Wednesday, April 6, 2016

Brutalmente violada en un viaje de negocios

Leer aquí una primera parte que Jennifer escribió para nuestro blog

http://salvarel1.blogspot.com.es/2015/04/jennifer-christie-asi-actuamos-mi.html

Por Jennifer Christie


Mi hijo fue concebido en una violación pero no por eso su vida carece de dignidad y de sentido.
Vivimos en un mundo de contradicciones. “Soy vegetariano pero como pollo”. “Soy fiel a mi pareja, excepto en aquel fin de semana que pasé en las Vegas”. O, “soy pro vida excepto en casos de violación e incesto”. Lo siento mucho pero esto no es serio.
Si me hubieran preguntado hace dos años sobre la violación y el embarazo me habría sentido inquieta y azorada. Siempre me he considerado favorable a la vida pero, claro, ¿Violación? ¿Cómo podemos pretender que una mujer cargue toda su vida con la memoria de tal atrocidad? Esto es lo que pensaba, como muchas otras.
Incluso muchos de nuestros más acérrimos líderes pro vida, políticos y religiosos, contemplan esta excepción. "Estamos hablando de bebés concebidos en una violación", suelen afirmar, "y es mejor que, en estos casos, permitamos el aborto".
Pero eso pensaba hace dos años. Y las cosas cambian…
Era ciertamente alto, bien plantado y fuerte. No estaba allí hasta que, de pronto, apareció de incógnito. Luché lo indecible hasta que no pude más. A partir de entonces supe que en mi vida futura habría un antes y un después de este momento. Y en lo referente a “después de aquel momento”, me he dado cuenta que he empezado a ser otra persona: alguien mejor, más honesta y fuerte de lo que nunca hubiera imaginado.
Mientras estaba embarazada, empecé a buscar otras historias parecidas y me encontré con SalvarEl1 y Rebecca Kiessling, su presidenta, quien me dijo: “Pienso que tu testimonio ayudaría a mucha gente. ¿Podrías considerar compartirlo con ellas?".
“Oh… No sé…”.
“Siempre que te encuentres cómoda con ello. Ten en cuenta que tienes un amor incondicional por este bebé, desde el primer instante, el amor de tu marido hacia ti y también hacia ese bebé como si fuera el suyo propio. Además, el hecho de que estés casada hace que no sea un testimonio cualquiera”. La mía era, ciertamente, una historia muy singular.
Pensé en mujeres que habrían pasado por lo mismo –mujeres que se sintieron solas, inseguras y aterrorizadas; mujeres que quisieron tener al bebé después de haber sido violadas pero que estuvieron sometidas a enorme presión para que abortasen; mujeres que desconocían de lo que eran capaces de hacer y de la fortaleza que podrían tener.
¿Y si pudieran leer mi experiencia? Por muy diferentes que fueran las circunstancias quizás mi historia podría infundirles algo de valor y saber que no están solas. Pensé también en los hombres  -esposos o novios de aquellas mujeres, víctimas de una violación; también ellos podían comprender que puede amarse inmensamente a un niño inocente con independencia de su código genético. Estos hombres podrían contemplar a un marido que reconoció la inocencia y la belleza de una creación de Dios y vio simplemente a un bebé, fruto de su amada mujer, y de este modo la decisión de amarle fue más sencilla: “De acuerdo, hagámoslo. Vamos a tener a este niño”.
“Violada en un viaje de negocios” fue inicialmente publicado en Diciembre de 2014. Recé para que tocara el corazón de mucha gente y para que cualquiera que lo leyera recordara que Dios siempre puede sacar mucho bien de aquello que es malvado. Recé para que muchas mujeres que han sufrido o sufren una violación tengan el coraje y el valor para seguir adelante con su embarazo. Y también oré por todos aquellos que consideraban que debía haber abortado, para que aprecien el valor de la decisión que tomé.
Aquel testimonio ha sido compartido más de un millón de veces en distintos foros y ha llegando a muchísima gente que se ha sentido removida pero también a otros que no han dudado en mostrar su enojo y desaprobación. Evito redactar los comentarios porque son muy dolorosos. Quiero llevar yo sola esa pena y no compartirla con vosotros.
También hubo acusaciones de engaños, diciendo que todo lo había inventado para cubrir un desliz o que había sido orquestado por la maquinaria pro vida para así ganar más adeptos para la causa.
Quisiera dejar algo claro: En ningún momento he mencionado e implicado a otras víctimas de una violación. Si alguien busca en mis palabras algún tipo de enjuiciamiento se equivoca del todo y lo hace con ánimo torticero. Nunca me he considerado una gran persona o de moralidad intachable. Soy pecadora como cualquiera. Yo nunca dije que la violación había sido planificada por Dios. ¡Esto es infamarme!
Los seres humanos tomamos nuestras propias decisiones, algunas buenas y otras malas, y pechamos con las consecuencias de nuestros actos diariamente. No creo que el embarazo a causa de la violación fuera una bendición. Sí creo que mi hijo fue un regalo, no porqué fuera concebido en una violación, sino a pesar de haberlo sido.
Escribí mi testimonio personal sin condenas ni ira, aunque entiendo que tocase el nervio a un colectivo que no comparte mi postura. No era esa mi intención pero no pienso disculparme.  Ni tampoco voy a recibir palos y quedarme callada. Ningún comentario vejatorio ni acusación sin fundamento va a conseguir que deje de compartir la verdad.
Preguntadme si acuso a una mujer que aborta después de haber sido violada. No lo hago. ¿Pienso que se está haciendo daño irremisiblemente en alma y cuerpo por su decisión? Sinceramente, lo creo. ¿Pienso que el aborto ayuda a esas mujeres a olvidar el abuso sexual al que fueron sometidas? ¿Que alumbrar a un bebé fruto de la violación significa torturarse? ¿Que dejar que el ADN del violador siga su curso en la persona de ese inocente bebé es un pecado social? No, no. ¡Rotundamente, no!
Éstas y otras son mentiras que confunden a las mujeres. En su momento más bajo y vulnerable se les dice: “te olvidarás de lo que te pasó”. No hay olvido alguno. Cualquier mujer que ha pasado por esta pesadilla necesita un apoyo emocional incondicional. Sólo tengo amor en mi corazón para esas mujeres que han pasado, como yo, por este horrible trance. Rezo a diario por su completa sanación.
Tras la publicación de mi historia me han inquirido y he sido cuestionada por detalles nimios de mi narración que parece ser que quedan sueltos como la raza del violador, la prueba de SIDA, o el hecho de que sepa que el bebé no es de marido. Creo que el problema real es que decidí dar a luz a mi hijo en vez de abortarlo porque, si hubiese tomado esta última opción, estoy segura de que nadie habría buscado los tres pies al gato en mi relato.
Con frecuencia me han preguntado qué le diremos a nuestro hijo, si se lo contaremos y cuándo lo haremos. Entre los miles de comentarios que he leído, uno me llamó poderosamente la atención. Me lo repito a diario cuando acuno a mi pequeño. “Muchos nos recriminan diciendo que no debías haber nacido. Pero tu vida es la prueba más clara de la fuerza de nuestro amor. Cuanto más nos griten, más fuerte te amaremos”.
No mentiré diciendo que ha sido un camino de rosas. La violación se pagó un caro peaje –emocional y físicamente. Tengo convulsiones que han ido empeorando en intensidad y severidad. Originalmente se atribuyeron a una hipertensión producida por el embarazo y se suponía que iban a desaparecer con el nacimiento del bebé. Pero más tarde, esas convulsiones fueron diagnosticadas como resultado de la paliza recibida que provocó una epilepsia post-traumática. Un diagnóstico que, sin lugar a dudas, lo ponía todo patas arriba.
¿Cómo iba a quedarme sola con un bebé o cualquiera de nuestros hijos pequeños? ¿O quedarme simplemente sola? Soy incapaz de predecir cuándo tendré un ataque. No sé cómo voy a levantarme, desorientada en mi cama, rodeada de un montón de almohadas o, quizás, en el suelo del lavabo, en medio de un charco de sangre, devolviendo porque no llegué a tiempo al retrete. ¿Podré acaso volver a conducir o sentirme lo suficientemente bien para poder trabajar?
Dieciocho meses después de haber dado a luz, todavía hay muchas más preguntas que respuestas cuando veo el retablo de moratones y cortes, que me adornan tras mi última convulsión.
Puedo oíros –a algunos de vosotros- decirme que no haber abortado a mi pequeño ha causado todos estos infortunios, no sólo a mí sino también a mi familia. Tenemos enormes problemas económicos por el hecho de que mi esposo debe pasar mucho tiempo en casa conmigo una vez los niños se han marchado a la escuela.  También por el hecho de que se haya reducido mi capacidad para hacer cosas a causa del trauma de la violación. Se han acumulado en nuestra vida grandes necesidades. Pero sé que saldremos adelante. Digáis lo que digáis no tenéis razón.
Este maravilloso niño ha traído una gran riqueza a nuestro mundo. Nuestros otros hijos han aprendido mucho más sobre la paciencia, el sacrificio y otros valores durante estos dos últimos años que en toda su existencia. Todos nos hemos enriquecido y fortalecido durante este tiempo de dura prueba. Nos hemos dado cuenta que hay mucha más belleza en el bien que oscuridad pueda traer el mal. Sabemos que honrando a Dios haremos lo justo y lo correcto, aunque, en ocasiones, uno pueda sentirse solo en ese cometido.
A mis compañeras, supervivientes de una violación, dejadme que os infunda valor, hermanas mías: ¡sed esa voz! La voz que hable en nombre de vuestro hijo, por esos niños a los que, incluso algunos pro vida, consideran excepciones. Alzad vuestra voz para acabar con la falacia de llamarles “hijos del violador”. Ahora tengo muy claro que ésta es una discriminación terrible. Así que, sed la voz por vuestros hijos, por los más desprotegidos e indefensos. No os dejéis acaparar por el mal. Venced el mal con el bien.
A los muchos miles que han enviado desde todas partes del mundo palabras de apoyo, su cariño y sus oraciones: nunca os podréis imaginar lo que ha significado para mí y para mi familia. Nos sentimos bendecidos con vuestra amistad y os pedimos que sigáis rezando por nosotros.
A los miles que me han insultado y maldecido: nos habéis fortalecido y abierto los ojos para ver cuánta oscuridad puede haber en el alma del ser humano. Mi familia y yo misma rezaremos por todos vosotros.
A mi amado hijo:
Cuando la gente diga que no deberíamos haberte tenido,
Te amaremos mucho más.
Cuando la gente diga que eres un error,
Te amaremos mucho más.
Cuando te preguntes si quizás ellos tienen razón,
Te amaremos muchísimo más.

Nota del Editor: Jennifer Christie es esposa y madre de 5 hijos, editora de www.savethe1.com. Usa su apellido de soltera para preservar su seguridad y la de su familia. Si alguien quiere contactar con ella, mostrar su apoyo o ayudar a su familia, por favor háganlo AQUÍ (https://www.gofundme.com/tbw9nbdg)




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