Sunday, April 5, 2015


UNA INTERESANTE REFLEXIÓN

¿Puede un provida aceptar excepciones?
por Maria Pilar Gállego Higueras
Con unas cuantas décadas de tradición abortista en muchos países y sus consiguientes estragos no es difícil encontrar personas comprometidas con la defensa de vida. Estos provida no admiten el aborto, mantienen que matar a un ser inocente no está bien y esgrimen fervorosamente que la vida es un derecho fundamental que se debe respetar desde la concepción hasta la muerte natural. Pero dentro del colectivo de defensores de la vida se pueden escuchar expresiones del tipo: "Soy provida pero, en caso de violación, me lo tendría que pensar" o " Soy provida pero, en caso de incesto, seguro que abortaría" o "Si me dijeran que mi hijo tiene una malformación, no lo tendría porque no merece la pena que viva así"...
La pregunta que se nos plantea, sería: ¿Es posible ser provida de verdad y admitir excepciones a las que, simplemente, no les corresponde el derecho a la vida por la manera concreta en que fueron concebidos o por tener unas características físicas o mentales distintas a la mayoría de las personas?
Aceptar excepciones dentro del derecho a la vida es, en la práctica, abrir la puerta a la legalización del aborto. Tarde o temprano, acaba sucediendo. Es, de hecho, la manera en que se ha ido instaurando el aborto en muchos países. En España en los años ochenta entró camuflado de progresismo democrático con su despenalización en tres supuestos, uno de ellos, el de violación. Trascurridas unas décadas, el balance de 300 niños abortados diariamente es aterrador. Es como la fisura que se forma en el revestimiento de una embarcación. Primero es pequeña y pasa desapercibida pero, si no se repara, se termina haciendo mayor, permite el paso del agua al interior y provoca su hundimiento.
Negar el derecho a la vida a un niño por la manera en que fue concebido es decir que esa circunstancia define su vida y que ésta no tiene ningún valor. El origen de esa vida forma parte de sus circunstancias, de su biografía pero en modo alguno va a delimitar su felicidad, su valía, sus capacidades o el amor que es capaz de dar o suscitar en los otros. Por supuesto que no hay que obviar que estamos hablando de supuestos durísimos, violaciones o incesto. Duros, sí, porque resquebrajan la secuencia natural y lógica de las cosas: los hijos se conciben por un acto de amor con alguien a quien quieres y no por un acto violento y obligado con un desconocido o un familiar. Pero, aun en estas circunstancias tan terribles, la vida del niño concebido importa y no la podemos dejar de lado. Tal vez la primera tendencia de una mujer en esas circunstancias sea la de plantearse un aborto pero éste no va a reparar el daño hecho, ni la ofensa ni va a conseguir que olvide el drama de la violación o incesto y, a esto, se unirá otro drama peor: el del aborto. Y si realmente se está incapacitado para sacar adelante a la criatura hay cantidad de personas esperando una adopción. Hace unos años se publicó el libro "Víctimas y vencedores". Es un estudio que duró 9 años sobre192 mujeres que engendraron un hijo tras un abuso sexual y 55 adolescentes y adultos que fueron concebidos en una violación o por incesto. De estos últimos, todos afirmaban ser felices y llevar una vida normal. De las mujeres que decidieron dar a luz a su hijo, ninguna se arrepentían ni veían en su hijo al hijo del violador. Toda vida tiene derecho a ser vivida y todas las vidas se tienen que proteger. Si unos pocos quedan desprotegidos todos están, en la práctica, desprotegidos.
Ocurre algo muy similar con los supuestos de malformaciones incompatibles o no con la vida. Una vez asumido que los niños que se desvían de la norma no tienen derecho a la vida, ¿dónde establecemos el límite? ¿tiene derecho a vivir el niño ciego, el sordo, el que le falta un riñón o el que nace sin mano? ¿y el que se enferma gravemente una vez nacido? Le practicamos la eutanasia post natal como, de hecho, se empieza a sugerir en algunos países? Nuevamente topamos con la misma realidad: desprotegidos unos, desprotegidos todos. ¿Van a tener una vida menos plena estos niños, van a ser menos felices? La felicidad no radica en ser perfecto o en ser como todos y, por supuesto, no podemos erigirnos en jueces y dictaminar que esa vida o la otra no merecen la pena ser vividas. Existe una belleza y perfección interior que irradia de enfermos y disminuidos y el corazón humano ama con más facilidad al vulnerable, al herido, al débil. Los padres sienten predilección por el hijo más imperfecto, el que precisa más ayuda, el más susceptible de fallar y equivocarse. Ciertamente, hay patologías incompatibles con la vida pero todas, son compatibles con el amor. Y en última instancia tanto el niño concebido en una violacion, por incesto o el que tiene una malformación tienen la grandeza de que son Hijos de Dios, que fueron pensados por Él desde antes de su concepción y cuenta con ellos para su plan de salvación y, seguro, les tiene reservadas cosas grandes.

No comments:

Post a Comment