que resulta más doloroso y difícil aceptar que se ha hecho una injustica y un daño a un inocente que ser un inocente que ha recibido un daño.

Además, como el bebé concebido en una violación deberás salir del cuerpo de la víctima de un modo u otro, ¿qué es mejor, sacarlo vivo o muerto?

En una encuesta realizada a 192 mujeres que habían quedado embarazadas después de una agresión sexual, casi el 80% de las que habían abortado, aseguraron que el aborto resultó una solución equivocada. Entre el grupo de mujeres que decidieron dar vida a sus hijos, todas ellas se alegraron de haber seguido adelante con el embarazo y ninguna lamentó no haber abortado.

El documental  Digno de vivir: una mirada a los casos difíciles” (Allowed to Live: A Look at the Hard Cases) comparte historias asombrosas de gente que lamenta el aborto después de una violación, mujeres contentas de haber dado luz a sus hijos y personas que agradecen a sus madres el haber protegido sus vidas.

Esto me hace pensar en mi amigo Ryan Bomberger. La madre biológica de Ryan fue violada. Como dice en su biografía: “Fui adoptado a las 6 semanas de edad y crecí en una encantadora familia cristiana multirracial de 15 hijos”. Con hermanos de diferentes etnias, creció valorando y apreciando la diversidad. Diez de los quince hijos habían sido adoptados por esta formidable familia. Su vida desafía el mito del niño “no deseado”, pues fue adoptado y amado y salió adelante.

Stephanie Grey es una conferenciante pro vida. Dio su permiso para traducir y reproducir su artículo en salvar el 1.






Saturday, November 11, 2017

Tras el diagnóstico de nuestro hijo los médicos nos dijeron: "Aborta, eres joven y lo puedes intentar de nuevo".




El 11 de agosto de 2013, Hannah Katelyn Peters experimentó el momento más inolvidable de su vida. A finales de ese día de verano, puede decirse que Hannah y su esposo Sully se 'enamoraron' una vez más. 

Ese amor vino en  forma de un niño precioso llamado Jude. Un niño que nació con una afección llamada Chondrodysplasia Punctata Rizomélica, una forma letal de Displasia esquelética.




"Estaba desayunando con mi hermana y su novio y les decía que sentía una gran inclinación hacia los niños con necesidades especiales, enfermedades y discapacidades. Les estaba diciendo que desearía tener  los recursos para adoptar a esos niños y darles una vida llena de amor y felicidad".

Una semana después de esa conversación, Hannah recibió un pronóstico alarmante sobre su embarazo. La tensión aumentó cuando un médico la animó a abortar. En sus propias palabras, relata: "Al comienzo de mi embarazo, comenzaron a ver todas las señales de que Jude tenía alguna  variante  de Displasia esquelética. A partir de entonces, me animaron a terminar con mi embarazo y a volver a intentarlo. Me dijeron cosas como: "Eres joven, puedes intentarlo de nuevo", "¿Qué calidad de vida crees que tendrá este bebé?", "¿De verdad quieres que este bebé viva así?", " Tu hijo no es un bebé normal ".

Con una gran emoción, Hannah se dio cuenta de que Dios la había elegido para ser la mamá de ese niño. Confiaba en que su corazón podía soportarlo  y que amaría a su bebé a pesar de los desafíos que encontrara. Hannah y su esposo Sully vieron que Dios los había escogido para ser padres de Judas. 

En una publicación titulada: 'I Chose Life', Hannah declara: 'Estoy tan contenta de haber sido una de las madres que les han dicho  que "no" a los médicos ante la propuesta de un aborto y de decidir darle a esta bebé inocente una oportunidad de vivir ... cada bebé merece una oportunidad de vida'. 

Ha pasado tiempo  desde la primera vez que la pareja escuchó la noticia de la condición de Jude. Son un equipo fuerte que trabaja unido para cuidar a su hijo. Desde el nacimiento de Jude, la gente le ha dicho a Hannah que no  pasará de la infancia. Le han preguntado si ella está preparada para eso. Valientemente, pasó meses meditando esa realidad. Jude tiene una deficiencia de cartílago, sus hombros y caderas están fuera de lugar y tenía cataratas congénitas, antes de que una cirugía exitosa los eliminara.

Según una resonancia magnética, Jude tiene una correa de la médula espinal, una estenosis espinal y un cuello inestable. Actualmente, se encuentra en terapia semanal del habla y física  con un gran equipo médico. Incluso,  con esos desafíos, todavía se aprecia una sonrisa en su pequeña cara. Ya ha superado las dificultades y ha hecho lo contrario de lo que los doctores imaginaban. No es de extrañar que su familia y amigos lo llamen el 'Valiente Pequeño Guerrero'.

En una entrada del blog de  Hannah titulada: "Sin fecha de caducidad", ella  escribe:
"Puede que Jude tenga algunos problemas que requieran atención adicional y que deba lidiar con el dolor de vez en cuando. Pero Jude está aquí, está respirando, está luchando y continuará luchando.
Yo no miro a Jude y veo su discapacidad, su identidad no es ésa. Miro a Jude y veo a un valiente guerreroY estoy muy orgullosa de que ya haya vencido los pronósticos  que los profesionales médicos le dieron.
Sé que Dios es el último médico; ningún hombre terrenal puede decirme qué va a pasar. Jude ha demostrado ser un luchador y continuaré luchando por él y con él y le daré todo lo que necesite.
No, no me estoy preparando para lo peor. Alabo a Dios por lo mejor que ya he visto".
El amor que Hannah y Sully sienten  por su hijo está inspirando a personas de todo el mundo.

A través de  Live Action News .

Wednesday, November 1, 2017

Yo no quedé embarazado a causa de la violación, pero sí mi esposa… y tengo mi opinión al respecto.



Jeff Christie, esposo de Jennifer Christie
(Se ruega leer al final el comentario de Salvar El 1)

Entiendo perfectamente a las mujeres cuando dicen que los hombres no tienen nada que alegar cuando un embarazo se ha producido tras una violación. Hay algo de verdad en esta afirmación, a veces. Pero cuando esto mismo le sucedió a mi esposa –con la que llevo casado 22 años- cuando fue brutalmente violada y golpeada, entiendo que aquello me afectó profundamente de manera muy íntima también. Nuestro precioso hijo de 3 años fue concebido en aquel horrible acto de maldad. Ha sido, sin embargo, un dichoso regalo para ambos que nos ha ayudado a superarlo día a día.

Jeff y Jen delante de su casa

He leído muchos comentarios y he oído opiniones varias. Estoy de acuerdo en que uno no puede pensar o sentir lo que sucede en una situación semejante a menos que lo sufra en sus propias carnes. Es una terrible y cruel realidad con la que vivo. Soy consciente de que no puedo eliminar el trauma que sufrió mi esposa a pesar de lo mucho que lo intento. Reconozco que no puedo ni nunca seré capaz de entender la profundidad de su dolor.
Ella tampoco comprenderá el mío. Se supone que soy su protector. Yo soy el que delante de nuestras familias y amigos dije “para lo bueno y lo malo…”, prometí en mi corazón proteger la seguridad de su cuerpo y su corazón. Así, ¿dónde estaba yo cuando ella más me necesitaba? Vivo con esa constante congoja y no ceso de preguntarme “¿Qué habría pasado si…?” y también “¿Por qué yo no…?”. Estos pensamientos me acompañan siempre.

Jeff y Jen en el día de su boda

Antes que lo notara nadie más, supe que aquella mujer que yo conocía desde los 14 años y que era una chica jovial, extrovertida, cuyo ingenio hacía reír a todos, ya no sería nunca la misma persona. También comprendí que aquel pequeño, nuestro hijo, no había tenido culpa alguna del horror por el que su madre había pasado. Yo sabía que mi esposa nunca habría de olvidar la atrocidad que padeció, hubiera nacido o no aquel inocente bebé. Es de una ignorancia arrogante defender comentarios como: “Con un niño, la víctima de una violación tiene que vivir constantemente con el recuerdo de lo que un monstruo le hizo”. Ella no necesita un recordatorio. La violación siempre quedará impresa en su memoria, con o sin el bebé.

Porque… ¿son los niños concebidos en una violación terribles “recordatorios”? Yo puedo contar mi experiencia propia.
Esos bebés son una oportunidad única de redención. Son el camino de sanación y una respuesta a la pesadilla de una crueldad y un sin sentido. Isaías 61,3 dice que Él confortará a los que se lamentan y les concederá “una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento”.

Jeff y Josh, su hijo pequeño.

A mi esposa le encanta decir que nuestro hijo le dio esperanza, un propósito en la vida. Y esa llama de amor que brillaba en su corazón y supe que, sin aquel niño, nacido con violencia, sin esa alma pura a la que proteger y alimentar, se iba a sentir siempre sola en su victimismo. Toda su vida se preguntaría por qué tuvo que pasarle eso, una criatura amada por Dios. Ese violador malvado dejó no una, sino dos víctimas detrás de su fechoría: la mujer ultrajada y la vida concebida tras su criminal acción.

Debo hacer una confesión definitiva: Yo también empecé a sanar con la noticia de la concepción de nuestro hijo y digo “nuestro hijo” porque mi querida esposa y yo somos una sola alma. Si ella está embarazada, entonces NOSOTROS estamos esperando un bebé. Pasé las primeras semanas después de la violación, siendo el baluarte y fortaleza que mi esposa necesitaba, lastimando mis nudillos mientras aporreaba con rabia la pared del lavabo. En dos décadas de matrimonio nunca había cuestionado mi papel de esposo protector. Pero en aquel momento me sentí angustiado, no podía resistir la idea de verme responsable por lo ocurrido y no haberla podido proteger. No trato de comparar mi experiencia con su tormento, pero considero mi deber hablar en nombre de aquellos hombres que, de algún modo, se han visto afectados por el asalto sexual que ha sufrido la mujer que aman. Estamos heridos. El daño colateral es enorme.

Pero el bebé…
Sana, enseña y nos da coraje. Nos fuerza a mirar más allá de nosotros mismos. Es una oportunidad impresionante que nos da a nosotros, padres, de traer otra alma llena de amor y compasión a este mundo. No es nuestro único hijo, es el pequeño de cinco. Igual que los otros, llegó a nuestras vidas por voluntad de Dios, quien nos confió su cuidado. Al igual que con los demás hijos, nuestro amor por él empezó desde el momento que supimos de su existencia. Le recibimos en nuestro hogar con la misma devoción y reverencia que a sus hermanos y hermana. Todos le aman y lo sienten como hermano, sin considerarle distinto. Saben cómo fue concebido, pero nunca lo tienen en cuenta cuando le miran o juegan con él. Esa aceptación incondicional de su hermano nos fortalece a mí y a mi esposa en nuestra labor de padres.

Ahora me dirijo a las mujeres que han abortado después de una violación y les digo que no pretendemos juzgarlas. Entendemos, más que nadie, que la decisión a la que se enfrenta una mujer en los primeros meses después del trauma de una violación, cuando aún se intenta dar sentido a lo ocurrido, es abrumadora. La sensación de sentir animosidad hacia el niño engendrado en violencia es terrible. Nosotros también vivimos eso. Sabemos que el futuro se puede ver tan negro que se desea más que nada reducir la presión que se siente de la manera que sea. En nuestro caso, realmente no hubo decisión. Sin discusión, sabíamos que honraríamos a Dios y nuestras creencias y protegeríamos a esta pequeña alma del daño del aborto. Es posible que otras mujeres no hayan tenido tal apoyo. Lo que sí que podemos asegurarles es que Dios perdona y nos permite aprender de nuestros errores. Parte de la grandeza de la vida humana es que siempre tenemos la posibilidad de cambiar el rumbo rectificando a lo largo de nuestras vidas. Dios puede cambiarnos. Sólo tenemos que pedírselo y quererlo de verdad.
A todas aquellas que habéis sido ultrajadas y lleváis una vida en vuestro seno, os ofrecemos ayuda y comprensión. Amor y oración. Acudid a nosotros. Sabemos que no olvidaréis, pero con el tiempo vais a sanar. A mi esposa le gusta decir que “no hay vuelta atrás, pero siempre hay un camino hacia delante”. Existe la posibilidad de aceptar esa nueva realidad y aprender a vivirla cada día. Remarco el hecho de que la persona que crece en vuestro interior es única, irrepetible. No estáis solas. Sí, vuestra vida es distinta ahora, pero esa anormalidad fue culpa del malhechor que os ultrajó no del niño que crece en vuestras entrañas. Él también es víctima de crueles intenciones. En estos cuatro años, el cuerpo de mi esposa no ha sanado del todo tras aquel brutal ataque. También a vosotras podrán quedaros secuelas emocionales y físicas duraderas. El cuerpo de una mujer nunca debería sufrir ultraje alguno, pero cuando os paréis a pensar veréis, también, que ese cuerpo FUE milagrosamente diseñado para proteger y hacer crecer la vida.

Lo que sucede después del nacimiento depende completamente de vosotras. Siempre hay opciones, SIEMPRE hay gente dispuesta a ayudar.


Termino con un tributo a mi formidable esposa y a las increíbles mujeres con las que se ha encontrado desde el momento en que compartió este episodio de nuestra vida. Verdaderas heroínas. Leer sus historias llenas de inspiración, determinación y coraje me deja siempre sin palabras. Tengo que sacudirme la cabeza cuando veo gente afirmar que no todas las mujeres son lo suficientemente fuertes para llevar a cabo un embarazo en semejantes circunstancias o después de un trauma tal. No estoy de acuerdo. He visto a mi mujer dar a luz cinco veces. La he visto mantenerse serena y firme ante situaciones que harían tambalear a hombres de acero. La fortaleza de una mujer no debería desestimarse nunca.

Sé que yo no me embaracé después de la violación, pero mi mujer sí. Mi vida también cambió aquel día para siempre. Así que no me digáis que mi opinión no cuenta. No me digáis que no puedo tener voz en la defensa de la vida en el seno materno. Y, por favor, no me digáis que no tengo ni idea de lo que una mujer debe afrontar ante una situación lamentable como ésta.

Porque sí, lo conozco muy de cerca y sé lo que se siente.


BIO: Jeff Christie, esposo y padre de cinco hijos, el último de ello tras una violación sufrida por su esposa.
Para leerlo en Inglés [savethe1_Jeff Christie]

Nota de Salvar El 1

Jen sufrió graves lesiones a causa de la violación. Heridas que precisan diversas y costosas intervenciones quirúrgicas. El sistema sanitario americano no cubre este tipo de gastos médicos sino se dispone de un seguro que resulta muy caro. 
Por este motivo la familia decidió crear una cuenta corriente para recibir donativos de amigos que quisieran colaborar. Añadimos aquí el número de esta cuenta por si ustedes quieren colaborar con alguna aportación. Muchísimas gracias por su ayuda.
En la cuenta aparece el nombre de Julia y los detalles de su agresión física. El matrimonio Christie prefirió usar este pseudónimo para evitar que sus hijos conocieran las doloras circunstancias que tuvo que sufrir su madre.

Para colaborar económicamente con los gastos médicos de las operaciones pinchar [aquí]

Saturday, October 28, 2017

Tengo 5 hijos maravillosos, pero todos ellos pudieron entrar en las llamadas 'excepciones'


Soledad Llano

Tengo 33 años, llevo 12 años de matrimonio y tengo 5 hijos maravillosos... pero todos ellos pudieron entrar en las llamadas 'excepciones'.


Tenía 17 años cuando me dijeron que mi embarazo era de alto riesgo. Mi hija no se estaba desarrollando normalmente . Más bien, su crecimiento era anormal, muy pequeña para su edad gestacional. La diagnosticaron con Acongroplasia que sería 'enana'. Me dijeron que su calidad de vida sería mala y que quizás no sobreviviría pues se veía muy débil. Estaba sola, no había papá, mi tenía una madre que se ocupara de mí. Sólo una hermana pequeña.


Un día  me corrió un líquido extraño. No sabía qué era. Se lo comenté a mi tía y ella me dijo que había roto fuente y que debía irme al hospital. 

Cuando llegué, me atendieron inmediatamente. A las 17:25 y sin dolor alguno, sin anestesia, en un parto natural llegó mi hija con 34 semanas de gestación. Presentó un color amarillo pero fue nada. A los 2 días nos fuimos a casa. Ahora ya tiene 15 años y una excelente salud. 

A mis 21 años ya casada en mi semana 34 comencé con comezón. Mi matrona, Julia, me derivó con el Dr Salazar. Él siempre decía que la comezón podía ser considerada como un desorden en las embarazadas que es provocada por la subida de la bilirrubina en el hígado lo que causa que la placenta se acabe antes de las 40 semanas. Por ende, el bebé en gestación se queda sin alimento y muere de hambre en el vientre materno. El Dr me dijo que debía hospitalizarme si no la guagua nacería muerta. Fue horrible escuchar eso. Me quedé ingresada, me hicieron exámenes a diario, ecografías. Fue así durante 8 días y el séptimo día se comenzó con la inducción del parto. El Dr Oliva y el Dr Salazar y otro que no recuerdo me cuidaron. El octavo día de inducción nació mi hijo con muchas contracciones. Pesó 4.440 kgs y midió 54.5 cms. Este 14 de octubre cumplirá 12 años y goza de una exelente salud. 



A mis 24 años, mi tercer embarazo. Todo perfecto llegué a las 38 semanas y boté el tapón mucoso. Llamé a mi madre para que se quedará con los niños.  Mi esposo había llegado esa mañana de Antofagasta y llegó mi cuñada. Todo listo, ningún dolor.

 LLegué a eso de las 12 de la noche y me quedé. Me diagnosticaron preparto, mi esposo se quedó esperando, le dijeron que se fuera que no nacería hasta el otro día pero mis antecedentes hicieron que se quedara. Mis partos son rápidos. A las 3 de la mañana mi compañera de cuarto boto un líquido verde. Me levanté y le fui avisar a la matrona. Ella fue a revisar a la mamita y mientras me subía a la cama me observaba y me dijo: "Te voy a examinar". Le respondí:"Estoy bien, no siento nada de dolor".  Me preguntó si mi esposo estaba afuera o se había ido. "Afuera", le dije. Lo llamaron y siendo las 3:40 a.m nació Leandrito, morado y con un llanto débil.

Mi bebé nació en un hospital donde había sólo un pediatra y él llegaba a las 9:00. Nadie lo examinó. Mi bebé sólo lloraba, no podía mamar. El doctor cuando llegó fue al primer bebé al que examinó y lo derivó a Pediatría, se lo llevaron. Me retó que yo lo había contagiado, que no me había cuidado, que no había hecho mis controles a lo cual una enfermera me defendió: "No, ella hasta ayer fue a sus controles y no registra ninguna patología, tiene todos sus exámenes y ecografías. 

Me hicieron un examen tras el parto aún sangrando  para ver si tenía rastros de Estreptococo. Creían que en el parto lo había contagiado. A las 13:00 trasladaron a mi bebé a Talca y lo ingresaron a la UCI neonatológica.

Llegó muy débil sufriendo por la falta de oxígeno. Hicieron junta médica, necesitaban un VAFO y no lo tenían y era un riesgo vital trasladar a mi hijo. De repente se desocupó el VAFO de otro bebé fallecido y pusieron a mi hijo en coma inducido 8 días en VAFO.

Un gran equipo médico, enfermeras, técnicos cuidaron a mi bebé. Luego paso a ventilación mecánica, lo despertaron del coma, abrió sus ojitos una y otra vez. Nos autorizaron a llevarle un monito musical y nos dejaron vestir a nuestro bebé sólo con piluchitos y calcetines. No se podía más por los sensores de las presiones.  

Cuando mi bebé llevaba un mes hospitalizado, la Dra. Leiva, cardióloga pediatra, lo diagnóstico con Cardiopatia congénita. Tenía un shunt amplio y un CIV comunicación intraventricular mal alineada de izquierda a derecha, otra infección y había que trasladarlo al hospital clínico de la PUC. 

Viajamos un 23 de junio, día de mi cumpleaños. El Dr. González realizó su ecodoopler y después de casi 2 horas de examen solicitaron cupo y lo dejaron en la incubadora en Neonatología.  Se realizaron los exámenes que necesitaban, firmamos consentimiento pues mi bebé  era de alto riesgo y estaba débil. 

Lo examinó una genetista porque querían ver si tenía algún síndrome que explicará su condición.  No sé qué pasó con eso pero llegó el día jueves en la tarde y el dr González me explicó  que había que operar  pero había un riesgo del 15% de que muriera en el pabellón o en el post operatorio. Firmé con angustia.

Su cirugía duró entre 10 y 12 horas, fue un día muy largo el dr me dijo que si fallecía mi bebé él  mandaría a alguien a avisarme.  Fue una tortura cada vez que alguien salía de ese pasillo. Mi esposo llegó a las 13:00 el 6 de julio y nos trasladaron a Talca en una ambulancia especial con un doctor y un equipo médico. 

Como me resfrie el día 7 no pude verlo así que me fui a Constitución a ver a mi hija que estaba de cumpleaños y volví el dia 9 de julio. Mi bebé estaba muy mal, no estaba oxigenando bien y el ventilador estaba en 100. Su corazón estaba débil, me pidieron que saliera porque  lo iban a examinar. Al  rato, sacaron a las otras mamás. Todos estaban con mi bebé, el chico del aseo corrió escaleras abajo por sangre para mi hijo,  la Dra Leiva me habló y me dijo que  mi hijo se podía  morir.  Por primera vez lloré, salí, esperé. Me vino a buscar la Dra Larenas y me dijo que entrara. Vi a mi hijo y ya  no había signos vitales, las máquinas marcaban cero la Dra tocó mi hombro y me dijo que me acércara a tocarlo y que le  dijese  algo. Cuando me acerqué, toqué su manita izquierda,  la acaricié y vi en  esas máquinas que  su corazón comenzaba a latir otra vez. Sentí que no era justo que estuviera así, le hable al oído le dije: "Te amo con el alma, pero sé que estás cansado. Si no quieres más, si necesitas descansar, no te preocupes por mí yo voy a estar bien, nunca te voy a olvidar, te llevaré siempre en mi corazón y mente y un día te prometo que estaremos juntos otra vez cuando Dios lo diga". Y se fue.

Luego llegó Simón,  embarazo de alto riesgo síntomas de parto prematuro, muchos controles. También traía problemas, pero el doctor me dijo que con cuidados todo estaría bien. La Dr Leiva lo atiende.  Tiene una Válvula Aórtica bicuspide funcionalmente competente. Nació con 36 semanas. Aparte de su cardiopatía, todo lo demás exelente. Cumplió 7 años. 


Y mi chiquita. Supe que ella venía  con 20 semanas de embarazo y que era niña. Me dió diabetes gestacional, me indujeron el parto y nació con 38 semanas. Cumplió ya 5 años. Soy una madre feliz, disfruto cada día a mis hijos y mi pena vive conmigo.



Tengo 33 años 12 años de matrimonio y 5 hijos maravillosos.

Soledad Llano, Chile. 

Simón (cardiopatía congenita), Jesús(placenta envejecida), Mical( Enanismo), Leandrito (Infección Estreptococo), Jesús  (placenta envejecida), keila (5 años).