Tuesday, April 26, 2016

Meteoróloga de TV Heather Sophia comparte su historia de supervivencia provida


por Rebecca Kiessling.



 Hablo en múltiples eventos Pro-vida y llego a conocer todo tipo de personas pro vida maravillosas, incluyendo políticos, sacerdotes y célebres personalidades.
Pero este Jueves 21 de Abril de 2016, tuve el placer de conocer a alguien que realmente sorprendió a toda la audiencia con su propia historia pro-vida en el anual “Spring Banquet para Pro-Life Mississippi: la meteoróloga de WLBT Jackson, Heather Sophia fue requerida para sustituir en el último momento al maestro de ceremonias. 
Es agradable saber que personalidades  de la  televisión apoyan el movimiento Pro-vida, pero nadie sabía que ella tenía su propia y  poderosa historia, porque nunca la había compartido en público hasta  ahora.
Mientras la recaudación de fondos llegaba a su clímax, Heather empezó a contar la trágica historia de una niña de 16 años, quien al llegar a casa después de la escuela, encontró a su mamá muerta debido a un paro cardiaco. Dos semanas después de esto la adolecente se enteró que estaba embarazada, buscó ayuda y consejos en su familia sobre qué hacer pues ya que no tenía el apoyo de su madre. En algún momento pensó en abortar a su bebé.
Pero finalmente escogió tener a su bebe, ¡el cual es ahora la meteoróloga Heather Sophia!, la audiencia estalló en lágrimas escuchando su historia. Después de todo, la mayoría la  habían visto a diario compartir el pronóstico del tiempo sin saber que ella estuvo a punto de no nacer.

Después de la cena, Heather permitió filmar su historia- un video de 38 segundos ahora en Youtube, compartiendo su historia de cómo sobrevivió. En el vídeo ella explica por qué es 100% pro vida sin excepción.
¡En cuestión de horas el video tenía más de 13,000 visitas en Facebook!

Heather me ha contado su historia más detalle para que yo se la pueda contar a todos ustedes.
Su mamá llevaba 5 meses de embarazo cuando quiso asegurarse su estado con una prueba que confirmó que llevaba un bebé en su seno. Un aborto en ese período de gestación hubiese sido más caro y peligroso de lo usual debido a un embarazo ya muy avanzado.

Esto fue en Luisiana, sur de Estados Unidos, y en los ochenta tener un aborto en esa región del país era un escándalo, así que con el amor y apoyo de su familia, la mamá de Heather tomo la decisión correcta.
Heather no recuerda exactamente cuándo su mamá le conto que casi fue abortada, solo recuerda pensar, “Estoy tan contenta de estar aquí y que Dios le mostrara a mi mamá que la vida es la única opción.
La mamá de Heather y su papá se casaron y su matrimonio duró 17 años durante los cuales su mama no tuvo otro hijo, por lo cual si hubiese abortado a Heather, habría abortado a su único hijo.

Desde los 5 años Heather  quiso ser meteoróloga, dice que siempre ha sido inspirada por el clima, al vivir en Luisiana su familia y ella tuvieron que ser evacuados muchas veces por huracanes.  Recuerda cada noche irse a la cama después de haber visto el parte meteorológico.
Desde entonces Heather ha seguido sus sueños y ha sido bendecida con el premio Eduard R. Murrow, ha sido nominada dos veces para un premio Emmy y nombrada reportera del año por el Associated Press.
Si entra en su página de Facebook encontrará que no solo comparte el clima de diario sino que también publica regularmente versos bíblicos.
Cuando le pregunté a Heather ¿cuál es el plan que Dios tiene para ti?, me respondió sin pensar dos veces “¡Hacer su  voluntad y glorificarlo!”.

BIO: Rebecca Kiessling es una presentadora, escritora, abogada  pro-vida además de Presidenta de Salvarel1-una organización que educa e inspira en todos los llamados “casos duros” en el debate del aborto.


Tuesday, April 12, 2016

Con el aborto no muere tan solo el bebé sino que muere la madre juntamente con él.

Por Martina D. Flores



Soy Martina y tengo 30 años. Me enfermé cuando tenía 13 años de cáncer de colon y leucemia.  Los médicos dijeron que sólo había que esperar mi fallecimiento que no sería más tarde de los 18 años. Pero fue en aquel momento cuando clamé a un Dios desconocido y Él se reveló y presentó en mi vida realizando un milagro en mí. Sané (un milagro de Dios), comencé a conocer a Dios y a participar en la iglesia evangélica, me entregué  a Dios totalmente y sólo vivía para Él. Tomé una decisión en ese entonces y fue guardar mi vida en completa santidad y llegar virgen a mi matrimonio.

El año 2013 conocí a Lorenzo de quien me enamoré y a quien amé desde el primer día. Todo fue hermoso, maravilloso, como aquellos cuentos de princesa en que llega el príncipe azul y todo cambia...
Soy de la ciudad de Concepción y me mudé a la ciudad de Santiago pues Lorenzo era de allá y también por temas laborales y de iglesia. Comenzamos nuestra relación. Lorenzo tenía en aquel entonces 30 años, estaba separado y con una hija de 1 año y algunos meses. Esto me complicó al inicio de nuestra relación pero fui comprendiendo y aceptando con el tiempo.
Nuestra relación era hermosa, disfrutábamos  juntos: conversar, reir, era como si nos hubiéramos conocido hace años. Él un caballero, tierno, preocupado, detallista, romántico,  amante en todo tiempo.
Participábamos en la iglesia y nos relacionábamos laboralmente. Todo marchaba bien y avanzábamos en una vida juntos y con propósito.
Hasta el día que tomamos malas decisiones y tuvimos relaciones sexuales. Yo quedé embarazada.

Supe que estaba embarazada cuando ya tenia 12 semanas y fue la sensación mas extraña de mi vida. Por un lado estaba con el hombre que amaba y soñaba una vida junto a él, tenía un bebé dentro de mí que era resultado de nuestro amor y de estar juntos y, a su vez, pensaba en mis padres y familia, la gran decepción para ellos y para la iglesia donde participábamos y éramos referente para otros.
Mi primera reacción fue quedar en shock y la de Lorenzo, felicidad. Yo tenía un bebé y él sería padre.
Pasé noches imaginando como sería y le hablaba a mi guatita. Le compré ropita y muchas cositas. Recuerdo el día de la primera ecografía cuando escuché los latidos de su corazón. De ese día, jamás olvidaré cada detalle y los sueños y esperanza que nunca vi cumplir.

Pero me sentía presionada por todo el entorno, estaba ciega, nublada y pensé que lo mejor sería  que ese bebé no naciera. Pues Lorenzo tomo una posición en que no me sentía respaldada por él y eso causó dolor en mí. Aun estando juntos para él no era prioridad. Iba sola al médico, exámenes, etc.. y eso me causó daño y me sentí  sola y desolada.
Fue ahí donde tomé la peor decisión de mi vida y fue abortar y llevé a cabo aquello sin decir nada a nadie y fue espantoso lo que viví, quise haber muerto ahí mismo junto a mi bebé. Cuando todo acabó, era como si me hubiesen desgarrado el alma. Me quitaron la vida dentro de mí y no pude levantar cabeza. Me inundó la amargura, soledad, culpa, dolor, desolación. No tendría a mi bebé en mis brazos y  caminaba viendo bebés y madres y eso me destrozaba. No tenía esperanza y ante Dios no podía estar. El entorno asumió que tuve un aborto espontáneo porque tenía  placenta previa y estaba pasando un muy mal embarazo. Todo terminó ese día, la vida de mi hijo y mi vida junto a él. Recuerdo a Lorenzo diciéndome: "yo sabía que ese bebé no nacería". Eso me partió aún más el corazón y dije: "Estuvo bien lo que hice" (Lorenzo nunca supo lo sucedido, realmente). La culpa y el dolor me consumieron por dentro y quería morir y volver el tiempo atrás pero era imposible. Caí en depresión y nada me podía sacar de ese estado. 

Tras unos meses, Lorenzo me pidió matrimonio y para mí fue el sueño y la esperanza de que volvería a tener  a mi hijo en mí. Que Dios me daba una oportunidad de volver a soñar y empezar nuevamente. Pero esto no fue así. Aunque con Lorenzo continuamos nuestra relación manteniendo relaciones sexuales, fue doloroso pues él siempre estaba preocupado de que yo me cuidara previniendo un embarazo y comencé a sentirme sólo como un objeto sexual que él usaba como  quería. No tenía identidad alguna en mí y sentía, de alguna forma, que él me amaba así. Y vivía una irrealidad creyendo que así formaríamos una familia pero estábamos muy lejos de ello. Al cabo del tiempo, Lorenzo me dejó y se fue, me fue infiel y yo quedé aún peor y destrozada con una culpabilidad inmensa por lo que había hecho y porque el hombre al que amaba me dejara. Quería hablar con él decirle la verdad de lo sucedido y no fue posible.

Esta vez pensé que no saldría adelante. Continué en depresión pero todo se focalizaba una y otra vez en mi hijo al que no permití nacer. Pasé noches y meses en vela sin dormir, llorando, y esperando casi un milagro de vida que era imposible. Desde hace dos meses estoy saliendo de mi depresión y comencé a sonreír nuevamente, tener esperanza y volver a soñar. Me perdoné y he vuelto a Dios. Ha sido un proceso y un tiempo difícil.
Pues mi corazón se partió y fue desgarrado. Perdí a mi hijo y a Lorenzo.
Hay días que puedo pasar bien, normales, pero al momento recuerdo y esa amargura inunda mi ser y exploto en llanto.
Hoy veo como pude ser feliz y plenamente, pero lo perdí y destruí todo.
Es por ello que quiero llegar y dar mi testimonio a muchas jóvenes para que ellas  no lo hagan. Tal vez ellas piensan que se  quitan un problema, pero luego el dolor y sufrimiento es peor. Yo anhelo haber podido tener entre mis brazos a mi hijo y luchar por él. Fui medrosa y cobarde y vivo las consecuencias de ello. Es más que estar en contra de una ley que, por cierto, estoy. Sé que se debe crear conciencia en los jóvenes y no tan jóvenes de que nuestros actos traerán consecuencias y resultados. De toda relación sexual o práctica sexual puede salir una vida, un nuevo ser. ¿De qué nos sirve que una ley se apruebe o no si no tenemos conciencia de nuestros actos de antemano y no entendemos que la vida la da Dios? Si luchamos  para que no exista el aborto, comprendamos también que el Matrimonio es lo correcto para estar el hombre con mujer y formar una familia.
Si actuáramos en conciencia y orden nada de esto existiría. Espero que mi testimonio sea de ayuda.  Bendición a otras chicas y, si alguien requiere mi ayuda, estoy dispuesta a servir. No quiero que nadie más pase por aquel dolor y sufrimiento.
Porque no muere tan solo el bebé sino que muere la madre juntamente con él.

Monday, April 11, 2016

Sé lo horrible que es la violación pero abortar no ayudará a nadie, Por Elizabeth Díaz Navarro

Soy Elizabeth y vivo en Costa Rica. Estando en la Universidad sufrí una violación y  quedé
embarazada de una hermosísima niña que quise abortar porque, claro, yo una joven que me cuidaba, una chica tranquila, no merecía ser mamá soltera. No, yo tenía que abortar. Pero un día llorando por mi situación, mi hijita, mi pequeñita (aún en ese momento no sabía si sería un varón o mujercita) empezó a moverse y entonces decidí recibir terapia y me dije: "Ok, la daré en adopción, yo no tengo que cargar con un 'guila' que no pedí".

Pasaron los meses y ya, para entonces, sabía que sería niña. Era confuso porque la odiaba y amaba a la vez.  ¿Cómo amar algo de un acto tan ruin? Pasaron los días y nació mi princesa. Desde  pequeña siempre que jugaba a las casitas con mis hermanas y amigas decía: "Cuando tenga una hija se llamará Gaudy".

El 19 de febrero nació la tan cuestionada bebé y para complicar todo fue por cesárea. Cuando desperté de la cirugía Dios puso unas maravillosas enfermeras y ellas con amor me decían:" Vea que niña tan linda". Y así conocí a mi hija. Sí, esa pelotita que sonreía cuando le hablaba, esa que me "arruinó " la vida, esa..."Esa", como la llamaba en mi interior.

Cuando  fui a verla al cunero porque nació enfermita,  ésa que no merecía nada de mí,  me regalaba su sonrisa,  me miraba con ojitos de amor. Sí, esa bebé me robó el corazón. Gracias a mi psicóloga  y todos los que me ayudaron soy feliz, sobreviví y doy gracias a Dios porque tengo el mejor regalo que la vida me pudo dar: mi hija. Es mi todo, mi princesa.

Ya han pasado 9 añitos de su llegada y gracias a eso soy una mujer más humana, fuerte y feliz y sé que el aborto hubiese empeorado mi situación ya que no puedo tener más hijos y ella es mi bendición.  Nunca el aborto es una solución. Gracias, hijita. Tú haces de mi vida un lugar lleno de amor y esperanza.

El acto tan ruin que supone una violación no se puede sanar con otro tan doloroso como el primero. Abortar nunca ayudará a la víctima de una violación a superar el trauma y empeora la situación. 

El mismo día que a mí me ultrajaron también violaron a una amiga y ella decidió abortar. Primero pensó que todo iría bien. Pero nos encontramos en San José, en un parque. Era Diciembre y mi bebé tenía 10 meses y cuando nos vimos lloramos mucho.  Luego vió a mi hija y sólo me dijo cómo debería ser la carita de la suya. Porque no dejaba de sentirse como una asesina. Sabía que su hijita no tenía culpa pero lo había  comprendido muy tarde y nadie la quiso ayudar. Todos decían que  abortase a ese bastardo hijo del horror, hijo de un maldito. Me decía: "Eli, cómo te envidio porque yo jamás sabré cómo pudo ser...

Meses después, pasé a visitarla por su casa y Karol (así se llamaba mi amiga) se había suicidado... Su mamá me dijo que nunca volvió a ser igual y que el aborto la sobrepaso.  Recuerdo a mi amiga como una chica bella y especial.

No se necesitan "carniceros" sino apoyo psicológico, emocional, profesionales que ayuden y no personas que agraven el problema. Ojalá todas las mujeres tuviesen la oportunidad  de ser apoyadas para defender la vida de quienes no se pueden defender. Esos niños no tienen la culpa.


Yo no quiero juzgar. Sé lo horrible que es esto  pero abortar nunca ayudará a nadie. En mi país no tenemos ejército porque no creemos que la violencia solucione más violencia. Sin embargo, hay delincuentes y maldad pero fui criada con la certeza de que, maldad con maldad, jamás ayudará a nadie. Pero, si por el contrario, das amor, créeme, ése dará frutos. La violación me marcó como mujer pero ese "hombre" no me puede hacer más daño. No tiene ese poder. A día de  hoy soy madre de una bendición. Con terapia, el amor de mi bebé y mucha ayuda soy feliz, eso  lo garantizo y no imagino cómo sería mi vida sin ella.

Friday, April 8, 2016

Nunca he relacionado a mi hija con la violación

por Wedencise Lubin



Como primera generación de inmigrantes de las islas del Caribe, he soportado muchas cosas en la vida desde muy joven. En noviembre de 2010, a los 17 años, después de una vida de abuso físico y emocional en manos de mis padres, decidieron librarse de la carga de tener que vivir conmigo.  Yo era estudiante de último año de secundaria en Florida. En ese momento – a seis meses de graduarme, ya había conseguido una beca completa en la Universidad de Howard en Washington, D.C.  Mi futuro estaba más o menos claro, o eso pensaba yo. Fue entonces cuando mis padres tomaron la fatídica decisión, dos semanas antes de mi cumpleaños número 18, de mandarme  a vivir con dos parientes varones, ambos conocidos por historias de violencia contra mujeres.

Les rogué y supliqué que me aceptaran de vuelta en casa.  Busqué recursos externos de refugio; pero el destino hizo que terminara viviendo cuatro meses en total con estos hombres.

Al cabo de dos meses de vivir allí, ocurrió lo impensable: mi virginidad fue brutalmente violada, fui abusada sexual y físicamente en todos los sentidos imaginables.  Los dos parientes me dijeron que si se lo contaba a alguien, me matarían. Ni que decir que estaba horrorizada, deshumanizada, aterrorizada y completamente traumatizada.

En el verano de 2011, durante un examen físico de rutina para la universidad, supe que estaba embarazada de seis semanas como consecuencia directa de la violación incestuosa.

Yo era virgen cuando me violaron y nunca había estado con otro hombre.  Mi médico estaba tan devastado como yo.  Recuerdo que el médico y la enfermera me repetían: "Siento mucho que esto haya ocurrido".

Inmediatamente, mi doctor me dijo que tenía tres opciones:  1. Abortar al bebé, 2. Darlo en adopción y 3. Quedarme con mi bebé.  No fue una decisión difícil para mí.  Soy y siempre he sido pro vida. Lo que alentó mis convicciones fue que mi médico ordenó una ecografía a las seis semanas de embarazo.  Tan pronto como vi la ecografía, me di cuenta de que llevaba una vida humana dentro de mí.

A pesar de todo, no había en mi corazón un motivo para poner fin a esta vida humana, independiente del delito atroz y bárbaro que había sido perpetrado en mi contra.  Nunca pensé en mi bebé nonato como responsable.

Por supuesto el violador exigió que abortara y mi familia exigió dar al bebé en adopción.  La adopción no era una opción para mí porque yo ya estaba empezando a apegarme profundamente con la bebé que llevaba dentro.  Como fuera, ¡ésta era MI hija!  Ésta era mi carne y mi sangre y yo era su madre.

En febrero de 2012 di a luz a mi hija Valencia Marie.  Tuve a mi hija sola a los 19 años de edad y, a pesar de que estaba aterrada, confundida y estremecida, cuando la matrona trajo a mi hija, fue un amor a primera vista.

El 2012 se llevó a cabo una investigación criminal completa para conseguir condenar al violador por los crímenes que cometió contra mí. Después de una inmensa presión de mi familia, lo demandé para que me pasara una manutención.  En represalia, el violador pidió la custodia parcial de mi hija y, luego, la custodia completa.

Peleé muy duro para proteger a mi hija de ese monstruo.  Por suerte, los tribunales no concedieron al violador ningún derecho de visita y nunca ha pasado tiempo con mi hija, a pesar de que todavía está peleando conmigo en los tribunales. En todo este tiempo, nunca jamás me he arrepentido de no elegir el aborto o la adopción.  La crianza de mi hija ha valido la pena completamente.  Nunca he asociado la violación con mi hija.

¡Estoy tan agradecida de ser madre! Primero y ante todo, mi mayor bendición en la vida es mi hija. Esta niña inteligente y preciosa nunca deja de sorprenderme.  Todos y cada uno de los días me enamoro más de su personalidad, su encanto y su energía luminosa.  Ser madre, de todas maneras, es el regalo que sigue regalando.  Aprendo más de mi hija cada día y ella aprende más de mí.  Soy, sin lugar a dudas, una cuidadora amorosa, por lo que ser madre es innato a mí.  De verdad, es algo por lo que me levanto agradecida todos los días, porque sé que hay personas que no pueden tener hijos.  Así que el hecho de tener la oportunidad de experimentar este gran hito en la vida es una tremenda bendición.  Espero algún día ser bendecida con más hijos en un futuro lejano.  El hecho de que mi propia madre fuera horrible conmigo y que nunca me quisiera, me enseñó que el amor de una madre es sin duda una de las formas más importantes de amor en la vida de una persona.

El verdadero amor lo siento cuando miro a los ojos de mi hija.  Valencia es el amor de mi vida.  Y cuando tenga más hijos, siempre serán el amor más maravilloso de mi vida.  Ser madre te muestra el amor del que eres capaz.  Feliz, daría mi vida por mi hija.  Sólo quiero que mi hija Valencia sienta el amor infinito de mi corazón por ella y que tenga toda la felicidad del mundo.  Quiero criar a mi hija para que sepa que no importa lo lejos que estemos, nuestras almas están conectadas y que nada puede romper nuestra unión. No hay nada que mi hija pueda hacer que limite mi amor porella.  Éste es el tipo de amor maternal que siempre tendré para mis futuros hijos, también.

Continué asistiendo a la escuela técnica y me gradué con un diploma en Administración Médica. Ahora estoy estudiando para obtener mi Licenciatura en Administración de Servicios de Salud.

Después, planeo sacar una Maestría en Administración.  Actualmente, trabajo en educación médica en la escuela de medicina más grande del país.  Más adelante, querría ser administradora de hospital o trabajar en gestión de emergencias ya que tengo un muy buen manejo de crisis.  Así que, como puedes ver, tener un embarazo no planeado de una violación, de ninguna manera arruinó mi vida o mi educación.

Nunca he amado menos a mi hija debido a su padre biológico.  A menudo, la gente me pregunta qué siento respecto a mi hija porque su padre es un monstruo que me violó brutalmente.  Les hago una pregunta retórica: "Si el padre biológico de un niño fuera Hitler, Saddam Hussein, o Bin Laden, ¿eso los hace menos dignos de amor sin fin?" La respuesta es: ¡NO, absolutamente no!

Como seres humanos, no elegimos a nuestros padres biológicos.  Ya se trate de un asesino en serie o un violador, ese niño es puro, y ese niño es inocente.  Ese niño es una vida nueva.

Creo que la concepción es el inicio de una nueva vida.  En el futuro, cuando tenga más hijos, sé a ciencia cierta que no miraré a Valencita, que fue concebida en una violación, de un modo distinto que a mis hijos concebidos dentro del matrimonio.

BIO: Wedencise "Wendi" Lubin vive en Florida y es madre, estudiante universitaria, y blogger de Save The 1, así como miembro activo en Esperanza Después de la Concepción por Violación



Wednesday, April 6, 2016

Brutalmente violada en un viaje de negocios

Leer aquí una primera parte que Jennifer escribió para nuestro blog

http://salvarel1.blogspot.com.es/2015/04/jennifer-christie-asi-actuamos-mi.html

Por Jennifer Christie


Mi hijo fue concebido en una violación pero no por eso su vida carece de dignidad y de sentido.
Vivimos en un mundo de contradicciones. “Soy vegetariano pero como pollo”. “Soy fiel a mi pareja, excepto en aquel fin de semana que pasé en las Vegas”. O, “soy pro vida excepto en casos de violación e incesto”. Lo siento mucho pero esto no es serio.
Si me hubieran preguntado hace dos años sobre la violación y el embarazo me habría sentido inquieta y azorada. Siempre me he considerado favorable a la vida pero, claro, ¿Violación? ¿Cómo podemos pretender que una mujer cargue toda su vida con la memoria de tal atrocidad? Esto es lo que pensaba, como muchas otras.
Incluso muchos de nuestros más acérrimos líderes pro vida, políticos y religiosos, contemplan esta excepción. "Estamos hablando de bebés concebidos en una violación", suelen afirmar, "y es mejor que, en estos casos, permitamos el aborto".
Pero eso pensaba hace dos años. Y las cosas cambian…
Era ciertamente alto, bien plantado y fuerte. No estaba allí hasta que, de pronto, apareció de incógnito. Luché lo indecible hasta que no pude más. A partir de entonces supe que en mi vida futura habría un antes y un después de este momento. Y en lo referente a “después de aquel momento”, me he dado cuenta que he empezado a ser otra persona: alguien mejor, más honesta y fuerte de lo que nunca hubiera imaginado.
Mientras estaba embarazada, empecé a buscar otras historias parecidas y me encontré con SalvarEl1 y Rebecca Kiessling, su presidenta, quien me dijo: “Pienso que tu testimonio ayudaría a mucha gente. ¿Podrías considerar compartirlo con ellas?".
“Oh… No sé…”.
“Siempre que te encuentres cómoda con ello. Ten en cuenta que tienes un amor incondicional por este bebé, desde el primer instante, el amor de tu marido hacia ti y también hacia ese bebé como si fuera el suyo propio. Además, el hecho de que estés casada hace que no sea un testimonio cualquiera”. La mía era, ciertamente, una historia muy singular.
Pensé en mujeres que habrían pasado por lo mismo –mujeres que se sintieron solas, inseguras y aterrorizadas; mujeres que quisieron tener al bebé después de haber sido violadas pero que estuvieron sometidas a enorme presión para que abortasen; mujeres que desconocían de lo que eran capaces de hacer y de la fortaleza que podrían tener.
¿Y si pudieran leer mi experiencia? Por muy diferentes que fueran las circunstancias quizás mi historia podría infundirles algo de valor y saber que no están solas. Pensé también en los hombres  -esposos o novios de aquellas mujeres, víctimas de una violación; también ellos podían comprender que puede amarse inmensamente a un niño inocente con independencia de su código genético. Estos hombres podrían contemplar a un marido que reconoció la inocencia y la belleza de una creación de Dios y vio simplemente a un bebé, fruto de su amada mujer, y de este modo la decisión de amarle fue más sencilla: “De acuerdo, hagámoslo. Vamos a tener a este niño”.
“Violada en un viaje de negocios” fue inicialmente publicado en Diciembre de 2014. Recé para que tocara el corazón de mucha gente y para que cualquiera que lo leyera recordara que Dios siempre puede sacar mucho bien de aquello que es malvado. Recé para que muchas mujeres que han sufrido o sufren una violación tengan el coraje y el valor para seguir adelante con su embarazo. Y también oré por todos aquellos que consideraban que debía haber abortado, para que aprecien el valor de la decisión que tomé.
Aquel testimonio ha sido compartido más de un millón de veces en distintos foros y ha llegando a muchísima gente que se ha sentido removida pero también a otros que no han dudado en mostrar su enojo y desaprobación. Evito redactar los comentarios porque son muy dolorosos. Quiero llevar yo sola esa pena y no compartirla con vosotros.
También hubo acusaciones de engaños, diciendo que todo lo había inventado para cubrir un desliz o que había sido orquestado por la maquinaria pro vida para así ganar más adeptos para la causa.
Quisiera dejar algo claro: En ningún momento he mencionado e implicado a otras víctimas de una violación. Si alguien busca en mis palabras algún tipo de enjuiciamiento se equivoca del todo y lo hace con ánimo torticero. Nunca me he considerado una gran persona o de moralidad intachable. Soy pecadora como cualquiera. Yo nunca dije que la violación había sido planificada por Dios. ¡Esto es infamarme!
Los seres humanos tomamos nuestras propias decisiones, algunas buenas y otras malas, y pechamos con las consecuencias de nuestros actos diariamente. No creo que el embarazo a causa de la violación fuera una bendición. Sí creo que mi hijo fue un regalo, no porqué fuera concebido en una violación, sino a pesar de haberlo sido.
Escribí mi testimonio personal sin condenas ni ira, aunque entiendo que tocase el nervio a un colectivo que no comparte mi postura. No era esa mi intención pero no pienso disculparme.  Ni tampoco voy a recibir palos y quedarme callada. Ningún comentario vejatorio ni acusación sin fundamento va a conseguir que deje de compartir la verdad.
Preguntadme si acuso a una mujer que aborta después de haber sido violada. No lo hago. ¿Pienso que se está haciendo daño irremisiblemente en alma y cuerpo por su decisión? Sinceramente, lo creo. ¿Pienso que el aborto ayuda a esas mujeres a olvidar el abuso sexual al que fueron sometidas? ¿Que alumbrar a un bebé fruto de la violación significa torturarse? ¿Que dejar que el ADN del violador siga su curso en la persona de ese inocente bebé es un pecado social? No, no. ¡Rotundamente, no!
Éstas y otras son mentiras que confunden a las mujeres. En su momento más bajo y vulnerable se les dice: “te olvidarás de lo que te pasó”. No hay olvido alguno. Cualquier mujer que ha pasado por esta pesadilla necesita un apoyo emocional incondicional. Sólo tengo amor en mi corazón para esas mujeres que han pasado, como yo, por este horrible trance. Rezo a diario por su completa sanación.
Tras la publicación de mi historia me han inquirido y he sido cuestionada por detalles nimios de mi narración que parece ser que quedan sueltos como la raza del violador, la prueba de SIDA, o el hecho de que sepa que el bebé no es de marido. Creo que el problema real es que decidí dar a luz a mi hijo en vez de abortarlo porque, si hubiese tomado esta última opción, estoy segura de que nadie habría buscado los tres pies al gato en mi relato.
Con frecuencia me han preguntado qué le diremos a nuestro hijo, si se lo contaremos y cuándo lo haremos. Entre los miles de comentarios que he leído, uno me llamó poderosamente la atención. Me lo repito a diario cuando acuno a mi pequeño. “Muchos nos recriminan diciendo que no debías haber nacido. Pero tu vida es la prueba más clara de la fuerza de nuestro amor. Cuanto más nos griten, más fuerte te amaremos”.
No mentiré diciendo que ha sido un camino de rosas. La violación se pagó un caro peaje –emocional y físicamente. Tengo convulsiones que han ido empeorando en intensidad y severidad. Originalmente se atribuyeron a una hipertensión producida por el embarazo y se suponía que iban a desaparecer con el nacimiento del bebé. Pero más tarde, esas convulsiones fueron diagnosticadas como resultado de la paliza recibida que provocó una epilepsia post-traumática. Un diagnóstico que, sin lugar a dudas, lo ponía todo patas arriba.
¿Cómo iba a quedarme sola con un bebé o cualquiera de nuestros hijos pequeños? ¿O quedarme simplemente sola? Soy incapaz de predecir cuándo tendré un ataque. No sé cómo voy a levantarme, desorientada en mi cama, rodeada de un montón de almohadas o, quizás, en el suelo del lavabo, en medio de un charco de sangre, devolviendo porque no llegué a tiempo al retrete. ¿Podré acaso volver a conducir o sentirme lo suficientemente bien para poder trabajar?
Dieciocho meses después de haber dado a luz, todavía hay muchas más preguntas que respuestas cuando veo el retablo de moratones y cortes, que me adornan tras mi última convulsión.
Puedo oíros –a algunos de vosotros- decirme que no haber abortado a mi pequeño ha causado todos estos infortunios, no sólo a mí sino también a mi familia. Tenemos enormes problemas económicos por el hecho de que mi esposo debe pasar mucho tiempo en casa conmigo una vez los niños se han marchado a la escuela.  También por el hecho de que se haya reducido mi capacidad para hacer cosas a causa del trauma de la violación. Se han acumulado en nuestra vida grandes necesidades. Pero sé que saldremos adelante. Digáis lo que digáis no tenéis razón.
Este maravilloso niño ha traído una gran riqueza a nuestro mundo. Nuestros otros hijos han aprendido mucho más sobre la paciencia, el sacrificio y otros valores durante estos dos últimos años que en toda su existencia. Todos nos hemos enriquecido y fortalecido durante este tiempo de dura prueba. Nos hemos dado cuenta que hay mucha más belleza en el bien que oscuridad pueda traer el mal. Sabemos que honrando a Dios haremos lo justo y lo correcto, aunque, en ocasiones, uno pueda sentirse solo en ese cometido.
A mis compañeras, supervivientes de una violación, dejadme que os infunda valor, hermanas mías: ¡sed esa voz! La voz que hable en nombre de vuestro hijo, por esos niños a los que, incluso algunos pro vida, consideran excepciones. Alzad vuestra voz para acabar con la falacia de llamarles “hijos del violador”. Ahora tengo muy claro que ésta es una discriminación terrible. Así que, sed la voz por vuestros hijos, por los más desprotegidos e indefensos. No os dejéis acaparar por el mal. Venced el mal con el bien.
A los muchos miles que han enviado desde todas partes del mundo palabras de apoyo, su cariño y sus oraciones: nunca os podréis imaginar lo que ha significado para mí y para mi familia. Nos sentimos bendecidos con vuestra amistad y os pedimos que sigáis rezando por nosotros.
A los miles que me han insultado y maldecido: nos habéis fortalecido y abierto los ojos para ver cuánta oscuridad puede haber en el alma del ser humano. Mi familia y yo misma rezaremos por todos vosotros.
A mi amado hijo:
Cuando la gente diga que no deberíamos haberte tenido,
Te amaremos mucho más.
Cuando la gente diga que eres un error,
Te amaremos mucho más.
Cuando te preguntes si quizás ellos tienen razón,
Te amaremos muchísimo más.

Nota del Editor: Jennifer Christie es esposa y madre de 5 hijos, editora de www.savethe1.com. Usa su apellido de soltera para preservar su seguridad y la de su familia. Si alguien quiere contactar con ella, mostrar su apoyo o ayudar a su familia, por favor háganlo AQUÍ (https://www.gofundme.com/tbw9nbdg)




Saturday, April 2, 2016

NO PODÍA ABORTAR A MI HIJA DESPUÉS DE OIR SU CORAZÓN PALPITAR


Por Elizabeth Reed




No sería justo contar mi historia sin empezar hablando de mi madre. Cuando tenía 18 años tuvo una relación con un hombre mayor que ella. Más tarde, supo que estaba casado y tenía familia. Pero el golpe más terrible  vino cuando descubrió que había quedado embarazada de mí. Cuando se lo comentó, aquel hombre decidió hacer lo que todo adúltero suele hacer: le propuso el aborto, así se libraría de mí y ocultaría su infidelidad.
 
Lo cierto es que mi madre lo consideró. Era joven, acababa de empezar la universidad y apenas sabía nada sobre el aborto, mucho menos sobre la adopción. Ella nunca había asociado la palabra “aborto” con “asesinato”. Desconocía que mi corazón ya estaba latiendo, incluso antes de que se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada.
Pero el hecho de que mi madre no me quisiera no significa que yo no fuera amada. Y así, Dios quiso que a esa pobre mujer le faltara el dinero necesario para deshacerse de mí. De esta manera, salvé mi vida. Mi padre biológico, que se había desentendido del todo cuando mi madre quiso seguir con el embarazo, no sabe nada de mi existencia.
Pocos años después, mi madre se casó y se divorció de un hombre que me adoptó y al que todavía hoy llamo padre. Años después del divorcio, empezó a salir con otro hombre que abusó sexualmente de mí, desde los 8 a los 11 años. Sólo años después de que aquel malvado desapareciera de mi vida me vi con fuerza para revelar aquel horror sufrido y todavía tendrían que pasar unos cuantos años más para que, tanto mi madre como yo, encontráramos la paz que tanto ansiábamos.

Por aquel entonces tenía una formación sexual muy pobre en la que relacionaba sexo con amor. De hecho, seguía los pasos de mi madre, perdida y desorientada. Con apenas 15 años empecé a salir con un muchacho. Me drogó y se aprovechó sexualmente de mí.
No recuerdo absolutamente nada de lo que sucedió aquel día. Parte de mí todavía se pregunta si la pérdida de memoria fue resultado de las drogas ingeridas o una bendición de Dios. ¿Quién querría recordar el hecho de ser brutalmente violada?
Lo que sí recuerdo es que seis semanas después de lo acontecido me di cuenta de que estaba embarazada. Recuerdo quedarme petrificada, especialmente porque debía contárselo a mi madre. Creía que no podía decírselo a nadie, y teniendo en cuenta los abusos pasados, pensaba que aquello debía ser lo más normal. Así que decidí quedarme callada. Ahora, mirando hacia atrás, deseo que haber tenido el valor de decir la verdad. Ahora sé que mi familia habría luchado por mí y me habría defendido.
Todos aquellos que lo sabían me animaban a abortar. El padre del muchacho que me violó se ofreció incluso a pagarme la intervención. Me avergüenza reconocer que concerté una cita para acabar con la vida de mi hija. Pero, mi carácter inquieto hizo que visitara un centro para ayuda a mujeres embarazadas pocos días antes de la cita con el abortorio. Simplemente, quería más información. La providencia quiso que el técnico de ultrasonidos estuviera en el centro y me realizaron una prueba.
“Bump” “bump” “bump”.
Todo se paró a mi alrededor. Me faltaba aire. Cada fibra de mi ser se puso en guardia. ¿Era aquello un latido? La recepcionista de la clínica abortista y todos aquellos a los que confíe mi situación me decían que llevaba simplemente un puñado de células. Y yo sabía que un simple tejido no tiene latidos. Algo no encajaba. Querían engañarme.
Tuve claro que no podía abortar. A mis 15 años desconocía muchas cosas pero sabía que no podía detener aquel corazón al que oí latir con tanta fuerza.
Abandoné el hogar. Durante los meses siguientes dormía en el sofá de algunas amigas e incluso pasé una temporada con mi padre adoptivo.
Nunca antes había estado tan enfadada. Estaba enojada con Dios. ¿Quién se pensaba que era yo? ¿Qué le había hecho yo para merecer todo aquello que me estaba pasando? ¿Por qué Dios me había hecho sufrir tanto desde mi nacimiento? Abusada sexualmente en mi infancia, ¿había nacido para ser un objeto de los hombres? ¿Era un chica de usar y tirar? ¿Qué mal le había hecho yo a Dios?
Estaba furiosa.
Entonces, cuando ya llevaba seis meses de embarazo me tropecé con una mujer, pastor en su iglesia, que cambiaría mi percepción para siempre de todo aquello. Mientras tomamos un helado me contó que Dios no sólo me amaba sino que, además, quería lo mejor para mí y velaba a diario por mi vida y todas mis cosas. Me leyó unos versos de la Biblia que me reconfortaron totalmente: “Te he llamado por tu nombre, tú eres mío”. “Conozco los planes que tengo para ti, planes que son para bien y no para hacerte daño. Planes para darte esperanza y futuro”. “Si tu madre o tu padre te abandonasen, yo nunca te olvidaré”.
Todavía algo confusa le pregunté: ¿Aquel Dios al que yo maldecía resulta que me ama y se preocupa por mí? ¿Él había escrito aquellos versos directamente en lo más profundo de mi corazón antes de que yo hubiera nacido? ¿Realmente tenía planes para mí? Y, aún habiendo sido abandonada por mis padres, ¿era posible que Dios me quisiera, incluso cuando yo le había odiado tanto?
A pesar de mis dudas aquella tarde me rendí. Terminaron mis pesares y lloré con el consuelo de saber que Dios me amaba con predilección. Le dije: “De acuerdo, Señor, Tú ganas. Ayúdame, puesto que no sé qué debo hacer. Llevo en mi seno esta vida que Tú creaste. Si tienes un plan para ella, por favor, dime cuál es”.
Entonces, como si de un relámpago se tratara, oí la palabra “adopción”, tan claramente como si hubiera oído a mi madre pronunciar mi nombre desde el otro lado de la habitación. Quedé petrificada pero aquel mensaje dejó claro lo que debía hacer.
Me puse en contacto con el centro de planificación familiar que me había realizado el ultrasonido y que, a la postre, salvó a mi hija, y ellos me remitieron a una agencia de adopciones. Escogí a la familia que consideré más idónea y quedé con ellos.
En ese momento estaba embarazada de siete meses y medio. Mi pequeña nacería un mes después, prematuramente.
Sus padres estaban ya preparados. Su madre estaba conmigo en la sala de parto donde me practicaron una cesárea de urgencia. No pude alabar a Dios lo suficiente por el hecho de tenerla allí cerca, a mi lado. Me alisó el cabelló, me transmitió paz y rezó en todo momento para que tuviera un buen parto.
De pronto oímos el gemido de un recién nacido. Inmediatamente aquella buena mujer y yo misma quedamos sumidas en un silencio que podía cortarse. Nunca en mi vida había oído un sonido tan bello como el de aquella niña. Después, mientras recuperaba fuerzas en una sala contigua, contemplaba a la pequeña mientras dormía plácida entre mis brazos. Nunca había visto una criatura tan preciosa como aquel bebé. Parecía encarnar las palabras de Pablo a los Romanos: “Dios trabaja en todas las cosas para el bien de los que le aman”(Rm 8,28). Pero es que además, aquella niña era la prueba de que mi propia vida ya nunca más sería una vida de odio y rencor. Mi hija era la imagen de Dios, de su amor redentor por mí. Mi vida ahora era una vida de esperanza, renacimiento y nuevos retos. Dios tenía planes para mí y para aquella pequeña. Y esos planes habían de darnos a ambas esperanza y un futuro.
Cinco días después de haber dado luz abandoné el hospital. Mientras veía como sus padres se la llevaban en coche rompí a llorar. No por haber sido violada; tampoco porque sintiera que me hubiera sacado un peso de encima (como algunos han pretendido enfatizar para reprender mi actitud). Lloraba porque ya la echaba de menos. Aquella pequeña criatura, una simple bebé, no la hija de un violador, un estigma o una excepción.
Era un bebé. Era mi bebé. Su bebé… mi corazón.
Desde que entregué a mi hija en adopción he llegado a cabo la misión de educar a la sociedad sobre la realidad del aborto, la adopción y todas las implicaciones que ello conlleva. El aborto estuvo a punto de silenciarme dos veces pero no he vivido esta historia para permanecer callada sino para compartirla y no me detendré hasta que todos los niños sean protegidos.

Claude Cyubahiro, concebido en violación, al saber su origen se vio rechazado por todos: sólo Dios dio valor a su vida

“Mi abuela me ayudó a convertirme en cristiano y volver a este fundamento es lo que me ayudó a reconocer mi dignidad y mi valor; que aunque yo había nacido no deseado, que había sido rechazado al nacer, sabía que Dios me amaba y que Él no me rechazaba, que me quería y que eligió que naciera de ese modo para que Él pudiera proclamar Su gloria a través de mí”

12 de marzo de 2016.- (Claude Cyubahiro  / Save the 1Religión en Libertad  Camino Católico) Me llamo Claude Cyubahiro y soy de Ruanda, África. Nací en 1993, un año antes del genocidio que asoló mi país en 1994. Ahora tengo 22 años. Crecí con mi abuela desde que era un bebé hasta que tuve 11 años, cuando ella murió, en 2005. Crecí creyendo que era mi madre. Se preocupaba mucho por mí y nunca le pregunté dónde estaba mi padre. Tenía todo lo que quería y las necesidades materiales las completaban su cuidado y su amor.
La feliz ignorancia
Conocí a mi madre biológica cuanto tenía 4 años. Estaba enferma y fui a cuidarla. Pasé muchos días con ella ayudándola y llegué a conocerla mejor. Antes venía a vernos a la casa de mi abuela, pero entonces yo no sabía que era mi madre.
Cuando mi abuela murió, fui a vivir con mi madre. Se había casado y tenía otros hijos (mis hermanos y una hermana). Cuando llegué me sentí en casa y disfruté de la vida con mi padre y mi madre, como hacían los otros niños. En ese momento creía que el hombre que estaba casado con ella era mi padre porque yo le llamaba "papá" y no había problema.
Un día vino con mamá a recogerme al colegio. Estaba en el instituto, en el tercer año. Nos paramos en un supermercado y mamá salió a comprar algunas cosas. Mientras esperábamos en el coche, mi padre me preguntó: "¿Te ha contado tu madre algo sobre tu padre?". Me sorprendió la pregunta y le contesté: "No". Entonces me sugirió: "¿Por qué no le preguntas a ella?". Al cabo de un rato mamá volvió y seguimos hacia casa. No dije nada. Ni siquiera le pregunté sobre lo que papá había dicho. Estaba asombrado y confundido.
En un trozo de papel
Enterré esa historia dentro de mí esperando que fuera un sueño, pero la historia volvió a mi mente y amablemente le pregunté a mi madre: “¿Quién es mi padre y cómo se llama?". No me contó mucho de lo que pasó, pero rápidamente entendí cómo habían ido las cosas. Escribió el nombre de mi padre en un trozo de papel y me lo dio. Más tarde, quise saber si alguien de la familia de mi padre, o mi padre, estaban vivos, para verles. Quería saber quiénes eran y esperaba que me aclararan la historia: cómo había sido concebido y qué había ocurrido.
Con la ayuda de Dios, conocí a algunos de los miembros de su familia y entonces tuve una idea clara de mis orígenes. Al principio mi madre me había dicho que mi padre no me había reconocido, porque decía que no era hijo suyo. Pero la historia detrás de todo esto era que mi madre era amiga de mi padre. Trabajaban en la misma empresa y mamá era una señora muy guapa con dos hijos, gemelos. Mi padre le pidió salir una noche, la drogó y la violó.
Protegido por una ley restrictiva
Cuando mi madre descubrió que estaba embarazada de mí intentó hablar con mi padre, pero él se negó a ayudarla. Mamá consideró la posibilidad de abortar porque tenía novio y ambos tenían dos hijos, por lo que el aborto hubiera sido una solución para salvar su relación. Tenía 25 años cuando la violaron.
La ley de 1977 prohibía el aborto “excepto cuando seguir con el embarazo pone en serio peligro la salud de la embarazada”; se requería una segunda opinión, que el aborto lo realizara un médico del sistema sanitario público o que tuviera la aprobación del estado y que se llevara a cabo en un hospital público o en uno concertado. Muchos deseaban que fuese posible el aborto para una mujer que había sido violada. Desgraciadamente, en junio de 2012, la ley cambió en Ruanda, permitiendo el aborto en casos de violación o incesto. Por lo que a mí respecta, en 1993 me protegió la ley de Ruanda sobre el aborto, pero yo sé que fue Dios quien me protegió.
Cuando llegó el momento de dar a luz, mi madre fue sola al hospital. Yo era sano y normal y salió del hospital enseguida.
Para volver a casa tenía que pasar por la casa de mi padre, por lo que decidió ir para dejarme allí. Pero mi padre y su familia la rechazaron de nuevo. La echaron llamándola prostituta mientras me llevaba en sus brazos, a mí, que tenía pocas horas de vida.
Problemas psicológicos
Al llegar a su casa, mi abuela me recibió y me puso mi nombre. Dijo: "Este niño que ha sido rechazado es mío. Lo educaré y se convertirá en un hombre”. En ese momento se salvó mi vida. ¡Doy gracias a Dios por el don de la vida!
Unos meses más tarde estalló la guerra en mi país: "genocidio" y mi padre biológico, que era tutsi, fue asesinado con otros miembros de su familia. Pero yo estaba con mi abuela, que me protegió. Sobreviví.
Saber todo esto fue un duro golpe para mí. Estaba solo y no tenía a nadie con quien compartirlo. Empecé a tener miedo de los otros; pensaba que si sabían quién era yo, me odiarían por eso. Me sentí no deseado, rechazado y solo. Entré en un periodo de depresión; quería incluso suicidarme. ¡Perdí toda la esperanza que tenía! No caí en el consumo de drogas durante mi depresión, pero me enfrenté a otro tipo de adicción.
Cuando supe de mi pasado y entré en una depresión, empecé a odiarme a mí mismo. No podía hablar con nadie, porque pensaba que ellos sabían "quién era yo", que había sido el fruto de una violación y que mi padre me había rechazado. Mi rendimiento en el colegio cambió; también mi comportamiento.
El fundamento cristiano: mi valor lo pone Dios
Había nacido en una familia cristiana. Mi abuela me ayudó a convertirme en cristiano y volver a este fundamento es lo que me ayudó a reconocer mi dignidad y mi valor; que aunque yo había nacido no deseado, que había sido rechazado al nacer, sabía que Dios me amaba y que Él no me rechazaba, que me quería y que eligió que naciera de ese modo para que Él pudiera proclamar Su gloria a través de mí.
Empecé a ver documentales y a leer muchos libros sobre personas que habían superado grandes pruebas y mi modelo fue Jesús. Aprendí mucho de la historia de Juan Pablo II, de la superviviente a un aborto Melissa Ohden y de Rebecca Kiessling, concebida en una violación. Cuando supe toda mi historia quise conocer a alguien que tuviera una historia similar para poder compartirla y ayudarnos a superarla.
Sorprendentemente, a la primera persona que conocí fue a Rebecca Kiessling, que vivía en los Estados Unidos. Conectamos a través de Facebook y ella me presentó a muchos otros que estaban en Save The 1. Con estas historias… ¡recuperé mi esperanza! ¡Ya no me siento solo!
Médico para salvar vidas
En Ruanda, los niños concebidos como resultado del genocidio son llamados los "embarazos de la guerra", "niños no deseados" o "niños de feos recuerdos".
Rindo honor a todos mis hermanos y hermanas bebés que no nacieron porque fueron abortados o que fueron rechazados y murieron. ¡Estoy aquí para hablar en su nombre! Quiero ser una voz para los niños no nacidos y rechazados. Quiero ayudar a todos los niños y bebés que pasarán por esta situación, quiero darles esperanza y estar allí para ellos. Quiero animar a otros a que rechacen el aborto; no importa cómo haya sido concebido el niño, si en una violación o de cualquier otra manera no deseada.
Actualmente soy estudiante de segundo año de ciencias biomédicas en el Instituto de Ciencias Aplicadas de Ruhengeri; mi deseo es estudiar medicina. Hay varias Facultades de Medicina fuera de Ruanda que me interesan y ahora ya tengo mi pasaporte, a pesar de que en mi certificado de nacimiento no consta el nombre de mi padre biológico. Con la ayuda de Dios, lo acabo de recibir del Departamento de Inmigración. Me pidieron que cambiara el nombre de mi padre y, sorprendentemente, expliqué mi caso al funcionario del Departamento y tras contarle mi historia, me ayudó. ¡Pude usar mi certificado bautismal para probar la paternidad!
Tras conocer la verdad de mi vida, decidí que quería ser médico para salvar vidas, para detener el aborto donde pueda y para ayudar a los que mueren a hacerlo en paz y con esperanza. ¡Esto es lo que quiero hacer! ¡Realmente lo deseo! Después de preguntarme por qué sobreviví, descubrí que Dios salvó mi vida por un motivo; por esto estoy comprometido en salvar vida a través de la medicina, dando esperanza a los desesperanzados porque sé lo que es vivir sin ella.
La piedra angular
Cuando le pregunté a mi madre qué piensa de mí ahora, me recitó el Salmo 118, 22-24: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro. Éste es el día en que actuó el Señor: ¡vamos a festejarlo y a celebrarlo!". Entonces me dijo que le preguntara el significado de estos versículos... 
Mi madre está muy orgullosa de mí. Esta contenta de que quiera estudiar medicina, pero también preocupada porque no puede ayudarme a pagar los estudios. Pero a pesar de todo, sé que Dios tiene un plan para mí y quiero que él me utilice para llevarlo a cabo.
Claude Cyubahiro

Publicado en Save the 1.
Traducción de Helena Faccia Serrano (diócesis de Alcalá de Henares).