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Saturday, December 23, 2017

Cuando miro a mi hijo nunca le veo como el fruto de una violación.




Alisha Weiler

Creo que estoy preparada para contar mi historia: cómo quedé embarazada por una violación. Pienso que cuantas más contemos lo que nos pasó más conseguiremos que nos escuchen. Esto resulta muy duro para mí, pero en algún momento hay que dar la cara.

Alisha y su hijo recién nacido

Cuando tenía 18 años acudí a una cita a ciegas con mi mejor amiga y su novio. Ella estaba embarazada. Se suponía que debíamos encontrarnos en la bolera, pero el vehículo del chico con el que debía citarme no arrancó y quedé con él en el bar de su padre adoptivo. Ahí bebimos bastante: mi amiga no lo hizo, pues estaba embarazada, pero sí su novio, el chico a quien acababa de conocer y yo misma. Nunca antes había bebido de aquel modo, era bastante ingenua en este sentido. Aquel muchacho siguió sirviéndonos alcohol. Yo estaba por debajo de la edad legal que permite beber, pero no hice caso alguno.

Acabé sintiéndome fatal, vomitando en el suelo del baño. Recuerdo que alguien me llevó hasta el vehículo del novio de mi amiga y me dormí. Me desperté en el apartamento del muchacho con el que había acordado la cita a ciegas. Había solo un sofá y nada de luces. Me pareció muy raro. Aquel chico me colocó en el suelo de la habitación y yo me dormí de nuevo. Me desperté más tarde, desnuda y dolorida, con él encima de mí. Estaba absolutamente aturdida, pero aun así comprendí lo que estaba sucediendo y le dije que parase. Intenté echarle a un lado, pero era más fuerte que yo y no pude. Empecé a chillar. No entendía por qué me habían dejado ahí sola y tampoco que nadie me oyera gritar.

Después de violarme abandonó la habitación y me dejó allí, sola. Me puse unos pantalones que encontré en el apartamento. Me senté, las rodillas tocando mi pecho, cabeza gacha entre mis manos, balanceándome adelante y atrás, llorando y confusa. Después de unos minutos, él regresó e intentó violarme de nuevo. Agarró mis brazos y trató de forzarme, pero yo luché con renovadas fuerzas. Se puso histérico y se marchó, dando un terrible portazo.

Me incorporé rápidamente, abrí la puerta y grité con todas fuerzas, esperando que alguien me oyera. Temía que aquel hombre regresara. Entonces, descubrí que mi amiga estaba en la habitación contigua. Le conté lo que me había pasado y me dijo que también la había intentado violar a ella. Estaba hundida porque su novio y aquel muchacho lo habían planeado todo. Afortunadamente, a ella no la consiguió violar, pero en la lucha por intentarlo la maltrató de tal modo que acabó perdiendo el bebé que llevaba en su vientre.

Su novio no estaba en la habitación en esos momentos así que nos hicimos compañía durante un rato. Poco después, su novio apareció y decidió llevarnos a casa.

Nos dejó cerca de la casa de mi amiga; tuvimos que caminar un pequeño trecho. El novio de mi amiga me dijo que el muchacho que me violó sentía mucho lo que me había hecho.

A la mañana siguiente mi amiga se dio cuenta de que había perdido el bebé que esperaba. Yo sentía una enorme vergüenza por lo sucedido y no me atrevía a contar a mis padres y a nadie que había sido violada.

Ocho semanas después me di cuenta de que estaba embarazada. Cuando los médicos y enfermeras supieron que había sido por una violación intentaron convencerme de que lo mejor para mí era que abortara el bebé o lo diera en adopción. ¡No me lo podía creer! Estaba traumatizada y querían que lo estuviera todavía más. ¿Más violencia? ¿Más dolor? ¿Por qué iba yo querer matar a una inocente criatura? ¿Por qué Dios iba a concederme ese regalo y yo negarme a recibirlo y arrancarlo de mi vientre como si fuera basura? ¡Mi bebé era un ser humano y merecía vivir!

Mis padres supieron de mi violación y embarazo cuando me oyeron hablar por teléfono con una amiga mía. Se entristecieron porque en aquellos dos meses no les había contado nada, pero me dieron todo su apoyo y comprensión, para mí y para el bebé que esperaba. Me habían educado en el respeto a la vida y yo sabía que no estaba bien matar a esa inocente vida que crecía en mi interior.

Cuando mis padres tuvieron noticia de la violación procedieron a denunciar el crimen cometido. También mi amiga emprendió acciones legales por el intento de violación sufrido y la pérdida de su bebé. Ambas conseguimos órdenes de alejamiento de nuestro agresor. Todo aquello había sucedido en Florida. Luego, con mis padres, nos trasladamos a Texas cuando mi hijo cumplió cuatro meses; sin embargo, el ritmo de la justicia se iba desarrollando muy lentamente.

Mi mayor preocupación era lograr que el agresor no tuviera derechos algunos sobre mi hijo. Pero, en aquel momento, la ley de Florida no nos protegía ni a mí ni a mi bebé. Con todo, poco tiempo antes se había propuesto en aquel estado la ley sobre la custodia de los hijos de los supervivientes de una violación, para terminar con los derechos paternos de los violadores. Así que, para conseguir la protección esperada, conseguí un acuerdo con su abogado por el cual mi agresor renunciaba a sus derechos como padres siempre que yo levantara cargos contra él.

Me sentí culpable de no continuar con la acusación porque pensaba que aquel hombre podía continuar sus fechorías con total impunidad; pero mi objetivo primordial en ese momento buscaba mi protección personal y la de mi hijo. Fue muy duro negociar toda aquella situación, incluso el solo hecho de pensar que debía regresar a Florida y encontrarme con él en el juzgado.



Cuando miro a mi hijo nunca le veo como el fruto de una violación. La vida ha sido generosa conmigo y con mi niño. Es inteligente y buen estudiante. Ahora está cursando Séptimo grado en la escuela. Sabe lo que sucedió y está enormemente agradecido de haber podido vivir. Algún día se hará mayor, se casará, tendrá hijos y nietos.

Él sabe que mucha gente piensa que si una persona ha sido concebida como resultado de una violación no merece vivir y debe ser abortada. Me ha dicho muchas veces cuán feliz está de que yo no lo hubiera hecho y lo contento que está de vivir. Mi hijo no ha hablado todavía con nadie sobre su historia personal. Estoy convencida que evita hacerlo para que nadie pueda burlarse de él.

Le he comentado que nuestro mundo puede ser un lugar frío y duro, pero que yo debía contar mi historia para que la gente sea consciente que esos bebés como él no merecen morir por el crimen de otra persona. Quiero promover el mensaje de que hay muchas mujeres que, como yo, aman a sus hijos concebidos en violación y que, como mi hijo también, merecen vivir y hacerlo sin avergonzarse.

¿Por qué hay gente que piensa que está bien arrebatar a esos niños inocentes su derecho a la vida? Es el momento de hablar alto y claro en defensa de esas criaturas que ningún mal han hecho y que merecen que su vida no les sea negada, nunca.


Durante muchos años me he sentido como la única mujer que ha sido violada y que ha educado sola a su bebé. No puedo describir la soledad que sentí entonces. Pero ahora, a través de Salvar El 1, he contactado con decenas de otras madres. Quiero que otras mujeres sepan que no están solas, que las apoyamos y las comprendemos.

BIO: Alisha Weiler trabaja en cuidados infantiles, es madre de dos niños y reside en Florida. Es bloguera de Salvar El 1 (Save The 1)

Saturday, June 3, 2017

¡Es mi bendición que ha salido de una situación nefasta!


Mi madre siempre trabajó mucho para costear las facturas y gastos que teníamos. ¡Quiero a mi madre con todo mi corazón! No sólo era mi madre sino uno de mis mejores amigos. 

No quiero entrar en más detalles porque sigue siendo un tema delicado, pero me violaron y yo conocía al violador . Entonces fue cuando dejé de contarle todo a mi madre. Me sentía culpable y sucia, como si fuera mi culpa.

Y quedé embarazada de esa violación a la edad de 16 años ¡Tenía tanto miedo de decirselo a alguien! Sólo hablé con mi mejor amiga de la escuela; ella era la única que sabía lo que pasó. Mantuvo mi secreto. 

Todavía vivía con mi madre en ese momento, pero ella ni siquiera sabía que estaba embarazada. Siempre llevaba ropa holgada para que no se me notará el embarazo. Yo consideré el aborto, pero no podía hacerlo, sólo la idea me hacía llorar. Pensé en la adopción pero no podía pasar por ella sabiendo que alguien más estaba cuidando de mi bebé. La única cosa que sabía que iba a hacer era cuidar de mi bebé y ser una madre adolescente no importara lo difícil que fuera o qué sacrificios tuviese que hacer. 

Además de mi amiga nadie más sabía que estaba embarazada hasta que llegué a las 25-26 semanas de embarazo. No tuve cuidado prenatal hasta ese momento porque estaba muy asustada.

Tuve un niño el 15 de noviembre de 2008 - Lo llamé Lloyd Allen Hansen. ¡Es mi bendición que ha salido de una situación nefasta! ¡Es la mejor cosa en mi vida, además de mi familia! Ahora tengo 25 años y este año cumplo 26. Mi hijo cumple 9 años y tiene 4 hermanos y un padrastro que lo ama, al igual que si fuera suyo propio.

Lisa
FUENTE : Choice 42



Lloyd y sus cuatro hermanos

Tuesday, February 14, 2017

Después de la violación, apostar por la vida lo arregló todo


por Paula Love

En la víspera de Año Nuevo de 1991, fui invitada a ir a jugar a bolos con un pequeño grupo de personas a quienes no conocía muy bien. jugamos y bebimos, pero no recuerdo mucho más. No recuerdo haber salido de la bolera, pero recuerdo haber visto faros en nuestro camino hacia alguna parte.

No tengo ni idea de cómo me metí en la habitación de un hotel. Sólo recuerdo abrir los ojos y saber que alguien estaba encima de mí. Me costó un minuto comprender lo que estaba sucediendo. Me sentí aturdida. Una vez que me di cuenta de la situación en la que estaba, mi mente se estremeció gritando que arrojara a ese hombre lejos de mí, pero mi cuerpo no hacía lo que yo le pedía. No tenía fuerzas. Ninguna. Era un peso muerto. Estoy segura de que estaba drogada. Miré mis manos caídas a mi costado y seguía diciéndome: "Levanta tus manos; ¡Échale!" Las miré de nuevo esperando que hicieran lo que les estaba diciendo, pero nunca lo hicieron y yo volví a perder el conocimiento.


Después de despertar desnuda, confundida, con frío y aterrorizada, encontré mi camino a casa. No dejé mucho mi hogar esos días... Eso duró algunas semanas. No le conté a nadie lo que pasó. Me sentía deprimida y sucia, y no me levantaba de la cama muy a menudo. Entonces, cuando parecía que iba a salir de aquella confusa situación, comencé a sentirme enferma, cada mañana.

Busqué en la guía telefónica y encontré un lugar especializado en "embarazos de crisis". Llamé y concerté una cita. Recuerdo que fue el 14 de febrero de 1991, día de San Valentín. Oriné en una taza y esperé los resultados pero ya sabía la respuesta. La señora llegó a la sala de espera y me llevó de vuelta a una habitación para darme mis resultados donde varias auxiliares estaban esperando. Me dijeron que estaba embarazada y tenían un video para mí. Observé. Observé el ciclo de vida del bebé en mi vientre. Aprendí sobre el desarrollo del corazón. Ese bebé que crecía en mi seno tenía ya un corazón que latía. Cuando salí del edificio, no podía quitar ese pensamiento de mi cabeza: el latido del corazón.
Me alejé de allí como una muchacha muy asustada de 18 años y sentí que tenía que decírselo a alguien. Elegí a mi hermana. Cuando llegué a casa, la vi tan hermosa con un vestido rojo, ocupada inflando globos, preparándose para su fiesta de compromiso con su futuro esposo. Estábamos ella y yo solas en la habitación. "Estoy embarazada." No sentí la emoción del momento, pero mi hermana se hizo cargo de la situación y eso me dio esperanza. Podía sentir mi desesperación, pero nunca vaciló.
Una por una, les conté a las personas cercanas a mí sobre el "incidente" y sobre el embarazo. Tuve la bendición de tener una familia amorosa y solidaria. Siempre hemos sido muy cercanos. Estoy agradecida de estar rodeada de su amor. Su cariño me acompañaría durante los siguiente ocho meses de embarazo, y mucho más allá.

Una noche antes de acostarme empecé a orar a Dios. Mi papá era pastor en su iglesia. Mis padres habían sido misioneros siendo yo muy joven y había sido criada en la iglesia toda mi vida. Mientras estaba allí orando, le conté a Dios todo mi dolor y mi miedo. Le dije que elegía la vida de ese bebé y que estábamos en sus manos.

Abrí los ojos a la mañana siguiente y estuve un tiempo contemplando el techo de la habitación. Durante la noche había tenido un vívido sueño. Soñé que tenía una niña saludable, pelirroja, hermosa. Me pregunté a mí misma, ¿pelirroja?


El 12 de octubre de 1991, comenzaron las contracciones. Llamé a mi hermano que no estaba muy lejos. Después de colocar bolsas de basura en todos los asientos, me llevó en coche al hospital. Mi mamá pronto se reunió con nosotros. Ahora estábamos sólo el doctor, ella y yo en la habitación. En aquel momento comprendí que todo aquello era una realidad.
Pasaron doce horas y finalmente Kayla Ann vino al mundo. Mi madre la sostuvo brevemente, contó los dedos de las manos y de los pies y luego me entregó a mi niña sana, de cabeza roja, hermosa, como en mi sueño, sólo que mejor.
"Antes de formarte en el vientre de tu madre, te conocí". Jeremías 1, 5
Kayla Ann se casó hace unos años. Ella me pidió que la acompañara al altar. Mientras caminábamos juntas por el pasillo, llenas de gozo, recordé en un instante todo lo que había vivido. Nunca he guardado un solo lamento.



Siempre hubo una voz en mi cabeza que me decía que el aborto lo habría arreglado todo. La verdad es que, apostando por la vida todo tuvo solución. Agradezco cada instante que no cayera en el engaño que supone el aborto. Mi hija y los dos increíbles nietos que me ha regalado lo han arreglado todo. Han convertido mi dolor en auténtico gozo.

Los confortaré. Les daré gozo en lugar de dolor” Jeremías 31, 13


BIO: Paula Love es una feliz madre de dos hijos y abuela orgullosa “Mimi” de sus dos nietos. Vive con su familia en las tranquilas montañas de Montana, cuidando del jardín y de sus animales de granja. Abandonó la gran ciudad hace 16 años y nunca ha pensado en regresar. Colabora con Salvar El 1(Save The 1)

  

Saturday, January 28, 2017

La Gran Tristeza

Por Nicole W. Cooley.

¡Hola! Me llamo Nicole Cooley y voy a compartir mi testimonio. Gracias por la oportunidad que me brindan de abrir mi corazón. Estoy leyendo un libro, "La Chabola". Trata de un hombre cuya joven hija es asesinada. Después, el hombre hace referencia a esto como La Gran Tristeza. Para mí, La Gran Tristeza es el aborto y para otras mujeres, también. Espero que ustedes tengan la fortaleza de ayudar otras mujeres a evitar esta Gran Tristeza.


Mi historia empieza hace catorce años. Era soldado militar y muy ingenua. Mi novio era mayor, ahora no sé su edad. Por su trabajo, él tenía acceso a drogas ilegales. Él me dio alguna droga y una noche me violó cuando estaba dormida. Esa noche me quedé embarazada y nadie pudo ayudarme. Como no fui consciente, no estaba segura de estar embarazada.

Tras dos semanas supe a ciencia cierta que sí estaba embarazada. Yo había dejado ya a mi novio y lo temía porque me había llegado que era peligroso. Como pensaba que la policía sería incapaz de ayudarme, fui a casa de mis padres en otro estado para pensar qué iba a hacer. Mis padres no sabían cómo ayudarme. Mi mamá me llevó a ver a una doctora y ella me habló sobre las opciones que tenía y dijo que ella podía abortar a mi bebé si quería.

Fui a mi iglesia y lloré mucho en el santuario. Le preguntaba a Dios qué debía hacer. Mi pastor me dijo que en mi situación el aborto estaba bien si se lo preguntaba a Dios. En este momento, yo decidí abortar a mi bebé. Es importante decir que mi papá tiene una enfermedad y los doctores me recomendaron no tener niños hasta saber si era portadora de ese gen. En este momento, yo no sabía si lo tenía . Creía que nadie querría a mi bebé si no era perfecto.

El aborto fue más terrible que el ataque de mi novio porque yo lo permití. Después del aborto, me apagué y no pude sentir nada.

Pasaron cuatro años hasta que pude empezar a recuperarme. Después de aquel terrible episodio, le pedí a Dios que yo quería una familia. Yo no sabía cómo Dios iba a hacerlo pero Él me envió un hombre maravilloso, Patrick, una persona que escucha y ama la voz de Dios. Empezamos como amigos. Luego, nos casamos.

Patrick me dijo que me amaba pero que el aborto había sido incorrecto. La situación no cambió matando a mi hijo, por eso el aborto estaba mal. No me gustó, la verdad, pero fue el inicio de mi recuperación y sanación. Después de años, Dios me sanó. En mi libro, La Luz, yo describo todo – como caminé con Dios por mi pasado. Él me curó de todo: la violación, el aborto. Dos años después del aborto, supe que yo no tengo el gen de la enfermedad de mi papá.

Ahora, tengo cuatro niños, tres hijos de diez, siete y cuatro años y una bebé chica. Creo que Dios es El Creador. Dios no tenía que darme hijos pero Él me los dio. La vida es el mejor regalo que Dios puedo darnos. Para mí, el bebé concebido fue el propósito de mi dolor. El bebé fue lo único bueno que vino de un acto malo. Para Dios, la vida no es un accidente. Para nosotros, algunas veces, parecen que sí. Pero la vida no es accidente – y cada vida es especial y se debe vivir.

Para muchas mujeres – y hombres – el aborto es lo más similar a La Gran Tristeza. El aborto cambia todo porque Dios creó a las mujeres para proteger a los niños. Cuando una mujer mata a su propio bebé en un aborto, ella mata una parte de su corazón también.

Después del aborto, las mujeres pueden tener experiencias similares a los soldados cuando regresan de la guerra. El pasado y el presente se confunden. Este fue también un problema para mí durante muchos años. La probabilidad de suicidio, de caer en el alcohol, de tomar drogas es mucho más después de un aborto. Sin Dios, no se puede tener la esperanza de vivir. Sin Dios, no me hubiese curado.
Nicole y miembros de SaveThe1 en la marcha por la vida de Washington DC, Enero 2017


Bio: Nicole Cooley es una activista pro vida, colaboradora del Centre for Bioethical Reform, conferenciante y bloguera de Save The 1 (Salvar El 1). Vive en Virginia con su marido y sus cuatro hijos. Su página web NicoleWCooley.Com

Saturday, January 21, 2017

Chilenos que representan las 3 causales dicen no a la legalización del aborto

Por Rebecca Kiessling

Quedé consternada cuando escuché el lunes pasado la horrible noticia de que por 3-2 votos el Senado de Chile estaba de acuerdo en aceptar el proyecto de ley que legalizaría el aborto en las tres causales: cuando una mujer dice que su hijo ha sido concebido en una violación, si un médico diagnostica que el bebé tiene malformaciones incompatibles con la vida o si afirma que la madre corre peligro de morir. Estas tres alegaciones pueden ser o no ciertas, pero las tres están discriminando a las personas más vulnerables de la sociedad que son los que requerirían una protección más efectiva.  La semana que viene, el Senado votará si un bebé inocente merece morir basándose en estos tres supuestos y si se aprueba, se le remitirá a la Presidenta Bachelet para que lo firme. Chile, entonces, vivirá una explosión de sangre inocente que cubrirá toda su extensión.


Ya, anteriormente, había escritosobre la legislación de las tres causales que se quería establecer en Chile y, ahora, quisiera añadir más argumentos. Soy la Presidenta de Save the 1, una organización de unas 450 personas que fueron concebidas en una violación (como yo), madres que concibieron un hijo tras ser violada y que lo están criando, madres que tras dar a luz lo dieron en adopción y otras, que incluso lo abortaron y hoy lo lamentan. Además, tenemos centenares de madres a las que se les aconsejó abortar porque el diagnóstico del hijo que esperaban era de incompatible con la vida. Valoramos la vida y deseamos que el Senado de Chile continúe protegiéndola sin discriminación. .

Nuestra filial española es Salvar El 1, ese 1% que está orillado por esta legislación y que en USA representa tan solo el 1% de los abortos que se realizan. Defendemos los llamados "casos duros" en el debate del aborto. Ahora mismo tenemos más de 24000 seguidores en nuestra página de Facebook de Salvar El 1. Desde la rompedora noticia de que la Presidenta Bachelet busca legalizar el aborto en las tres causales, hemos recibido un aluvión de historias de chilenos que desean compartir con nosotros sus testimonios. Ellos se animan al leer mi historia y las de las cientos de personas de nuestra organización. Muchas voces se están alzando en Chile pero, lo más importante, las voces de los más inocentes se van a escuchar y se alzará la voz en defensa de aquellos niños chilenos por nacer que todavía no la pueden alzar y que están en riesgo.
Como yo, Karina Silva de  Santiago, Chile, fue concebida tras una violación pero protegida por la ley. Su madre tenía 15 años cuando fue violada y Karina nacío en 1989, el mismo año en que se abolió el aborto. Pero gente como Michelle Bachelet piensan que Karina no merece esa protección que le otorgó la ley chilena. Bachelet y otros no proponen legalizar la pena de muerte para los violadores pero sí para los niños chilenos como Karina.  

Karina dice: "¡Me gusta vivir!  Y agradezco cada segundo de vida. Tal vez para la sociedad mi vida provenga de un error, pero no para mí. La solución no es aprobar el aborto en Chile sino crear y apoyar redes de apoyo en nuestro país para estos casos”.

Por otra parte Mónica Acoria, también de Chile,  quedó embarazada tras una violación y estaba dispuesta a matar a su hijo. Hasta que escuchó el consejo de su hija mayor que le decía: "Mamá, ¿Como vas a asesinar a ese niño que llevas en tu interior? Él es tan víctima como eres tú. No pidió venir a este mundo. Siempre soñaste con tener tres hijos y, como haya sido, éste es el tercero. ¿Has olvidado todo lo que sufriste cuando perdiste otros bebés? Y ahora deseas matar a éste...".

En su historia que escribió para el blog, Mónica dijo: “Las palabras de mi hija, llegaron a lo más profundo de mi alma. Tenía razón. Ese bebé era otra víctima del violador. Ahora veo a mi hijita de 4 años y 8 meses y pido perdón por cada pensamiento que tuve de abortarla. Pero es la presión que encuentras cuando pides ayuda a gente que se supone que te apoyará. Dudas de tu propia capacidad de amar. Si no hubiera sido por no hija  que ahora tiene 24 años, mi pequeña no existiría hoy. Se puede salir adelante con un hijo concebido en la situación más aberrante como es una violación. Siempre aparecen ángeles que te echan una mano y que no ofrecen "soluciones" que van a ser más problemáticas. Mi hija es una bendición, ¡Mi bendición! Siempre le pediré perdón por haber pensado, aunque fuera por un instante, en abortarla”.

También Diana Valeria, de Chile, quedó embarazada tras una violación en 2008, a los 15 años. Su hijo le ayudó a superar sus temores. Ella escribe: "No quería ser madre tan pronto no de aquella manera. Lloraba y sufría, pero sabía que había alguien distinto que vivía en mi interior y que yo no tenía derecho a quitarle la vida. Mi deber era protegerlo". Tristemente, tuvo un aborto espontáneo a los tres meses. Diana, recuerda como, en aquel momento, la gente le decía que mejor así porque no tendría que tener el recuerdo de su violador. Pero, en su corazón, ella sabía que el bebé era suyo, no del criminal.

Aunque concebido en una violación, Diana sintió que el origen de la concepción no determina el amor que se siente por un hijo. Pasados los años, aún recuerda a su ángel que extendió las alas.



Gustavo Armijo Griñen, de Chile, también escribió la historia de su familia para nosotros. A las 20 semanas de gesación supieron en la primera ecografía que esperaban un varón y también les dijeron que tenía "Holoprosencefalia”. En una segunda opinión en Santiago con un ecógrafo 3D, les confirmó que el diagnóstico era “Acráneo” (a su hijo le faltaba parte del cerebro) y les recomendaron que abortaran porque Chile acabaría legalizando este supuesto y, si no, que salieran fuera del país para hacerlo.

Él escribió: “Los siguientes meses fueron duros, pero los mejores. Le cantábamos, hablamos, fuimos a la playa, a la montaña, fiestas de cumpleaños y acontecimientos familiares. Tomamos cientos de fotos y le dimos miles de besos en la pancita. Nos cansamos de decirle cuánto lo queríamos. Era la cosa más bella que Dios nos había dado”.

Alonso nació dos semanas antes de lo previsto, el 23 de Diciembre de 2015. “Mi pequeño hijito estuvo con nosotros una hora y dos minutos. Luego se fue al cielo porque Dios necesitaba un ángel luchador. Ha pasado tiempo desde su muerte y estamos felices porque hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos durante los meses de gestación y el breve rato que vivió fuera”.

El diagnóstico de "incompatible con la vida" no se puede emitir cuando alguien todavía está vivo. A veces, los médicos, se niegan a tratar a este tipo de bebés con serios problemas como los de corazón cuando los padres han rechazado abortar. Una mentalidad eugenésica emerge peligrosamente cuando se permite estos abortos. 

Brad Smith, activista y bloguero de Save The 1, quiere decirnos : "En USA,  hemos permitido está visión perversa y demencial de legalizar el aborto en el país. Hemos creado una cultura de muerte que provoca que muchos en nuestra sociedad crean que una vida tiene muy poco valor y se permiten determinar cuánto vale la vida de otro pero desde el prisma del pico valor que otorgan a una vida. Así, en USA los médicos matan al 90% de los niños que como mi hija Faith tienen una discapacidad seria, incluso antes de que puedan respirar los doctores los asesinan en el útero. El mundo se ha convertido en un lugar tenebroso para niños discapacitados. Buena gente de Chile, no permitáis que vuestra Presidenta convierta vuestro país en un campo de batalla de bebés discapacitados. No caigáis en la trampa de pensar que ésta es la elección correcta. Es una mentira. Vuestro país no será mejor con el aborto, al contrario, se degradará y deshumanizará. Vuestra gente no tendrá mayor calidad de vida si no hay niños discapacitados. Simplemente, se os habrá privado de la capacidad de hacer uso de la compasión y de saber cómo es el amor incondicional de un niño discapacitado que sólo sabe dar amor.

Por favor, entiendan que legalizar el aborto para casos de violación y otras excepciones solo muestra que hay vidas que valen más que otras. ¿Se imaginan creando "excepciones" para bebés asiáticos o africanos o judíos? El mensaje es que ellos no merecen la pena  y no hay que proteger sus vidas.  Habría una hecatombe internacional si, algún día, se propusiera esto. Sí, es lo  mismo en nuestro caso. Y sentimos que existe una gran apatía cuando se trata de valorar nuestra vida. Las madres que tienen hijos concebidos en una violación afirman que ellos son señalados con el dedo y despreciados y a ellas se las pone en entredicho por no haber abortado y porque aman a ese niño. 

Agradecemos la empatía con las víctimas de una violación pero ellos tienen cuatro veces más posibilidades de morir en un aborto el año que viene que de ver la luz.  En el libro del Dr. David Reardon, Víctimas y Vencedores: Aprendiendo más acerca de sus embarazos, abortos y de los niños concebidos en violación, él cita los estudios realizados al respecto. Tras un aborto, las víctimas de violación tienen un índice más alto de suicidios y adicción a drogas. Los violadores, pederastas y proxenetas adoran el aborto ya que destruye la evidencia del delito y los faculta para seguir. Con frecuencia, la propia madre de una muchacha también ha permitido que trafiquen con su cuerpo o la ha dejado desprotegida. Es el bebé en estas situaciones quién ofrece evidencia de la violación. Si de verdad queremos proteger a la víctima de un abuso, debemos defenderla de su violador y no de su hijo.

Chile, eres una gran nación, mucho mejor que otras, porque has establecido una cultura dónde la gente es amada y valorada. Los chilenos que han dado su testimonio más arriba han sabido compartir sus historias de amor por la vida porque todos ellos fueron protegidos por la ley de 1989. 

Por favor, no acepten la cultura de muerte y discriminación de nuevo. Nos urge decir a sus senadores que NO voten a favor de la despenalización de las tres causales. Voten NO a la legalización de la muerte de un inocente. No permitan que la sangre de inocentes bebés chilenos salpique su suelo. 
BIP: Rebecca Kiessling es presidenta de Savethe1 (SalvarEl1), conferenciante pro vida internacional, abogado, esposa y madre de 5 hijos.




Saturday, January 7, 2017

Ella no tiene culpa del modo horrendo en el que fue concebida.


por Aimee Kidd


El 3 de Marzo de 2016  me enteré de que estaba embarazada, pero eso no fue lo único. También descubrí que me habían violado y así había quedado embarazada. Después de un mes de haber estado muy cansada y enferma, busqué ayuda médica, y ahí fue cuando me hicieron las pruebas de embarazo y me dieron estos sorprendentes resultados.

Sin duda, sabía que había sido violada el 30 de Enero porque a la  mañana siguiente al  levantarme  notaba que algo no estaba bien. Estaba desnuda de la cintura para abajo, tenía un dolor de cabeza muy fuerte como nunca antes, y me dolía todo el cuerpo. Nada tenía sentido. No recordaba cómo había llegado a casa, cómo me había quitado la ropa o porqué me sentía tan mal. Me quedé en la cama todo el día.

Yo no hice nada “malo”. Salí con dos amigas y regresé a mi propia cama. Mi último recuerdo de lo que pasó esa noche fue que no me sentía muy bien, estaba muy cansada y mareada. Me metí en la cama con mi niño pequeño y me dormí. No me vestí provocativamente. No bebí en exceso. No manejé el coche. No hice nada “mal”. Aun así, un hombre vio la oportunidad de poner algo en mi bebida y arrebatarme algo que yo no quería dar: mi cuerpo.

No estoy segura si hubiese sido peor recordar la violación o vivir, día tras día, como lo estoy haciendo, imaginándome lo que este hombre me hizo mientras yo estaba como una muerta en mi propia cama, en mi propia casa, con mi niñito pequeño durmiendo en mis brazos. No sé si es una bendición o una maldición no saber qué me hicieron. Nada más me puedo imaginar lo que me hicieron, y todos los días son como una pesadilla porque no sé lo que ocurrió.


Desde que me enteré de que estaba embarazada, he dado testimonio a seis policías desconocidos y he compartido mi historia con enfermeras, mi doctor,  amigos, mi familia, y hasta con mis preciosos e inocentes hijos. Lo mejor que le supe contar a mis cinco hijos de edades entre dos y quince, como explicación fue: “Mami va a tener un bebé. Vais a tener un nuevo hermanito. Hubo un hombre que hizo las cosas mal y puso este bebé en mi barriga, pero nosotros vamos a amar a este bebé”.

Y después vinieron las preguntas de mis hijos: “¿Quién era ese hombre malvado? ¿Nos va a herir? ¿Va a tratar de quitarnos nuestro bebé? Mami, ¿vas a morir porque se supone que no podías tener más bebés? ¿El hombre malvado fue a la cárcel? ¿Por qué no?”

Te pregunto a ti ahora: ¿qué respuestas debía darles?

Durante mi embarazo, estuve enferma. Gasté cientos de dólares en medicinas  para controlar mis náuseas y vómitos. Vomité sangre. Me perdí días, semanas y meses de trabajo porque estaba enferma. Yo soy la única en mi casa que trabaja porque soy madre soltera. No llegaba a pagar mis gastos mensuales. Para poner gasolina en el coche y comida en la mesa, tuve que vender mis cosas en  Internet y en el jardín de mi casa. Cuando  pude recomponerme y controlar el vómito,  regresé al trabajo y pude pagar todos los gastos. Para Septiembre ya habían desaparecido los números rojos.

Durante mi embarazo, la gente me preguntó muchas veces si iba a dar a mi bebé en adopción. He descubierto que la adopción es lo que la sociedad espera que se haga con un bebé concebido en una violación. Casi era tabú que me quedara con mi bebé y lo criase. También he tenido que sufrir  el juicio de la gente por esa decisión. En mi situación, la gente considera que criar a mi bebé supone una tragedia en vez de una acción de amor o un acto noble. 

He querido reirme cuando alguien me ha preguntado, con un dedo apuntado a mi barriga, “¿Tú todavía no sabes lo que causa eso?”. Me he sentido humillada y avergonzada porque he estado embarazada y sin esposo. He pasado por la vergüenza de explicarle a la gente mi historia. He tenido que contener mis lágrimas y rabia cuando la gente me pregunta sobre el papá. Ni siquiera me puedo imaginar el bochorno y el dolor que han pasado o van a pasar mis hijos cuando les pregunten quién es el papá del bebé.

He tratado de prepararme para la venida de mi bebé, pero todavía mis emociones me superan y he terminado llorando desoladamente cuando he visto ropa de bebé que decía: “La nena de papi” o “La princesita de papá”. He sentido asco, ira y tristeza cuando en medio de una tienda, mis emociones afloran aunque no quiera.

En las noches, he tocado mi barriga acariciando a mi hija y le he dicho cuánto la amo. Le he dicho que ella es hermosa, inocente y una preciosa bendición para mí, y para sus hermanos y hermanas.  He tratado de encontrar las palabras que posiblemente podré emplear para explicarle cómo fue concebida. Me imagino que algún día a lo mejor se lo diré porque sé que me preguntará quién es su papá y dónde está.

Si, yo quedé embarazada tras una violación, y sí, ¡estoy agradecida por este bebé! ¡Pero ésa no fue mi primera reacción! ¿Y sabes qué? ¡Es normal!  Nadie  piensa que vaya a ser violada, y mucho  menos que vas a concebir un hijo de la violación. Yo nunca lo pensé.

Yo era una de esas personas que decía que en caso de violación, podía entender que la víctima abortase. Nunca entendí este sentimiento y cómo dolía hasta que fui yo la que quedé embarazada por una violación. Mi violador ha disfrutado de su vida. Él ha podido trabajar y ha podido pagar sus gastos mensuales. Él ha podido disfrutar su vida y su familia cómodamente. Y si el violador ha tenido todas esas cosas, ¿por qué mi bebé no debería tener acceso a los mismos lujos, a disfrutar su vida?  

Yo no necesitaba o quería un aborto. Yo quería y deseaba ayuda real, y le doy gracias a Dios por la gente con la que Él me ha bendecido, que me han ayudado a mí y a mi bebé después de nacer. Lo que quiero y busco es justicia. No quiero manutención para mi hija de un violador que debe estar en la cárcel en vez de pasearse libre por la calle, ganándose la vida. Yo deseo y necesito que mi hija y yo seamos protegidas por la ley y evitar que el violador tenga acceso a derechos parentales.

Déjame explicarte algo para que entiendas mejor: Cada día es como una pesadilla. Vivir con la violación es un trauma emocional muy grande. Vivir con un embarazo que resultó de una violación es muy difícil. Pero el hecho de saber que tu violador está en la calle libre y abusando de otras mujeres mientras la justicia no hace nada es exasperante.

           Me siento orgullosa de  poder compartir mi historia. Y lo seguiré haciendo una y otra vez. ¿Por qué? Porque la mayoría de las mujeres no lo hacen. Creo que Dios me dio esta verborrea y  una personalidad abierta por alguna razón. A lo mejor esa razón es  que sea la voz de las mujeres que han pasado o pasarán por una situación similar.

           Cuando descubrí que estaba enbarazada y cuando vi que  había sido violada, quería enterrarme en un hoyo. Yo quería que alguien me golpeara, me sacaran a este bebé y levantarme de la cama como si todo hubiese sido una pesadilla. Nunca pensé que tuviera el valor para contar mi historia. En realidad, cuando las palabras salieron de mi boca, yo no lo podía creer. Me sentía fuera de la realidad, pero incluso este sentimiento no describía lo que sentía. Como ya dije, nadie piensa que esto le pueda pasar.

          Ahora, con el tiempo, veo todo esto como una gran oportunidad. Estoy criando a mis hijas e hijos. Yo quiero que mis hijos sepan que lo que me pasó a mí está mal. Nunca debería ser tolerado. Quiero que mis hijas aprendan de esto y que tomen  las precauciones para prevenir que esto les pase a ellas. También espero que mis hijas aconsejen a sus amigas y que salgan todas juntas, no solas. Así nunca ellas ni sus amigas tendrán que experimentar nada de esto.

Veo todo lo que me ha pasado como una oportunidad para mostrar a otras mujeres que han pasado por situaciones horripilantes similares, que sepan que ellas pueden estar asustadas o abochornadas, pero que estén convencidas que no han hecho nada malo y es bueno que hablen de sus experiencias. 

También es una oportunidad para mostrar que el sistema judicial y el cumplimiento de la ley no funcionan adecuadamente.

Es una oportunidad, finalmente, para que las mujeres violadas vean que es posible sobrevivir a una violación, incluso quedar embarazada, dar luz a ese bebé y amarlo porque sabes que es tuyo. 

¿Estoy feliz con el bebé? Sí. ¿Estoy enojada? ¿Estoy disgustada? Sí. ¿Estoy frustrada con lo que este bebé supone en mi vida y en mi economía? Sí.

Al principio, no quería que nadie supiera que la criatura que llevaba en mi vientre fue concebida por violación. No quería que mi hija sintiera vergüenza. Ahora, quiero que toda persona que quiera escuchar sepa mi verdad. Ahora, quiero que mi hija lo sepa; quiero que ella sepa que fue una decisión de amor. Su vida tiene el mismo valor que la mía. Quiero que sepa cuanto la amo a pesar del enojo que supuso haberla concebido sin mi permiso o conocimiento. Quiero que sepa que no tiene la culpa de haber sido engendrada así y de lo que pasó esa noche. Quiero decirle que nunca debe sentirse avergonzada y que crezca sabiendo que una vida hermosa es posible aunque las circunstancias de su concepción sean horribles.

A lo mejor un día, cuando una mujer que haya sufrido violación y tenga los mismos sentimientos que yo sentí cuando me enteré que estaba embarazada, pueda mirar a mi hermosa hija y saber que puede superar ese embarazo difícil porque también ella va a ser recompensada con un hermoso ser humano.

Pues ahí lo tienes. No  permaneceré callada. Voy a tratar de que la gente escuche y entienda. Voy a continuar peleando por nuestro fallido sistema de justicia.  Voy a continuar siendo  voz para las mujeres y seguiré luchando para los bebés concebidos en violación. No voy a cejar en mi empeño...

BIO:  Aimee Kidd tiene 6 hijos y vive en Casper, Wyoming (USA). Colabora con Salvar El 1 y da su permiso para que su testimonio sea compartido y pueda ayudar a muchas otras mujeres que pasen por algo parecido.

Tuesday, December 13, 2016

¡QUIERO UN MUNDO DONDE NO EXISTA LA VIOLENCIA; QUIERO UN MUNDO DONDE EXISTA EL RESPETO, LA IGUALDAD Y EL AMOR!

por Yazmin
Me llamo Yazmín y soy mexicana. Me hubiera gustado relatar una historia diferente donde existiera un mundo en armonía y no se supiera qué es la violencia pero, lamentablemente, hablaré sobre mi vida, una vida miserable ante los ojos del mundo, pero una vida de bendición ante los ojos de Dios, o al menos eso creo yo. 
Desde temprana edad sufrí de abuso sexual físico, psicológico y verbal por parte de mi tío y las personas que me rodeaban junto con él. Crecí con dos pequeños niños hijos de mi tío que, por abandono de mi tía, al igual que yo, quedaron a su cargo y cuidado.

Los abusos sexuales se sucedieron desde que yo era muy chiquita. Crecí entre insultos y golpes frecuentes que me hundían cada vez más en una terrible depresión tristeza y soledad. No lograba hablar mucho pues crecí con la única compañía de esos dos pequeños niños y no conocía a nadie más. No tenía amigas ni nadie con quién hablar así que mis dos mejores amigos eran esos dos pequeñitos. Por ellos aprendí a aguantar dolores físicos e internos. Para no llegar a asustarlos y preocuparlos les decía que mi cuerpo era tan fuerte que no me dolían los golpes y no debían llorar por mí ni tener miedo porque yo los protegería. Los golpes físicos se curan en cierto tiempo, los moretes y las heridas desaparecen después, pero los psicológicos tardan un poco más. 
Recuerdo que cuando ellos dormían yo salía a llorar mi dolor que era bastante; estaba enojada con él, con Dios, conmigo y con la vida misma, la gente y la autoridad. Al igual que Dios, se habían olvidado de mí.  "Las personas son ciegas", pensaba, o ¿"Acaso soy invisible ante los demás?". Me llegué incluso a autonombrar la niña "fantasma”. “El día que yo tenga dinero ayudaré a todos los niños de la calle, (como así nos llegan a nombrar), no permitiré que abusen de ellos como lo hacen conmigo, les daré un hogar, cobijo, comida y por sobre todo ¡Les daré amor! ¡Mucho amor! “.

Llegaba a pensar eso entre tantas cosas. Pero... "¿Algún día de verdad lograré eso? ¡Ni siquiera puedo ayudarme a mí misma ni a los niños!". ¿Me abandonaste por completo, Dios? ¿Dónde es que te encuentras ahora? ¿Por qué permites tanto dolor y sufrimiento? ¡No entiendo! la vida es fea y no me gusta, ¿Quién querría vivir en un mundo así? Tú me has abandonado, soy una niña infeliz fea y miserable. Quiero ser feliz ir a la escuela y jugar, me porto bien y obedezco, Dios, no soy grosera con nadie ¡dime por favor qué he hecho mal! ¡SÓLO QUIERO SER FELIZ!. 


La gente sólo me ve con lástima, y la policía y la autoridad sólo siguen normas tontas que no me sirven ni defienden. La justicia llega tarde y después de procesos largos, cumplen con un deber a medias donde buscan la solución más fácil que no cree conflicto y no se preocupan por mí de verdad. Quiero un abrazo lleno de amor que me haga sentir especial.

Al final de preguntas sin respuesta, reproches y lágrimas donde de alguna forma desahogaba mi dolor, lograba dormir un poco para reponer algo de fuerzas y al día siguiente trabajar y servir a mi tío.
Vendía dulces en las calles como otros niños que hay por ahí  y esa  era mi rutina diaria para no llegar con las manos vacías a casa y así tener algo de dinero para pagar mi plato de comida y el de mis pequeños primos; los días y las horas eran largos para mí.

Algunos días eran más difíciles que otros pues mi tío llegaba drogado y alcoholizado con mujeres y hombres y me despertaban para servirles y me obligaban a tener sexo con ellos. Le pagaban a mi tío para que dejara hacerme lo que quisieran y él, gustoso, aceptaba el trato, sin antes decirme que debía obedecer y estar tranquila si no quería tener problemas. Opté por la opción de aceptarlo y quedarme lo más quieta que podía como si fuese una muñeca de trapo manejada a sus antojos; era la forma más fácil si no los golpes repentinos aparecían y terminaba en un mar de sangre y dolor.

Un día después de los abusos constantes de mi tío y sus amigos quedé embarazada. Tenía a un ser que crecería dentro de mí cada día. Estaba muy asustada, la verdad, no sabría qué hacer con un bebé ni cómo cuidarlo y no podría protegerlo dentro de un mundo donde existe tanta maldad y pensé en abortar y no tenerlo. Pensaba que no sabría ni podría darle los cuidados que necesitaría y yo siendo una niña tonta e inútil fracasaría en el intento, tan sólo tenía 14 años. Pero después pensé: “Si Dios me dió la vida a mí y me permitió nacer, ¿Quién soy yo para quitarle la vida a un ser inocente y arrebatarle el derecho a vivir decidiendo por él?". Me estaban arrebatando la vida a mí sometiéndome y obligándome a cosas que no quería y sin derecho a nada y yo pensaba hacer lo mismo con ese bebé. "¡NO ES JUSTO! Está creciendo una vida dentro de mí con un propósito y una misión y al igual que yo tiene derecho a la vida".
Decidí continuar con mi  embarazo después de encontrar una página PRO-VIDA. 

Debo decir que existen super héroes sin capa y que no son como los dibujan en los cuentos y los pasan en los programas de televisión. A ellos no les dan reconocimientos ni salen en las revistas premiando su valentía y esfuerzo por ayudar pero son como ángeles con una misión que Dios les encomendó y con ese propósito existen en esta vida. Tuve la fortuna de encontrar super héroes en mi camino, en esos momentos tan difíciles de mi vida. Estaban decididas a ayudarme sin pedirme nada a cambio. Por fin mis suplicas fueron escuchadas y Dios y ese bebé me dieron las fuerzas y el valor que yo necesitaba para salir adelante. En ningún  momento me dejaban sola, eran tres super héroes que se comunicaban conmigo ideando cómo librarme del "hombre malo" ya que en la distancia era complicado ayudarme tan fácilmente y aún con todo y sus problemas se dedicaban a ayudarme y escucharme, con esa calma y atención  que nunca nadie me había regalado. Sentían el dolor que yo sentía y sufrían junto conmigo.  Por primera vez aprendí a confiar en las personas y descubrí que no todas son malas.
Empecé por primera vez en mi vida a rebelarme en contra de mi tío y exigir mis derechos, el de los niños y de mi bebé aunque el todavía no nacía. Sabía que tenía que irme antes que naciera y traté de fugarme para comenzar por fin a vivir una vida plena y feliz lejos de ese ambiente que nos hacía tanto mal.

Mi tío estaba metido en drogas, venta de ellas y las consumía. Por ende, conocía a muchas personas y contactos poderosos de todos lados y de alguna forma cuando traté de huir dieron conmigo y los niños. Cuando por fin creía que mi vida cambiaría y sería todo distinto regresó y me encontró, como en una película de terror donde no existe salida. Sabía que mis esperanzas de salir adelante terminarían y todos mis sueños sucumbieron al capturarme, no tenía salida, además sabía que me iba a ir muy mal, el miedo regresó y no me dejó ir.

Junto con él y sus amigos, a mitad del camino, me drogaron y golpearon. Cuando desperté ya estaba en otra casa sola y sin los niños, amarrada, sin comida ni agua, era un lugar distinto, solo frío y feo que me daba mucho miedo. Gritaba pero nadie me escuchaba ni siquiera ruidos de carros. No sabía dónde estaba y tenía mucho miedo. Después de un rato llegó mi tío diciéndome que era una mala agradecida y que si creía que lo iba a denunciar y hacer algo contra él, estaba mal. Decía que yo era una loca prostituta y todo lo que recibía era porque lo merecía. Me advirtió que no saldría de ese lugar y no lo dejaría jamás y si quería ver a los niños debía obedecer y acostarme con más hombres y cumplirle a él como mujer. Decía que sólo había nacido para eso y nada más.

Los niños iban a diario a la calle, él los llevaba y vigilaba ahora, pues estaban amenazados que si hablaban con alguien no me verían nunca más y él me mataría por culpa de ellos. Así que ellos sólo se dedicaban a vender y hacer lo que él les decía temerosos de lo que pudiera hacerme. ¡No hay peor forma de matar a alguien que privándolo de su libertad!

Mi tío me castigó tanto por intentar huir, que sus golpes eran cada vez más fuertes y toda su furia la descargaba conmigo, como si fuese un costal de boxeador. Decía que mi tía  lo había dejado pero jamás nadie lo dejaría de nuevo y menos yo ni los niños. Me goleaba, violaba y escupía. Yo sentía no poder más, tenía mucha hambre y sed, me dolía todo el cuerpo, mis manos, mis pies, mis piernas, ¡todo completamente!  Otra vez estaba sola y decepcionada, le había fallado a mi bebé, Le pedía perdón acariciando mi vientre diciendo que todo estaría bien y que me perdonara.

Un día llegó tan drogado y borracho que al verme se me dejó ir a golpes. De inmediato empezó a golpear mi vientre y patearlo y fue el dolor más grande que pude sentir, es inexplicable no podía moverme, empecé a sangrar y sabía que algo no estaba bien. Él se salió aturdido por la cantidad de sangre y ver mi estado físico, no podía levantarme, ni siquiera podía llorar. Dentro de mí, en mi mente le pedía perdón a mi bebé, ¡pidiéndole que por favor no me dejara sola y que debía de ser fuerte que yo lo necesitaba y pedía a Dios que no se lo llevara y le permitiera nacer! …pero lo perdí.


Mi tío no tardó mucho en regresar con un amigo que era médico y me auxilio un poco; sólo escuchaba lo que platicaban como si los escuchara en un sueño. Creí que en ese momento moriría y así lo pedí, Pedí a Dios me llevara en ese instante por que no soportaría más. Escuchaba como planeaban deshacerse de mí como un perro abandonado. Decían que si me quedaba ahí en la casa algún día los descubrirían y no podían llevarme a un hospital porque sería peor y con mayor facilidad llegarían a él. Me subieron al carro y me dejaron en un lugar frío y desolado esperando lo peor. Yo ya me sentía preparada para partir de este mundo, no deseaba ya nada más que eso, lo anhelé con toda mi alma pero los designios de Dios son otros. Sus planes son distintos a los nuestros. Esa noche la mano de Dios cuidó de mí. No encuentro otra forma más de describirlo si no ¡como un milagro! 
  
No recuerdo cómo, ni a qué hora, ni quién, pero  me encontraron y auxiliaron. Lo único que recuerdo es que desperté en un hospital atendida y con medicamentos, una de mis super héroes estaba ahí conmigo. Tampoco sé como se enteró y como llegó a mí. Estaba cuidando de mí, me abrazó con tanto amor y me dijo que todo estaría bien. Yo ni siquiera podía hablar, sentía tristeza, dolor, desolación y a la vez alegría, bueno sentía como un poco de alivio que estuviera ella ahí conmigo pero me sentía triste y vacía, era un mar de sentimientos que no podía explicar. Ella estaba conectada por teléfono con una mujer pro-vida de Guadalajara y tres más que estaban pendientes de mí y en grupos de cadenas de oración hablándome y haciéndome sentir su amor a través de la distancia. Ángeles al cuidado de mí, pendientes de mi recuperación física, emocional y espiritual. Ellos que no me conocían estaban pendientes de mí sin pedir nada a cambio, ¡realmente fui afortunada!

Se tramitó la denuncia correspondiente y como era esperar, esa noche que cometió eso huyó con los niños como pensé que  haría. Finalmente lo encontraron y lo arrestaron pero lamentablemente lo soltaron. Después supongo que debió mover sus influencias y de alguna manera se salió con la suya y quedó libre.  Jamás logré comprender eso y por qué la autoridad no me defendió y lo dejó en donde debería estar para que no siguiera causando daño. 
Tiempo después de eso me enteré que murió en un accidente automovilístico donde se encontraba sumamente alcoholizado y drogado como era de costumbre.  Entendí que la justicia de Dios es diferente a la justicia del hombre y a veces nosotros nos hacemos justicia actuando mal. Todo lo malo de alguna forma se regresa. Si las autoridades hubieran cuidado de mí desde pequeña no habría sufrido todo eso y no habría perdido a mi bebé pero las cosas suceden por algo y así tenía que suceder. 

¡Por fin era libre! ¡Al fin tenía libertad! Ya no había nadie que abusara de mí y me golpeara.  De alguna forma se había hecho justicia y el hombre malo de la historia de mi vida se había ido para siempre y no me atormentaría nunca más. 

Físicamente comencé a recuperarme, a retomar fuerzas y sólo empezaban a quedar cicatrices.  Pero aún así, sentía dolor, no físico sino emocional. Todo era una pesadilla que no me dejaba dormir por las noches. Me sentía culpable por no haber cumplido a mi promesa de cuidar a mi bebé, no podía perdonarme a mí misma. Tiempo después entendí que hice lo que estaba a mi alcance y no podía protegerlos si yo no estaba protegida también.  No fue mi culpa, solo fui una víctima más junto con ellos, una víctima de él y de la autoridad. No lo provoqué yo como  pensaba. Era momento de terminar con ese dolor que no me dejaba seguir. Tenía en mis manos el poder de seguir siendo una víctima o levantarme como una leona y sacar garras para seguir continuando con mi vida y cumplir mis sueños. Ya nadie me lo iba a prohibir, no existía nadie que me detuviera y así fue, no fue fácil, pero tampoco imposible. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

¡Decidí abrir mis alas y comenzar a volar!, dejar a un lado el dolor junto con mi pasado y comenzar a vivir. Perdonar es la clave para ser feliz, no por ellos, ¡sino por mí misma! El sentimiento de rabia y de rencor provoca cáncer emocional que no nos dejan avanzar y yo ya no quería más de eso. Los super héroes pro vida son ángeles que manda Dios en forma de humanos para regalarnos esperanza, alegría, paz y amor. El amor de Dios reflejado en sus vidas. Dios me hablaba a través de ellas. Ahora sólo estaba en mí el salir adelante ya no era una niña invisible, ¡era un milagro de vida! 

¡Como una mariposa que despliega sus alas y decide volar! 
Ese es el derecho de todos los niños y todas las mujeres víctimas de abuso sexual. 
Mi pregunta es: ¿Por qué quieren cortarnos las alas?  Al aprobar las leyes de aborto nos envían un mensaje erróneo y contradictorio de la vida, su forma de "proteger" no sirve, es egoísta: acabar con una vida para proteger otra. No se puede matar a otra para vivir "bien" porque ni siquiera estás viviendo. Dicen que todos somos libres y ¡no nos dan esa libertad! Es contradictorio, no puedo acabar con una vida para ser libre ni siquiera para sentirme mejor.

El dolor no desaparecerá de mi vida. Contrario a eso me están enseñando a matar y a sentirme sola y acabada y no por ser una mujer violada acabaré con una vida inocente para estar bien.

Nadie asegura que el procedimiento saldrá bien y ¿si somos dos seres los que morimos en el intento de abortar? Y si no muero físicamente y ¿muero de tristeza internamente? Ustedes sólo dirán que cumplieron pensando que era lo mejor para mí.

¡No corten nuestras alas! ¡Ayúdenos a volar! No corten las alas de esos seres inocentes, nadie sabe si en uno de los tantos niños abortados alguno venía con la misión de crear la cura contra el cáncer y le quitamos la esperanza de vivir. Dejemos de tomar un papel que no nos corresponde sobre la vida ajena, ¡respetemos! No somos Dios y Él es el único que decide sobre la vida y la muerte.

Seamos más humanos al dolor ajeno, debemos escuchar con el corazón y la razón. Necesita que arresten a aquellos hombres que roban nuestras vidas y esperanzas, necesito que las autoridades sean conscientes.
Como mi historia, hay tantas historias de niñas y mujeres violadas que necesitan ser escuchadas, todas con historias diferentes pero sintiendo el mismo dolor y la impotencia con necesidad de ser PROTEGIDAS REALMENTE Y ESCUCHADAS. 

Mi historia de vida se sigue escribiendo aún. Gracias a mi súper héroe favorita que me pidió escribir mi historia, ¡estoy y estaré siempre muy agradecida con ella!


Mi nombre es Yazmín, soy mexicana, una víctima más de abuso sexual y soy  PRO
VIDA.

Yazmin escribió este testimonio para SalvarEl1, SaveThe1