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Tuesday, August 1, 2017

Para mí fue más duro lidiar con el aborto que con la violación


Un oscuro día de diciembre de 1997, Mary (no es su verdadero nombre) voló a Inglaterra con una trabajadora social y su madre adoptiva.

Mary (nombre ficticio) y la periodista que la entrevistó

A sus 13 años, sentía náuseas cuando encendió su reproductor de CD y trató de dormir. Y empezó a sonar una canción que se quedó grabada en sus tímpanos y que la recordaría el resto de su vida.

Casi 16 años más tarde, Mary recordó el momento vivamente en su estancia en un hotel de Dublín tarareando las palabras de la canción en un susurro conmovedor.
-’Yo me voy en un avión a reacción..., no sé cuándo regresaré’. Nunca olvidará esas líneas, pero una parte de ella nunca volvió después de eso. No sabía que al día siguiente su vida iba a cambiar para siempre.

Hoy, Mary es madre de dos hijos y tiene 29 años, pero hace 16 años fue la viajera adolescente de la controvertida ‘C Case’, que fue llevada por la Junta de Salud al Reino Unido para abortar después de ser brutalmente violada.
Fue autorizado por el Tribunal Superior en virtud de la sentencia anterior del caso ‘X-Case’ ya que el tribunal dictaminó que era posible que Mary se suicidara.

El aborto provocó una espiral de depresión y caos en su vida.


Pero hoy ha cambiado su vida y ella es una mujer joven, brillante y hermosa de pelo negro reluciente y muy elegante que vive en con su novio y sus dos hijos.

Mientras toma un cappuccino y cuenta lo feliz que es ahora en su vida, visualiza en su móvil   las fotos de su niño y niña y su rostro se ilumina. Navidad, cumpleaños, reuniones familiares... Pero siempre en el fondo de su mente echa de menos a  alguien.

Ahora Mary está esperando respuestas del Estado. Ella ha contratado un equipo legal y  espera acceder a sus expedientes médicos.

En los días posteriores a la violación, unos trabajadores sociales fueron a la casa de Mary en el norte de Dublín y se la llevaron. Creía que volvería a estar en casa en 24 horas pero fue llevada a Mullingar y la dejaron al cuidado de una familia de acogida. Lentamente, los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. En poco tiempo, se dio cuenta de que nadie volvía  a llevarla a casa.

Por aquel entonces, ella empezó a padecer  fuertes dolores y vómitos frecuentes. No tenía ni idea de lo que le pasaba hasta que un día su madre adoptiva la llevó al médico de cabecera local donde se hicieron una prueba de embarazo.

A la mañana siguiente, le dijeron que estaba embarazada. “Estaba desconcertada. Le dije: '¿Qué es estar embarazada?'", Recuerda. "Ellos dijeron: “Tendrás un bebé”. "No entendí cómo podría ser. Unas semanas más tarde, vinieron y me llevaron en un avión a Londres.

"Al día siguiente, me llevaron a un gran  edificio. Todo lo que recuerdo es que yacía en una camilla gritando  de dolor”.

"Ellos me dieron una inyección, y cuando desperté, el dolor había desaparecido y finalmente me dijeron que el bebé estaba muerto".

En los días previos al aborto, sus padres habían emprendido una acción legal contra el Estado en un intento por evitar que se llevaran a su hija a Inglaterra. Un psiquiatra de la Eastern Health Board insistió en que Mary se suicidaría si no abortaba. La pareja, sin embargo, fracasó en su acción y el aborto se realizó.

Hoy, Mary ha empezado sus propias investigaciones legales para averiguar por qué el aborto la dejó tan dañada.

"Yo no había recibido instrucción  sobre  estas cosas. Tenía 13 años y era la mayor de 12 hermanos. Apenas iba a la escuela porque tenía que estar en casa para cuidar a los niños, cocinar y limpiar.

"En la cultura actual, el suicidio y el aborto están completamente asumidos pero en aquel momento ni siquiera se hablaba de ellos”.

"Cuando me llevaron yo era una persona muy tímida. La mayor parte del tiempo, estaba totalmente drogada en una habitación
 .
"Recuerdo que venían con una bandeja de plata y una jeringa y me inyectaban Largactil. También me la ofrecían en un líquido pegajoso color marrón o en forma de tableta. Yo decía que no a ambos.

"Entonces cuatro o cinco empleados entraron, me sostuvieron y me pusieron una inyección en la nalga. Eso fue horrible porque me trajo recuerdos de la violación. Al final,  terminé tomando las tabletas porque no quería que nadie más me sujetara así”.

“Aún sueño con la pequeña niña con cabello rubio corriendo alrededor del campo y pidiéndome que juegue con ella. Ella es mi hija abortada. La llamé Shannon y conseguí su certificado de muerte. Fue mi manera de demostrar que existió”.


Al cumplir 18 años, en 2002, Mary empaquetó sus cosas en su hogar de acogida temporal y lo abandonó para ser libre. Llamó a un taxi y ese fue el inicio de su largo camino  de sanación.

“Mi historia, ‘La chica del Caso-C’, es mencionada una y otra vez en la radio y la TV todo el tiempo como si yo fuera un reclamo para el aborto. La niña del anterior ‘Caso-X’ nunca  llegó a abortar así que, al final, no sabemos cómo éste le hubiese afectado, pero para mí, fue mucho más duro lidiar con el aborto que con la violación”.

“En realidad te golpea verdaderamente una vez que eres madre. Nunca olvidas a tu bebé perdido y se encuentra en tu mente cada día. Cualquier mujer que haya tenido un aborto y luego sea madre lo entenderá.

“No deseaba convertirme en madre a los 13 años pero me doy cuenta ahora de que el bebé no merecía morir. Me hubiera encantado darla en adopción a alguien que verdaderamente deseara tener hijos y pudiera criarla. Ella sería una adolescente ahora y tendría amigos. Incluso aunque no fuera a mí a quien llamara ‘mami’”.


Saturday, February 4, 2017

Sus dos hijos murieron antes de nacer y ella sintió que Dios la llamaba para ayudar a otras mujeres


por Diana Valeria Contreras

A los 15 años fui violada y quedé embarazada. Esto ocurrió en el verano de 2008 en el sur de Chile.

Pasó el tiempo y supe que estaba esperando un bebé. Tenía miedo, no quería ser madre y lo guardé en secreto. Lloré mucho, sufrí mucho porque sabía que era otra persona la que vivía en mí y yo no tenía derecho a hacer nada más que protegerlo. Me preparaba psicológicamente para entender lo que jamás nadie te explica.

A los tres meses perdí a este bebé de manera involuntaria y ese mismo año me intenté quitar la vida y terminé en el hospital, con tratamiento para la depresión. Era horrible oír que las personas que sabían de mi situación decían que aquello era algo bueno. Me comentaban: “Al menos, no le verás el rostro".

En el fondo de mi corazón, aun conociendo los detalles de su concepción, lo sentí mío y buscaba mil explicaciones para el día en que me preguntaran quién era ese niño o la posibilidad de que él mismo me pidiera saber más sobre el origen de su horrible padre.

Pasaron los años hasta que conocí a un hombre del cual me enamoré y quedé embarazada esperando a mi segundo hijo. Pero a los 7 meses de gestación su corazón dejó de latir. Cuando llegué al hospital el médico le contó a mi madre sobre mi primer bebé y, encima, me trataron mal porque pensaron que yo había sido negligente con mi embarazo para provocar su muerte.

Di a luz sola, no dejaron entrar a nadie y mi hijo fue llevado como si su vida fuese nada. Esto ocurrió el 2014. Me dejaron con la subida de la leche y pude ver a mi hijo Gabriel en pésimas condiciones, en un frasco. Quedé tan mal, con una pena tan profunda, que incluso me despidieron de mi trabajo.

Entonces, experimenté un proceso de conversión que ya había  iniciado en mis primeros años de pubertad…

Después de  mi violación a los 15 años, el embarazo fruto de ese horrible acto y la pérdida espontánea del hijo que esperaba, seguía sintiendo ese abandono por parte de Dios aunque sabía que, de alguna forma, Él me había protegido cuando me intenté suicidar.

Tras la violación, me desvaloricé tanto que incluso llegué a prostituirme. Daba igual lo que pasara. Mi cuerpo experimentó un desorden tremendo y en mi casa no había recursos.

Vestía de negro y me hice el tatuaje de un dragón enorme en toda la espalda porque quería dejar plasmada mi rabia, mi dolor y justo había visto la película  de Millennium con la que me sentí muy identificada. Y como no conseguía exteriorizar lo que sentía, me hice ese dragón.

Cuando murió Gabriel, le dije a Dios: ¿Por qué permites estas cosas?". Y un día me arrodillé y le dije: "Dame una explicación para entender esto porque me estás quitando las ganas de seguir en este mundo”.

Hasta que un día llegó una mamá pidiéndome ayuda y ahí entendí que todo absolutamente todo tenía un propósito y le entregué a Dios mi dolor.

Empecé a ir a la iglesia y a leer la Biblia.  Un grupo de estudiantes cristianos de mi Facultad me ayudaron mucho. Sabía  que había mucha gente que sufría  como lo había hecho yo y no quería que sintieran que no valían  nada. Dejé la ropa negra y el significado de mi dragón tatuado. Le dije a Dios: "Bueno, no puedes devolverme a mis hijos ni mi virginidad ni la juventud que perdí pero puedes aconsejarme para ayudar a otros".

Empecé  a perdonar. Primero, a mí misma por haberme despreciado. Y después  a todas las personas que me habían  hecho daño: a los médicos, enfermeras... También a mi violador. Me costó mucho. Pero con el perdón  alcancé  la paz.


Hoy, trato de que ese dolor que ahora es nostalgia sea mi motor para ayudar a otros. Si hoy estoy levantada es por la Misericordia de Dios. Comprendí que hasta las cosas más  tristes de este mundo tienen un propósito. Y Dios es capaz de sacar hasta la pena más grande y devolver las ganas de vivir. Él te recompensa por cada prueba que te hace pasar.


Ahora estoy soltera  y luchando todo lo que puedo por los derechos del no nacido en memoria de mis hijos, en memoria de mi propio dolor, porque lo que más necesitamos es apoyo para seguir adelante sin tener que matar a nadie.

Diana Valeria Contreras, seguidora de Salvar El 1 ha compartido su historia con nosotros. A su corta edad, ella ha experimentado lo que es amar a un hijo concebido en violencia y a otro que falleció antes de nacer. Es la presidenta de la Fundación Ángel de Luz, una asociación que aboga por la identidad de los bebés fallecidos antes de nacer.