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Sunday, December 17, 2017

¿Te imaginas saber desde muy pequeña que tres doctores trataron de matarte?



Rachel Mary Guy
Pro vida, sin excepciones.

No puedo recordar un momento de mi vida en el que no supiera mi historia, pero a medida que fui creciendo Dios comenzó a crear una inquietud en mi corazón que me impulsó a la acción.

¿Te imaginas saber desde muy pequeña que tres doctores trataron de matarte? Era difícil pensar  que alguien me hubiera querido matar pero me era aún más difícil saber que ellos eran médicos. Estaban en una posición de poder para insistir y presionar a mis padres para que terminaran con mi vida. De mi historia aprendí que los médicos tienen un gran poder no sólo para hacer el bien  sino también para causar un tremendo mal y, lamentablemente, existen médicos que sólo valoran algunas vidas y desprecian otras y que no creen que merezca la pena luchar por TODAS las vidas ya que no toda vida es digna...

Rachel Mary Guy en Uganda

A los 14 años, Dios me inspiró para escribir a los seis médicos involucrados en mi nacimiento. Escribí a tres de los médicos para agradecerles que lucharan por mi vida y escucharan las súplicas de mis padres. Y llena de un profundo perdón y compasión, escribí a los otros tres médicos que les sugirieron  que me abortaran. Les dije que los perdonaba y les hablé sobre el Evangelio y de cómo nuestro asombroso Salvador, Jesús, los ama apasionadamente y anhela que usen su poder para bien y no para mal.

Mientras miraba la cara de uno de los doctores que quiso acabar con mi vida en internet, lloré, porque está perdido y cree que el asesinato intencional de un bebé que va a nacer podría ser una "solución" para los padres de un niño enfermo.

Hasta el día de hoy, me desconcierta hasta qué punto ha llegado nuestra sociedad, donde las personas en posiciones de poder por ser médico pueden llegar a pensar que destruir vidas es salida para una vida inocente cuyo único crimen es su mal estado de salud.

En el ultrasonido de las 22 semanas de embarazo de mi madre, el técnico vio algo que no estaba bien y se lo notificó al médico. El médico entró, diciéndole frenéticamente a mi mamá que tenía que  abortar porque de lo contrario ella y yo moriríamos y que yo debía tener alguna anomalía cromosómica no compatible con la vida ya que a mi madre le faltaba la mitad del líquido amniótico. Mi madre dijo que nunca abortaría y que me amaba.

Mi madre (esta vez acompañada de mi padre) volvió a las 24 semanas y sucedió lo mismo, pero esta vez todo el líquido amniótico ya había desaparecido. Este mismo médico les dijo (una vez más) que tenían que abortarme porque tenía una anomalía cromosómica que no era compatible con la vida. Cuando mis padres rechazaron el aborto, fueron enviados a hablar con otro médico en la misma clínica. Mis padres me dijeron que este médico con toda la calma del mundo -lo que hizo que esta conversación fuera aún más escalofriante y molesta por la manera en que se hablaba con respecto a mi vida- les dijo que debían abortar porque su hijo no tendría "calidad de vida". A lo que mi madre respondió: "Nuestro hijo tendrá calidad de vida porque este bebé conocerá el amor incondicional de Dios". El médico continuó diciendo: "Bueno, tendrá muchos otros hijos". Mi madre dijo: "Incluso si tenemos otros 100 niños, nosotros queremos a éste. Este bebé es valioso ". La conversación duró unos 20 minutos más, hasta que mi padre dijo:"No abortaremos, entonces, ¿qué harás para ayudarnos?". El médico respondió: "En todos mis años de práctica, nadie en su posición no ha abortado, así que todo lo que puedo recomendarles es ir a casa y esperar a que su bebé muera y usted regrese y dé a luz a un niño muerto". Mis padres se fueron a casa con el corazón destrozado, no sólo porque estos doctores menospreciaron mi vida y me dieron por muerta, sino también por la idea de que a otros padres se les convenza de que deben abortar. Mis padres no se dieron por vencidos y querían luchar por mi vida, pero no sabían cómo.


Cuando mis padres llamaron a mi abuela, ella dijo estas palabras que cambiarían todo: "Si todavía hay latido en el corazón, entonces hay esperanza". Dios usó las palabras de mi abuela para darles esperanza a través de Jesús. Mi padre habló con una ginecóloga de la iglesia y le contó mi situación. Y como ella conocía al doctor de mi mamá dijo que lo llamaría. Pero ni siquiera podía creer la repugnante respuesta que obtuvo del doctor. El médico afirmó que la única prueba que haría para mis padres sería una autopsia. La doctora que conocieron en la iglesia nos puso en manos de dos médicos de otro hospital que dijeron que respetarían los deseos de mis padres de luchar por mi vida.

Mientras que mi madre y yo estábamos al cuidado de estos nuevos médicos, nos vieron a AMBAS como sus valiosas pacientes. Pusieron a mi madre en reposo absoluto en el hospital y nací por cesárea el primer día de mi semana 26. Los doctores advirtieron que no sabían si yo nacería viva, y que sería como sacar el hueso de un durazno debido a la falta de líquido amniótico y en caso de nacer viva, estaría demasiado enferma como para hacer ruido. El amable doctor que me trajo al mundo dijo que nací “graznando”. Nací a las 26 semanas y pesé 1 libra 2 onzas.

Estuve en la NICU 5 meses y medio y le agradezco a Dios que mis padres nunca se dieran por vencidos en la lucha por mi vida. No sabían si yo viviría, ¡Pero afrontaron cada día y lo dejaron todo en manos de Dios!

Dios ha usado mi historia para abrir los ojos a la realidad de que vivimos en un mundo que devalúa y deshumaniza algunas vidas y que dentro del campo médico, e incluso dentro de la comunidad provida, "algunas" vidas, como la mía, son considerada como una "excepción". Mi historia me ha llevado a ser una voz no sólo en un mundo que despoja a las personas de su humanidad, sino también dentro de la comunidad pro vida para combatir por la dignidad de bebés con "anomalías fetales, anormalidades cromosómicas, concebidos en violación o incesto,  embriones humanos destruidos de las FIV. Son seres humanos creados por Dios con el mismo valor intrínseco que cualquier otro niño. Cuando comenzamos a clasificar a los seres humanos en categorías de quién es valioso y quién no, ¿En qué nos  diferenciamos de las personas que en el pasado deshumanizaron a diferentes grupos de personas?

 Rachel y su madre

Desde que el mundo es mundo, ciertos grupos de personas han sido deshumanizados y despojados de su personalidad. ¿No es hora de que aprendamos de nuestra horrible historia y veamos nuestra humanidad a través de la lente de Dios? TODA vida es igualmente valiosa y todas somos personas, sanas o enfermas, sin importar cuán concebidas, hechas a la imagen de nuestro Dios y Salvador, Jesucristo. Nuestra opinión acerca de una persona no cambia su / nuestra humanidad. La sociedad NO define nuestro valor. Dios sí lo hace. Si pudiéramos comprender esa verdad, ninguna vida sería marginada, considerada desechable y deshumanizada. Debemos fomentar  leyes que protejan TODA la vida desde la fecundación hasta la muerte natural porque el hombre en su humanidad, como hemos visto históricamente, quiere redefinir lo que Dios ya ha definido. Nuestras leyes deben proteger a TODAS LAS PERSONAS y reconocer la dignidad inherente de toda la vida.

¡Toda la vida es valiosa! La sociedad ve la capacidad de una persona como lo que le da "valor", pero nunca reconoce que TODA la vida es innatamente valiosa porque TODOS somos creados por Dios.


Saturday, December 2, 2017

Toda vida comienza con Dios


IMPACTANTE TESTIMONIO DE MADRE CUYO HIJO FUE CONCEBIDO EN UNA VIOLACIÓN

(Salvar El 1/LifeNews/InfoCatólica)

Traducido del original por InfoCatólica

Paula K. Peyton cuenta como desde el primer momento amó profundamente a su hijo, a pesar de haber sido concebido en un momento horroroso.

Durante mi embarazo, leí historias de otras mujeres que quedaron embarazadas por violación, a veces dos veces al día. Esas historias fueron una fuente de esperanza, me hicieron sentir que no estaba sola y me reafirmaron que era normal amar a mi hijo. Estoy escribiendo mi historia ahora con la esperanza de que otras mujeres sepan que no están solas, pero también siento que le debo a mi hijo abogar por otros bebés como él.

Hace seis años, a través de algunos amigos que trabajaban allí, tomé un puesto voluntario en Planned Parenthood como asesora y evaluadora de VIH de alcance comunitario, así que estaba en la comunidad y nunca pasé tiempo en la clínica, a excepción de la capacitación de certificación. Permanecer en la clínica de aborto me hacía sentir incómoda al saber que en la otra habitación, al final del pasillo, había un bebé muriendo. Tomé el puesto porque quería ayudar a las personas a conocer su estado con el VIH.

Políticamente «correcta»

En ese momento, me describía a mí misma como una «personalmente pro-vida, pero políticamente pro-elección». Nunca habría alentado a alguien a abortar, pero ahora me doy cuenta de que mi silencio sobre el tema tenía un impacto real. Un día, cuando hablé con una víctima de violación que vino a mí para una prueba de VIH y pensó que podría estar embarazada, guardé silencio. Años más tarde, supe que había sido cómplice de lo que ocurrió después cuando ella se fue con el personal de la clínica. Solía ​​pensar en ella de vez en cuando. Sabía lo que era ser violada porque me había convertido en una víctima a la edad de 16 años. Pero no sabía cómo era, como solía pensar, «llevar el fruto de una violación dentro de ti».


En aquel entonces, incluso como alguien que estaba «personalmente a favor de la vida», pensé que debía ser horrible estar en una posición similar: elegir usted misma y su cordura, o este niño nacido por medio del horror. Pensaría: «¿Cómo podría alguien decidir qué hacer allí?» En mi opinión, ciertamente podría entender a alguien que hace una cita para un aborto. El recuerdo de esa mujer me duele ahora, ya que puedo ver mi propia necedad con claridad.

Abriendo los ojos

Mi claridad mental comenzó en el verano de 2016 cuando, como mujer soltera, inesperadamente quedé embarazada. Este carrete de desafortunados eventos comenzó con un chico y una decisión estúpida y terminó con un aborto involuntario y un corazón roto. Pocas personas en mi vida saben sobre el bebé que perdí. La escondí en mi corazón y traté de seguir adelante con mi vida. Después de todo, tengo un problema de infertilidad diagnosticado. El embarazo era algo para lo que se suponía que debía trabajar y ganar con años de visitas al médico y oración, en mi opinión de todos modos.

Perder a ese bebé, por un tiempo, se sintió como una retribución por mi participación previa en Planned Parenthood y por mi pertenencia a una posición política que defendía el «derecho a elegir».

Mi familia me ayudó a tener un pequeño servicio conmemorativo para la niña que llevo en mi corazón, y las cosas comenzaron a hacer clic para mí en mi cabeza. Si creía que la vida de mi hija merecía ser recordada a pesar de que no había respirado, ¿no todos los bebés perdidos en el útero merecen lo mismo? Y si los considerara vivos (lo que significaría abortarlos era una forma de asesinato), ¿cómo podría seguir siendo cómplice en el asesinato de bebés?

Pero, ¿qué pasa con aquellas mujeres que «NECESITARON» abortar? ¿Qué hay de las mujeres que no deberían ser «obligadas a llevar bebés de violadores», que «definitivamente necesitaban el procedimiento»? Tuve que expresar mis pensamientos y estar de acuerdo con que eso era para su beneficio. ¿Quién mejor para hablar por ellos que alguien que no tenía idea de lo que estaba hablando? Ahora en cambio, me río de mi arrogancia producida por mi ignorancia.

En enero de 2017 llegó el momento, y comencé el año con la esperanza de regresar a la universidad para terminar mi carrera de cuatro años en el otoño. Pasaría los meses entre tratando de averiguar si quería prepararme para la facultad de derecho o tratar de estudiar un seminario. Sí, tengo un trasfondo religioso. Tomé la decisión de bautizarme cuando tenía 10 años, pero siempre había separado mis creencias religiosas de mi política.

Comienzo de una pesadilla

Estaba conociendo a un chico que parecía lo suficientemente bueno. Iba a ser un año productivo. A mediados de enero, salí a tomar un par de copas con una amiga un sábado. Participamos en un evento de recaudación de fondos para apoyar a los activistas de derechos de agua para los nativos, lo que involucró hacer una donación para obtener tatuajes de Standing Rock. Con mi brazo cubierto con una envoltura de plástico para proteger el nuevo tatuaje mientras comenzaba a sanar, me detuve en el apartamento de este nuevo hombre para una breve visita. Hizo lo que a veces hacen los muchachos: hizo un movimiento. Me dolía el brazo y, después de mi aborto involuntario, no quería volver a pasar por eso. Así que rechacé sus insinuaciones y le dejé claro que no estaba interesado en eso y comencé a ir hacia la puerta para irme.

Estaba completamente conmocionada y congelada cuando su compañero de cuarto salió de su habitación con una pistola en la mano y se interpuso entre la puerta y yo. El hombre con el que había estado me dijo: «No creo que te vayas ahora». Estaba aterrorizada. Pensé: «Todo se acabó. Mi vida va a terminar». «Todo el tiempo estuve orando a Dios para que yo viviera cuando los dos me violaron a punta de pistola esa noche».

Cuando todo terminó, el chico me dijo que podía irme, y cuando salí me dijo: «Gracias por pasar un buen rato». En ese momento, me sentí como un gran pedazo de basura. Mientras manejaba a casa, llegué al punto en el que realmente no sentía nada de nada, como si fuera una simple existencia y simplemente entumecida.

Fui a casa y me duché, me duché y me duché. Intenté llamar a amigos, pero no pude contactar a nadie y no iba a dejar un mensaje.

En la iglesia esa mañana, hablé con mi pastora quien me apoyó mucho como víctima de violación. Pero ella en realidad me llevó a Walgreens para comprar el Plan B,que nunca tomé porque no era algo con lo que me sentía cómoda. No tomo anticonceptivos porque no me siento cómoda con eso. Ya sabía que Plan B podría tener el efecto de prevenir la implantación si ya se hubiera creado un embrión. Estaba preocupada por las enfermedades de transmisión sexual, y por supuesto, estaba preocupada por el embarazo, ya que sabía que podría estar ovulando. Había conversado con amigos en el pasado sobre el Plan B y habíamos hablado sobre no saber si hubieras perdido un bebé o no, y ya había llegado a la conclusión de que sería horrible no saberlo.

Supongo que me di cuenta de lo que sucedió, sucedió, y que si estaba embarazada, este ERA MI BEBÉ. No sé quién es mi padre biológico, entonces para mí, ¿cuál es la diferencia? Tus padres genéticos no son quienes te definen y yo ya lo sabía.

Una luz al final del tunel

Dos semanas después, volví a Walgreens y le devolví el Plan B a cambio de pruebas de embarazo.

«¿Qué pasa si estoy embarazada?», Pensé una y otra vez. Veinte minutos después, viendo una prueba positiva en mi baño, pude responder a esa pregunta: estaba teniendo un bebé. . . . ¡Y estaba rebosante de alegría!

En los días y semanas que siguieron, poco a poco compartí mis noticias con mis amigos más cercanos, y la mayoría de las veces, me ofrecieron caras llenas de piedad y una pregunta hecha de una manera que parecía como si pensaran que la respuesta era obvia: «¿Qué vas a hacer?» Supongo que asumieron que respondería con una cita, un nombre de clínica o describiendo algún plan de aborto cuidadosamente planeado.

«Estoy eligiendo la alegría», decía, y era instantáneamente claro que mi respuesta era lo más alejado de lo que se esperaban. Parecía que todos pensaban que estaba loca, pero nada sobre querer a mi hijo me parecía extraño. No entendieron que en el momento en que había visto la prueba de embarazo positiva, me di cuenta de lo fiel que es Dios para con nosotros.

Me sentí tan muerta por dentro por la totalidad de esas dos semanas entre mi victimismo y el descubrimiento de mi maternidad pendiente. Todo lo que hice en esas dos semanas parecía un acto de luto. La violación es devastadora. Es la muerte del espíritu de una persona de una manera profunda y física. Por el contrario, ¡el embarazo fue un renacimiento revolucionario! El Señor tomó una de las peores cosas de mi vida, algo tan oscuro y dañino, y de ella creó una vida. Después de semanas de esa oscuridad empañando todo lo que hice, de repente hubo una luz.

En un giro del destino que la «viejo yo» nunca vio venir, la única opción que yo, como víctima embarazada de violación, necesitaba hacer era abrazar esa luz, y lo hice. Tardé aproximadamente un segundo y medio para que mi corazón se llenara de amor por el pequeño que crecía dentro de mí,tanto amor que mi corazón no podía contenerlo y comenzó a derramarse en todas partes. Sonreí por primera vez en dos semanas, y no pude parar.

Entonces comenzó el sangrado. . . .

Estaba embarazada de aproximadamente 4,5 semanas y fui al baño en la fiesta de cumpleaños de un amigo solo para descubrir que había sangre. Mi corazón se hundió. ¿Estaba teniendo otro aborto espontáneo? El sangrado no fue grande. No tenía calambres. Una rápida búsqueda en Google desde el baño me llevó a un lugar lleno de esperanza: a veces esto puede suceder y no es el final. A medida que la hemorragia continuó, rezaba mucho mientras esperaba que llegara el día de mi primera consulta por ultrasonido. A las 6 semanas y 5 días, mi pequeño tuvo un latido del corazón y mi sonrisa regresó.

Mi ginecólogo me remitió a un obstetra y una semana después me hice otro ultrasonido en su consultorio. El sangrado había aumentado entre las dos citas, pero el bebé todavía estaba bien. Mi nuevo médico me dijo que el sangrado ocurre a veces en el primer trimestre. No es normal, pero tampoco es poco común. Ella dijo que no debería preocuparme a menos que se volviera más pesado. Lo hizo, una y otra vez.

Cada vez siguió el mismo patrón: el descubrimiento de sangrado extragrueso, lágrimas, una llamada al médico, instrucciones para acudir a la sala de emergencias para un ultrasonido, una espera que siempre fue demasiado larga, luego un fuerte latido de corazón y una llorosa oración de acción de gracias.

Incomprensión de amigos y familiares

Recé todos los días durante meses para que mi hijo sobreviviera. Mientras tanto, lentamente informé a una selección de personas sobre mi embarazo. En un minuto, estaría suplicando a Dios que proteja a mi hijo por nacer de la muerte en el útero. Al siguiente, recibiría esa pregunta («¿Qué vas a hacer?»), seguida poco después por los consejos no deseados para abortar «antes de que sea demasiado tarde». A veces se ofrecían a pagar por ello, como si las finanzas pudieran ser la única razón por la que no estaba asesinando a mi hijo. Los comentarios empeoraron a medida que pasaba el tiempo:

«¿Entonces vas a dar a luz al engendro de Satanás? ¡Abortarlo!».

«Esa cosa es malvada».

«Deberías deshacerte del bebé diablo».

Escuché eso y mucho más, palabras que quedaron impresas permanentemente en mi mente. Eliminé completamente a algunas personas de mi vida. Ya había tenido suficiente dolor durante e inmediatamente después de mi violación. El dolor de escuchar sus comentarios, algunos hechos incluso tan tarde como a las 26 semanas de mi embarazo (mucho después de llamar a mi hijo por su nombre), era demasiado difícil de soportar. Ver que la gente te diga que tu bebé debería ser asesinado y compararlo con Satanás era mil veces peor que ser violada. ¡Mi hijo no había hecho nada malo! ¿Cómo podría haberlo hecho? ¡Ni siquiera había tenido la oportunidad de aspirar aire a sus pulmones!

Continúa el peligro

Alrededor de la época en que tenía 16 semanas y media, mi obstetra se estaba más preocupado por la hemorragia constante, ya que no se podía culpar a la rareza del primer trimestre. Hizo más pruebas y descubrió que tenía una infección articular de transmisión sexual que contraje durante la violación que no había sido cubierta por los tratamientos preventivos que recibí en los días posteriores al asalto. Había causado que mi cuello uterino se irritara e inflamara increíblemente y, si no se lo trataba, podría provocar un parto prematuro y la muerte de un bebé demasiado pequeño para sobrevivir fuera del útero.

El diagnóstico tardó aproximadamente una semana, pero el tratamiento posterior no eliminó por completo de mi cuerpo la infección. Volvió nuevamente, y la hemorragia no se detuvo para nada hasta un par de días antes de que yo tuviera 20 semanas de embarazo, después de dos rondas más de píldoras. La paz fue efímera porque, a las 20 semanas tuve un virus estomacal que me llevó al hospital por una deshidratación severa. Sin embargo, de alguna manera, los fuertes latidos de mi hijo prevalecieron.

A través de todos los momentos terroríficos, estaba casi completamente sola porque demasiadas personas simplemente no entendían cómo podía dejar que este niño siguiera viviendo, creciendo y pateando en mi vientre. El embarazo es difícil, pero definitivamente es más difícil cuando tus amigos están inmersos en la cultura que nos rodea y no valoran la vida.

Los movimientos de mi hijo se hicieron más fuertes y comencé a sentir hipo y giros. En poco tiempo, tenía 39 semanas y me registré para ser tener un parto inducido en el hospital. No acepté ofertas para una epidural. Las enfermeras siguieron diciéndome que era «una estrella de rock» para lidiar con las contracciones sin medicamentos para el dolor.

La verdad es que ninguna contracción es tan dolorosa como la experiencia de personas que me dicen cuánto odiaron a mi perfecto e inocente hijo antes de que naciera. Pensaron que vería a mi violador en mi hijo. No lo hice y no lo hago. (En realidad se ve exactamente como yo lo hacía a su edad.) Pensaron que no podría amarlo. ¡Absolutamente! Pensaron que las dificultades financieras temporales eran demasiado para manejar. No lo son. Pensaron que nacería malvado. Ningún bebé le ha dado a mamá alguna tanto gozo como él ha traído a mi vida.

Mi hijo fue concebido en violación, pero su vida, como la de cualquier otro ser humano, comenzó con Dios. Y como cualquier otro bebé, la gente se enamora fácilmente de él, incluso algunas de las personas que se ofrecieron a pagar a un médico para asesinarlo. Él le muestra a la gente lo equivocados que estaban todos los días.

Esa lista incluye a su madre porque una vez pensé de la misma manera.

Paula K. Peyton, es escritora, madre de Caleb y ahora bloguera provida en Save The 1. Vive en Memphis, Tennessee.

Saturday, September 16, 2017

Mi fe está en Dios Padre y lucharemos hasta la muerte natural de mi bebé.

por Liliana Mozo (Salvar el 1)


Estoy viviendo con mi marido desde hace 10 años.  Me casé muy joven y empecé a cuidarme con pastillas anticonceptivas para no quedar embarazada  pero los planes de Dios fueron diferentes y quedé en estado de mi primer hijo a los 4 meses de vivir con mi esposo. 

Tras nacer el niño, seguí cuidandome con inyecciones y pastillas, decisión  que me ocasionó un embarazo ectópico 11 meses después de que naciera mi hijo. 


Estuve a punto de morir porque cuando me detectaron el embarazo ya estaba muy grave y tenía una hemorragia interna porque se me había abierto una trompa. Tuvieron que quitarme a mi bebé y extraer la trompa izquierda. Todo pasó tan rápido, en menos de 24 horas, que no pude asimilar lo que estábamos pasando. 

Transcurrió un  año más y yo, confiada en los anticonceptivos, volví a salir embarazada de mi tercer hijo. Ahi viene lo más fuerte para mí pues estaba tan espantada por lo que me había pasado en el embarazo ectópico que empecé a renegar de mi hijo y no lo aceptaba por miedo a volver a pasar lo mismo ya que fue muy traumante. 

Los médicos y enfermeras te hacen pensar tantas cosas...  hasta  en abortar. Gracias  a Dios no pasó por mi mente pero sí que rechacé a mi hijo por el miedo a volver a sufrir.

Después de que nació el niño tomé la decisión de ponerme un DIU, el dispositivo intrauterino para  no embarazarme más pues no miraba mi vida adecuadamente y la apertura a la vida no formaba parte de ella. 

Gracias a Dios,  tuve un reencuentro con Él hace dos años y pude tomar clases de pro vida . Ahí me enseñaron realmente el amor a Dios para nosotros mismos.

Tomé la decisión de dejarme de cuidar con todas esas porquerías de anticonceptivos porque vi que dañaban mi cuerpo y advertí que mi  mentalidad era de muerte pues no aceptaba la vida que pudiera venir. 

Mi esposo y yo empezamos a tomar clases de planificacion familiar natural y estuvimos así por un tiempo hasta que decidimos volver a tener otro baby. Y es que  mi vida se había transformado y me volví pro vida. Estoy en un ministerio pro vida donde yo platico y me ha dejado enseñanzas muy grandes.

En Enero de este año decidimos procrear nuestra bebé con un gran amor e ilusión de volver a ser padres y quedé embarazada enseguida.

El embarazo iba muy bien hasta hace 2 meses que a la niña le detectaron Osteogénesis imperfecta en estado grave, lo que supone un diagnóstico de inviabilidad.  


Hemos estado con especialistas pero ellos, médicamente, no nos dan esperanzas pues nos dicen que el bebé  no va a vivir y que morirá al nacer. 

Esta vez no me he dejado ganar  por la ciencia pues mi fe está en Dios Padre y por consiguiente lucharemos hasta la muerte natural de mi bebé . Ellos ya me dieron la opción de abortar pero yo me negué a eso y les dije que yo voy a aceptar lo que tenga que pasar. Sólo estamos en espera de que mi bebé nazca, a principios de octubre, y después de eso Dios sabrá lo que tiene preparado para nosotros.

Pido a todos los seguidores de esta página pro vida que oren por mi bebé. Ella se llama Camila. Nosotros estamos confiados en aceptar la voluntad de Dios por muy dolorosa que sea. Pero también estoy en gracia al creer en Él y sé que existen los Milagros y para Dios no hay imposibles.



BIO Liliana Mozo, Méjico. Esposa y madre de dos hijos. Embarazada de un bebé con diagnóstico de inviabilidad. Escribió este breve testimonio de vida para compartirlo y poder ayudar a otras mujeres que se encuentren en una situación semejante.

Saturday, January 14, 2017

SOY PROVIDA Y ÉSTA ES MI HISTORIA...

Por Jeanette Montecino

Me llamo Jeanette, tengo 34 años y tres hijos. Sí, tres hijos, porque tuve un bebé que Dios no quiso que viniera para quedarse.


En junio del año 2015 quedé embarazada y acudí a mi médico. Realicé exámenes de rutina, ecografías y todo estaba normal.

Nuestra historia cambió a fines de octubre cuando ya presentaba 4 meses de embarazo y la pancita se empezaba a notar.

Un día por la mañana me levanté al baño y sentí que algo me salía de entre las piernas. Al mirar vi que era algo mucoso de color rosado. Asustada, llamé a mi médico que me dijo que fuera a urgencia enseguida para ver cómo estaba mi bebé.
Al llegar ahí la mala noticia era visible en aquella pantalla del ecógrafo.

- "Chiquilla se te rompió la bolsa, mira tu bebé no tiene líquido, tu embarazo es inviable hay que interrumpir tu embarazo porque tú corres peligro de infectarte y morir".

¿Por qué tenía que interrumpirlo si mi bebé aún tenía latidos?
¿Por qué había que interrumpirlo si no presentaba infección ni riesgo para mi vida?

Decidí irme de ese hospital y al día siguiente visitar a mi médico. Otra vez, malas noticias pues ratificó la rotura de la bolsa pero teníamos que esperar a que el entonces feto dejara de latir dentro de mí. De haber estado aprobada esta ley "mata niños" habrían interrumpido mi embarazo.

Así fue como estuve 3 meses hospitalizada con exámenes semanales y ecografías dos veces a la semana. Los médicos se sorprendían cada día ya que ellos sólo esperaban que mi bebé se rindiera. Que presentara infección o que sola comenzará con trabajo de parto. Pero mi corazón luchaba junto al de mi pequeña bebé y le decía: "Vamos hijita, demuéstrales que se equivocan, que no eres una cifra, que no eres un feto, eres mi bebé que tiene corazón y lates dentro de mí porque eres vida".

Mi pequeña Isabella nació por una cesárea de urgencia a las 32 semanas y pesó 1650 g. Para sorpresa de los médicos ella no traía ninguna malformación física. Ellos decían que por la presentación podálica su cuerpo no se estaba formando bien, que su cráneo era deforme, etc.

Era hermosa, bella pero venía con problemas en los pulmones. Uno de ellos era más pequeño que el otro. Y a las 7 horas de nacer se puso alitas de mariposa por una insuficiencia respiratoria debido a la hipoclasia pulmonar que se generó por la falta de líquido amniótico.

De eso ya han pasado 11 meses. Meses en los que hemos vivido sumidos en el dolor pero a la vez con la clara convicción de que hicimos lo correcto. 


La vida de nuestra hija no dependía de los médicos ni de mí. Dependía sólo de Dios y de ella. Ella fue quien determinó hasta cuando quiso luchar. Ella vino a demostrar a los médicos que sus libros de anatomía, sus cifras y porcentajes de muertes intrauterinas no son infalibles y que los embarazos inviables sí pueden llegar a término y que muchas veces se equivocan con sus diagnósticos.

Mi hija fue vida y con eso nos quedamos. Toda espera y sacrificio que hubo de por medio para verla nacer, tenerla en nuestros brazos, besarla, acariciarla, cantarle y decirle lo mucho que la amamos valió la pena y, sobre todo, la alegría de poder compartir nuestra historia y decir: Somos una familia Pro-Vida

Tenemos 3 hijos, sí, porque Isabella nació viva y,aunque no la tenemos físicamente con nosotros, ella vive en nuestros corazones para toda la eternidad.

Jeanette, seguidora de SalvarEl1, ha compartido con nosotros su testimonio de vida. Cuando estaba embarazada de su hija Isabella, se le rompió la bolsa con el líquido amniótico de manera prematura. Le aconsejaron el aborto pues la niña no tenía posibilidades de sobrevivir.

Tuesday, December 13, 2016

¡QUIERO UN MUNDO DONDE NO EXISTA LA VIOLENCIA; QUIERO UN MUNDO DONDE EXISTA EL RESPETO, LA IGUALDAD Y EL AMOR!

por Yazmin
Me llamo Yazmín y soy mexicana. Me hubiera gustado relatar una historia diferente donde existiera un mundo en armonía y no se supiera qué es la violencia pero, lamentablemente, hablaré sobre mi vida, una vida miserable ante los ojos del mundo, pero una vida de bendición ante los ojos de Dios, o al menos eso creo yo. 
Desde temprana edad sufrí de abuso sexual físico, psicológico y verbal por parte de mi tío y las personas que me rodeaban junto con él. Crecí con dos pequeños niños hijos de mi tío que, por abandono de mi tía, al igual que yo, quedaron a su cargo y cuidado.

Los abusos sexuales se sucedieron desde que yo era muy chiquita. Crecí entre insultos y golpes frecuentes que me hundían cada vez más en una terrible depresión tristeza y soledad. No lograba hablar mucho pues crecí con la única compañía de esos dos pequeños niños y no conocía a nadie más. No tenía amigas ni nadie con quién hablar así que mis dos mejores amigos eran esos dos pequeñitos. Por ellos aprendí a aguantar dolores físicos e internos. Para no llegar a asustarlos y preocuparlos les decía que mi cuerpo era tan fuerte que no me dolían los golpes y no debían llorar por mí ni tener miedo porque yo los protegería. Los golpes físicos se curan en cierto tiempo, los moretes y las heridas desaparecen después, pero los psicológicos tardan un poco más. 
Recuerdo que cuando ellos dormían yo salía a llorar mi dolor que era bastante; estaba enojada con él, con Dios, conmigo y con la vida misma, la gente y la autoridad. Al igual que Dios, se habían olvidado de mí.  "Las personas son ciegas", pensaba, o ¿"Acaso soy invisible ante los demás?". Me llegué incluso a autonombrar la niña "fantasma”. “El día que yo tenga dinero ayudaré a todos los niños de la calle, (como así nos llegan a nombrar), no permitiré que abusen de ellos como lo hacen conmigo, les daré un hogar, cobijo, comida y por sobre todo ¡Les daré amor! ¡Mucho amor! “.

Llegaba a pensar eso entre tantas cosas. Pero... "¿Algún día de verdad lograré eso? ¡Ni siquiera puedo ayudarme a mí misma ni a los niños!". ¿Me abandonaste por completo, Dios? ¿Dónde es que te encuentras ahora? ¿Por qué permites tanto dolor y sufrimiento? ¡No entiendo! la vida es fea y no me gusta, ¿Quién querría vivir en un mundo así? Tú me has abandonado, soy una niña infeliz fea y miserable. Quiero ser feliz ir a la escuela y jugar, me porto bien y obedezco, Dios, no soy grosera con nadie ¡dime por favor qué he hecho mal! ¡SÓLO QUIERO SER FELIZ!. 


La gente sólo me ve con lástima, y la policía y la autoridad sólo siguen normas tontas que no me sirven ni defienden. La justicia llega tarde y después de procesos largos, cumplen con un deber a medias donde buscan la solución más fácil que no cree conflicto y no se preocupan por mí de verdad. Quiero un abrazo lleno de amor que me haga sentir especial.

Al final de preguntas sin respuesta, reproches y lágrimas donde de alguna forma desahogaba mi dolor, lograba dormir un poco para reponer algo de fuerzas y al día siguiente trabajar y servir a mi tío.
Vendía dulces en las calles como otros niños que hay por ahí  y esa  era mi rutina diaria para no llegar con las manos vacías a casa y así tener algo de dinero para pagar mi plato de comida y el de mis pequeños primos; los días y las horas eran largos para mí.

Algunos días eran más difíciles que otros pues mi tío llegaba drogado y alcoholizado con mujeres y hombres y me despertaban para servirles y me obligaban a tener sexo con ellos. Le pagaban a mi tío para que dejara hacerme lo que quisieran y él, gustoso, aceptaba el trato, sin antes decirme que debía obedecer y estar tranquila si no quería tener problemas. Opté por la opción de aceptarlo y quedarme lo más quieta que podía como si fuese una muñeca de trapo manejada a sus antojos; era la forma más fácil si no los golpes repentinos aparecían y terminaba en un mar de sangre y dolor.

Un día después de los abusos constantes de mi tío y sus amigos quedé embarazada. Tenía a un ser que crecería dentro de mí cada día. Estaba muy asustada, la verdad, no sabría qué hacer con un bebé ni cómo cuidarlo y no podría protegerlo dentro de un mundo donde existe tanta maldad y pensé en abortar y no tenerlo. Pensaba que no sabría ni podría darle los cuidados que necesitaría y yo siendo una niña tonta e inútil fracasaría en el intento, tan sólo tenía 14 años. Pero después pensé: “Si Dios me dió la vida a mí y me permitió nacer, ¿Quién soy yo para quitarle la vida a un ser inocente y arrebatarle el derecho a vivir decidiendo por él?". Me estaban arrebatando la vida a mí sometiéndome y obligándome a cosas que no quería y sin derecho a nada y yo pensaba hacer lo mismo con ese bebé. "¡NO ES JUSTO! Está creciendo una vida dentro de mí con un propósito y una misión y al igual que yo tiene derecho a la vida".
Decidí continuar con mi  embarazo después de encontrar una página PRO-VIDA. 

Debo decir que existen super héroes sin capa y que no son como los dibujan en los cuentos y los pasan en los programas de televisión. A ellos no les dan reconocimientos ni salen en las revistas premiando su valentía y esfuerzo por ayudar pero son como ángeles con una misión que Dios les encomendó y con ese propósito existen en esta vida. Tuve la fortuna de encontrar super héroes en mi camino, en esos momentos tan difíciles de mi vida. Estaban decididas a ayudarme sin pedirme nada a cambio. Por fin mis suplicas fueron escuchadas y Dios y ese bebé me dieron las fuerzas y el valor que yo necesitaba para salir adelante. En ningún  momento me dejaban sola, eran tres super héroes que se comunicaban conmigo ideando cómo librarme del "hombre malo" ya que en la distancia era complicado ayudarme tan fácilmente y aún con todo y sus problemas se dedicaban a ayudarme y escucharme, con esa calma y atención  que nunca nadie me había regalado. Sentían el dolor que yo sentía y sufrían junto conmigo.  Por primera vez aprendí a confiar en las personas y descubrí que no todas son malas.
Empecé por primera vez en mi vida a rebelarme en contra de mi tío y exigir mis derechos, el de los niños y de mi bebé aunque el todavía no nacía. Sabía que tenía que irme antes que naciera y traté de fugarme para comenzar por fin a vivir una vida plena y feliz lejos de ese ambiente que nos hacía tanto mal.

Mi tío estaba metido en drogas, venta de ellas y las consumía. Por ende, conocía a muchas personas y contactos poderosos de todos lados y de alguna forma cuando traté de huir dieron conmigo y los niños. Cuando por fin creía que mi vida cambiaría y sería todo distinto regresó y me encontró, como en una película de terror donde no existe salida. Sabía que mis esperanzas de salir adelante terminarían y todos mis sueños sucumbieron al capturarme, no tenía salida, además sabía que me iba a ir muy mal, el miedo regresó y no me dejó ir.

Junto con él y sus amigos, a mitad del camino, me drogaron y golpearon. Cuando desperté ya estaba en otra casa sola y sin los niños, amarrada, sin comida ni agua, era un lugar distinto, solo frío y feo que me daba mucho miedo. Gritaba pero nadie me escuchaba ni siquiera ruidos de carros. No sabía dónde estaba y tenía mucho miedo. Después de un rato llegó mi tío diciéndome que era una mala agradecida y que si creía que lo iba a denunciar y hacer algo contra él, estaba mal. Decía que yo era una loca prostituta y todo lo que recibía era porque lo merecía. Me advirtió que no saldría de ese lugar y no lo dejaría jamás y si quería ver a los niños debía obedecer y acostarme con más hombres y cumplirle a él como mujer. Decía que sólo había nacido para eso y nada más.

Los niños iban a diario a la calle, él los llevaba y vigilaba ahora, pues estaban amenazados que si hablaban con alguien no me verían nunca más y él me mataría por culpa de ellos. Así que ellos sólo se dedicaban a vender y hacer lo que él les decía temerosos de lo que pudiera hacerme. ¡No hay peor forma de matar a alguien que privándolo de su libertad!

Mi tío me castigó tanto por intentar huir, que sus golpes eran cada vez más fuertes y toda su furia la descargaba conmigo, como si fuese un costal de boxeador. Decía que mi tía  lo había dejado pero jamás nadie lo dejaría de nuevo y menos yo ni los niños. Me goleaba, violaba y escupía. Yo sentía no poder más, tenía mucha hambre y sed, me dolía todo el cuerpo, mis manos, mis pies, mis piernas, ¡todo completamente!  Otra vez estaba sola y decepcionada, le había fallado a mi bebé, Le pedía perdón acariciando mi vientre diciendo que todo estaría bien y que me perdonara.

Un día llegó tan drogado y borracho que al verme se me dejó ir a golpes. De inmediato empezó a golpear mi vientre y patearlo y fue el dolor más grande que pude sentir, es inexplicable no podía moverme, empecé a sangrar y sabía que algo no estaba bien. Él se salió aturdido por la cantidad de sangre y ver mi estado físico, no podía levantarme, ni siquiera podía llorar. Dentro de mí, en mi mente le pedía perdón a mi bebé, ¡pidiéndole que por favor no me dejara sola y que debía de ser fuerte que yo lo necesitaba y pedía a Dios que no se lo llevara y le permitiera nacer! …pero lo perdí.


Mi tío no tardó mucho en regresar con un amigo que era médico y me auxilio un poco; sólo escuchaba lo que platicaban como si los escuchara en un sueño. Creí que en ese momento moriría y así lo pedí, Pedí a Dios me llevara en ese instante por que no soportaría más. Escuchaba como planeaban deshacerse de mí como un perro abandonado. Decían que si me quedaba ahí en la casa algún día los descubrirían y no podían llevarme a un hospital porque sería peor y con mayor facilidad llegarían a él. Me subieron al carro y me dejaron en un lugar frío y desolado esperando lo peor. Yo ya me sentía preparada para partir de este mundo, no deseaba ya nada más que eso, lo anhelé con toda mi alma pero los designios de Dios son otros. Sus planes son distintos a los nuestros. Esa noche la mano de Dios cuidó de mí. No encuentro otra forma más de describirlo si no ¡como un milagro! 
  
No recuerdo cómo, ni a qué hora, ni quién, pero  me encontraron y auxiliaron. Lo único que recuerdo es que desperté en un hospital atendida y con medicamentos, una de mis super héroes estaba ahí conmigo. Tampoco sé como se enteró y como llegó a mí. Estaba cuidando de mí, me abrazó con tanto amor y me dijo que todo estaría bien. Yo ni siquiera podía hablar, sentía tristeza, dolor, desolación y a la vez alegría, bueno sentía como un poco de alivio que estuviera ella ahí conmigo pero me sentía triste y vacía, era un mar de sentimientos que no podía explicar. Ella estaba conectada por teléfono con una mujer pro-vida de Guadalajara y tres más que estaban pendientes de mí y en grupos de cadenas de oración hablándome y haciéndome sentir su amor a través de la distancia. Ángeles al cuidado de mí, pendientes de mi recuperación física, emocional y espiritual. Ellos que no me conocían estaban pendientes de mí sin pedir nada a cambio, ¡realmente fui afortunada!

Se tramitó la denuncia correspondiente y como era esperar, esa noche que cometió eso huyó con los niños como pensé que  haría. Finalmente lo encontraron y lo arrestaron pero lamentablemente lo soltaron. Después supongo que debió mover sus influencias y de alguna manera se salió con la suya y quedó libre.  Jamás logré comprender eso y por qué la autoridad no me defendió y lo dejó en donde debería estar para que no siguiera causando daño. 
Tiempo después de eso me enteré que murió en un accidente automovilístico donde se encontraba sumamente alcoholizado y drogado como era de costumbre.  Entendí que la justicia de Dios es diferente a la justicia del hombre y a veces nosotros nos hacemos justicia actuando mal. Todo lo malo de alguna forma se regresa. Si las autoridades hubieran cuidado de mí desde pequeña no habría sufrido todo eso y no habría perdido a mi bebé pero las cosas suceden por algo y así tenía que suceder. 

¡Por fin era libre! ¡Al fin tenía libertad! Ya no había nadie que abusara de mí y me golpeara.  De alguna forma se había hecho justicia y el hombre malo de la historia de mi vida se había ido para siempre y no me atormentaría nunca más. 

Físicamente comencé a recuperarme, a retomar fuerzas y sólo empezaban a quedar cicatrices.  Pero aún así, sentía dolor, no físico sino emocional. Todo era una pesadilla que no me dejaba dormir por las noches. Me sentía culpable por no haber cumplido a mi promesa de cuidar a mi bebé, no podía perdonarme a mí misma. Tiempo después entendí que hice lo que estaba a mi alcance y no podía protegerlos si yo no estaba protegida también.  No fue mi culpa, solo fui una víctima más junto con ellos, una víctima de él y de la autoridad. No lo provoqué yo como  pensaba. Era momento de terminar con ese dolor que no me dejaba seguir. Tenía en mis manos el poder de seguir siendo una víctima o levantarme como una leona y sacar garras para seguir continuando con mi vida y cumplir mis sueños. Ya nadie me lo iba a prohibir, no existía nadie que me detuviera y así fue, no fue fácil, pero tampoco imposible. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

¡Decidí abrir mis alas y comenzar a volar!, dejar a un lado el dolor junto con mi pasado y comenzar a vivir. Perdonar es la clave para ser feliz, no por ellos, ¡sino por mí misma! El sentimiento de rabia y de rencor provoca cáncer emocional que no nos dejan avanzar y yo ya no quería más de eso. Los super héroes pro vida son ángeles que manda Dios en forma de humanos para regalarnos esperanza, alegría, paz y amor. El amor de Dios reflejado en sus vidas. Dios me hablaba a través de ellas. Ahora sólo estaba en mí el salir adelante ya no era una niña invisible, ¡era un milagro de vida! 

¡Como una mariposa que despliega sus alas y decide volar! 
Ese es el derecho de todos los niños y todas las mujeres víctimas de abuso sexual. 
Mi pregunta es: ¿Por qué quieren cortarnos las alas?  Al aprobar las leyes de aborto nos envían un mensaje erróneo y contradictorio de la vida, su forma de "proteger" no sirve, es egoísta: acabar con una vida para proteger otra. No se puede matar a otra para vivir "bien" porque ni siquiera estás viviendo. Dicen que todos somos libres y ¡no nos dan esa libertad! Es contradictorio, no puedo acabar con una vida para ser libre ni siquiera para sentirme mejor.

El dolor no desaparecerá de mi vida. Contrario a eso me están enseñando a matar y a sentirme sola y acabada y no por ser una mujer violada acabaré con una vida inocente para estar bien.

Nadie asegura que el procedimiento saldrá bien y ¿si somos dos seres los que morimos en el intento de abortar? Y si no muero físicamente y ¿muero de tristeza internamente? Ustedes sólo dirán que cumplieron pensando que era lo mejor para mí.

¡No corten nuestras alas! ¡Ayúdenos a volar! No corten las alas de esos seres inocentes, nadie sabe si en uno de los tantos niños abortados alguno venía con la misión de crear la cura contra el cáncer y le quitamos la esperanza de vivir. Dejemos de tomar un papel que no nos corresponde sobre la vida ajena, ¡respetemos! No somos Dios y Él es el único que decide sobre la vida y la muerte.

Seamos más humanos al dolor ajeno, debemos escuchar con el corazón y la razón. Necesita que arresten a aquellos hombres que roban nuestras vidas y esperanzas, necesito que las autoridades sean conscientes.
Como mi historia, hay tantas historias de niñas y mujeres violadas que necesitan ser escuchadas, todas con historias diferentes pero sintiendo el mismo dolor y la impotencia con necesidad de ser PROTEGIDAS REALMENTE Y ESCUCHADAS. 

Mi historia de vida se sigue escribiendo aún. Gracias a mi súper héroe favorita que me pidió escribir mi historia, ¡estoy y estaré siempre muy agradecida con ella!


Mi nombre es Yazmín, soy mexicana, una víctima más de abuso sexual y soy  PRO
VIDA.

Yazmin escribió este testimonio para SalvarEl1, SaveThe1

Monday, December 12, 2016

Solo pido que las mujeres que pasan por la desagradable experiencia del aborto se acerquen a Dios


Por Milagros Luciano
Hola, ante todo muchas gracias a Dios por darme otro día de vida.
Durante años tuve relaciones difíciles y decisiones que me llevaron a destruirme como persona y también al aborto en diversas ocasiones. ¿Cómo cambié de vida? Pues me hice seguidora de EWTN, un exitoso canal católico y es ahí donde conocí el testimonio de Patricia Sandoval, una gran activista pro vida. En su persona me vi totalmente reflejada, me emocionó su valentía para contarlo y su conversión.

El testimonio de Patricia fue una inspiración y me tocó el corazón de lleno hasta el punto de acercarme a la confesión, lo cual pensé iba a resultar un momento durísimo pero acabó siendo una enorme sanación para mi alma. Todavía no he vivido un retiro post aborto pero imploro y ruego a Dios su misericordia a pesar de no merecerla.

 El aborto es algo injustificable, lo digo por experiencia propia. Siento que, a pesar de mi error, Dios me ama, nos ama a todas las mujeres que hemos pasado por esta situación. Mis ángeles, esas inocentes criaturas a las que aborté, están presentes conmigo cada día. Solo pido que mujeres que pasan por la desagradable experiencia del aborto se acerquen a Dios y oren por sus hijos ya que Jesucristo vela por nosotras.
Milagros Luciano escribió este testimonio personal para compartirlo en SalvarEl1.
na inspiración y me tocó el corazón de lleno hasta el punto de acercarme a la confesión, lo cual pensé iba a resultar un momento durísimo pero acabó siendo una enorme sanación para mi alma. Todavía no he vivido un retiro post aborto pero imploro y ruego a Dios su misericordia a pesar de no merecerla.
El aborto es algo injustificable, lo digo por experiencia propia. Siento que, a pesar de mi error, Dios me ama, nos ama a todas las mujeres que hemos pasado por esta situación. Mis ángeles están presentes conmigo cada día. Solo pido que mujeres que pasan por la desagradable experiencia del aborto se acerquen a Dios y oren por sus hijos ya que Jesucristo vela por nosotras. Milagros Luciano