Friday, April 8, 2016

Nunca he relacionado a mi hija con la violación

por Wedencise Lubin



Como primera generación de inmigrantes de las islas del Caribe, he soportado muchas cosas en la vida desde muy joven. En noviembre de 2010, a los 17 años, después de una vida de abuso físico y emocional en manos de mis padres, decidieron librarse de la carga de tener que vivir conmigo.  Yo era estudiante de último año de secundaria en Florida. En ese momento – a seis meses de graduarme, ya había conseguido una beca completa en la Universidad de Howard en Washington, D.C.  Mi futuro estaba más o menos claro, o eso pensaba yo. Fue entonces cuando mis padres tomaron la fatídica decisión, dos semanas antes de mi cumpleaños número 18, de mandarme  a vivir con dos parientes varones, ambos conocidos por historias de violencia contra mujeres.

Les rogué y supliqué que me aceptaran de vuelta en casa.  Busqué recursos externos de refugio; pero el destino hizo que terminara viviendo cuatro meses en total con estos hombres.

Al cabo de dos meses de vivir allí, ocurrió lo impensable: mi virginidad fue brutalmente violada, fui abusada sexual y físicamente en todos los sentidos imaginables.  Los dos parientes me dijeron que si se lo contaba a alguien, me matarían. Ni que decir que estaba horrorizada, deshumanizada, aterrorizada y completamente traumatizada.

En el verano de 2011, durante un examen físico de rutina para la universidad, supe que estaba embarazada de seis semanas como consecuencia directa de la violación incestuosa.

Yo era virgen cuando me violaron y nunca había estado con otro hombre.  Mi médico estaba tan devastado como yo.  Recuerdo que el médico y la enfermera me repetían: "Siento mucho que esto haya ocurrido".

Inmediatamente, mi doctor me dijo que tenía tres opciones:  1. Abortar al bebé, 2. Darlo en adopción y 3. Quedarme con mi bebé.  No fue una decisión difícil para mí.  Soy y siempre he sido pro vida. Lo que alentó mis convicciones fue que mi médico ordenó una ecografía a las seis semanas de embarazo.  Tan pronto como vi la ecografía, me di cuenta de que llevaba una vida humana dentro de mí.

A pesar de todo, no había en mi corazón un motivo para poner fin a esta vida humana, independiente del delito atroz y bárbaro que había sido perpetrado en mi contra.  Nunca pensé en mi bebé nonato como responsable.

Por supuesto el violador exigió que abortara y mi familia exigió dar al bebé en adopción.  La adopción no era una opción para mí porque yo ya estaba empezando a apegarme profundamente con la bebé que llevaba dentro.  Como fuera, ¡ésta era MI hija!  Ésta era mi carne y mi sangre y yo era su madre.

En febrero de 2012 di a luz a mi hija Valencia Marie.  Tuve a mi hija sola a los 19 años de edad y, a pesar de que estaba aterrada, confundida y estremecida, cuando la matrona trajo a mi hija, fue un amor a primera vista.

El 2012 se llevó a cabo una investigación criminal completa para conseguir condenar al violador por los crímenes que cometió contra mí. Después de una inmensa presión de mi familia, lo demandé para que me pasara una manutención.  En represalia, el violador pidió la custodia parcial de mi hija y, luego, la custodia completa.

Peleé muy duro para proteger a mi hija de ese monstruo.  Por suerte, los tribunales no concedieron al violador ningún derecho de visita y nunca ha pasado tiempo con mi hija, a pesar de que todavía está peleando conmigo en los tribunales. En todo este tiempo, nunca jamás me he arrepentido de no elegir el aborto o la adopción.  La crianza de mi hija ha valido la pena completamente.  Nunca he asociado la violación con mi hija.

¡Estoy tan agradecida de ser madre! Primero y ante todo, mi mayor bendición en la vida es mi hija. Esta niña inteligente y preciosa nunca deja de sorprenderme.  Todos y cada uno de los días me enamoro más de su personalidad, su encanto y su energía luminosa.  Ser madre, de todas maneras, es el regalo que sigue regalando.  Aprendo más de mi hija cada día y ella aprende más de mí.  Soy, sin lugar a dudas, una cuidadora amorosa, por lo que ser madre es innato a mí.  De verdad, es algo por lo que me levanto agradecida todos los días, porque sé que hay personas que no pueden tener hijos.  Así que el hecho de tener la oportunidad de experimentar este gran hito en la vida es una tremenda bendición.  Espero algún día ser bendecida con más hijos en un futuro lejano.  El hecho de que mi propia madre fuera horrible conmigo y que nunca me quisiera, me enseñó que el amor de una madre es sin duda una de las formas más importantes de amor en la vida de una persona.

El verdadero amor lo siento cuando miro a los ojos de mi hija.  Valencia es el amor de mi vida.  Y cuando tenga más hijos, siempre serán el amor más maravilloso de mi vida.  Ser madre te muestra el amor del que eres capaz.  Feliz, daría mi vida por mi hija.  Sólo quiero que mi hija Valencia sienta el amor infinito de mi corazón por ella y que tenga toda la felicidad del mundo.  Quiero criar a mi hija para que sepa que no importa lo lejos que estemos, nuestras almas están conectadas y que nada puede romper nuestra unión. No hay nada que mi hija pueda hacer que limite mi amor porella.  Éste es el tipo de amor maternal que siempre tendré para mis futuros hijos, también.

Continué asistiendo a la escuela técnica y me gradué con un diploma en Administración Médica. Ahora estoy estudiando para obtener mi Licenciatura en Administración de Servicios de Salud.

Después, planeo sacar una Maestría en Administración.  Actualmente, trabajo en educación médica en la escuela de medicina más grande del país.  Más adelante, querría ser administradora de hospital o trabajar en gestión de emergencias ya que tengo un muy buen manejo de crisis.  Así que, como puedes ver, tener un embarazo no planeado de una violación, de ninguna manera arruinó mi vida o mi educación.

Nunca he amado menos a mi hija debido a su padre biológico.  A menudo, la gente me pregunta qué siento respecto a mi hija porque su padre es un monstruo que me violó brutalmente.  Les hago una pregunta retórica: "Si el padre biológico de un niño fuera Hitler, Saddam Hussein, o Bin Laden, ¿eso los hace menos dignos de amor sin fin?" La respuesta es: ¡NO, absolutamente no!

Como seres humanos, no elegimos a nuestros padres biológicos.  Ya se trate de un asesino en serie o un violador, ese niño es puro, y ese niño es inocente.  Ese niño es una vida nueva.

Creo que la concepción es el inicio de una nueva vida.  En el futuro, cuando tenga más hijos, sé a ciencia cierta que no miraré a Valencita, que fue concebida en una violación, de un modo distinto que a mis hijos concebidos dentro del matrimonio.

BIO: Wedencise "Wendi" Lubin vive en Florida y es madre, estudiante universitaria, y blogger de Save The 1, así como miembro activo en Esperanza Después de la Concepción por Violación



Saturday, April 2, 2016

NO PODÍA ABORTAR A MI HIJA DESPUÉS DE OIR SU CORAZÓN PALPITAR


Por Elizabeth




No sería justo contar mi historia sin empezar hablando de mi madre. Cuando tenía 18 años tuvo una relación con un hombre mayor que ella. Más tarde, supo que estaba casado y tenía familia. Pero el golpe más terrible  vino cuando descubrió que había quedado embarazada de mí. Cuando se lo comentó, aquel hombre decidió hacer lo que todo adúltero suele hacer: le propuso el aborto, así se libraría de mí y ocultaría su infidelidad.

 
Lo cierto es que mi madre lo consideró. Era joven, acababa de empezar la universidad y apenas sabía nada sobre el aborto, mucho menos sobre la adopción. Ella nunca había asociado la palabra “aborto” con “asesinato”. Desconocía que mi corazón ya estaba latiendo, incluso antes de que se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada.
Pero el hecho de que mi madre no me quisiera no significa que yo no fuera amada. Y así, Dios quiso que a esa pobre mujer le faltara el dinero necesario para deshacerse de mí. De esta manera, salvé mi vida. Mi padre biológico, que se había desentendido del todo cuando mi madre quiso seguir con el embarazo, no sabe nada de mi existencia.
Pocos años después, mi madre se casó y se divorció de un hombre que me adoptó y al que todavía hoy llamo padre. Años después del divorcio, empezó a salir con otro hombre que abusó sexualmente de mí, desde los 8 a los 11 años. Sólo años después de que aquel malvado desapareciera de mi vida me vi con fuerza para revelar aquel horror sufrido y todavía tendrían que pasar unos cuantos años más para que, tanto mi madre como yo, encontráramos la paz que tanto ansiábamos.


Por aquel entonces tenía una formación sexual muy pobre en la que relacionaba sexo con amor. De hecho, seguía los pasos de mi madre, perdida y desorientada. Con apenas 15 años empecé a salir con un muchacho. Me drogó y se aprovechó sexualmente de mí.
No recuerdo absolutamente nada de lo que sucedió aquel día. Parte de mí todavía se pregunta si la pérdida de memoria fue resultado de las drogas ingeridas o una bendición de Dios. ¿Quién querría recordar el hecho de ser brutalmente violada?
Lo que sí recuerdo es que seis semanas después de lo acontecido me di cuenta de que estaba embarazada. Recuerdo quedarme petrificada, especialmente porque debía contárselo a mi madre. Creía que no podía decírselo a nadie, y teniendo en cuenta los abusos pasados, pensaba que aquello debía ser lo más normal. Así que decidí quedarme callada. Ahora, mirando hacia atrás, deseo que haber tenido el valor de decir la verdad. Ahora sé que mi familia habría luchado por mí y me habría defendido.
Todos aquellos que lo sabían me animaban a abortar. El padre del muchacho que me violó se ofreció incluso a pagarme la intervención. Me avergüenza reconocer que concerté una cita para acabar con la vida de mi hija. Pero, mi carácter inquieto hizo que visitara un centro para ayuda a mujeres embarazadas pocos días antes de la cita con el abortorio. Simplemente, quería más información. La providencia quiso que el técnico de ultrasonidos estuviera en el centro y me realizaron una prueba.
“Bump” “bump” “bump”.
Todo se paró a mi alrededor. Me faltaba aire. Cada fibra de mi ser se puso en guardia. ¿Era aquello un latido? La recepcionista de la clínica abortista y todos aquellos a los que confíe mi situación me decían que llevaba simplemente un puñado de células. Y yo sabía que un simple tejido no tiene latidos. Algo no encajaba. Querían engañarme.
Tuve claro que no podía abortar. A mis 15 años desconocía muchas cosas pero sabía que no podía detener aquel corazón al que oí latir con tanta fuerza.
Abandoné el hogar. Durante los meses siguientes dormía en el sofá de algunas amigas e incluso pasé una temporada con mi padre adoptivo.
Nunca antes había estado tan enfadada. Estaba enojada con Dios. ¿Quién se pensaba que era yo? ¿Qué le había hecho yo para merecer todo aquello que me estaba pasando? ¿Por qué Dios me había hecho sufrir tanto desde mi nacimiento? Abusada sexualmente en mi infancia, ¿había nacido para ser un objeto de los hombres? ¿Era un chica de usar y tirar? ¿Qué mal le había hecho yo a Dios?
Estaba furiosa.
Entonces, cuando ya llevaba seis meses de embarazo me tropecé con una mujer, pastor en su iglesia, que cambiaría mi percepción para siempre de todo aquello. Mientras tomamos un helado me contó que Dios no sólo me amaba sino que, además, quería lo mejor para mí y velaba a diario por mi vida y todas mis cosas. Me leyó unos versos de la Biblia que me reconfortaron totalmente: “Te he llamado por tu nombre, tú eres mío”. “Conozco los planes que tengo para ti, planes que son para bien y no para hacerte daño. Planes para darte esperanza y futuro”. “Si tu madre o tu padre te abandonasen, yo nunca te olvidaré”.
Todavía algo confusa le pregunté: ¿Aquel Dios al que yo maldecía resulta que me ama y se preocupa por mí? ¿Él había escrito aquellos versos directamente en lo más profundo de mi corazón antes de que yo hubiera nacido? ¿Realmente tenía planes para mí? Y, aún habiendo sido abandonada por mis padres, ¿era posible que Dios me quisiera, incluso cuando yo le había odiado tanto?
A pesar de mis dudas aquella tarde me rendí. Terminaron mis pesares y lloré con el consuelo de saber que Dios me amaba con predilección. Le dije: “De acuerdo, Señor, Tú ganas. Ayúdame, puesto que no sé qué debo hacer. Llevo en mi seno esta vida que Tú creaste. Si tienes un plan para ella, por favor, dime cuál es”.
Entonces, como si de un relámpago se tratara, oí la palabra “adopción”, tan claramente como si hubiera oído a mi madre pronunciar mi nombre desde el otro lado de la habitación. Quedé petrificada pero aquel mensaje dejó claro lo que debía hacer.
Me puse en contacto con el centro de planificación familiar que me había realizado el ultrasonido y que, a la postre, salvó a mi hija, y ellos me remitieron a una agencia de adopciones. Escogí a la familia que consideré más idónea y quedé con ellos.
En ese momento estaba embarazada de siete meses y medio. Mi pequeña nacería un mes después, prematuramente.
Sus padres estaban ya preparados. Su madre estaba conmigo en la sala de parto donde me practicaron una cesárea de urgencia. No pude alabar a Dios lo suficiente por el hecho de tenerla allí cerca, a mi lado. Me alisó el cabelló, me transmitió paz y rezó en todo momento para que tuviera un buen parto.
De pronto oímos el gemido de un recién nacido. Inmediatamente aquella buena mujer y yo misma quedamos sumidas en un silencio que podía cortarse. Nunca en mi vida había oído un sonido tan bello como el de aquella niña. Después, mientras recuperaba fuerzas en una sala contigua, contemplaba a la pequeña mientras dormía plácida entre mis brazos. Nunca había visto una criatura tan preciosa como aquel bebé. Parecía encarnar las palabras de Pablo a los Romanos: “Dios trabaja en todas las cosas para el bien de los que le aman”(Rm 8,28). Pero es que además, aquella niña era la prueba de que mi propia vida ya nunca más sería una vida de odio y rencor. Mi hija era la imagen de Dios, de su amor redentor por mí. Mi vida ahora era una vida de esperanza, renacimiento y nuevos retos. Dios tenía planes para mí y para aquella pequeña. Y esos planes habían de darnos a ambas esperanza y un futuro.
Cinco días después de haber dado luz abandoné el hospital. Mientras veía como sus padres se la llevaban en coche rompí a llorar. No por haber sido violada; tampoco porque sintiera que me hubiera sacado un peso de encima (como algunos han pretendido enfatizar para reprender mi actitud). Lloraba porque ya la echaba de menos. Aquella pequeña criatura, una simple bebé, no la hija de un violador, un estigma o una excepción.
Era un bebé. Era mi bebé. Su bebé… mi corazón.
Desde que entregué a mi hija en adopción he llegado a cabo la misión de educar a la sociedad sobre la realidad del aborto, la adopción y todas las implicaciones que ello conlleva. El aborto estuvo a punto de silenciarme dos veces pero no he vivido esta historia para permanecer callada sino para compartirla y no me detendré hasta que todos los niños sean protegidos.

Claude Cyubahiro, concebido en violación, al saber su origen se vio rechazado por todos: sólo Dios dio valor a su vida

“Mi abuela me ayudó a convertirme en cristiano y volver a este fundamento es lo que me ayudó a reconocer mi dignidad y mi valor; que aunque yo había nacido no deseado, que había sido rechazado al nacer, sabía que Dios me amaba y que Él no me rechazaba, que me quería y que eligió que naciera de ese modo para que Él pudiera proclamar Su gloria a través de mí”

12 de marzo de 2016.- (Claude Cyubahiro  / Save the 1Religión en Libertad  Camino Católico) Me llamo Claude Cyubahiro y soy de Ruanda, África. Nací en 1993, un año antes del genocidio que asoló mi país en 1994. Ahora tengo 22 años. Crecí con mi abuela desde que era un bebé hasta que tuve 11 años, cuando ella murió, en 2005. Crecí creyendo que era mi madre. Se preocupaba mucho por mí y nunca le pregunté dónde estaba mi padre. Tenía todo lo que quería y las necesidades materiales las completaban su cuidado y su amor.
La feliz ignorancia
Conocí a mi madre biológica cuanto tenía 4 años. Estaba enferma y fui a cuidarla. Pasé muchos días con ella ayudándola y llegué a conocerla mejor. Antes venía a vernos a la casa de mi abuela, pero entonces yo no sabía que era mi madre.
Cuando mi abuela murió, fui a vivir con mi madre. Se había casado y tenía otros hijos (mis hermanos y una hermana). Cuando llegué me sentí en casa y disfruté de la vida con mi padre y mi madre, como hacían los otros niños. En ese momento creía que el hombre que estaba casado con ella era mi padre porque yo le llamaba "papá" y no había problema.
Un día vino con mamá a recogerme al colegio. Estaba en el instituto, en el tercer año. Nos paramos en un supermercado y mamá salió a comprar algunas cosas. Mientras esperábamos en el coche, mi padre me preguntó: "¿Te ha contado tu madre algo sobre tu padre?". Me sorprendió la pregunta y le contesté: "No". Entonces me sugirió: "¿Por qué no le preguntas a ella?". Al cabo de un rato mamá volvió y seguimos hacia casa. No dije nada. Ni siquiera le pregunté sobre lo que papá había dicho. Estaba asombrado y confundido.
En un trozo de papel
Enterré esa historia dentro de mí esperando que fuera un sueño, pero la historia volvió a mi mente y amablemente le pregunté a mi madre: “¿Quién es mi padre y cómo se llama?". No me contó mucho de lo que pasó, pero rápidamente entendí cómo habían ido las cosas. Escribió el nombre de mi padre en un trozo de papel y me lo dio. Más tarde, quise saber si alguien de la familia de mi padre, o mi padre, estaban vivos, para verles. Quería saber quiénes eran y esperaba que me aclararan la historia: cómo había sido concebido y qué había ocurrido.
Con la ayuda de Dios, conocí a algunos de los miembros de su familia y entonces tuve una idea clara de mis orígenes. Al principio mi madre me había dicho que mi padre no me había reconocido, porque decía que no era hijo suyo. Pero la historia detrás de todo esto era que mi madre era amiga de mi padre. Trabajaban en la misma empresa y mamá era una señora muy guapa con dos hijos, gemelos. Mi padre le pidió salir una noche, la drogó y la violó.
Protegido por una ley restrictiva
Cuando mi madre descubrió que estaba embarazada de mí intentó hablar con mi padre, pero él se negó a ayudarla. Mamá consideró la posibilidad de abortar porque tenía novio y ambos tenían dos hijos, por lo que el aborto hubiera sido una solución para salvar su relación. Tenía 25 años cuando la violaron.
La ley de 1977 prohibía el aborto “excepto cuando seguir con el embarazo pone en serio peligro la salud de la embarazada”; se requería una segunda opinión, que el aborto lo realizara un médico del sistema sanitario público o que tuviera la aprobación del estado y que se llevara a cabo en un hospital público o en uno concertado. Muchos deseaban que fuese posible el aborto para una mujer que había sido violada. Desgraciadamente, en junio de 2012, la ley cambió en Ruanda, permitiendo el aborto en casos de violación o incesto. Por lo que a mí respecta, en 1993 me protegió la ley de Ruanda sobre el aborto, pero yo sé que fue Dios quien me protegió.
Cuando llegó el momento de dar a luz, mi madre fue sola al hospital. Yo era sano y normal y salió del hospital enseguida.
Para volver a casa tenía que pasar por la casa de mi padre, por lo que decidió ir para dejarme allí. Pero mi padre y su familia la rechazaron de nuevo. La echaron llamándola prostituta mientras me llevaba en sus brazos, a mí, que tenía pocas horas de vida.
Problemas psicológicos
Al llegar a su casa, mi abuela me recibió y me puso mi nombre. Dijo: "Este niño que ha sido rechazado es mío. Lo educaré y se convertirá en un hombre”. En ese momento se salvó mi vida. ¡Doy gracias a Dios por el don de la vida!
Unos meses más tarde estalló la guerra en mi país: "genocidio" y mi padre biológico, que era tutsi, fue asesinado con otros miembros de su familia. Pero yo estaba con mi abuela, que me protegió. Sobreviví.
Saber todo esto fue un duro golpe para mí. Estaba solo y no tenía a nadie con quien compartirlo. Empecé a tener miedo de los otros; pensaba que si sabían quién era yo, me odiarían por eso. Me sentí no deseado, rechazado y solo. Entré en un periodo de depresión; quería incluso suicidarme. ¡Perdí toda la esperanza que tenía! No caí en el consumo de drogas durante mi depresión, pero me enfrenté a otro tipo de adicción.
Cuando supe de mi pasado y entré en una depresión, empecé a odiarme a mí mismo. No podía hablar con nadie, porque pensaba que ellos sabían "quién era yo", que había sido el fruto de una violación y que mi padre me había rechazado. Mi rendimiento en el colegio cambió; también mi comportamiento.
El fundamento cristiano: mi valor lo pone Dios
Había nacido en una familia cristiana. Mi abuela me ayudó a convertirme en cristiano y volver a este fundamento es lo que me ayudó a reconocer mi dignidad y mi valor; que aunque yo había nacido no deseado, que había sido rechazado al nacer, sabía que Dios me amaba y que Él no me rechazaba, que me quería y que eligió que naciera de ese modo para que Él pudiera proclamar Su gloria a través de mí.
Empecé a ver documentales y a leer muchos libros sobre personas que habían superado grandes pruebas y mi modelo fue Jesús. Aprendí mucho de la historia de Juan Pablo II, de la superviviente a un aborto Melissa Ohden y de Rebecca Kiessling, concebida en una violación. Cuando supe toda mi historia quise conocer a alguien que tuviera una historia similar para poder compartirla y ayudarnos a superarla.
Sorprendentemente, a la primera persona que conocí fue a Rebecca Kiessling, que vivía en los Estados Unidos. Conectamos a través de Facebook y ella me presentó a muchos otros que estaban en Save The 1. Con estas historias… ¡recuperé mi esperanza! ¡Ya no me siento solo!
Médico para salvar vidas
En Ruanda, los niños concebidos como resultado del genocidio son llamados los "embarazos de la guerra", "niños no deseados" o "niños de feos recuerdos".
Rindo honor a todos mis hermanos y hermanas bebés que no nacieron porque fueron abortados o que fueron rechazados y murieron. ¡Estoy aquí para hablar en su nombre! Quiero ser una voz para los niños no nacidos y rechazados. Quiero ayudar a todos los niños y bebés que pasarán por esta situación, quiero darles esperanza y estar allí para ellos. Quiero animar a otros a que rechacen el aborto; no importa cómo haya sido concebido el niño, si en una violación o de cualquier otra manera no deseada.
Actualmente soy estudiante de segundo año de ciencias biomédicas en el Instituto de Ciencias Aplicadas de Ruhengeri; mi deseo es estudiar medicina. Hay varias Facultades de Medicina fuera de Ruanda que me interesan y ahora ya tengo mi pasaporte, a pesar de que en mi certificado de nacimiento no consta el nombre de mi padre biológico. Con la ayuda de Dios, lo acabo de recibir del Departamento de Inmigración. Me pidieron que cambiara el nombre de mi padre y, sorprendentemente, expliqué mi caso al funcionario del Departamento y tras contarle mi historia, me ayudó. ¡Pude usar mi certificado bautismal para probar la paternidad!
Tras conocer la verdad de mi vida, decidí que quería ser médico para salvar vidas, para detener el aborto donde pueda y para ayudar a los que mueren a hacerlo en paz y con esperanza. ¡Esto es lo que quiero hacer! ¡Realmente lo deseo! Después de preguntarme por qué sobreviví, descubrí que Dios salvó mi vida por un motivo; por esto estoy comprometido en salvar vida a través de la medicina, dando esperanza a los desesperanzados porque sé lo que es vivir sin ella.
La piedra angular
Cuando le pregunté a mi madre qué piensa de mí ahora, me recitó el Salmo 118, 22-24: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro. Éste es el día en que actuó el Señor: ¡vamos a festejarlo y a celebrarlo!". Entonces me dijo que le preguntara el significado de estos versículos... 
Mi madre está muy orgullosa de mí. Esta contenta de que quiera estudiar medicina, pero también preocupada porque no puede ayudarme a pagar los estudios. Pero a pesar de todo, sé que Dios tiene un plan para mí y quiero que él me utilice para llevarlo a cabo.
Claude Cyubahiro

Publicado en Save the 1.
Traducción de Helena Faccia Serrano (diócesis de Alcalá de Henares).

Wednesday, March 23, 2016

Tu Vida Importa, por Carina Kiessling, 12 años



Debido a que mi madre es una activista pro vida, he crecido viajando por todo el país y también por diversas partes del mundo, oyendo su testimonio y también el de otros muchos que hablan sobre el aborto. También he tenido la ocasión de asistir a muchas manifestaciones en favor de la vida. Cuando era más niña empecé un club llamado Club 'Mi vida importa' porque quería que la gente supiera que su vida es importante. Muchos partidarios del aborto no se interesan por la vida de los niños no nacidos porque no se dan cuenta de que, también, su propia vida importa.
En Julio de 2011 participé en una manifestación pro vida en Pontiac, Michigan, junto con mi madre y uno de mis hermanos para protestar por un acto que recaudaba fondos para Planned Parenthood, el centro abortista más importante en Estados Unidos. Esta institución pensaba abrir un nuevo establecimiento en Auburn Hills. Cuando llegamos, vi que había gente con pancartas chillándose los unos a los otros. Yo tenía sólo 7 años pero ya comprendía que aquélla no era la manera de solucionar los problemas. ¿Cómo íbamos a enseñarles algo si lo único que hacíamos era gritarnos? Era horroroso ver gente de uno y otro bando chillando sin parar. Había dos hombres –uno de cada bando- que llevaban megáfonos y hacían un ruido enorme. Gritaban mucho pero no se escuchaban. Yo sabía que se podía hacer algo mejor. Entonces, le pregunté a mi madre, “¿podemos ir allá y hablar con ellos? Quiero decirles que sus vidas importan”. Mi madre se sorprendió con aquella salida mía pero me dijo que sí y allá nos dirigimos. Estaba un poco nerviosa pero le dije a un grupo de ellos lo que llevaba en la cabeza: que su vida era importante. Ellos me respondieron: “Nosotros también pensamos que tu vida importa”. Eso nos dio la oportunidad de explicar que ni mi madre ni yo habríamos estado allí si Planned Parenthood se hubiera salido con la suya. Tuvimos una excelente conversación después de aquel cruce de palabras y ellos fueron muy agradables porque yo era una niña pequeña. Incluso me dieron un botellín de agua porque hacía muchísimo calor. Quizás los argumentos no sean los mejores, pero hablar es siempre importante, sea uno un niño, adolescente o adulto. Siempre hay algo que aportar.


Carina Kiessling es la hija de Rebecca Kiessling, Presidenta de Salvar El 1 -- 1%, www.savethe1.com.





Mi madre me dijo: "le torcimos la mano al destino, hija", por Karina Silva Silva (Santiago, Chile)


 Mi madre fue abusada sexualmente a los 15 años. A causa de esta violación quedó embarazada. En aquellos años, hablar de sexualidad o cualquier tema parecido era aberrante para la sociedad de aquel entonces y por otra parte causa de vergüenza y desprestigio para cualquier familia. Mamá se enfrentó sola a esta situación y durante seis meses tuvo que soportar el hecho de vivir a metros de su abusador. Pasado este tiempo su vientre comenzó a crecer haciéndose evidente su embarazo; ya no podía seguir ocultándolo.

Fue un momento terrible para toda mi familia, una vergüenza, un motivo para no volver a levantar la cabeza, pero la fe de mi abuela cambió todas las cosas. Ella decidió, como tutora y responsable de mi madre, darme la posibilidad de vivir, por amor a Dios y confiando en que sus propósitos son perfectos para cada ser humano por adversas que parezcan las circunstancias. Mamá me dio a luz un 27 de enero de 1989. Nací bajo malas condiciones económicas, en medio de una crisis familiar y por supuesto  momentos de mucha tristeza

Mama no podía con tanto dolor por lo que se marchó de casa dejándome al cuidado de mi abuela a los 16 años aproximadamente. Durante mis primeros años de vida ella trató de estar lo más presente posible en mi crecimiento pero desde lejos, ya que verme le producía día sentimientos muy contrarios entre sí. El tiempo y la distancia nos separaron cada día más. Yo me crié en un hogar cristiano evangélico, pasé mi infancia formándome como persona dentro de una congregación pentecostal, lo que cambió mi manera de pensar, de vivir y que también me dio valor, ese valor que me arrebató la sociedad y la falta de redes de apoyo para una situación como la nuestra.

A mis 16 años me enfrenté a una crisis existencial muy fuerte. Estaba pasando por mi adolescencia y quería encontrar una respuesta, un porqué para todo. Había perdido las ganas de vivir. Entonces, me llevaron a psicólogos, psiquiatras; recibí tratamientos diversos pero nada daba resultado hasta que un día decidí desaparecer, necesitaba una respuesta saber por qué no había nacido en una familia normal conformada por mis padres, hermanos, etc. Cada día vivido era un dolor para mí, por lo que tomé el camino más fácil según mi percepción: intenté suicidarme intoxicándome con pastillas. Llegué a tocar fondo, pero Dios en su infinita misericordia salvo mi vida, y me dio un motivo para vivir, una esperanza, una salvación.

Me sacó de la desesperación y me trajo la calma, comprendí que Dios nada deja al azar que todo tiene su razón de ser, y que todos somos valiosos para El sin importar el modo o condición con la que hayamos llegado a este mundo hay muchas razones por las cuales levantarse cada mañana y agradecer por el nuevo día.

El camino no ha sido fácil para mí, y como yo ¡muchos!. Dios puso en mis manos todas las herramientas necesarias para enfrentar mi vida, para vencer mis temores, pero lo más importante me recordó que El me ama y que se preocupó desde el vientre de mi madre de cada detalle hasta del último pelo de mi cabeza, me recordó que no estoy sola, " Salmos 27:10 dice: Aunque padre y madre te dejarán, con todo te recogerá Jehova"; una promesa como tantas cumplidas en mi vida.

Hoy tengo 27 años de edad, a mi lado tengo a un hombre maravilloso que me ama con mis defectos y virtudes, soy madre de dos hijos hermosos el mayor de 3 años y la menor que ya está por nacer. La lucha continúa porque a diario nos encontramos gigantes para enfrentar; hace un año aproximadamente me detectaron diabetes mellitus tipo 2, a los meses siguientes quedé embarazada por lo que se considera un embarazo de alto riesgo ya que puede producir muchas complicaciones en mi condición entre ella riego vital para el feto y también para la madre; pero aquí estoy sigo luchando con la ayuda de Dios, amo vivir. Y agradezco cada segundo que tengo, ya no me preocupo de lo que pasó, ni de lo que vendrá mañana. Vivo el día a día agradeciendo lo bueno y también lo malo, después de todo somos un milagro de Dios.

En cuanto a la relación con mi madre hace exactamente 3 años ocurrió un hecho que marcó nuestra vida que fue la llegada de mi primer hijo, donde pude compartir con ella el momento de su nacimiento, fue un momento tan especial una nueva oportunidad para nosotras. Estamos más unidas que nunca, estamos de a poco recuperando todo el tiempo que perdimos.

Hasta el año 1989 en Chile estaba permitido el aborto, pero justo en ese mismo año se abolió aquella ley. Para mí no fue una coincidencia, fue la mano de Dios no sólo a mi favor sino también para otros muchos que merecíamos vivir.

¿Si soy feliz? ¡Claro que sí! Inmensamente, no porque mi vida sea fácil, es simplemente porque me aferré a mi fe, esa fe que cree lo imposible. Quizá para la sociedad mi vida estaba escrita para un fracaso, pero no fue así, mamá me dice " le torcimos la mano al destino hija".

Quiero decirles a todos los que alcance este testimonio de vida; a esas madres confundidas, a jóvenes adolescentes como lo era mi madre, que la vida es un milagro de Dios, y que por más duro y cruel que parezca la situación todos merecemos vivir. El aborto no es una solución; la verdadera solución es formar redes de apoyo en situaciones tan terribles como ésta, tal vez si en aquellos mi madre hubiese tenido más apoyo la historia sería otra.

La solución no es la aprobación del aborto, la solución es formar redes de apoyo en nuestro país para estos casos, Ningún camino es fácil, los dos generan algún tipo de dolor en algunos más profundos que en otros pero si hay una gran diferencia entre ambos, vida es esperanza, vida es un milagro, aborto es muerte, aborto es dolor.

La voluntad de Dios es perfecta y me aferro a eso. Tal vez para muchos soy fanática, pero ese fanatismo salvó mi vida y hoy gracias a Dios tengo una vida maravillosa. "Es pues la Fe la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve"

Karina Silva Silva es un bloguera por Salvar El 1 -- el 1%, Save The 1.  Ella vive en Santiago, Chile.

Tuesday, March 22, 2016

¿Un Presidente Que Asesina a Sus Ciudadanos Más Vulnerables? Por Brad Smith

Se puede medir el tono de una sociedad fijándonos en la manera en que sus integrantes son tratados. Desde 1989 Chile ha sido un país que protegía estas almas, pero la Presidenta Bachelet de Chile ha decidido unirse a la gente enferma y depravada de este mundo que tiene en el punto de mira a niños con discapacidades para su aniquilación. La Cámara de Diputados de Chile se ha unido a la Presidenta Bachelet para votar una ley que permitirá asesinar a los niños con discapacidades en el útero de su madre a través de la legalización del abortoen estos casos. ¿Qué hace una sociedad decente, proteger o matar a sus integrantes más indefensos?

Mi mujer y yo tenemos una niña pequeña que se lama Faith que tiene ahora 7 años. Antes de que Faith naciera los
médicos ya pensaban que tenía algú problema grave, en concreto Trisomía 18 o Síndrome de Edwards. Esto es una anomalía cromosómica de la que se suele decir que es incompatible con la vida o un diagnóstico de anomalía fetal fatal. Fuimos alentados a realizar alguna prueba más precisa antes de que ella naciera porque querían que acabásemos con su vida pero nosotros no teníamos ninguna intención de hacerlo y éramos conscientes de que esa prueba podía perjudicarla, así que no la hicimos.

Cuando Faith nació todo el mundo vió que le pasaba algo. Un par de semanas después nos dijeron que tenía, de hecho, Trisomía 18. Incluso en este momento, cuando ya había nacido nos animaron a que no le proporcionáramos ningún tratamiento. Los médicos no querían darle nada más que alguno de los medicamentos básicos y cuidados elementales. Incluso un médico se atrevió a decirnos que lo único que conseguiríamos era prolongar su vida... ¿De verdad que lo único que se plantea la industria médica es " prolongar" una vida?

Ya se ve que en USA hemos permitido que se imponga esta visión tan perversa de la vida desde que se legalizó el aborto. Hemos creado una cultura de la muerte que hace que muchos crean que la vida tiene muy poco valor y que piensan que la importancia de la vida de otra persona depende de ese escaso valor que ellos le atribuyen. De este modo ahora en US, los médicos asesinan casi al 90% de los niños que, como mi hija Faith, tienen una discapacidad. Antes de que puedan respirar por primera vez, los doctores los asesinan dentro de las entrañas de sus madres.

Cuando en 1973 era un joven muchacho, se legalizó el aborto en USA. En Ohio, donde yo me crié, había una escuela que tenía un servicio de autocares que recogía a niños con alguna discapacidad y les enseñaban. Hoy esa escuela ha dejado de existir porque nuestra cultura ha arrasado, literalmente, con estos niños con discapacidades que están despareciendo de la faz de la tierra. Está es la legalidad que estamos abandonando porque el aborto ha dado paso a una población narcisista y egocéntrica en USA centrados en ellos mismos y que no se preocupan en absoluto de las personas más vulnerables que están así alrededor.

El mundo se ha convertido en un lugar terrorífico para los niños con discapacidades. Buena gente de chile, no permitáis que vuestra Presidenta convierta vuestro país en un campo de asesinato de los niños con discapacidad. No permitáis que alguien os imponga que ésta es la mejor elección para todo el mundo. Esto sería una MENTIRA. Vuestro país no será mejor con el aborto. Al contrario, se deshumanizará y degradará. Vuestra gente no tendrá mejor vida porque no haya niños con discapacidades. Simplemente, os habréis visto despojados de la oportunidad de desarrollar la compasión y de experimentar el amor incondicional que da un niño discapacitado que sólo tiene eso para entregar.

Pedid al Senado el fin de esta ley de auto destrucción que carcomerá a la sociedad hasta que no le de ningún valor a la vida. Intentad que la Presidenta Bachelet abandone esa carrera que ha emprendido liderando la destrucción. No seáis como el resto del mundo sino un ejemplo para todos amando a esos niños discapacitados. Puedo prometer una cosa; seréis una sociedad mejor y mejores personas si protegéis a los ciudadanos más vulnerables

BIO: Brad Smith trabaja para una emisora cristiana y es miembro de Save The 1, Salvar El 1 - 1%. Él y su mujer Jesi
tienen 5 hijos y son blogueros y conferenciantes provida en Save The 1. Su personal website es: www.keepingourfaith.com

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Friday, March 18, 2016

Presidente Bachelet: Baje Sus Armas y Deje de Atacar a Mi Gente!, por Rebecca Kiessling

Ayer, se puso en la mira la vida de niños inocentes como yo, que fuimos concebidos en una violación o recibieron un diagnóstico de malformación fetal grave - la Cámara de Diputados de Chile (Casa de Representantes) aprobó un proyecto de ley para legalizar el aborto en estos casos.  El Senado votará esta ley mortal, y si es aprobada, pasará a la Presidente para su firma.  En Chile el aborto fue abolido en 1989, pero ahora, con una Presidente agresivamente pro-aborto, Michelle Bachelet, Chile se enfrenta a lo impensable - una cultura de la muerte que se aprovecha de los niños inocentes en el vientre materno.

Como alguien que fue concebida en una violación, tomo este ataque a mi grupo de forma muy personal.  Algunos pueden decir: "No es nada contra ti, personalmente" o "No se trata de TI Rebecca".  Bueno, fácil para ti decirlo porque esto SI me afecta personalmente: junto con los cientos de personas de mi organización global, Save The 1 - Salvar El 1 en español, que también fueron concebidos por violación y los cientos de madres embarazadas por violación - la mayoría de las cuales están criando a sus amados hijos, o las madres biológicas que optaron por la adopción después de haber sido violadas, así como las mujeres post-abortivas que lamentan profundamente su aborto después de haber sido violadas.

Nací sólo 4 años antes de que el aborto fuera legalizado por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.  En mi estado de Michigan, el aborto era ilegal, incluso en casos de violación.  Mi madre biológica de hecho fue a dos aborteros ilegales y yo casi fui abortada, pero ella desistió porque era ilegal, y porque tuvo miedo por su propia seguridad.  Cuando nos conocimos cuando yo tenía 19 años, me contó cómo fue secuestrada a punta de cuchillo por un violador en serie, y a pesar de que ella estaba muy feliz de conocerme, me dijo que ella me habría abortado si hubiera sido legal.  Yo, literalmente, le debo mi nacimiento a la ley que estuvo ahí para protegerme!

Siento que mi vida fue rescatada de un edificio en llamas, y como tengo la oportunidad de volver y salvar a otros, voy a hacerlo!  Lo más egoísta que podría hacer sería sentarme y decir, "Oh, bueno, al menos mi vida fue salvada".  ¿Y otros no?  No puedo hacer eso, ¿Puedes tú?  Estoy viva gracias a que otros estuvieron dispuestos a protegerme porque reconocieron que cada vida importa y que valía la pena salvar la mía.

No merecía la pena de muerte por los delitos de mi padre biológico.  Es absolutamente bárbaraico castigar a un niño inocente por el crimen de otra persona.  ¿Qué tipo de sistema de justicia hace eso?  Y, además, hay tan poca justicia para las víctimas de violación.  Cada vez que un niño concebido en una violación es abortado, encubres el crimen, destruyes la evidencia y permites que violadores, pederastas y traficantes de sexo continúen explotando mujeres.

Presidenta Bachelet - le digo: ¡castigue a los violadores, no a los bebés!  Por toda su retórica de que supuestamente le importan las víctimas de violación, ¿dónde su postura sobre el castigo al violador? ¿Merece la pena de muerte?  Habla de cómo usted se preocupa por las mujeres, bueno, ¡yo soy una mujer!  Ahora dígame, ¡¿De qué sirven mis derechos como mujer, si no tengo mi derecho a la vida?!  No puede responder esta pregunta, porque todos los demás derechos carecen de valor si no se tiene derecho a la vida.

Co-fundé Esperanza Después de la Concepción por Violación, usando mi experiencia como abogado de familia para crear un modelo de legislación y para declarar ante los órganos legislativos para aprobar leyes para proteger a madres sobrevivientes de violación evitando que el violador obtenga derechos parentales.  Estamos sacando nuestro modelo legislativo - La Ley de Protección del Niño Sobreviviente de Violación - aprobada por todos los Estados Unidos, e incluso en el Congreso, usando "pruebas claras y convincentes" para poner fin a los derechos parentales de los violadores.  Sugiero cualquier persona a la que realmente le importen las víctimas de violación embarazadas - centrar sus esfuerzos en algo positivo para ellas y sus hijos en vez de tratar de castigar al niño inocente, dejando a la víctima de la violación vulnerable al violador.

Las mujeres que abortan después de una violación mayoritariamente expresan que el aborto es mucho más difícil de superar de lo que es la violación.  El aborto es sólo más violencia en su vientre después de que ya ha sido traumatizado.  Después del aborto, ella tiene que lidiar sólo con lo que se hizo con ella, ahora tiene que sufrir con lo que ella sabe que le hizo a su propio hijo.

Los estudios aquí en los Estados Unidos han demostrado que una víctima de violación tiene cuatro veces más probabilidades de morir durante el año siguiente después de haber sido violada.  Tienen una tasa de homicidios más alta debido a que el aborto a menudo ayuda a perpetuar una relación abusiva.  También tienen una mayor tasa de suicidio, sobredosis de drogas, depresión, violencia doméstica y así sucesivamente.  El Dr. David Reardon del Instituto Elliott escribió un libro llamado Víctimas y Vencedores que cita gran parte de esta investigación.  Así que si realmente te importa una víctima de violación embarazada, debes querer protegerla del violador, y del aborto - ¡y NO del bebé!  El bebé no es el enemigo terrible, y me molesta que lo muestren como tal.  Un bebé no es lo peor que le puede pasar a una víctima de violación - un aborto lo es.

Sólo ten en cuenta que en cada vez que apuntas a un grupo de personas para su destrucción como la Presidente Bachelet lo está haciendo en Chile, estás enviando un mensaje a cada niño nacido - y a todas las madres criando a ese hijo - que su niño vale menos que todos los demás en su sociedad.  Si escuchas que alguna otra nación prohibió el aborto, "excepto en los casos de bebés hispanos":  ¿Qué mensaje se envía a cada persona en América Latina sobre el valor de sus vidas?  Una medida de este tipo no sería recibida con la más absoluta indignación?  La presidenta Michelle Bachelet ha puesto en la mira – el blanco - en la vida de cada niño inocente concebido en una violación o que tiene un diagnóstico de "anomalía fetal grave" - muchos de los cuales, de hecho, terminan por no ser fatal.  Presidente Bachelet, no lo haga - baje sus armas y deje de atacar a mi gente!  No inicie una temporada de caza abierta de las personas como yo.  Mi vida importa exactamente lo mismo que la suya.


Hoy en día, mi madre biológica y yo estamos agradecidas de haber sido salvadas del horror del aborto.  Ella dice que soy una bendición para ella.  Yo la honro y traigo su sanación.  Para mi cumpleaños hace dos años y medio, mi madre biológica me  llamó para desearme feliz cumpleaños y para decirme que mi abuela murió.  Nací en el aniversario de mi abuela, y ella murió en mi cumpleaños.  Mi madre biológica y yo tuvimos una larga conversación de corazón a corazón. Al final de nuestra llamada telefónica, estábamos a punto de colgar y ella me detuvo y entre lágrimas me dijo - "¡Rebecca, Rebecca!  Sólo quiero decirte que estoy muy feliz de haberte tenido".  ¡¡Ese fue el mejor regalo de cumpleaños de mi vida !!!  No destruya la esperanza y la belleza que tiene un niño y que el futuro depara.

Rebecca Kiessling, abogada, presidenta de Salvar El 1
www.savethe1.com
www.rebeccakiessling.com
www.hopeafterrapeexception.org
www.embryodefense.org