Me llamo Rebeca Solórzano.
Vengo con una bandera de luz que es la vida.

No tuve la oportunidad de
vivir con mi madre biológica, pero en cambio llegaron dos seres llenos de luz,
que se convirtieron en mis padres adoptivos.
Mi padre es carpintero y mi
madre ha trabajado en oficios varios. Crecí con ellos, en una familia humilde.
Mis padres siempre lucharon por su niña. Lucharon con paciencia y arduo trabajo
hasta lograr que fuera capaz de valerme por mí misma. No fue fácil, pero esto
me dió fortaleza para afrontar retos en mi vida y darme cuenta de lo que
realmente quería. En esta familia maravillosa
viví durante 23 años de mi vida. Hace 8 años que conozco mi origen y hoy lo
comparto.
Hay una voz en mi interior que
sabe que la vida es valiosa sin excepción y agradezco infinitamente que me
concedieran la gracia de vivir y ser la mujer que hoy soy. El destino me ha
proporcionado experiencias y he aprendido de ellas.
Cuando estudiaba tuve la oportunidad
de ir a un intercambio a Chile. Ahí conocí a
personas con grandes talentos, entre ellos conocí a quien hoy es mi
esposo, un hombre con un gran corazón. Juntos hemos tenido tres hermosos hijos,
los cuales crecen y aprenden a pasos agigantados.

Hoy por hoy, soy consciente de mis orígenes y éstos me ayudan a afrontar la vida con valentía. Esto quiero transmitirlo a las generaciones venideras desde mis hijos hasta los que por alguna razón lean esto. La vida es el regalo más grande que podemos tener y las decisiones que tomemos en ella definirán nuestro destino.
Tengo un compromiso con la
vida y la defenderé con todo mi corazón, porque a mí me dejaron vivir. Es
tiempo de proteger la vida de las nuevas generaciones que formarán una nueva
nación en el mundo.
Rebeca Solórzano, escribió este testimonio para Salvar El 1 con la intención de que su historia pueda ayudar a otras personas que pasen por algo parecido.
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