Saturday, January 20, 2018

A los 13 años, mi tío me violó y me dejó embarazada pero el juez consideró que era irrelevante, por JC



Corría el año 2000 cuando mi tío empezó a abusar de mí. Yo tenía 12 años y él 19; estaba casado y tenía un hijo de dos años. Mi madre le permitió alojarse en nuestra casa con su familia e, inexplicablemente, los acomodó en mi dormitorio puesto que mis otras tres hermanas ya compartían habitación. Los tocamientos inapropiados de mi tío se hacían más intensos cuando él y su esposa discutían. Finalmente, ella y su bebé acabaron marchándose de casa. Entonces, mi tío empezó a acosarme por las noches. Yo estaba aterrorizada.

Mi madre y su esposo sospechaban lo que estaba sucediendo pero no se atrevían a denunciarlo por miedo a que, si mi abuelo se enteraba, pudiera matar a alguien.

Mi madre y sus hermanas también habían sido acosadas por mi abuelo cuando todavía eran unas niñas y  cuando él supo que mi madre  lo había contado , se presentó en casa, le apuntó a la cabeza con una pistola y la amenazó con matarla si alguna vez volvía a comentar algo. Así que mi madre me dijo: “A mí también me sucedió y tuve que aguantarme”.

Sé lo que es ser presa del miedo, pero no entiendo como alguien puede permitir que algo tan horroroso pueda suceder a sus hijos sin sentir una pizca de remordimiento. Mi padrastro nunca salió en mi defensa y tampoco lo hará jamás. Es un hombre muy pasivo y la gente fácilmente se aprovecha de él porque nunca se defiende ni tampoco se preocupa por su familia.

Se asumió en la familia que mi tío Lenny frecuentara cada vez más mi habitación para acostarse conmigo. Un día, los servicios sociales se personaron en nuestra casa y denunciaron una llamada recibida según la cual mi madre permitía que un hombre durmiera conmigo. Nos reunieron a mi madre, a mi tío y a mí en la sala de estar, pero yo no pude decir nada. Me quedé muda. Mi madre y mi tío llevaron la conversación y negaron las acusaciones. Nunca le dijeron a la asistenta social que mi tío era el culpable y, al no hallar causa en la que intervenir, cerraron el caso.

Seguramente se preguntarán por qué no dije nada entonces y mi respuesta es: No lo sé. Desearía haberlo hecho, pero en  aquel momento era para mí una forma de vida. Sentía que no tenía opción alguna en lo que me ocurría. ¿Y si hubiera hablado? ¿Qué habría pasado? ¿Me habrían llevado a vivir con alguien más de la familia? Cada uno era más malvado que el anterior.

foto referencial

Cuando quedé embarazada a los 14 años, mi madre se asustó. Me dijo que no quería problemas por todo aquello, así que nos llevó a Tennessee para que nos casáramos y así, fuera de nuestro estado, nadie podía asociarnos como familia cercana. No sé si él ya estaba divorciado en aquel momento, pero mi madre firmó los papeles de emancipación para no tener ninguna responsabilidad sobre mí. Sin embargo, aquel día tuvimos un choque leve con el automóvil y nunca llegamos al juzgado.

Un par de meses después, ya con 15 años, empecé a sangrar y acudí al doctor. Sufrí un aborto espontáneo. Sorprendentemente, el doctor nunca llamó a servicios sociales y nunca me preguntó  quién era el padre de la criatura. Hoy sé que dar parte de aquella anómala situación era responsabilidad suya. Aquello me habría liberado de todas las pesadillas que iba a sufrir.

Mi madre, entonces,  llevó a toda la familia a Florida, a vivir con el abuelo, pero me dijo que no tenía habitación individual para mí. Así que tuve que compartir dormitorio con mi tío una vez más. Mi familia entendía que yo era responsabilidad suya. Es algo difícil de entender ahora, pero ése era el infierno en el que yo me encontraba viviendo.

Siempre pensé que mi madre pudo haber terminado con aquel abuso, pero mi abuelo no se lo permitió. Imagino que intentaba evitarle cualquier problema a su hijo, aunque sabía que  el tío era un asqueroso.

Poco tiempo después regresé con mi abuelo y mi tío a Alabama, donde quedé embarazada de nuevo, en aquella ocasión con 15 años. Ese hijo concebido en incesto tiene ahora 14 años. A pesar de las horribles circunstancias de su concepción amé a mi bebé desde el primer instante y haría cualquier cosa por protegerlo.

Abandoné el colegio y estudié en casa hasta la secundaria. Aunque obtenía buenas calificaciones, lo odiaba. Era doloroso ver a todos esos niños a los que nada les faltaba, todo les iba bien, mientras yo estaba atrapada en mi infierno, sin ninguna esperanza de salvación.

Mi tío siempre se había comportado mal conmigo: me insultaba, me empujaba y sentía celos furiosos. Pero cuando quedé embarazada se intensificaron los abusos. Llegó a decirme: “Ya tengo un hijo, no quiero otro”. Bien, me decía yo, demasiado tarde. Haberlo pensado mejor cuando se dedicaba a abusar de su sobrina menor de edad. Pienso que su ira nacía de su temor, del miedo a ser apresado y encarcelado. Me había estrangulado hasta casi ahogarme, arrastrado por el cabello, intentado accidentar el coche conmigo dentro y golpearme.

Acudí a mi madre y le supliqué ayuda para librarme de aquel hombre. Me dijo que teníamos un hijo en común y que, si alguien descubría aquel “secreto”, yo iría a la cárcel y perdería la custodia de mis hijos. Me convenció y yo la creí. He guardado este secreto hasta ahora.

Los abusos continuaron hasta que, finalmente, le abandoné. La relación había empeorado con el tiempo. Incluso sus hermanas –mis tías- me golpeaban cuando intentaba marcharme del hogar.

Cuando nació mi hijo lo quise al instante. Le amé incondicionalmente desde el primer momento que le vi pero vivía aterrorizada pensando que el personal del hospital me lo arrebataría si llegaban a conocer mi gran secreto. Recibió mi apellido de soltera. Donde debía constar el nombre del padre en el certificado de nacimiento se anotó un simple “desconocido”, porque la familia dijo que era mejor mantener a Lenny al margen.
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Con 18 años quedé embarazada de mi tío por tercera vez. Por otro lado, veía que mi hijo no estaba bien, pero los médicos no me hacían caso. Después de visitar a diversos doctores y debido  a mi persistencia, mi hijo fue enviado a un hospital infantil donde se le diagnóstico, finalmente,  el Síndrome de Krabbe, una enfermedad en la que los niños heredan de sus progenitores un gen defectuoso. Recuerdo que los médicos nos preguntaron si teníamos algún parentesco, porque aquella enfermedad sólo tenía lugar por motivos de consanguinidad. De nuevo yo estaba aterrada porque mi tío estaba allí conmigo y porque mi madre me había asegurado que si hablaba se quedarían con mi hijo.

El día que recibimos el diagnóstico yo tenía 6 meses de mi cuarto embarazo. Entonces, el médico que me atendía me dijo que no debería tener más hijos con aquel hombre y que considerara abortar a mi bebé. Me quedé estupefacta viendo cómo un médico podía sugerir tal cosa.

Me dijeron que mi hijo solo viviría trece meses y cuando llegó a esa edad tuvo que ser ingresado en el hospital. Eso sucedió un viernes y dos días después yo daba a luz a mi tercer hijo. Firmé el papeleo para salir del hospital y me fui a vivir a una residencia cercana con un bebé y un recién nacido, así podía visitar a mi hijo en la UCI durante las horas previstas.

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Todo el tiempo que mi hijo pasó en el hospital me sentí segura porque mi tío se había quedado en casa, trabajando, yendo de fiestas y manteniendo relaciones sexuales con otras mujeres. Me sentía libre, aunque fuera por poco tiempo. Mi objetivo principal eran mis hijos.

A los 6 meses de su internamiento permitieron que mi hijo marchara a casa, aunque necesitara cuidados. Yo me ocupaba de él y una enfermera me reemplazaba por las noches mientras yo dormía.

Mi tío había bebido siempre, pero en aquel momento empezó a tomar drogas también. Le odiaba. El solo verle me provocaba náuseas en el estómago. Él había robado mi juventud y mi vida.

Mi hijo falleció el 9 de enero de 2008 y cambió todo para mí. Pude distanciarme de mi tío y empecé a trabajar. Esto le irritó sobremanera, porque mientras más independiente era yo, él se ponía más violento conmigo. Así que exigió que nos casáramos ese mismo mes, el 22 de enero. Yo sabía que aquella relación estaba condenada al fracaso y que, tarde o temprano, encontraría una salida. De todos modos, acepté para mantener la situación en calma.

Una noche vi con claridad que no podía resistir más aquella situación. Esa misma mañana mi tío me había amenazado con más insistencia, si cabe, y yo me escondí. Entonces, desconectó la electricidad y oí como accionaba el percutor de su pistola. Había pasado toda mi vida procurando escapar de él, pero ahora sabía que si no lo hacía pronto me haría daño, incluso matarme.

Me levanté una mañana para ir al trabajo, justo después de él. Cargué mi coche con lo necesario y me fui. Nunca regresé.

Pedí el divorcio aquel mismo año, pero mi tío rehusó colaborar y después él mismo pidió el divorcio. Después de reunir el coraje necesario para dejarle, vi como mi familia me abandonaba y al año me encontré sin hogar. Sin dinero para contratar a un abogado y con un sentimiento de vergüenza por tener que contar al juez todo lo relativo a la violación e incesto. Mi tío se quedó con la custodia de mis hijos durante dos años y no me permitía verlos más que cada 6 meses.

Sin embargo, hice todo lo posible para rehacerme. Me casé con un hombre maravilloso y obtuvimos la custodia de mis hijos en el año 2012. Yo continuaba sintiendo vergüenza por todo lo acontecido; de hecho, no era capaz de contárselo a mi esposo. Se enteró un par de años después y se enojó conmigo porque se lo había ocultado. Le dije que me atemorizaba la idea de verme separada de mis hijos. Lo comprendió y me apoyó, diciéndome que yo no tenía culpa alguna y que, en todo caso, era la víctima de aquel cruel ultraje. Aquella era la primera vez que me sentía con fuerzas para abrir mi corazón de par en par y contar mis sentimientos porque sabía que él me amaba y se preocupaba de mí. Aquello me dio fuerzas para luchar con más empeño por mis hijos.

Con el apoyo de mi marido denuncié la violación y el incesto ante las autoridades en 2015. El sheriff del condado presentó cargos contra mi tío porque este tipo de delitos no prescriben y el caso fue llevado ante un gran jurado. Lamentablemente, la sentencia determinó que mi tío no era culpable porque no se halló evidencia suficiente para condenarle.

En la oficina del sheriff me dijeron que estos casos son comunes, a pesar de que la gente cree que no pasan y dijo que la mayoría de las veces no se hace nada con los violadores porque, o ha pasado mucho tiempo o no hay suficiente espacio en las cárceles para todos ellos.  Me dijeron que como no había riesgo inmediato de que me violara, lo más probable era que él saldría libre de polvo y paja por todo lo que me hizo y así fue.

Estos últimos años he luchado en los tribunales para evitar los derechos parentales de mi tío. Durante todo este tiempo ha gozado de una orden judicial que le ha permitido un régimen de visitas sin ningún tipo de supervisión. Finalmente, he decidido romper mi silencio y mostrar delante del juez la realidad de la violación y del incesto porque mi tío pretendía ver a mis hijos en las fiestas de fin de año.

En diciembre de 2017, el juez sacó mi testimonio del registro del juzgado y me dijo que no se me estaba permitido mencionar la violación o el incesto.  Yo le insistía:¡“Esto no es el pasado ¡ese hombre es mi tío!”. Pero el juez dijo que eso era irrelevante y le dio a mi violador tres días de visitas sin supervisión durante las Navidades.

Estoy aterrorizada. Tuve que prescindir de mi abogado porque no quería que dijera ante el juez que mis hijos habían sido concebidos en incesto, que aquello no lo tendrían en cuenta. Estoy devastada al ver que tenía toda la razón.

Sin embargo, todavía no he dicho mi última palabra.

No me han escuchado, pero ya no van a silenciarme más. Y quiero animar a muchas otras mujeres a hacer, también, lo mismo. Quiero luchar para que existan leyes que terminen con los derechos parentales de los violadores. Ninguno de estos criminales debería tenerlos y, mucho menos, los que han abusado de una menor.

El 20 de diciembre de 2017 regresé al despacho del sheriff con más valor y fortaleza que nunca. Me enviaron, entonces, a la oficina del fiscal del distrito quien me dijo que con la evidencia que el ADN arrojaría sobre el hecho que aquel hombre era mi tío, así como la prueba de que mis embarazos tuvieron lugar con 14 y 15 años, no debería haber impedimento alguno para poder enjuiciarlo por delitos de violación e incesto.

Mi hijo falleció, también mi primer bebé que no llegó a nacer, por culpa de este hombre y yo debo vivir con este dolor el resto de mi vida. Mi tío hizo mucho más que abusar de mí: se llevó la vida de mis hijos. Causó ambas muertes por condicionamientos genéticos que no hacían factible la vida de aquellos bebés. Debería ser acusado no sólo de violación, sino también por ser el responsable directo de la muerte de aquellas inocentes criaturas.

Yo era una niña tímida que no se atrevía a levantar la mano para hablar en clase, pero ahora soy una mujer hecha y derecha, determinada a conseguir lo que me proponga. Uno de mis lemas favoritos dice: “El dolor que experimentas ahora es la fortaleza que sentirás mañana”. A cualquiera que haya experimentado un abuso le digo: No dejes que el pasado te defina y te impida tomar las decisiones correctas.

Me enojé con Dios cuando descubrí que mi bebé se estaba muriendo. De hecho, grité: “Después de todo este horror por el que he tenido que pasar, ¿ahora me quitas también a mi hijo?”. No lo entendí, pero ahora lo veo con total claridad y no dejaré que la muerte de mi hijo haya sido en vano. Vengaré su muerte protegiendo a mis hijos y ayudando a otras chicas que pasen por semejante situación.

A ti te pregunto, ¿qué vas a hacer para defender a esas víctimas? No me hables de abortar, porque los bebés no tienen culpa alguna. Cada niño tiene un propósito. Ayuda a las madres víctimas de una violación para que puedan ser protegidas de sus violadores.


BIO: J.C. está casada y es madre de 5 hijos y de momento prefiere permanecer en el anonimato.


RebeccaKiessling, es presidenta de Salvar El1. Es también abogado y ha representado algún caso semejante en Michigan. Está buscando apoyo legal en las redes sociales para JC. Si alguien puede colaborar en esta causa, por favor contacten con salvar el 1 o save the 1.



1 comment:

  1. Hola, soy Theresa Williams. Después de haber estado en una relación con Anderson durante años, él rompió conmigo, hice todo lo posible por traerlo de vuelta, pero todo fue en vano, lo quería de regreso por el amor que tengo por él. Le supliqué todo, hice promesas pero él se negó. Le expliqué mi problema a mi amiga y ella sugirió que debería contactar a un lanzador de hechizos que podría ayudarme a lanzar un hechizo para devolverlo, pero yo soy del tipo que nunca creyó en el hechizo, no tuve más remedio que intentarlo, Mandé al lanzador de hechizos, y él me dijo que no había ningún problema de que todo estaría bien antes de tres días, que mi ex regresará antes de los tres días, lanzó el hechizo y sorprendentemente en el segundo día, fueron alrededor de las 4 p.m. Mi ex me llamó, estaba tan sorprendido, respondí la llamada y todo lo que dijo fue que lo sentía por todo lo que sucedió que quería que volviera con él, que me ama tanto. Estaba tan feliz y fui a él que así fue como empezamos a vivir juntos felices otra vez. Desde entonces, hice la promesa de que cualquier persona que conozco tenga un problema de relación, sería de ayuda para esa persona al recomendarlo como el único hechicero real y poderoso que me ayudó con mi propio problema. correo electrónico: {drogunduspellcaster@gmail.com} puede enviarle un correo electrónico si necesita su ayuda en su relación o en cualquier otro caso.

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