Sunday, June 14, 2020

Su embarazo no fue planeado, pero defendió la vida de su hijo sola y en las peores circunstancias.



Siempre soñé con ser mamá y siempre he estado totalmente en contra del aborto. Hace poco más de dos años me di cuenta que iba a ser mamá y, aunque no estaba preparada y sentí miedo, amé a mi bebé desde ese momento.


Él fue concebido en una noche en la que su papá y yo no tomamos precauciones. Dos meses y medio después vi que estaba embarazada. Cuando salió ese positivo sentí miedo de decirle a él qué había pasado. Más miedo de él que de mi propio papá.

Cuando lo llamé y le di la noticia se quedó callado y luego empezó a decirme que yo debía abortar. Fue impactante escuchar eso. Me decía que él me llevaría a un lugar seguro, aunque aquí en Costa Rica ni siquiera es legal el aborto.

Me acosaba y yo le decía que no lo iba hacer porque el bebé no tenía la culpa de lo que nosotros habíamos hecho y que con o sin su apoyo, yo iba a tener a mi bebé.

Después de que vio que no iba a abortar me empezó a ofender, después a meterme miedo para que yo tuviera un aborto espontáneo, me decía que el bebé no venía bien porque él había usado todo tipo de drogas. Me habló hasta de una enfermedad de trasmisión sexual sólo para asustarme pues él no tenía nada. Ese día hasta caí desmayada y pues hoy por hoy es un padre de sólo plata. 

Haber defendido la vida de mi hijo a capa y espada es una de las cosas de las que siempre me sentiré orgullosa porque mi hijo es lo mejor que me pudo haber pasado en la vida y merece lo mejor del mundo.  Viví cosas muy difíciles, traumas que hasta ahorita he ido superando, pero Dios no nos ha desamparado nunca. Amo ser pro vida.

Nota: Raquel D. es costarricense, madre de un niño y, a raíz de escribir su testimonio para que Salvar El 1, se ha vinculado con el grupo de oración pacífica por el fin del aborto, 40 Días por la Vida de su localidad.

Friday, March 13, 2020

Víctima de maltratos y abusos conyugal, su bebé concebido en violación le dio la fuerza necesaria para emprender la huída y cambiar de vida.



Por Nina




Llevábamos muy poco tiempo casados  cuando mi esposo empezó a golpearme. No mucho tiempo después, también a violarme. Me tenía encerrada en casa para que no me vieran los golpes que me  propinaba y sólo me dejaba estar con mi mamá a quien no le importaba verme con el ojo morado y me decía que no tenía su apoyo para dejarlo.

Quedé embarazada en esas circunstancias y no por eso cesaron los abusos. Me seguía manteniendo  encerrada y, ante las violaciones, yo sólo cedía, no quería  resistirme para que no me golpeara en exceso ya que me daba miedo que pudiera hacerle  daño a mi bebé con tanto golpe. Ése fue mi aliciente para encontrar la forma de dejar esa vida..

Supongo que pensó que ya estaba completamente sometida y que no escaparía pero lo hice. Mientras él trabajaba tomé lo que me cupo en una maleta y me fui pero no tenía a dónde ir. Hubo un momento en que, parada a un costado de una carretera sin saber dónde pasaría la noche,  pensé en lanzarme frente a un autobús. Pero me alejé de la carretera y le supliqué a mi papá que me recibiera en su casa, cosa que finalmente aceptó.


Cuando mi hijo nació y mientras aún me recuperaba del parto en una pequeña maternidad, por  un instante vinieron a mi mente todos los malos momentos que había vivido con su papá. Recuerdo que incluso ahí en la cama del hospital me sentí muy herida y le dí la espalda a mi bebé. Pero reaccioné rápido. Él era incluso más víctima que yo y por culpa de una mala persona su madre lo estaba castigando. Me giré y lo abracé, me arrepiento tanto de eso que cada que lo recuerdo llamo a mi hijo para abrazarlo fuerte y poder compensarlo.

Como no pude terminar mi carrera, no conseguía trabajo así que tuve que encontrar la forma de explotar mis talentos. Los mismos que un día pensé que eran tan inútiles hoy me permiten ser el sustento de mi hogar. Estuve un año en terapia psicológica y hoy me doy cuenta de que ese embarazo me salvó la vida porque si no fuera por eso no sé si hubiera juntado la fuerza necesaria ñ para escapar y quizás un día mi marido me hubiera  matado a golpes. Mi hijo me salvó.

 Hoy, después de mucho esfuerzo y trabajo, me siento plena y feliz. Aún hay días malos, a veces tengo pesadillas pero acepté el hecho de que hay cosas dentro de mí que no sé si un día  se reestablecerán completamente pero también sé que muchas otras han florecido,  cualidades que no pensé que tenía.

No tengo la vida que soñé tener, en realidad tengo una mucho mejor, es increíble que lo diga pero agradezco todo lo que he vivido porque amo la mujer que soy ahora y jamás lo hubiera logrado sin todas esas experiencias que me hicieron fuerte.


Bio: Nina es mexicana, madre de un niño concebido en situación de violación conyugal y redactora de investigación.

Saturday, March 7, 2020

Concebida en situación de abusos y violación conyugal: el delito que, habitualmente, no tiene condena.



In memoriam...

"Nada ocurre por qué sí y tu partida, mamá, fue permitida para salvarte, para que dejaras de vivir ese infierno y tener su merecido descanso. Porque al partir dejaste de sufrir y ahora estás en paz a la diestra de Dios reencontrándote con tu hijo en el cielo, donde ya no hay dolor, no hay tristeza".

Ésta es mi historia o, mejor dicho, la historia de una leona a la que llamábamos "mamá". Porque ella es la auténtica protagonista de esta historia.

Se casó por amor con el primer y único hombre de su vida. Él siempre tan cariñoso, tan detallista... Pero el mismo día de su boda todo cambió y aquel hombre al que amaba sacó su peor cara y así su vida de casada no era como ella la imaginaba, como un hogar lleno de amor y tranquilidad.

Primero, empezaron las burlas, las denigraciones; después, siguió la ignorancia y el desprecio; luego, los reproches, hasta lograr que ya no quedará nada de la que alguna vez fue llamada "la gorda" (como le decían con cariño). Esa mujer de carácter fuerte que no dejaba pasar una quedó sepultada bajo su propio miedo... Ese miedo que le daba autoridad a su esposo para ejercer violencia simbólica, rompiendo las cosas de la casa o dando pilas a las puertas y paredes. Pero luego ya no era suficiente y los golpes comenzaron a ser contra ella.

Se casó jovencita, con sólo 24 años, y a los 25 tuvo a su primera hija, Celeste, mi hermana mayor. Mi madre tuvo a mi hermana por cesárea. Allá por el año 85 las cesáreas se realizaban de manera vertical, el corte de la cirugía llegaba un poco más arriba del ombligo. Estando ya en su casa con su bebé con unas pocas semanas de nacida, apenas un mes, su útero herido recién estaba empezando a cicatrizar por dentro, aún tenía puntos de sutura, fue víctima de una violación por parte de su esposo, quien ya venía golpeándola desde hacía más de un año...

Sin embargo, cuando al poco se enteró que yo venía en camino, pese al miedo que suponía un nuevo embarazo en esas circunstancias, pese a ser un caso de alto riesgo, aun así eligió mi vida... Fue tan grande su amor, que me eligió, eligió seguir con mi vida, porque sabía que ese bebé en camino no tenía la culpa. Así que, mi hermana y yo nos llevamos 10 meses de edad. Somos como mellizas con la misma edad, hasta que ella cumple años.
  



A mi mamá la acabó matando mi progenitor, 5 meses antes de esta foto. Mi infancia y mi adolescencia no fueron fáciles por los conflictos familiares.  Lo mejor que me pasó es que el juez de menores me llevara a un hogar de menores, allí me ayudaron a salir adelante con mucho amor, y ayuda psicológica. En ese hogar volví a jugar como una niña.

Finalmente, tuve un encuentro con Jesús y junto a Dios aprendí a perdonar, me di cuenta de que tampoco era sano para mí arrastrar tanto dolor por años, era momento de cortar con esa raíz de amargura. Eso me hizo realmente libre, y fue la primera vez que me sentí con una paz y un amor como nunca imaginé, y que todo, absolutamente todo tenía un propósito de ser.

Después de años toda mi experiencia vivida me sirvió para trabajar en la fundación de una amiga que se llama "Fundación Este a Oeste" y que ayuda a las mujeres y niños que han sufrido algún tipo de violencia. Las vivencias de mi niñez me ayudaron a ser más empática y a aconsejar a todas esas mujeres y niños que sufrían violencia familiar.

Actualmente estoy comprometida, tengo un bebé de 4 meses. El hecho de haber recibido la ayuda profesional a tiempo evitó que yo repitiera la misma historia que mi madre.

Si bien no tenía planes de casarme, Dios me permitió conocer un hombre increíble, educado, muy respetuoso que me ama y me cuida por lo que me siento muy bendecida.

Bio: Evelyn es argentina, trabaja en el asesoramiento y ayuda a mujeres víctimas de violencia, está comprometida y es madre de un hijo.

Saturday, February 15, 2020

Concebida en una violación, trajo debajo del brazo la medicina que su madre precisaba para sanar.



Por Ana, Colombia

Hace 34 años mi madre fue violada y después de sufrir aquel acto atroz aún tuvo que verse sometida a la humillación y el repudio de muchos, entre ellos su propia familia.


Poco después supo que había quedado embarazada, pero, con todo y la terrible situación de vacío y desprecio a la que estaba sometida, ella decidió tenerme.

Me enteré de la violación cuando ya yo tenía 17 años. La verdad es que desde muy pequeña me preguntaba por papá, pero cuando intentaba preguntarle a ella algo dentro de mí paralizaba mis preguntas por miedo a la respuesta.

Recuerdo un día, como a los 8 años, que le pregunté y ella me dijo: "Cuando tengas la edad te contaré".

En esos días en el colegio, mis compañeras preguntaban por papá y yo sin saber mucho sólo atinaba a decir que había muerto.

A mí madre no le ha tocado nada fácil, pero, ¿Saben una cosa? Admiro su decisión a decidir la vida de su bebé concebido en violencia, por encima de todo lo que se le venía con aquella decisión.

A los 17 años en medio de una conversación habitual me contó la verdad. En ese momento mis sospechas se hicieron ciertas. Ella, en llanto, me contó todo el sufrimiento, los sacrificios y el dolor, pero en medio de todo ello, también la sensación inimaginable de tenerme en sus brazos. Ella pudo haberme dado en adopción a una amiga con comodidades que no podía tener hijos, y ¿saben? No lo hizo.

Cuando nací y me tuvo en sus brazos las enfermeras empezaron a decir cosas lindas de mí y ella empezó a verme con ojos de amor, a sentirse orgullosa, acompañada y valiente. Dice que fui yo su medicina que la ayudó a seguir adelante.

Hoy en día mi vida está llena de seres maravillosos. Mi esposo y mis tres hijos. He aprendido que Dios me puso aquí por un propósito.

Mi madre se siente orgullosa de mis logros profesionales, ama a sus nietos y me enseñó el valor del perdón con su ejemplo porque, después de muchos años, el hombre que le hizo daño le pidió perdón.

Y he aprendido que yo no soy quien para juzgar ...



Ella es mi sobrina que viene de camino. ¿Quién podría decir si ella ha sido concebida en violencia o amor?


Bio: Ana es colombiana, está casada, es madre de tres hijos y es artesana.

Friday, February 7, 2020

Todas las personas tienen derecho a amar y a que las amen


Mi madre biológica se llama María Santiago González. Ella vivía con sus padres en un pueblo llamado Originaria, de la Congregación de San Fernando, Municipio, de San Pedro Soteapan, Veracruz, un lugar lleno de pobreza.

A corta edad, fue separada de sus padres, el Sr. Miguel Santiago y la Sra. Gregoria González ya que fue violada por su propio padre ocasionándole un embarazo cuando aún era una niña. Yo no supe este hecho hasta los 22 años, edad en que mi mamá adoptiva me lo contó.

Después de esa separación, se fue a vivir temporalmente con la señora Isabel Gutiérrez B donde trabajó en un lugar llamado El Paraíso Oax y dio a luz a una bebé, a sus 14 años de edad, hija de su propio padre. Hija del incesto. Y esa niña que nació soy yo. Me llamo Celina, nací un 20 de Marzo de 1992, en la comunidad Colonia Reforma Agraria.


A los dos años me dieron en acogida con intención de que me pudiera adoptar a una señorita llamada María de La luz Miguel como madre soltera, en ese momento. Yo no supe que era hija adoptada ni nada de mi mamá biológica hasta mis 5 años de edad en que, finalmente, pudieron formalizar mi adopción y mi mamá adoptiva me empezó a contar mi historia y a decirme que yo tenía una mamá, la cual me dio a luz...


Me contó que mi madre vivía una vida llena de pobreza y que de haberme tenido a su lado no me habría podido cuidar. Yo nací pesando 6 kg, pero con una severa desnutrición. También me contó que cuando ella me conoció yo estaba sentada en la tierra y bien sucia con la ropa llena de polvo, mi cara manchada de polvo, también y las vacas pasaban enfrente de mí. Pero Dios siempre cuidó de mí. Y yo no recordaba nada de esto pues era bien chiquita.

A los 5 años fui a la Kínder, fue muy poco tiempo y, posteriormente, entré a estudiar a la Escuela Primaria.

A mis 7 años sí que recuerdo que conocí a mi madre biológica y a mis hermanas: Sarita, Isabel y Lucrecia. Ella se casó con un muchacho y tuvo otras tres hijas. Recuerdo que mi mamá biológica volteó su cara para mirarme y yo a ella. Yo veía su mirada y su cara era seria. Era una mujer joven y tenía su cabello amarrado con un coletero, su blusa o sueter era blanco.

Nunca me negó ver a mis hermanas, ella dejaba que jugaran conmigo. No hemos continuado la relación y ahora hace mucho que no sé de ellas. Pero le agradezco que me diera la vida y no me abortase a pesar de ser la hija de su propio padre. 

A los 10 años seguía estudiando en la Primaria, pero no terminé el segundo grado porque a esa edad ya tenía problemas de lenguaje. Mi mamá me cuenta que yo me mordía la lengua cada vez que intentaba hablar y lloraba.

Fui a Villa Hermosa Tabasco a recibir Terapias de Lenguajes y me pusieron dentro de la boca un fierrito para que no pudiera sacar la lengua y pudiera hablar. Estudié en ese estado un tiempo y regresé a mi pueblo a seguir estudiando y aprendí a leer gracias a esos médicos, me ayudaron mucho. Ahora ya puedo hablar, aunque sólo un poco.


Mi mamá adoptiva me contó que la gente le decía a ella que yo no me iba a lograr porque yo me parecía a una muñeca, bien chiquita, pero mi mamá siempre ignoró esos comentarios y aquí estoy viva y sana gracias a Dios y ella que me sacó adelante.

Ahora ya tengo 27 años y soy muy feliz viviendo con mis padres adoptivos. 

Haber sido concebida en violación no determina cuán feliz se va a ser. Todas las personas tienen derecho a amar y a que las amen. Todos podemos hacer del mundo un lugar mejor. También los que fuimos concebidos sin amor.


Nota: Celina es mexicana, concebida en incesto y criada en una familia de adopción.

Saturday, February 1, 2020

Un embarazo no planeado y en las peores circunstancias imaginables hizo que se superase a sí misma y saliese del pozo en el que estaba


Por María Elena Quevedo



Hola, he visto muchos testimonios de mujeres fuertes que decidieron enfrentar su maternidad no planeada. Por eso, creí que sería bueno compartir el mío. 


Crecí en una buena familia que se preocupó por cuidarme y darme educación privada. Pese a esto mi madre era una mujer rígida y abusiva, que no le bastaba con pegarme sino que nos humillaba a mis hermanos y a mí y siempre nos decía que estaba arrepentida de tenernos. Mi padre, aunque cariñoso y de corazón noble, era ausente y viajaba mucho por trabajo. 

Una noche cuando tenía 15 años dos hombres me emboscaron, me subieron a una camioneta, me dieron una extraña bebida a la fuerza, me golpearon y abusaron de mí varias veces. Con esto empecé a perder el sentido de vida y encima de todo mi mamá me reprochó hasta el cansancio cuánto había gastado en enjuiciarlos, así que al año siguiente me fui de la casa para buscar paz. 

Por supuesto, no sabía a qué me estaba exponiendo. Empecé a juntarme con malas compañías, a beber mucho, consumir drogas, dejé la escuela y me alimentaba muy mal porque mi sueldo como empleada de mostrador no era suficiente. Había días que me los pasaba alcoholizada y otros sólo deprimida y encerrada. 

Después de unos años sobrellevando ese estilo de vida, a los 20 descubrí que estaba embarazada. Me moría de miedo, recuerdo haberme hecho 3 pruebas de embarazo porque no lo creía. Vivía en una vieja cabaña que me prestaba una amiga, ganaba unos $500 por semana y mi salud no estaba en su mejor momento. Mi primer pensamiento fue abortar.

Mis amigos del momento me presionaban mucho para hacerlo, me insistían que no tenía nada que ofrecer a ese hijo, que era muy joven y que no tenía sentido traer alguien al mundo a sufrir como hacía  yo.

Un día pasaron por mí para llevarme a una clínica ILE, me decían que era más barato abortar que mantener a un crío por 25 años, pero a mí algo me decía que no era correcto. Salí de la clínica a tomar un respiro y el ambiente tétrico del lugar me hizo alejarme, no me atreví, dejé a mis amigos ahí y huí tan pronto como pude. 

Cuando llegué a mi casa lloré incansablemente hasta no poder más. Estaba sola con esto y mi conciencia me reclamaba el hecho de que buscara matar a otro para ser feliz o al menos cumplir algún ideal de los que anhelaba. Pensé: "¿ Por qué quiero hacer esto?" Y llegué a la conclusión de que era porque no tenía dinero  para mantener al bebé  y por lo que opinaran los demás.  Después de profundizar y poner las cosas en balance me di cuenta que el dinero es sólo papel y la vida de un ser humano no se puede entregar sólo así por papel impreso. 

Pensé en dar al bebé en adopción, tampoco me sentía digna de ser madre porque si no sabía ni cuidarme  a mí misma por supuesto no sabría cuidar a un tercero. Dejé de fumar, dejé de beber, la marihuana, empecé a comer mejor, a tomar más agua, a hacer mejor mi trabajo y con ello a ganar un poco más, a hacer ejercicio pues debía estar fuerte para el parto. Dejé a mis malas amistades, dejé de salir en las noches. Exponerme a cualquier cosa arriesgaba también a mi bebé. Poco a poco esa vida en mi vientre me enseñó a cuidarme, valorame y amarme. 

Cuando nació la bebé, después de una labor de parto de 15 horas, la médica la puso en mi pecho y me dijo: "Lo hicieron muy bien. Abrace a su bebé, es una hermosa niña, felicítence por este trabajo en equipo". Yo la abracé inmediatamente y le dije: "Hija, te prometo con el corazón siempre cuidarte y protegerte". Y me quedé con ella, la llamé Sophia, por la sabiduría que me había regalado.

Su primer año de vida fue muy difícil, no sabía cómo atender a un bebé y tuve que aprender por instinto, era madre soltera, no tenía amigos ni familia de apoyo, trabajé limpiando casas, vendiendo gelatinas, tamales o atendiendo una farmacia, trabajos todos  inestables dónde pudiera llevar a mi bebé porque no tenía quien la cuidara. Tenía tan mala economía que comía sólo una vez por día y apenas pesaba 36 Kg. Como era de esperarse mis viejos amigos se burlaban mucho de mí y decían: "Te lo dije".

Yo lloraba mucho, estaba agotada.

La amiga que me prestaba la casa se dio cuenta y empezó a ayudarme a cuidar a la niña para que pudiera trabajar, muchas veces me regalaba leche y pañales, despensa o dinero para pasar la semana, me dio mucho apoyo emocional y se preocupó por la nena como si fuera de su familia.  Con su ayuda encontré un trabajo estable, busqué una guardería y pude pagar la renta de un departamento. Me puse más creativa, vendía ropa de mi bebé en línea, daba clases a escolares, hacía postres por pedido y lo que la circunstancia ameritara.

Nos iba cada vez mejor, se abrieron todas las posibilidades.

Sophia era toda una bendición, una niña sana, fuerte y carismática que me fortalecía y me obligaba a buscar mejores opciones. Cuando logramos establecernos, empecé siendo asistente administrativo y vivía en un lugar modesto. Han pasado ya 6 años y me sigue sorprendiendo la forma en que ese embarazo inesperado no sólo me salvó la vida sino que me hizo descubrir habilidades que no sabía que tenía.

Ahora estoy casada con un muy buen hombre y padre, tuve otras dos hijas y tengo un puesto directivo en una empresa de prestigio.

Valió más la pena defender la vida de mi hija que mantener mis amistades.


Nota: María Elena Quevedo es mexicana, está casada y es madre de tres hijas. En este momento ostenta un puesto directivo en una importante empresa.

Saturday, January 25, 2020

Madre de tres hijos concebidos en violación



Hola, me llamo Elisa Maldonado, soy hondureña y quiero contar mi historia.

Fui abusada a la edad de 14 años y de esa violación tuve una hija. Mi agresor era alguien conocido por mí y me exigía que abortara. Me golpeaba y amenazaba. Él quería que me deshiciera de la bebé, aun así tuve a mi hija.


Al principio, todo era oscuridad para mí, pero el pensar en mi hija era la fortaleza que necesitaba para seguir adelante.

Después de nacer mi primera hija fruto de los ultrajes recibidos, la misma persona siguió con los abusos y tuve un segundo embarazo.  Me sentía perdida, pero sabía que mi hijo no tenía la culpa de la situación así que también decidí traerlo al mundo.

Yo seguía siendo abusada y mi agresor buscaba que, de alguna manera, yo me deshiciera de mis hijos. Volví a quedar embarazada una tercera vez, sentía que el mundo se me venía encima, estaba desesperada y no sabía qué hacer, pero la fuerza del amor, ese amor puro de madre que pocos ahora comprenden me ayudó a superar todo esto y nació mi tercer hijo concebido en violación.

Sabía que si me quedaba en ese lugar las cosas no iban a terminar bien. Si no había intentado huir antes, fue porque apenas comprendía lo que me estaba pasando. No sabía dónde correr, no sabía dónde ir, no tenía la ayuda de nadie. Crecí con mis padres, pero de ellos jamás recibí el apoyo.

Somos cuatro hermanas, las cuatro hemos vivido en abusos y violencia, violaciones... Mis otras hermanas obligadas a abortar a golpes de su agresor... Siempre buscan esto, silenciarte, intimidarte para seguir haciendo el mismo daño y encubrir si pueden la prueba de sus delitos que es el hijo.

Una de mis hermanas, quién en ese entonces tenía 16 años, fue abusada por su ex pareja. Ella tuvo una niña y cuando decidió separarse de él la amenazó con matarla. Un día, cuando ella iba camino a casa, él la persiguió, abusó sexualmente de ella y la asesinó.


Ahora yo cuido mucho a mis hijos y pienso que si a mi hija le llegara a pasar algo tan terrible como lo que me pasó a mí jamás le aconsejaría que acabe con la vida de un inocente mientras el culpable anda en la calle libre haciéndole daño a otras mujeres.

Nota: Elisa vive actualmente en Norte Carolina, no se ha casado, trabaja en el sector de la pintura y dedica su vida a criar a sus hijos. (Las fotos son referenciales por temor a su agresor).